La última película (The last picture show, 1971), de Peter Bogdanovich

  08 Junio 2022

Una gran película sobre un pequeño pueblo

la-ultima-pelicula-0Relata La última película (1971) la historia en los años cincuenta de un grupo de jóvenes en un recóndito pueblo de Texas donde el cine decae por el auge de la televisión. Narra los avatares de los jóvenes y demás ciudadanos, la sociedad represora y la problemática de una localidad pequeña donde todos saben de todos. Como dice la camarera del bar del pueblo: «Aquí cuando estornudas siempre hay alguien para darte un pañuelo»; o sea: «pueblo pequeño, infierno grande».

La pequeña ciudad es polvorienta y azotada por el viento en Texas. Se proyecta el último largometraje en el cine moribundo de la localidad, concretamente, Río Rojo (1948), de Howard Hawks y Arthur Rosson.

Timothy Bottoms y Jeff Bridges encarnan a los protagonistas de aspecto desgarradoramente joven, Sonny y Duane, dos chicos destinados pelearse por su interés común en la muy hermosa y manipuladora Jacy, interpretada por Cybill Shepherd. Una trama horneada con fuerza en el calor del verano, del erotismo y la tensión sexual.

Estos dos jóvenes están acabando la adolescencia y la escuela secundaria, por lo tanto comienzan una nueva etapa en la vida, el tránsito de jóvenes adultos. Ambos son de familia pobre, sin recursos y sin nadie que los apadrine. Parece, pues, que no cursarán estudios superiores, algo que sí hará Jacy Farrow, muchacha de familia rica que tiene pozos de petróleo, novia de Duane y más tarde, como capricho, también de Sonny; uno seguirá trabajando e instalado en el pueblo y el otro se incorporará al ejército. Es decir, el tema central del filme es la transición de la juventud a la edad adulta.

En esta transición el sexo cobra una importancia fundamental, como nos muestra Bogdanovich a través de los citados personajes y también de otros que interactúan con ellos. El sexo como aventura contra el mortecino aburrimiento y vacío existencial. El sexo en modalidades y facetas diferentes (por amor, para pasar el rato, como desmadre o desorden matrimonial). Por cierto, con crítica al matrimonio como institución tediosa o como especie de lotería donde sólo unos pocos tienen suerte.

Fue una de las primeras películas que abordó el despertar de la adolescencia y que fue acompañada de polémica por su atrevimiento para aquel entonces, con unas críticas excelentes, buena acogida de público y 8 nominaciones a los Oscar, lo que no era poco para una producción modesta.

Algunos la han considerado una auténtica obra maestra sobre los aspectos emocionales y los sentimientos, también sobre la decadencia y la pérdida.

La vi no hace mucho sin que tuviera noticia explícita de ella, y me ha parecido una película maravillosa, una obra de excelencia sobre los sentimientos, la infidelidad, el declive, las miserias de un pequeño pueblo, los entresijos muchas veces desgraciados de sus habitantes, los dramas familiares escondidos tras las paredes de cada casa.

Un film que refleja bien aquella época de los cincuenta en un lugar de la América profunda, en Texas, justo cuando EE.UU. entraba en la guerra de Corea y emergía con fuerza la televisión en detrimento del cine, de ahí el título del film. La película es una fuerte propuesta con visos de melancolía sobre una etapa de transición, tanto social como política.

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Impecable y muy buena la dirección de Peter Bogdanovich, autor también del magnífico guion junto al escritor de la novela de Larry McMurtry, de 1966, The Last Picture Show (el mismo autor que escribió en 2005 la conocida Brokeback Mountain, llevada a la pantalla igualmente con gran éxito).

La fotografía en blanco y negro de Robert Surtees es maravillosa y le da densidad al drama; la estilizada fotografía ayuda a clarificar la temática, pues esta cinta necesita de esta claridad, porque su visión superficial de la vida en un pueblo se aproxima peligrosamente a un producto televisivo. Igualmente es maravillosa la banda sonora de Hank Williams y otros (Phil Harris, Johnny Standley y Hank Thompson), una alegría. Gran puesta en escena.

En cuanto al reparto, es excelente, con actuaciones geniales: Jeff Bridges muy bien, Ben Johnson brillante y Ellen Burstyn con una magistral interpretación; a quienes acompañan de forma maestra Cloris Leachman, Timothy Bottons, Cybill Shepherd, Randy Quaid, Sharon Taggart y John Hillerman.

Película honesta, sin adornos, sencilla en sus formas que sobre todo «una evocación de un estado de ánimo» (Ebert). Su humildad deviene conmovedora y una lección sobre cómo crear personajes auténticos y hacer que cobren vida.

La perfecta recreación que hace Bogdanovich del lugar, los usos y la época, su capacidad para mezclar ingenio y carga emocional de calado hacen que sea una película muy meritoria, llena de encanto y atemporal.

No creo errar si califico el film de obra maestra, un sueño inmóvil y nostálgico que se desarrolla entre un cine decrépito, un salón de billar, un café y las aspiraciones amorosas de dos amigos por una misma mujer.

Como para no perdérsela.

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Artículo parcialmente publicado en FilmAffinity.

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