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LA GENERACIÓN DE LA TELEVISIÓN

(La conciencia liberal del cine americano)

Quizá lo más discutible del libro de Aguilera es la poca profundidad de algunos estudios, aunque es un libro interesante.Autor: Christian Aguilera. 

Editorial: 2001. 

Madrid, 2000. 

Precio: 2950 pesetas. 

Christian Aguilera (Barcelona, 1967) es director-fundador de la revista Sequéncies de cinema y de varios libros como “Stanley Kubrick, una odisea creativa” (1999) o “Los directores de cine del siglo XX” (2000). En el que ahora comentamos ha querido rendir tributo a la importante generación de cineastas de la televisión, normalmente los realizadores que llegaron al cine a mitad de los años cincuenta. Su reconocimiento llegó con el (sorprendente) triunfo de la película (de influencia –si se puede decir así-neorrealista) Marty de Delbert Mann.

Aguilera habla de varios de los directores de esta generación. No realiza un estudio comparativo de ellos sino individualizado de los que considera más importantes (o más liberares, supongo que en función del libro). Faltan quizás algunos directores, pero no sobran ninguno de los que están. Sobre todo referidos a lo que él denomina de primera línea. La segunda línea de realizadores es mucho más (corta) discutible.

El estudio tiene un título y un subtitulo aunque pudiera tener otro. Eso ya lo dijo Perogrullo, pero es elocuente en el presente caso, ya que Aguilera no engloba a los autores en el estudio sino que los individualiza. No se trata de sacar unas conclusiones respecto a lo que es o supuso esa generación. Importa estudiar la obra de cada uno por separado, aunque de ese estudio puedan sacarse algunos rasgos comunes.

Estudiando cada director por separado en la primera parte (la primera línea) nos encontramos a gente tan importante hoy (y en su momento tan criticada) como Frankenheimer, Mulligan, Penn, Lumet, Ritt y –el más discutible a pesar de tener en su haber más de alguna excelente película- Schaffner. En la segunda línea (muy breve) se comenta a Cook, Nelson, Roy Hill, Rosenberg y Delbert Mann. Una bibliografía cierra el libro.

¿Se trata de un estudio válido e interesante? Lo es en parte. Resulta discutible el método empleado para el estudio (no demasiado profundo) de la obra de los autores comentados. En el caso de Frankenheimer se sigue un orden cronológico, en el resto se intentan estudiar sus películas por afinidades temáticas o genéricas. Lo más interesantes es la cantidad de datos aportados (¿acaso sabías que Desayuno con diamantes comenzó a ser dirigida por, ¡sorpresa!, Frankenheimer?), aunque el sentido disperso de los datos puede resultar abrumador y confuso.

Lo peor es, sin duda, el enfoque “amigo” de algunas citas (la crítica excelente –así es citada- de un filme se publica en -¡cómo no!,- Sequències de cinema), así como algunas –discutibles- críticas o pareceres como el ataque (bastante infundado) a Verano del 42 o el pretendido sentido simbólico del fuego (purificador) de El otro (ambas de Mulligan). Hecho, este último, que se contradice con la presencia del candado abierto que señala Aguilera..

Hay algún análisis excelente (el de La noche se mueve), aunque la mayoría de ellos son exiguos y confusos ante tanta vuelta y revuelta sobre técnicos, colaboradores y demás familia. En ese sentido es algo plomizo en su (poco fluida) forma expresiva. Discutibles algunas afirmaciones (pero eso es normal) como cuando dice (hablando de la excelente El hombre clave de Mulligan) que “nos descubre a un metódico estilista, y no hace falta irse a Inglaterra, a Suecia o a Italia (Derek Jackman, Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni) para encontrar un cineasta profundamente interesado en el color como valor expresivo”. Aunque, tal juicio (con la curiosa inclusión de Jackman), es admisible frente al hecho de considerar La trama (Hitchcock) como un “thriller” político (acaso pensaba el autor en Topaz) al hablar (página 204) de Agente doble en Berlín de Arthur Penn. En los enrevesados juegos lingüísticos del autor se escapa alguno divertido como en la página 181 (nuevamente en el capítulo dedicado a Penn) al indicar que el director fue consejero técnico del presidente Kennedy. Luego continua “Años más tarde haría lo propio con su hermano el senador Robert F. Kennedy, aunque su relación se frustró cuando este último fue asesinado en 1968” ¿Y cómo iba a ser de otra manera?. Una lastima que el director no pudiera seguir ejerciendo en el más allá la misma relación-cargo con los dos hermanos.

Con la dificultad de su estilo, las desviaciones de la línea principal del relato, se trata de un libro que nos proporciona interesantes datos y nos da una visión (aunque discutible en muchos casos) de realizadores que no han sido estudiados como realmente se merecen. Una objeción más: ¿por qué la manía de poner las notas a pie de página al final de cada capítulo?. Así no hay quien las lea.

Mr Arkadin

 

 

 

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