Apuntes sobre Dan Sallitt

  30 Octubre 2020

Contra el cine como industria

dan-sallit-fourteen-0La sencillez, que no la simpleza, no es algo fácil de conseguir. Vivimos en un mundo donde existen innumerables excesos allí donde miremos. Y cada vez todo va a más, todo se agiganta a un ritmo frenético que parece no tener fin. En este caos contemporáneo pocos son quienes se paran a reflexionar o simplemente a desconectar, a estar quietos. En el cine también.

Se descubren nuevas técnicas, nuevos métodos, y se descartan los anteriores. Parece que lo nuevo, por el mero hecho de su novedad, es siempre bueno. Los efectos especiales crecen como la espuma y con ellos las películas de enormes presupuestos, exitosos actores y ridículos guiones. El cine como industria lo devora todo y no deja saga, remake o biopic alguno sin explotar.

Y no es que no tenga cabida lo original, sino que lo que se deja de lado es lo natural, lo cotidiano, lo sencillo. Las vidas reales no tienen interés puesto que al cine uno solo va a entretenerse. No hay reflexión, no hay pensamiento, no hay sentimiento. Tan solo un consumo voraz de contenidos realizados sin pasión y con solo un objetivo en mente: el lucro.

Pero alguien siempre consigue escapar, y entre ellos se encuentra Dan Sallitt. Crítico de cine consagrado, empezó a escribir antes que dirigir, al igual que hicieron numerosos cineastas de la Nouvelle Vague francesa. Actualmente compagina ambas tareas, si bien es cierto que su filmografía es escasa y bastante espaciada en comparación con su trabajo escrito.

Es quizás por ello que Sallitt no tiene problema a la hora de relacionar sus filmes con otros, estableciendo comparativas y dejando claros sus gustos e intenciones. Pero no nos engañemos, que Sallitt pueda hablar con tanta libertad de este tema no significa que plagie las películas de otros directores. Simplemente nos dice que se reconoce como hijo de las imágenes de otros, algo que nos pasa absolutamente a todos.

Dos dedicatorias en pantalla evidencian lo anterior. Así, en All The Ships At Sea aparece mencionado Maurice Pialat y en The Unspeakable Act lo hace Eric Rohmer. Y más son los cineastas con quien se le podría relacionar, como por ejemplo Yasujiro Ozu si nos remontamos al pasado o Hong Sang-soo si volvemos la mirada hacia el presente.

Con todos ellos Sallit comparte el interés por las relaciones sociales humanas, y especialmente por las amorosas, las amistosas y las familiares. Es curioso también que siendo todos hombres (y excluyo de esta afirmación a Pialat puesto que aún no he visto su filmografía al completo) hayan ido centrándose cada vez más en personajes femeninos, logrando algunas de sus películas ser maravillosos retratos de la mujer.

Tienen en común además la sencillez de sus formas, buscando como directores un lenguaje funcional y subordinado a la interpretación. Así, todos huyen de lo recargado, de las florituras innecesarias. En cambio, apuestan por las composiciones fijas y cuidadas, los planos conjuntos o los planos-contraplanos, y los travellings o paneos de seguimiento de los personajes.

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Algunos de ellos incluso encuentran ciertos elementos de los que se apropian y que les caracterizan, como Ozu de los planos fijos y del uso del 50mm o Sang-soo de los zooms. Pero todos buscan a su manera el mismo fin: lo sencillo, lo cotidiano, lo real. De ahí también la importancia que tienen en su cine las actuaciones, el sonido directo y las localizaciones reales (aunque justamente Ozu rodaba mucho en plató).

Si nos fijamos de nuevo en algunos cineastas contemporáneos con los que Sallitt guarda cierto parentesco, veremos que además de nombres como el de Hong Sang-soo aparecen otros tantos que se agrupan bajo un mismo movimiento. Estoy hablando del mumblecore estadounidense y de cineastas como Noah Baumbach, Joe Swanberg (quien aparece en los agradecimientos de The Unspeakable Act ), Andrej Bujalski o los hermanos Safdie.

Pero Sallitt es anterior a todos ellos por un plazo de unos veinte años, siendo su cine posiblemente una pequeña referencia más para el mumblecore junto a grandes nombres como los de Rohmer, Pialat, Antonioni o Cassavettes. Aun así, también guarda con los miembros de este movimiento ciertas semejanzas, siendo quizá las más relevante de ellas la de la producción de sus películas con bajo presupuesto, algo en lo que encaja también el ya citado Sang-soo.

Y es que los filmes de Sallitt son un ejemplo de pasión absoluta y del esfuerzo que conlleva levantar una película con una financiación casi nula. Esto es, por supuesto, más evidente en sus primeras obras. Pero esa falta de técnica o de calidad formal por llamarla de alguna forma no entorpece para nada las historias de Sallitt, de hecho, las acompaña, al igual que sucede con los comienzos de los hermanos Safdie.

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Que sus filmes puedan funcionar a pesar de lo evidente de su pobre producción es algo a valorar. Sus películas viven sin necesidad de una buena fotografía o un buen sonido. Sus historias, sus interpretaciones, sus emociones y sus gestos son suficientes. Directores como Sallitt o Sang-soo demuestran que el cine es mucho más que una simple técnica o una mera financiación.

Pero a pesar de ello, el cuidado estético de las obras de Sallit mejora poco a poco (The Unspeakable Act, Caterina, Fourteen), sobre todo gracias a la aparición y la evolución del digital. Este supone un abaratamiento en los costes de una película, lo cual facilita el acceso a una fotografía más elaborada en obras de bajo presupuesto. Evidentemente no todas las mejoras ni todos los nuevos medios son malos.

Además de todo lo citado anteriormente, y centrándome en lo último que quiero escribir sobre Sallitt, es posible encontrar ciertos elementos repetitivos en su cine que lo caracterizan. Entre ellos encontramos el de un conjunto de actores que trabajan una y otra vez en sus filmes, actores y actrices como Strawn Bovee, Dylan McCormick, Edith Meeks, Tallie Medel o Caroline Luft. También hay otros motivos que se repiten, como el de la casa del lago, los juegos solitarios de cartas, algún cameo del propio director (Polly Perverse Strikes Again!, Honeymoon) o las referencias al cine.

Por todo ello Sallitt es, para mí, un cineasta realmente valioso y que me alegro de haber conocido a través de sus películas. No sé si se considera un luchador, pero desde mi perspectiva sus filmes representan la lucha contra la industria del cine, contra el cine como industria. Y el mero hecho de luchar se convierte en una victoria a ojos de unos pocos.

Escribe Pepe Sapena 

 

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