El papa Francisco: un hombre de palabra (Pope Francis: A Man of His Word, 2018), de Wim Wenders

  21 Junio 2020

Francisco, un papa cercano

el-papa-francisco-0Recordaba que en mi vida he conocido a siete papas: Pío XII (había una bendición suya en mi casa y leí una biografía del personaje no muy encomiástica); Juan XXIII, el Gran Papa sin discusión, no sólo bueno sino inteligente, que marcó la hoja de ruta a la Iglesia con el Concilio Vaticano II; Pablo VI, que prosiguió su obra si bien con lentitud; Juan Pablo I (apenas tres meses de papado); Juan Pablo II, el papado más largo en la Historia de la Iglesia, según tengo entendido, que terminó de hundir el comunismo y cuyo pontificado fue conservador; Benedicto XVI (Ratzinger), gran teólogo a quien le faltaron fuerzas y renunció a su papado; y el actual, Francisco (Bergoglio) que es una persona con la pobreza por delante y su capacidad de escuchar a los demás en todo sentido.

La película es un documental sobre Jorge Mario Bergoglio, conducido por la sabia mano de Wim Wenders, documental que habla desde unos pasos atrás (breves), antes de ser elegido papa, el número 266 de la Iglesia Católica.

El mundo quedó sorprendido de esta elección por ser el primer papa suramericano. Pero hay algo igual o más importante, fue el primer papa jesuita, esa orden «avanzada y controvertida» que en tantos momentos molestó a los estados y a la propia Iglesia.

Y más, Bergoglio es el primer papa que elige el nombre de Francisco, en honor a uno de los santos más emblemáticos de la cristiandad: el humilde, pobre, conciliador y gran revolucionario-reformador Francisco de Asís (1181-1226), que a partir de una experiencia mística decidió vivir toda su vida en suma pobreza, a lo que unió su amor intenso y sentido por toda la naturaleza: la «Hermana Tierra». San Francisco, como dice el propio Wenders fue «un auténtico revolucionario, que dinamitó la iglesia desde sus cimientos».

La dirección de Wenders sabe recoger, dentro de su tradición documental, los momentos cumbre del papado de Francisco, un hombre con una enorme capacidad de comunicación y un carisma inapelable, idóneo para transmitir el valor de la caridad con tal potencia de sensibilidad, que hace llorar a los más curtidos políticos del Senado norteamericano, y, por supuesto, a muchos espectadores que van a la sala a ver esta vibrante cinta.

Un papa que mira fijamente a la cámara seduciendo al espectador como seduce a sus feligreses e incluso los que no lo son; e igual ocurre a lo largo y ancho del mundo, en sus viajes y prédicas.

Francisco defiende y manifiesta su amor por los pobres, menesterosos y excluidos, muestra su preocupación por la Tierra, a la que califica como la más pobre entre los pobres, dado el mal trato que recibe de un hombre endiosado que la sobreexplota y desatiende. Y se muestra tajante contra los pedófilos en el seno de la iglesia, en ocasiones amparados por el poder.

Wenders intercala imágenes en blanco y negro sobre la vida de Francisco de Asís, el santo paralelo a Bergoglio, nacido 800 años atrás, y reconstruye la vida del santo.

El director alemán hace una larga entrevista al papa, marcada por el contrapunto constante de su acción pastoral en el mundo, sin réplica al entrevistador, en la que Francisco muestra su gran magnetismo y credibilidad en cuanto dice («un hombre de palabra»). Es tan franco y directo Francisco, que por momentos puede parecer que Wenders retrata la vida de un santo, como que hiciera de hagiógrafo de un hombre que canta verdades indiscutibles, que piensa y que tiene siempre su sonrisa dispuesta cuando abraza a niños o tullidos, o atiende a las multitudes.

Como escribe Boyero: «sorprende encontrarte con un papa que cita con conocimiento y pasión al nihilista Dostoievski, que rompe la fatigosa tradición de frases hechas y lugares comunes, que cuando se acerca a los miembros más frágiles entre las multitudes que le veneran parece hacerlo de verdad, que respeta la libertad para ejercer el ateísmo. Es un papa muy raro».

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Sí, es realmente un papa poco común. Si Juan XXIII fue bueno y rompedor, Francisco inspira la imagen de Jesucristo en la Tierra según dice hasta el renovador teólogo ex jesuita José María Castillo.

El guion, también de Wim Wenders, está bien organizado y en las dos largas entrevistas con Francisco, como apunta Ocaña: «Wenders presenta a un hombre de infinita tolerancia, que explica lo más profundo desde territorios de sencillez. Y, en lo mejor del documental, dibuja en los momentos sin texto, de meras relaciones gestuales y de miradas con sus fieles, a una persona de una sinceridad y espontaneidad admirables».

Admirable, pues, por explicar asuntos de enorme calado con llaneza y naturalidad, para que hasta un niño lo entienda. Mensajes como: «Los sacerdotes deben practicar el apostolado de la oreja: saber escuchar. La rapidez del mundo moderno arruina la salud mental, espiritual y física, la familia y la sociedad. Siempre se puede ser un poco más pobre. Hay que oponerse a la cultura del descarte y la globalización de la indiferencia. El pobre más pobre que existe es la Madre Tierra. La teología debe estar en contacto con la ciencia. El gran remedio es el amor. Tender puentes. Pederastia: tolerancia cero».

Bien la música de Laurent Petitgand y la fotografía Lisa Rinzler, amén del montaje de una cinta hermosamente rodada y editada.

Película que deviene ineludible reflejo del poder de seducción de un hombre que es líder de millones de católicos en el mundo y que incluso va más allá de las fronteras del vaticanismo. Esta es la razón esencial de un Wenders que, de forma sobria, nos ofrece un íntimo acercamiento al actual papa sin mediadores e incluso casi sin pantalla.

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Es la película de un respetuoso admirador del personaje, que se expresa en una entrevista que no deja asomar sombra de duda tras los discursos que filma durante más de una hora y que a veces —lo digo como anécdota— contradice las palabras del Pontífice: «Habla poco, escucha mucho».

Pero bueno, esto es cine documental, tampoco podemos pedir una entrevista plagada de réplicas y contra réplicas cuando, además, lo que el papa dice son aportes que pueden ser universalmente aceptados, salvo por los «mal nacidos»: no a la exclusión, cuidado del planeta Tierra, no a las armas de destrucción masiva, apuesta por los pobres, el inexcusable valor de la mujer en el mundo, labor de reforma y la contra por parte de los círculos más conservadores del Vaticano, etc.

La filmación acaba cuando el papa Francisco apela a algo que la Iglesia y el cristianismo en general han tenido casi siempre fuera de la esfera del apostolado e incluso de su tradición: ¡el humor! No hay más que recordar la novela de Umberto Eco o el film de basado en la misma, El nombre de la rosa (1986), sobre una época en que el humor y la risa eran poco menos que pecado.

Pues bien, por fin un papa hace gala de su excelente humor citando la oración del Buen Humor de Santo Tomás Moro, que empieza así: «Concédeme, Señor, una buena digestión. / Y también algo para digerir. Y por si alguien está interesado, este poema de Moro acaba así: «Dame, Señor, el sentido del humor. / Concédeme la gracia de comprender las bromas, / para que conozca en la vida un poco de alegría y / pueda comunicársela a los demás».

En conclusión, Wenders nos acerca a Francisco con su cámara genuflexionada ante él. Y lo hace de manera directa y llana, emotiva y aleccionadora, con la fe de un hombre de fe. Si ves que esto puede resultar de tu interés, no lo dudes, ve a verla.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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