Mentiras
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Mentiras

Nos la han intentado vender como lo último en erotismo... pero es un timo de un surcoreano con pretensiones de "artista"Una película que nos llega nada menos que de Corea del Sur. ¿Puede ser su producción tan interesante como la china o la japonesa? Al menos, promete, como cualquier producto de cinematografías “raras”. Además estuvo en el festival de Venecia. Así que... nos encontramos ante un timo en toda regla. La propaganda –por eso, probablemente, del orientalismo-  la señala como en la línea de El imperio de los sentidos, interesante obra del japonés Oshima. Realmente esa propaganda es una “mentira” más que unir a este extravagante título.

Basada, al parecer, en una novela acusada de pornográfica, la película de Sun Woo intenta mostrar el comienzo y final de una narración amorosa (?) destructiva, pero, quizás, para lograr un cierto distanciamiento, introduciendo –o indicando- que aquello es ficticio. Es decir, se trata de un rodaje. Los personajes principales hablan al principio de sus miedos para trabajar en un filme de tan elevado voltaje, y en algún momento podemos contemplar que todo es un rodaje. No falta, incluso, la voz de “corten” y “vale”.

Pero, aquello, indicativo de la propia “mentira” del cine no tiene, tal como el filme se muestra, ningún sentido. Más bien, parece un intento “autoral” (equivocado) del realizador.

Mentiras nada tiene que ver ni con el filme de Oshima, ni con El último tango en París de Bertolucci. En Oshima había una exaltación de la sexualidad, en Bertolucci un planteamiento discursivo sobre las relaciones sexuales. Al igual que en la peli del italiano, aquí los personajes principales (la joven, el experimentado amante -?-) y alguno más secundario (la mujer de él –una absurda y cándida por no decir bobalicona-) se nombran con letras. No tienen nombre. ¿Otro capricho del director?. Quizás se tienda a una universalización del relato. O se pretende dar un planteamiento de veracidad a la historia que no tiene historia, al haber escondido el nombre -¿acaso de seres verdaderos que vivieron los hechos?- de sus protagonistas.

Lo mismo da. Lo que se nos cuenta es una vulgar película más cerca de una película pornográfica que de un estudio de unos personajes. Aquí no interesan las motivaciones, sólo ver las constantes (y cansinas por repetitivas) situaciones de la pareja, que pasan de un encuentro desaforado a prácticas cada vez más peligrosas de carácter sado-masoquistas. El director se esfuerza en mostrar su “originalidad” al presentar imágenes aceleradas, fotografías desdibujadas, sin ninguna utilidad ni sentido.

¿Qué pretende este filme? Ni se sabe. El único interés consiste en ir sacándose personajes del sombrero, para que se complique la relación o el goce o dolor de los personajes. Es el caso de la sorprendente aparición del hermano de la protagonista, un motero, que quiere evitar el descarriamiento de su hermana (algo propio de toda la familia). Su efectividad consiste en quemar (¡como suena!) la casa del escultor que no esculpe, y en matarse en accidente en el momento preciso. Eso y mantener una especie de diálogo conversación o relato (otra originalidad) hacia el espectador a dos bandas (él y ella). Pero ni eso. La película no progresa y se queda en lo dicho: el muestrario de la repetitiva relación sado-masoquista por casas y hoteles de Corea del Sur y de... París. Algo tan disparado que no tiene ningún sentido, porque ¿cómo es posible que las lesiones que ambos –alternativamente- van padeciendo puedan pasar desapercibidas para otros? Pues sí, aparte de todo, nuestros heroicos y sufriente amantes parecen curar enseguida de sus profundos cortes (curados, después de soberanos palizas, con elocuente mimo).

¿Y donde se quiere llegar? Verdaderamente lo ignoro, a pesar de un sarcástico comentario de los amantes (a lo único que se dedican es a sus prácticas) dedicados a unos trabajadores, mientras recogen del suelo palitos, palos y palazos para comenzar su cotidiano juego.

Principio y final de una relación, que juega a veces -¿para despistar más?- con una fotografía de corte “documental” (accidente del hermano, entrevistas de los protagonistas, rodaje del rodaje...), y con variadas muestras sobre la sapiencia de su director. Citaré un plano: para mostrar la rapidez de una relación (encuentran una habitación de un hotel abierta mientras llaman al gerente y, como no aparece, se meten “con prisas en ella”) utiliza la imagen acelerada. Es una manera de especificar la premura al espectador, por si no acaba de entender que se deben dar prisa).

El encuentro final entre la pareja tiene lugar en Paris: igual que en el famoso “tango de Bertolucci”, él es mucho mayor que ella, aquí una inexperta chica de 18 años que desea perder la virginidad, “con alguien interesante, ya que de todas las maneras hay que perderla”). Él, parece ser vive de su (incomprensible y excelente) esposa, ella transformada (¿realmente estudió alguna vez en la universidad?) dice marcharse a Brasil a casa de su hermana. Se presenta con atuendo y peinado punkie. Dice que la espere un segundo mientras va al baño (“Tengo un regalo para ti”, son sus palabras). Él, excitadísimo (su mujer se niega a darle palizas con su consiguiente enfado), la espera, y, en menos de un minuto sale transformada (cambiándose vestido, pelo...) en una “lolita”, con traje incluido de colegiala. Y, por ser el último encuentro, le infringe la más monumental de las palizas con el mango de un azadón (¿venganza o amor? Vaya usted a saber). Después, otra vez punkie (¿es el cambio que él ha producido en ella?), se pierde hacia Brasil en su avión, mientras él, en “off”, explica desde qué momento comenzaron las “mentiras” a su (honesta) esposa. ¿Es una explicación del título? Sigo sin saberlo, lo que es un poco raro es verle tan derecho después de tan soberana paliza, así como (no me extraña eso de las mentiras) el adivinar el camelo que le va a meter a su mujer cuando llegue hecho...

Un camelo pseudo-porno, pues, con pretensiones de obra importante. Soporífera e incongruente. Otro estúpido estreno de ese verano caluroso y repleto de película inútiles, hechas al parecer con el único objeto de llenar unas sesiones estivales.

Adolfo Bellido 

GOJITMAL 

Nacionalidad: Corea del Sur, 1999. 

Guión y Dirección: Jang Sun Woo. 

Argumento: la novela de Jang Jung II. 

Intérpretes: Lee Sang Jun, Kim Tae Yeon, Jeon Hye Jie, Chol Jun Joo.

 

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