El cabo del terror (Cape Fear, 1962), de J. Lee Thompson

  18 Febrero 2021

Gran thriller sesentero

cabo-del-terror-0Recuerdo de J. Lee Thompson, director británico también activo en Hollywood, producciones importantes y bien llevadas, como Los cañones de Navarone (1961), Taras Bulba (1962), y una película que me gustó particularmente, Una llamada a las doce (1965), con Maximilian Schell y la bellísima Ingrid Thulin… aunque luego haría mucha quincalla con Charles Bronson o similares.

Esta que ahora comento es, desde mi modo de ver, una cinta muy interesante donde se dosifica muy bien la intriga que en la historia va subiendo de manera paulatina el nivel de miedo cara al espectador. Con guion de James R. Webb, que adapta magistralmente la novela de John D. MacDonald, titulada The Executioners. El film (título original Cape Fear), muestra con audacia cómo un delincuente sexual puede manipular el sistema de justicia y aterrorizar a una familia.

Fue una cinta muy controvertida, sobre todo para la moral del doble rasero de EE.UU. y Gran Bretaña, y fue censurada y cortada casi con saña en ambos países.

Si Webb preparó un guión duro y ajustado, Thompson lo dirigió con un estilo firme y siniestro. Sin desperdicio de movimiento, sin engaño. Todo es nítido y directo. La amenaza vibra en la imagen como una carga eléctrica sibilina. 

Cuenta el film la historia apacible de Sam Bowden (Gregory Peck), respetable abogado de una pequeña ciudad de Estados Unidos. Un buen día hace su aparición Max Cady (Robert Mitchum), un hombre que fue condenado a ocho años de cárcel por violación con la testificación de Bowden. Cady viene dispuesto a vengarse del abogado que lo metió entre rejas, y amenaza con hacerlo en la persona de su hija, una niña a la que piensa raptar y maltratar.

Así que de la noche a la mañana Bowden ve cómo su sosegada y feliz vida se convierte en una pesadilla. Max Cady no deja de acechar a su mujer y a su hija adolescente. La ayuda que le ofrece el jefe de la policía local resulta inútil, y la Ley no puede hacer nada para que el peligroso psicópata Cady deje de merodear a su familia.

Esta fue la primera adaptación de la novela de John D. MacDonald que, treinta años más tarde, Martin Scorsese convertiría en uno de sus films más consistentes. En este caso, J. Lee Thompson demostró un gran sentido de la tensión y en cómo crear una atmósfera densa que, sin llegar a la excelencia, le confiere un indiscutible empaque a su obra. Incluso algunos críticos consideran esta cinta la mejor adaptación de MacDonald. Sin duda es un gran thriller de los sesenta.

Este film es grande en gran medida por la escalofriante actuación de Robert Mitchum como ex convicto vengativo. Un personaje de villano que ejecuta con una fuerza bruta general, con la arrogancia más descarada y perversa, y un aura de perversión implacable difícil muy inquietante. Su mirada de «vaca mansa» (así se calificaba en psiquiatría la mirada del psicópata), su crueldad, la frialdad del personaje y su inteligencia son el fiel retrato de un asesino sin escrúpulos que encarna con gran maestría un Mitchum muy inspirado (una variante con el torso desnudo de su papel en la gran obra de Charles Laughton: La noche del cazador).

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El impasible Gregory Peck interpreta con gran acierto al hombre de familia; Peck es tenso y tenaz, y un abogado cabal.

Polly Bergen es su esposa amenazada, correcta. Martin Balsam como un duro oficial de policía. Telly Savallas en su espacio de detective experimentado. Barrie Chase como la chica del bar y Jack Kruschen como abogado de Filadelfia para el villano, ambos hacen trabajos concisos y correctos. Y acompañando muy bien Lori Martin, Edward Plattt, Will Wright y Page Slattery.

La música de Bernard Herrmann es sencillamente genial, lástima que no suene más como hacen ahora las películas, que no saben estar un plano sin música y eso que suelen ser temas terribles. La fotografía de Sam Leavitt (en blanco y negro) recuerda esas películas de cine político en las que durante años trabajó con Preminger o Kramer.

Resumiendo, un magnífico film, un inquietante thriller de terror psicológico que además juega con la sensación de impotencia del espectador. Y Mitchum, que es el alma de la película.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

 

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