CERCA DEL CIELO (películas estrenadas que son buenas aunque no llegan a la categoría de obras maestras)

 

Asediada. Nacionalidad: Italiana, 1998. Director: Bernardo Bertolucci. Guión: Clare Peploe y Bernardo Bertolucci. Intérpretes: Thandie Newton, David Thewlis, Claudio Santamaría.

Uno no sabe que admirar más en esta película, si el guión, la realización o la interpretación. De hecho, cuando se produce el milagro del cine y esta película es una de esas escasas muestras, es porque hay una conjunción de todos los estratos que articulan el film. Esta película está sujeta con los mínimos elementos - ¿Será por eso por lo que algunos críticos hablan de pequeña gran película - , pero todo es pura apariencia, por el interior del film corre todo un mundo de sentimientos, ideas, perjuicios, hechos que no se ven, pero que están ahí sustentando la historia. Es precisamente ese mar interior lo que hace que la película sea pura sugerencia, sentimientos en estado naciente. Todo ello viene apoyado por los símbolos constantes que la cámara capta en un destello, por ciertos encadenados y por la música, uno de sus grandes aciertos; pues la música no subraya los momentos de personajes, tampoco rellena emocionalmente, la música es expresión pura y es logos. La música expresa a cada personaje y explica su mundo, además es el principio del discurso, un discurso que parte del cuerpo, para llegar a las palabras y volver, florecidos los sentimientos, a los cuerpos. Habría que señalar también ese difícil equilibrio, que consigue Bertolucci, entre un cine con toques vanguardistas en los planos y movimientos de la cámara, que en otras cinematografías acaba con los sentimientos, y la emoción que recorre este film que nunca es tapada ni pospuesta por la novedad de las imágenes.

Esta es una historia claustrofóbica como lo fue El último tango en París, una historia de pareja, pero aquí acaban todos los parecidos. Más bien Asediada es el negativo o la inversa de la otra. Si allí dos seres vivían en la incomunicación y procuraban su anonimato en la oscuridad y la violencia de los cuerpos, aquí se busca la comunicación y se llega a la luminosidad del amor por encima del erotismo. Es aquí donde creo que la película se torna revolucionaria, al proponer de manera radical el amor frente al erotismo y el dinero que triunfan en el mundo actual, Breton ya advertía que lo auténticamente revolucionario era el amor y la libertad. En Asediada el amor va precedido del total desprendimiento, de la entrega, de la generosidad sin límites, a cambio de nada. La música es el lugar de encuentro de dos seres extraños, heridos por la vida. Ella le dirá en un principio "No comprendo tu música", con un gesto de malhumor, más que de extrañeza. Ante la incomunicación de las palabras, será la música la forma de acercamiento que el pianista adopta para llegar a ella. Primero despierta su cuerpo, su ritmo y el extraño, el pianista, comienza a ser el otro -que es uno mismo- . La música crea el espacio emocional y físico que permite la aproximación, se hace ritmo, tacto, mirada. Tan fuerte como la música son los silencios, más intensos que las palabras. En esta película se escuchan las emociones, el latido del corazón frente a las palabras que se convierten muchas veces en un ruido dilatorio y enmascarador, los silencios siempre caen del lado de la verdad.

No sabemos de que país africano viene ella, ni tampoco en la ciudad europea en la que se ha refugiado. Con el acercamiento de los protagonistas el plano se va abriendo y nos damos cuenta que la historia está teniendo lugar en Roma. Ella vive en lo más bajo de una casa señorial, una habitación miserable en la que apenas hay objetos personales. La comunicación se produce a través del montacargas que llega, desde arriba, a su habitación. El acceso de cada uno de los protagonistas al mundo del otro se hace desde la curiosidad, de la diferencia y cuando el otro se halla ausente. Hay deseo de aproximación, pero también recelo. La escalera es y no es la misma escalera, varía en función del estado de animo de los habitantes de la casa y estos sentimientos están maravillosamente bien narrados por la diferencia de las angulaciones, planos, iluminación y sombras que hacen que cada vez parezca una escalera diferente, una escalera que nunca acabamos de descubrir como nos sucede con los protagonistas. La escalera es el mundo neutral donde se cruzan sus vidas, ese cruce permite el encuentro y la huida.

Cuando se siente rechazado por ella decide ayudarla de forma anónima y generosa; tan generosa que nos parecen rayan en la locura. Asistimos al despojamiento de los valiosos cuadros, esculturas y tapices de la casa. Despojamiento exterior que alumbra el despojamiento interior, total entrega, desposesión como en la mística. Este gesto provoca la curiosidad de ella y, cuando comprende su significado, el amor. No sabemos el tiempo que ella lleva en Roma: Cuando él se le declara tan arrebatadamente no está loco, está enfermo de amor. La ambigüedad del final forma parte del sentido narrativo que cruza esta sugerente película desde principio a fin. AMOR. MÚSICA. ROMA.- Daniel Arenas

 

 

Flores de otro mundo (1999) España. Directora: Icíar Bollaín. Guión: Icíar Bollaín y Julio Llamazares. Intérpretes: José Sancho, Lissete Mejía, Luis Tosar. Marlín Torres, Chete Lera, Elena Irrueta, Amparo Valle y Rubén Ochandiano.

Con su segunda película Icíar Bollaín vuelve a plantear un relato que bebe de las situaciones cotidianas propias de la pluriforme sociedad actual. Si con su ópera prima Hola, ¿estás sola? la realizadora quiso retratar el viaje iniciático de dos jóvenes deseosas de descubrir el mundo hasta hallar un espacio donde dar forma a sus sueños, con este nuevo trabajo incide otra vez en el tema de la búsqueda. De nuevo, la del cambio de vida que se plantean los personajes.

Partiendo de una anédota inspirada en los usos actuales, como es la de las fiestas organizadas por solteros para encontrar la compañía femenina de la que carecen en sus pequeños pueblos, se construye un relato poliédrico donde, en paralelo, tres historias van mostrando diferentes caras del mismo asunto. Las sucesivas situaciones fluyen bien hilvanadas, conducidas por el punto de vista del narrador omnisciente que planea sobre la historia. Representado por el ojo de la cámara que sobrevuela el perfil físico del pueblo, su mirada se deja sentir en las suaves panorámicas aéreas que describen el entramado de tejados de la pequeña localidad, cada vez que se precisan pausas intersecuenciales con las que puntuar la historia. Con ello se activa la reflexión espectatorial, tras las sucesivas peripecias desgranadas secuencia a secuencia.

Hábilmente aprovechada por los guionistas, la anécdota da pie para tratar problemas sociales -como las dificultades con las que lidian los emigrantes para poder vivir dignamente en los países ricos- e individuales, aunque de carácter universal -como la huida de la soledad y la necesidad de afecto propia de cualquier ser humano-. Temas todos que ya emergían en la anterior película de la realizadora. Aunque es en esta ocasión cuando de manera más explícita ahonda en las ataduras de toda índole que impiden a los adultos, pese a todo, lanzarse abiertamente a consolidar nuevas formas de vida.

Con tales elementos, Icíar Bollaín desarrolla un filme de factura transparente y sencilla, evitando cualquier alarde retórico. Y es que la buscada austeridad formal potencia y concuerda con la que define a los personajes y ambientes que nutren la historia, logrando un efecto de naturalidad tan convincente que el espectador percibe el pálpito de la vida que le llega de la pantalla. Desde ella, siente respirar a los personajes, encarnados por unos actores que se ajustan a sus papeles con total corrección, poniendo el broche perfecto a una obra que por sus propios méritos ha despertado desde su estreno el interés de crítica y público. Antonia del Rey Reguillo

 

Celebración (Festen). Nacionalidad: Dinamarca, 1998. Dirección: T. Vinterberg. Guión: T. Vinterberg y M. Rukov. Intérpretes: Ulrich Thomsen, Henning Moritzen, Thomas Bo Larsen y Paprika Steen.

Ver EN CADENA DOS nº 7

 

Cuento de otoño (Conte d´automme). Nacionalidad: Francesa, 1998. Argumento, guión y dirección: Èric Rohmer. Intérpretes: Marie Riviere, Beatrice Romand, Alain Lilolt.

Ver EN CADENA DOS nº 7

 

Happines.- Nacionalidad: Usa, 1998.- Guión y Dirección Tod Solondz.- Intérpretes. Jane Adams, Louise Lasser; Ben Gazzara, Elizabeth Ashly

Ver EN CADENA DOS nº 7

 

Solas. Nacionalidad: Española, 1999. Argumento, guión y dirección: Benito Zambrano. Intérpretes: María Galiana, Ana Fernández, Carlos Álvarez, Antonio Dechent y Paco de Osca.

(VER EN CADENA DOS Nº 6 )


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