A propósito de «Volver a empezar» (España, 1982), de José Luis Garci

  22 Julio 2022

Gijón no te ha engañado

volver-a-empezar-00«Hay que entornar las ventanas, dejar de extasiarse con el espectáculo mundial y, sin aislamiento, empezar a vivir nuestra propia y jugosa realidad. España es una gran realidad a la que solo le falta un puñado de españoles dispuestos a vivirla, a sentirla y enorgullecerse de ella».

(Manuel Martín Ferrand)

1.

Gracias a la editorial Rema y Vive hacemos hoy un homenaje a la película de José Luis Garci (José Luis García Muñoz, 1944) Volver a empezar, con motivo del 40 aniversario de su estreno, que tuvo lugar en el cine Arango de Gijón, y en Oviedo, el día 11 de marzo de 1982 (el 29 de marzo en el resto de España).

La primera película española que recibió el Oscar de Hollywood a la Mejor película extranjera, un Oscar que es también de la ciudad de Gijón, y de su mítico equipo de fútbol, el Real Sporting de Gijón [1].

Según el propio director, la película iba a titularse Begin the Beguine [2], como la canción de Cole Porter, que significa algo así como «Volver a beguine», siendo beguine un baile popular en los años treinta, originario de Guadalupe y Martinica, parecido a una rumba lenta.

Al parecer, hubo algún problema con los herederos de Cole Porter y la película no podía titularse así. A Garci le sonaba bien la expresión «To Begin Again», que se aproxima un poco al título de Porter, y que finalmente dio el título en español: Volver a empezar [3].

Y no es mera cuestión de título, pues, según Luis Alberto de Cuenca, esta película se puede entender también como una especie de biografía de esa clásica canción popular compuesta en 1934, en sus diversas versiones, incluida la versión a piano que preparó para la película el músico y compositor Jesús Glück Sarasíbar (1941-2018), antiguo componente de Los Bravos, que colaboró con Garci en otras películas como El crack y El crack II, Solos en la madrugada, Asignatura aprobada o Sesión continua. No obstante, hay en la película otra canción protagonista, el Canon de Pachelbel. Algún crítico ha señalado que la presencia de estas dos canciones enfatiza la unión de la alta cultura y la cultura popular, aunque yo creo que el Canon de Pachelbel es tan popular como clásica la de Porter.

2.

La película nace de una idea del crítico de cine Alfonso Sánchez Martínez (1911-1981), amigo personal de Garci, y a quien dedicó en 1980 un cortometraje documental. Alfonso Sánchez le sugirió que hiciera una película de «jóvenes». Garci le preguntó: ¿De jóvenes? —Sí, de jóvenes eternos como Edgar [Neville], Miguel [Mihura]. Una película sobre las gentes de esa «generación de titanes», como dice el periodista Antonio Astorga [4] o, en palabras de Garci, de «la generación más vital y sufrida que ha tenido la España contemporánea; la de aquellos que fueron jóvenes en los años treinta y que aún están aquí, llenos de amor, de esperanza, de coraje, de ternura y de fe en la vida, que son los valores absolutamente necesarios en este momento, para volver a empezar» [5].

Alfonso Sánchez no llegó a ver el resultado de su idea. Dice Garci en una conferencia reciente sobre la película, que salió para rodar en Asturias al día siguiente del entierro de su amigo, que murió el 8 de septiembre de 1981 [6]. Esto significa que la película comenzó a rodarse ocho meses después del golpe de estado de Tejero. Hay constancia, por el propio Garci, de que el rodaje tuvo como inauguración oficial una comida con fabada y arroz con leche en el restaurante Casa Gerardo, en Prendes, donde conservan aún la dedicatoria que les hizo ya el día 17 de abril de 1983, cuando al regresar de recibir el Oscar de Hollywood volvieron al mismo restaurante a celebrarlo con otra fabada (creo que en esta segunda ocasión iban también miembros del Sporting): «En casa Prendes, un día de octubre del 81 empezamos el rodaje de Volver a empezar. El rodaje se inició aquí, con una fabada inolvidable» [7].

Según Moisés Rodríguez, Garci tenía un relato, «una historia titulada El regreso de El Rosi. Trataba de un hombre que volvía a Gijón después de muchos años y estaba basado en un personaje real que existió en Gijón, un amigo de su padre, poeta, que falleció en un campo de concentración en Francia a finales de los años cuarenta» [8]. Se llamaba Antonio Albajara. «Por lo que narraba mi madre, era un personaje curioso: decía que era un poeta estupendo, que había jugado en el Sporting».

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Garci comenta que su padre y el poeta Antonio Albajara se subieron a un barco en el Musel el día que entraban las fuerzas nacionales en la ciudad. Esto podría haber ocurrido el 21 de octubre de 1937, fecha en que concluye la campaña del norte y la toma del puerto de Gijón, aunque en la escena más íntima de la película (en «un lupanar que he contratado para tal fin»), donde se cuentan qué ha sido de sus vidas desde que se separaron, Antonio recuerda con Elena que se fue por el Musel el día 14 de marzo de 1938.

El caso es que una vez en el barco, el padre de Garci le dijo a Antonio que se volvieran a Gijón, pero no quiso. Su padre se tiró al mar y regresó a nado. No tuvo suerte Antonio Albajara, que murió más tarde. Al parecer, fue recluido en un campo de concentración en Francia, como le ocurrió a tantos españoles (recuerdo el caso, por inocente también, de Francisco Boix, el fotógrafo que fue el único español testigo de cargo en los juicios de Nüremberg y que murió prematuramente). Parece que allí enfermó y murió Antonio Albajara.

Garci se plantea qué hubiera ocurrido si ese escritor, que en la película se llamará Antonio Miguel Albajara, hubiera sobrevivido, hubiera triunfado en su carrera profesional como profesor de literatura en EE. UU. y, desde el exilio, hubiera vuelto a su ciudad natal. («Pensé lo que podría haber pasado si hubiese emprendido el regreso a su tierra», explica) [9]. Recientemente he escuchado decir a Garci que un hermano de Antonio Albajara, José María, pudo asistir al estreno de la película en Gijón. Garci dedicó la película a su padre, Manuel García Meana, miembro de aquella generación, que también, según él mismo ha señalado, debió de pasar un tiempo en la cárcel de Figueras-Arnau.

En dos meses terminó el guion de Volver a empezar, realizado conjuntamente con un amigo suyo, Ángel Llorente Rodríguez (1941-1992), que dirigió dos años después una comedia titulada Dos mejor que uno (1984), y series para televisión española como Las grandes fechas del V Centenario (1986) o Canarias: Ruta del Nuevo Mundo (1988).

Comenta Garci que Ramón J. Sender (1901-1982) y Francisco Ayala (1906-2009) le llegaron a preguntar si para esta historia se habría quizá inspirado en alguno de ellos, porque, en efecto, hubo muchos casos de profesionales españoles exiliados, no sólo de la literatura, sino de la filosofía, de las ciencias, de las artes, que hicieron grandes carreras allí donde resultaron acogidos, sobre todo en América.

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3.

La historia transcurre en 1981, el mismo año en que fue grabada. Un español exiliado, profesor de literatura de la Universidad de Berkeley, famoso escritor, recibe el premio Nobel de Literatura. Después de recoger el premio en Estocolmo decide regresar a Gijón, su ciudad natal, y se hospeda en el Hotel Asturias, un hotel situado en la Plaza Mayor. La razón por la que vuelve a Gijón queda respondida en la mítica escena de Antonio Ferrandis y José Bódalo: —Por Ventura Martínez Soto, le contesta Antonio al Roxiu. Un colega chileno que trabajaba con Albajara en Berkeley, que murió de un infarto en medio de sus clases, cuando, de pronto, antes de caer fulminado, «comenzó a hablar en español» y recobró, por unos instantes, todo su mundo, su pasado, aquel río donde se bañaba de niño, su tierra, su paisaje, sus gentes, el pequeño pueblecito junto a Viña del Mar donde había nacido.

Del mismo modo, poco tiempo antes de la entrega del premio Nobel, Albajara ha recibido la noticia de que le quedan seis meses de vida. Y quiere volver, recobrar su mundo perdido, su pasado, sus gentes, el mar, sus amigos queridos, particularmente, el Roxiu [10], con quien compartió banquillo en el Sporting de Gijón y, por encima de todo, su antiguo amor, Elena, de quien se separó irremediablemente por la Guerra Civil. En su estancia, recibe una llamada del entonces rey de España, Juan Carlos I, que le felicita por el premio. Con el Roxiu visita las instalaciones míticas del Sporting de Gijón en Mareo, donde se hace un homenaje al «mejor mediocentro del Sporting», y asiste a un partido de fútbol entre el Sporting y el Atlético de Madrid.

A escondidas de la prensa, Elena lo lleva de viaje en su Renault 5 por lugares entrañables de Asturias, llenos de nostalgia y pasión. Van a visitar su casa natal, Pravia, Muros, Cudillero, el Lago Enol, Covadonga, Cangas de Onís, un itinerario sentimental que desde entonces constituye un momento casi ritual en la historia de todas las parejas que comienzan, o que vuelven a empezar, recreando los viajes y amores que perfiló Garci aquí, en Volver a empezar. Finalmente, Antonio regresa a Berkeley, donde sigue dando sus clases. Dice Garci que en la escena final en la que Antonio Albajara aparece impartiendo clase en Berkeley, mientras sus alumnos le miran embelesados, habla de los versos del poeta de Paredes de Nava, Jorge Manrique (1440-1479), las Coplas a la muerte de su padre.

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4.

El reparto fue, según Garci, tal y como él lo había previsto. El protagonista de la película, Antonio Miguel Albajara, lo encarnó Antonio Ferrandis (1921-2000), a quien eligió Garci por su interpretación del popular personaje Chanquete en la exitosa serie de televisión de Antonio Mercero (1936-2018), Verano azul, que se emitió en España por primera vez entre l1 de octubre de 1981 y el 14 de febrero de 1982, es decir, coincidiendo con el rodaje de Volver a empezar en Asturias. Ferrandis llegó a decir que este papel era el más sencillo que había realizado en su vida [11]. Garci comentaba como anécdota que Antonio Ferrandis se iba haciendo tan famoso por su papel de Chanquete que durante el rodaje en Gijón, todos los días a las cinco de la tarde en la plaza mayor, frente al hotel, iban los niños que salían de la escuela a ver a Chanquete, y le llamaban «¡Chanquete, Chanquete…!».

La actriz Encarna Paso (1931-2019) es Elena, la novia de la juventud. Ella es, según Garci, «el exponente de esas mujeres que jamás envejecen, que están al margen de los convencionalismos de la sociedad y encarnan una rebeldía cotidiana» [12]. Un producto destilado, diría yo, de esta ciudad de Gijón, desembocadura y crisol de todas las almas de España. El personaje de Elena también está inspirado en una persona real. En el libro E-motion Pictures. Las Películas de Garci, se incluye un curioso álbum de fotos familiar, en el que hay una fotografía de su madre realizada por su tía Argentina; Garci añade el siguiente comentario a pie de foto: «Argentina era mi tía, una rubia guapísima, muy parecida a Carole Lombard, la hermana mayor de mi padre. El personaje de Encarna Paso en Volver a empezar está inspirado en ella» [13]. «Tiene una vivacidad apabullante. Unos ojos llenos de vida, de fuerza, de firmeza. Es alegre y sensible. Es joven dentro de su edad. Siempre será joven Elena. Es una mujer maravillosa»” –dice Garci en el guion [14].

Según el guion, Elena trabajaría en una floristería (La Violeta se llamaba, «una pequeña y coqueta tienda de flores») [15], aunque en la película, sobre la marcha, se decide que trabaja en una galería de arte, lo que ha dado ocasión a que un cuadro de Nicanor Piñole, Temporal en el muelle (1945), se haya convertido seguramente en el cuadro de un pintor asturiano más visto del mundo. Pues, como señala el historiador Héctor Blanco en un reciente y elocuente artículo, el encuentro y el reconocimiento de los dos amantes se produce efectivamente en la sala de arte Tioda, que está ubicada en la esquina de la calle Instituto con Anghera, frente al cuadro de Nicanor Piñole.

Héctor Blanco subraya que el local «permanece desde entonces sin uso y, de entre todas las localizaciones del rodaje, es la única que se conserva prácticamente intacta» [16]. Qué buen motivo sería para que el ayuntamiento convirtiera ese local en centro de interpretación de Volver a empezar, en Gijón…, y ya de paso que hiciera lo mismo con la casa del arquitecto Luis Moya de la Laboral… también abandonada.

El actor José Bódalo encarna al amigo de juventud, compañero del Sporting, en una magistral interpretación del Roxiu, médico (Enrique García Rendueles: Dr. Gª Rendueles, según el guion, tendría que leerse en la placa de bronce que debía aparecer a la puerta de su casa, «un chalet antiguo –remozado–, con cierto aspecto señorial») [17] y actual directivo del Sporting.

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Bódalo y Ferrandis protagonizan el momento culminante de la película en una de las grandes escenas del cine español de todos los tiempos (una secuencia que por sí misma –según Agustín Faro vale un Oscar), cuando los vemos conversar en el salón de la casa del Roxiu, en un escenario creado por el genial y multioscarizado asturiano Gil Parrondo, en Madrid. Allí Albajara le revela las razones por las que ha vuelto a Asturias, y le explica que le quedan pocos meses de vida.

En la actuación, Bódalo solicitó a Garci que para conseguir que se le humedecieran los ojos le pusiera bajito el Canon de Johann Pachelbel (1653-1706), una de las tres melodías que se utilizan en la película. Garci ha señalado que entre los dos actores existía una profunda amistad y una larga trayectoria de trabajo compartido, lo que hizo posible la impresionante veracidad de la escena. Según Moisés Rodríguez, el propio Garci señaló que «el Oscar se lo dieron al film por esta escena».

Cuando estaban buscando localizaciones en Muros del Nalón, en Asturias, a la semana de inicio del rodaje de la película, Gil Parrondo le preguntó a Garci: —Si fuera una película del Hollywood clásico, ¿cuál sería tu reparto? Ronald Colman e Irene Dunne, le dijo Garci. —¿Y para el papel de Bódalo? Bódalo, le contestó. De hecho, el director de cine Robert Wise le dijo a Garci que Bódalo hubiera conseguido el Oscar si la película se hubiera llegado a estrenar en EE. UU. [18].

Todo el equipo de rodaje se alojaba en el Hotel Asturias, que sirvió también de plató cinematográfico (en el guion original se señalaba como hotel el Hernán Cortés, donde hoy se sitúa el Casino de Gijón). Este conocido hotel, ubicado en la plaza Mayor, había sido edificado por un personaje al que apodaban el Aldeanu, Manuel Meana Canal (1888-1958), muy popular en Gijón, y que durante la posguerra puso en marcha en el hotel un servicio de comidas gratuitas para los indigentes de la ciudad.

Precisamente en ese mismo hotel transcurren algunas de las escenas más entrañables de la película, en las que brillan con luz propia tres estrellas. Gervasio Losada, el gerente del hotel Asturias, interpretado por el genial Agustín González (1930-2005), que llena de ternura la recepción del Nobel asturiano en su tierra natal: «Alcatraz, la 203…»[19]. Carolina, la telefonista del hotel, interpretada por la prolífica actriz Marta Fernández-Muro (1950), sobre la que dice el periodista Pablo Palomo: «Se le atribuye a Stanislavski la máxima de que no hay papel pequeño sino actores mediocres. Marta Fernández-Muro le dio la razón al genio ruso con su aparición en Volver a empezar. La actriz madrileña apenas necesitó unas pocas líneas de guion para inmortalizar a uno de los personajes más queridos de la película. Ella fue Carolina, la inolvidable telefonista, la del “Hotel Asturias, dígame”» [20].

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Y Sabino el botones, que fuma Ducados y tanto le dan los dólares como «las pesetes» [21], interpretado por el prestigioso actor de doblaje Pablo del Hoyo (1963-), que había participado también en la memorable escena inicial de El crack. Este actor protagonizó una de las historias más curiosas de las celebraciones de los Oscar de Hollywood. Al parecer, Pablo del Hoyo se enteró de que habían ganado el Oscar en la garita del cuartel de Burgos donde estaba entonces haciendo la mili. «Me alegré mucho, aunque no tenía con quien celebrarlo. Estaba solo», dice [22]. Sin duda hablamos de una época diferente, la de una España «de pico y pala» que hacía prodigios como el de la Transición.

En cierto modo, estos tres personajes entrañables constituyen la familia asturiana que acoge al premio Nobel Albajara en un hotel que, a su vez, es su casa: Asturias. Cuando Gervasio Losada sube a la habitación de Albajara para hacerle la rueda de prensa, se interrumpe para decir con un tono de reproche e impotencia: «pero si no me ha probado usted el desayuno», mientras pasa revista a la mesa y echa un vistazo a un libro; y Albajara le contesta solícito: «Ya, es que no tengo apetito, muchas gracias», como si le hablara a su madre. Y, siguiendo con su papel de madre amantísima, más adelante Gervasio le interrumpe: «Don Antonio Miguel, me he permitido prepararle algo para el camino, en fin, bueno, es una bagatela de nada», una bandeja de pasteles estupenda.

La presencia de Juan Carlos I en la voz a través del teléfono de Pedro Ruiz ha suscitado y suscita todavía cierta polémica. Hay que tener en cuenta que durante el año del rodaje, el 23 de febrero de 1981, tuvo lugar en España el Golpe de Estado de Tejero. Como otros luctuosos acontecimientos de la reciente historia de España, no sabremos nunca la finalidad de aquella puesta en escena (tal vez sea mejor que no se sepa), en medio del debate sobre la entrada de España en la OTAN, y la necesidad de fortalecer la figura del rey Juan Carlos I como garante de la Transición democrática en España.

Garci se manifestó a favor de la figura del rey no solo en el diálogo que protagoniza en la película, sino también en sus opiniones posteriores en la prensa acerca del asunto: «Mi postura es a favor del Rey, y así lo escribí en el guion. En la película no se habla de un supuesto rey, sino de don Juan Carlos, el Rey de todos los españoles, salvo de algunos. Incluso el personaje le llama casi colega, adelantándose a la actualidad de ser candidato al Premio Nobel de la Paz».

El día 11 de marzo de 2022, con ocasión del cuarenta aniversario, el ayuntamiento de Gijón organizó en el teatro Jovellanos un homenaje a Volver a empezar. El patio de butacas estaba lleno a rebosar. Cuando llegó la escena de la llamada telefónica del rey, la situación no podía resultar más grotesca. Hay que tener en cuenta que en esa conversación le dice Albajara al rey: «En mi opinión, señor, es usted el hombre que nuestro país necesita». Coincide esto con la situación actual del rey emérito (cuarenta años después), lo que produjo un extraño efecto hilarante.

Sin embargo, las risas se desvanecieron con la escena de Mareo y la emoción contenida, el nudo en la garganta y las lágrimas, empezaron a hacer mella en todos los espectadores a partir de ese momento hasta el final. Salimos compungidos del cine, y convencidos de que los tópicos que se han dicho contra la película no resisten un pase, como el que tuvimos ocasión de disfrutar en el Teatro Jovellanos de Gijón. La película, lejos de quedar anegada por el tiempo, arrasada por los abundantes argumentos reduccionistas y sociologistas, sobrevive y mantiene su vigor, su emoción, y todo su sentido. ¿Por qué? Esa es la pregunta que me hago y a la que me gustaría dar una respuesta.

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5.

Se dice que la película recibió malas críticas y que fue un fracaso hasta que alcanzó el Oscar, pero no es totalmente cierto. Hubo críticas muy buenas y elogiosas y, aunque no dio mucho dinero al principio, fue bien recibida por el público. En Asturias el éxito fue total. Según el ABC del 28 de marzo del 1982, el día antes del estreno en Madrid, en Asturias está batiendo «el récord de taquilla de la historia cinematográfica de aquella región» [23], y según la misma noticia, también en Barcelona «ha recibido las mejores críticas». El 30 de marzo de 1982, en la sección de Cultura de El País, se decía que la película tiene desde su estreno un «éxito apabullante» [24].

No obstante, el estreno en el Cine Coliseum de Madrid, el 29 de marzo, fue un fracaso de taquilla, y la productora, Nikel-Odeon, tuvo que cerrar temporalmente. En todo caso, con el Oscar se catapultó el éxito. Sólo en la primera semana del reestreno consiguió recaudar 20 millones de pesetas y en total la película fue vista por más de ochocientos mil espectadores. Manuel Martín Ferrand llegó a decir que a Garci «nos lo han tenido que descubrir en California después de que To Begin Again fracasara en nuestras pantallas». También añade con sabiduría: «Cuando aprendamos, generosamente, a valorar a los Garci de nuestro entorno, a quererlos, a respetarlos y a ver en ellos lo mejor de nuestra grandeza, la palabra “cambio” tendrá algún sentido y España estará salvada» [25].

La película recibió el Premio Especial de Calidad del Ministerio de Cultura y fue elegida como Mejor Película de 1982 por Revista de Cine (programa de televisión española). José Luis Garci recibió el Premio Luis Buñuel y el de la Sociedad General de Autores de España de 1983. Encarna Paso fue galardonada por el Círculo de Escritores Cinematográficos en la categoría de mejor actriz y Manuel Rojas en la de mejor fotografía. Antonio Ferrandis recibió el Premio Long-Play de 1982 al Mejor Actor.

Luego llegó el Premio Ecuménico en el Festival de Montreal, lo que hizo que la película fuera elegida como candidata española para el Oscar, al ser la única de las candidatas españolas que había recibido algún premio internacional ese año. Las candidaturas españolas al Oscar de aquel año eran, además, Demonios en el jardín, de Manuel Gutiérrez Aragón, y La colmena, de Mario Camus. Según Moisés Rodríguez, Garci siempre ha dicho que su película fue elegida para representar a España por pura casualidad, ya que no era la mejor de las candidatas, según admite. «Los partidarios de La colmena, para no votar a Demonios en el jardín, votaron a Volver a empezar, y al revés. De rebote, salimos nosotros» [26].

Finalmente, el día 11 de abril de 1983, en la 55 edición de los Premios de la Academia de Hollywood celebrada en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, Volver a empezar recibió el Oscar a la Mejor Película en Lengua no Inglesa. Durante la ceremonia, Garci estaba convencido de que iba a ganar: «No tenía ninguna duda. Recuerdo a Pilar Miró sentada a mi lado que decía: “Es que estás muy seguro”. “Fíjate si estoy seguro” —le contesté— “que has venido con un traje amarillo y no te he dicho nada”».

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Los encargados de dar a conocer el ganador en esta categoría eran la actriz Luise Rainer, y el presidente de la Motion Picture Association of America, Jack Valenti. Entre las candidatas al premio estaba la película nicaragüense Alsino y el cóndor, del chileno Miguel Littín Cucumides; la francesa 1280 almas, de Bertrand Tavernier; la sueca El vuelo del águila, de Jan Troell; y la soviética Chastnaya zhin (La vida privada), de Yuli Raizman.

Nadie puede olvidar a Luise Rainer cuando pronunció finalmente el título de la ganadora: «¡Volvé a empesarr!». Como dijo Garci: «Los sueños, a veces, se convierten en realidad. Yo estoy orgulloso de haber ganado el primer Oscar para nuestro idioma. Hubo nominaciones, pero nunca se había ganado un Oscar en lengua española. Lo había ganado Buñuel, pero por una película hablada en francés. Este fue el primero para nuestro idioma y eso es para sentirse orgulloso». Dice Garci en su libro Querer de cine, que la vestimenta que llevó para recoger el Oscar era literalmente la misma que llevaba Humphrey Bogart en Casablanca.

Y fue entonces, como recordaba Juan Cueto en un memorable artículo, cuando empezaron los milagros para el cine español y para la industria nacional. Dice Cueto que se silenciaron las rabietas freudianas e incluso las críticas volterianas de los iconoclastas profesionales. En Asturias el turismo veraniego se puso de moda y Oviedo tuvo que encajar con deportividad el golpe de no haber salido en ninguno de los fotogramas de la película.

Pero lo verdaderamente extraordinario, dice Juan Cueto, fue la contundente goleada que el Sporting le propinó al Español. «Aquello sólo podía ser influencia de la estatuilla de Garci, en cuya ficción galardonada por Hollywood el Sporting desempeñaba un papel muy principal. Las sospechas se confirmaron después del 5-0, cuando por los altavoces de El Molinón, con las gaviotas perplejas, empezó a sonar el Begin the Beguine de Cole Porter, coreado por las masas, mientras los más viejos del lugar no recordaban una resurrección así» [27].

Impresiona saber que lo primero que hizo Garci al regresar a España fue viajar a Asturias para dedicar la estatuilla al Sporting de Gijón y hacer el saque de honor en un partido precisamente, de nuevo, contra el Atlético de Madrid, celebrado el 17 de abril de 1983 y saldado con un resultado de 2-3. Como dice Moisés Rodríguez, «el Sporting de Gijón es el único equipo de fútbol del mundo que puede presumir de haber conquistado un Oscar de Hollywood».

El defensa sportinguista, y gerente del Sporting, José Manuel Fernández García (1946-2008), gran amigo de Garci, fue el que facilitó toda la gestión para el rodaje de la película y fue, de hecho, la primera persona que vio la película, en una salita pequeña junto a Garci [28]. Los planos del partido de fútbol en el Molinón se tomaron en el partido que el 18 de octubre de 1981 enfrentó al Sporting y al Atleti, que se saldó con un 3-2 a favor de los locales. Se grabaron en el propio partido y, de entre los jugadores, solo Maceda sabía que estaban siendo grabados [29]. Por otra parte, en la cena de Mareo en homenaje a Albajara, todos los participantes, salvo los protagonistas de la película, son los propios directivos del equipo, y lo mismo se puede decir de los planos del palco en el Molinón.

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6.

1982 fue un año portentoso para España, entre otras cosas por el Mundial de Futbol que se celebró aquí. Las obras del Molinón que aparecen en la película corresponden a la remodelación del estadio para albergar este evento deportivo. Felipe González se convierte, y por 12 años consecutivos, en presidente del Gobierno. El rey de España, Juan Carlos I, recibe el premio Carlomagno en Aquisgrán, primero que se concede a un monarca. El 13 de septiembre se produjo el accidente aéreo en Málaga con 50 muertos y el 20 de octubre la rotura de la presa de Tous. El 31 de octubre Juan Pablo II visita por primera vez España. ETA asesina al jefe de División Víctor Lago. Marruecos reclama formalmente la soberanía sobre Ceuta, Melilla y otras islas deshabitadas como la isla Perejil. Esto traerá consecuencias letales décadas después.

Más allá de nuestras fronteras, el siniestro Ríos Montt da un golpe de estado en Guatemala. Comienza la guerra de las Malvinas. Isabel II aprueba la Constitución de Canadá. Sigue la guerra entre Irak e Irán. El 30 de mayo España entra en la OTAN oficiosamente. Italia gana la Copa del Mundo de fútbol. La República Árabe Saharaui recibe el reconocimiento de diversos países, entre ellos Venezuela y Bolivia. EE. UU. sigue con sus pruebas nucleares: en Nevada, a 100 kilómetros de Las Vegas, explota la bomba Queso de 20 kilotones (EE. UU. hizo explotar 1129 bombas atómicas entre 1945 y 1992). El nuevo secretario general del PCUS de la URSS es Yuri Andrópov. Por otra parte, el 19 de octubre, Gabriel García Márquez recibe el Premio Nobel de Literatura. El 30 de noviembre, Mikel Jackson lanza su sexto álbum, Thriller.

Es el año de E.T. el extraterrestre, de Spielberg, una recreación del relato evangélico con un dios “secundario”. Gandhi, de Richard Attenborough, gana el Oscar a la mejor película, y se estrena Blade Runner, de Ridley Scott, que se convertirá en una película de culto. También se estrenó Acorralado, de Ted Kotcheff, con Silvester Stallone, abriendo la saga de Rambo, y Pink Floyd-The Wall, de Alan Parker, una de las primeras películas que bajé a ver desde la Universidad Laboral al cine María Cristina de Gijón. Inolvidable momento.

Garci ya era un cineasta de amplio reconocimiento en España y en el extranjero, con películas generacionales que son verdaderas reliquias para la Historia de la España de la transición: Asignatura pendiente de 1977, Solos en la madrugada de 1978, Las verdes praderas de 1979 y ante todo, para mi gusto, El crack, de 1981, una película de culto, cargada de emoción y ejemplaridad, y considerada una de las mejores películas del cine español. Volver a empezar es su quinta película, a la que seguirán otros títulos muy conocidos como la descarnada El crack II, de 1983, una secuela tan genial como la primera; Sesión continua, de 1984, grabada también íntegramente en Gijón; Asignatura aprobada, de 1987 (estas dos últimas, también nominadas al Oscar a la mejor película extranjera); Canción de Cuna, de 1994, y hasta 10 títulos más, entre los que cabe destacar El abuelo, de 1998 (la última de las nominadas al Oscar), la impresionante Sangre de mayo de 2008, y la última, que a mí me ha gustado mucho también, El crack cero, de 2019.

Garci ha sido siempre muy crítico con sus propias películas, seguramente porque su conocimiento del cine es tan profundo que nada le satisface lo suficiente, pienso yo, porque ha hecho películas maravillosas, y no sólo escenas, como algunas veces dice, pero sin falsa modestia, desde luego [30].

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7.

La acción en Volver a empezar es profundamente teatral. Es la conversación de unos personajes que rememoran recuerdos, acontecimientos ocurridos en otro momento, fuera de plano, como en las tragedias griegas. Sin uso de flashback, con la presencia, a lo sumo, de algún plano detalle de reliquias que remiten a los momentos evocados (el disco de Cole Porter, o las fotos que Elena le ha hecho por Asturias con las dedicatorias), la acción expone cómo los personajes recuerdan su propia vida, aquella que quedó truncada por la Guerra Civil. Cada escena se construye alrededor de un núcleo central que es un relato exento, que va hilándose con las demás escenas a través de los relatos insertados.

En la primera escena es Gijón quien le habla a Albajara, que mira atentamente los lugares que le evocan otros tiempos. Luego llega al hotel, donde la «familia», afanada en su día a día cotidiano y modesto, recibe al viajero con todas las atenciones, como si fuera el hijo pródigo (el detalle de Gervasio quitándole a Sabino el cigarro es elocuente en este sentido).

En la escena en que va en busca de Elena, en Tioda, Albajara encarna él mismo el papel de aquel joven que quería bailar con aquella chica tan guapa en el baile: «Es cuestión de vida o muerte», le dice. En el breve silencio que sucede y con la mirada fija, Elena lo reconoce: «Elena, al principio, no acierta a entender la sonrisa de Antonio Miguel. Luego, se queda rígida. Abre la boca. Un escalofrío. Sus ojos se llenan de sorpresa, de alegría» [31]. Comen juntos en el Club de regatas, donde recuerdan la historia del beso en la noche de Perlora, cuando pasaba el trenecillo de Candás: «Son esas cosas que se te quedan fijas para siempre».

En el merendero de la guía, conocido como Los Rosales [32], Elena le aclara a Antonio la historia del duro en el baile: «Aquel chico que, además de jugar en el Sporting escribe poemas», cuando bailaron Begin the Beguine, el disco y la firma de Antonio Fred Astaire. Un plano de San Lorenzo que recuerda La noche estrellada sobre el Ródano, de Van Gogh, une y prepara la escena del rey, cuya presencia teatral se manifiesta a través del auricular del teléfono, fuera de plano; como Saturna, a la que recreamos con nitidez a través de la llamada de su marido, nuestro entrañable Gervasio.

Y lo mismo ocurre en la escena de Mareo, porque allí el Roxiu evoca el juego implacable de Albajara, el mejor medio centro de España. El Roxiu conforma el mito legendario del jugador duro, pero noble. Con su discurso le vemos parar el balón, lanzarlo con la zurda y ponerlo a los pies de un compañero veinte metros más allá; el cambio de ritmo mortal en su juego, algo que rompía al contrario.

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Ahora es la fotografía del equipo colgada en el salón de la casa del Roxiu la que nos introduce en la más memorable de las escenas. «¿Por qué has vuelto? Porque tú no has sido de esos de… pues hasta que no muera Franco no vuelvo, y toda esa historia». Ahora es Antonio Miguel quien narra el conmovedor final del profesor chileno Ventura Soto, muerto lejos de su patria.

Un plano de Albajara, de madrugada frente al mar, en la rampa 2 del muro, que recuerda mucho al cuadro de 1818, El caminante sobre un mar de nubes, de Caspar David Friedrich (1774-1840), ayuda a despejar toda la emoción. Aún hoy las olas golpean el muro de la misma manera. La luz en la ventana nos conduce a la habitación 302. Allí, es el radiocasete quien nos permite escuchar las enseñanzas del profesor Albajara mientras explica que en las Coplas por la muerte de su padre don Rodrigo, gran maestre de la orden de Santiago, Jorge Manrique «recrea magistralmente uno de los universales más queridos por la antigüedad clásica, el Carpe Diem, es decir, la fugacidad de la vida». A la mañana siguiente, en la habitación, Gervasio Losada da cuenta de la expectación mediática que ha generado la llamada del Rey y la presencia del Premio Nobel en Gijón.

El viaje por Asturias con el Renault 5 de Elena nos conduce hasta el rincón del lavaderu de Deva, donde Antonio Miguel le cuenta a Elena la historia, que relata Ovidio, de lo que ocurrió cuando Zeus viajó a la tierra bajo la apariencia de un miserable vagabundo que buscaba hospedaje entre los griegos. Nadie le acogía, salvo un matrimonio muy pobre. Aquí, Antonio Ferrandis recuerda a Harvey Keitel en la escena del «Cuento de Navidad de Auggie Wren», en Smoke (1995), de Wayne Wang. Antonio Miguel, por boca de Filemón, quiere decirle a Baucis-Elena: «Adiós querida compañera, y gracias por tu amor». Esta última frase, tan emotiva como elocuente, no se encuentra, sin embargo, en el guion; el resto del relato de Antonio está impecablemente recitado tal como quedó en el guion.

Ahora es ella la que nos lleva al «lupanar» que ha reservado para los dos. El lugar elegido por Elena es un hotel ficticio de tres estrellas que sólo reconocemos por dos planos, uno inicial y otro final, que marcan la noche de amor hasta el amanecer [33]. La ubicación de este hotel (según el guion, «un hermoso Parador estratégicamente y magníficamente situado frente a un espléndido panorama azul –cielo– y verde –montaña–») [34] me tenía desconcertado y lo busqué infructuosamente durante días. Finalmente, gracias a Gustavo Bueno Sánchez, he dado con él.

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En realidad, se trata de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales de Covadonga, un lugar de acogida de peregrinos «abierta a todos los que sienten la necesidad de encontrarse con Dios», situado al pie de la cueva de la Santina. «Es noche total. Las estrellas brillan en el cielo. Hay una luna enorme, muy clara. El parador, encendidas las pequeñas luces, parece algo irreal en el paisaje montañoso. En una ventana del tercer piso, hay cierta claridad. Como si una luz se hallara encendida» [35].

Después del amor evocan sus recuerdos, sus vidas separadas [36]. Pero esta escena alberga, principalmente, la historia de la bella Elena, su relación con Ramón, casado con una mujer aquejada de una parálisis progresiva, un asunto basado también en hechos reales, según ha reconocido el propio Garci. Es curioso, porque aquí contemplamos cómo de ese mismo tronco común anterior a la guerra, se sucedieron dos vidas, una que ha transcurrido escribiendo novelas (Antonio Miguel comienza a escribir Cine Robledo en el campo de concentración en Francia), y otra, la de Elena, que ha sido ella misma una novela.

A esto le sigue la memorable escena del desayuno, también en el hotel, donde se recrea la idea del amor otoñal, una de las grandes reivindicaciones de la película. Se ha señalado la curiosa coincidencia del estreno, en 1981, de otra película que aborda el tema, En el estanque dorado, de Mark Rydell, con Henry Fonda y Katharine Hepburn, aunque yo prefiero Robin y Marian (1976), de Richard Lester, con Sean Connery y Audrey Hepburn:

«Cuando somos jóvenes todos pensamos que las personas mayores no se aman. Yo también lo creía. Pensaba que la gente como somos ahora nosotros se tenían cariño, afecto, pero no que se amaran. Que sintieran pasión. Y no es verdad. Los hombres y las mujeres son capaces de amar hasta el último momento de la vida. En realidad, solo se envejece cuando no se ama. Aunque nada pueda devolvernos los días de esplendor en la hierba y de la gloria en las flores, no debemos apenarnos. Al contrario. Tenemos que buscar ánimos en el recuerdo» [37].

Cangas de Onís, Covadonga, Gijón y el partido de fútbol del Sporting y el Atlético de Madrid. Duelo rojiblanco. ¡Qué emocionante el recuerdo infantil de aquellas tardes de fútbol, ese olor a puro en el peculiar ambiente del Molinón! Y la despedida. Mientras camina hacia la recepción del hotel, Albajara se despide de todo, no solo de su pasado, sino de su vida. (Sentado entre las sillas del salón del hotel, pudiera pensarse que Antonio Miguel Albajara ya ha muerto.) Los dos amigos se dan el último abrazo. Amanece en Gijón [38].

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En el aeropuerto le espera Elena. No lo tenía previsto. Allí ella le entrega el testigo de su amor. La escena entre ellos es una elipsis, una jugada de mus en la que también participa el público. No se enseñan las cartas, aunque a Elena se le escapan unas lágrimas que Antonio Miguel no alcanza a ver, pero Garci generosamente nos las muestra a nosotros. Ahora es Antonio el que queda confundido, dominado por la fortaleza de Elena que, habiendo sido informada por el Roxiu, mantiene la compostura hasta el último abrazo. Al ponerse en la zona de embarque Albajara, premio Nobel, gran futbolista, se confunde entre la gente, uno más entre los viajeros que en medio de la lluvia suben al avión de Iberia —entonces todavía era una compañía del Estado—, mientras ella lo ve pasar ante sus ojos. Y San Francisco. Allí desvela el secreto, el disco firmado que él le regaló, y que ella conservó durante tantos años. «Gracias por estos dos días que han recuperado toda una vida», le dice Ginger Rogers. Y con Begin the Beguine nos despedimos de Berkeley, San Francisco, mientras Antonio Miguel Albajara se desvanece entre la multitud de la metrópoli, «como los ríos van a dar en el mar, que es el morir».

De hecho, el final recogido en el guion indica esta idea del desvanecimiento de Albajara en el mar de la metrópoli. Primero porque Antonio comienza a explicarles a los estudiantes de Berkeley los versos de Jorge Manrique usando el español, como hiciera Ventura Soto, y explica así cómo aconteció la muerte del poeta [39]. Y, finalmente, porque en la escena final tal y como se recoge en el guion debería verse lo siguiente:

«Es hermoso el espectáculo de la puesta de sol. Sigue sonando Begin, the Beguine. La imagen va centrándose sobre la cara, los ojos de Antonio Miguel, que tienen toda esa calma infinita de quien ya está al otro lado del viento.

La imagen, despacio, funde en negro.
Sobre el Negro y mientras continúa la música de Begin the Beguine, aparece un texto:
Partimos cuando nacemos,
Andamos mientras vivimos,
Y llegamos
Al tiempo que fenecemos;
Así que cuando morimos,
Descansamos.

             (Jorge Manrique)» [40].

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8.

En Volver a empezar se produce un llamativo contraste entre la veracidad documental extraordinaria que puede observarse a cada paso: en la estación de ferrocarril, en los lugares de Gijón, o, por ejemplo, en las escenas del aeropuerto, o en la propia disposición teatral y temporal, y la difícil verosimilitud de las acciones y diálogos (¡aunque están basadas en hechos reales!), lo que también se nota al contrastar esa imagen documental con el sonido de estudio del doblaje.

Ocurre que la realidad supera a la ficción. Hay más verdad que verosimilitud en lo que se cuenta. Garci ha recurrido a un escenario veraz, tan veraz que incluso las escenas del hotel se graban en él, incorporando los paisajes del momento al entramado escénico mediante el expediente de situar en ellos a algunos actores y a los protagonistas de la acción.

En uno de los episodios del programa Cowboys de medianoche, recordaba que cuando rodaban Solos en la madrugada, ni siquiera se utilizaba vestuario. Los actores debían presentarse con su propia ropa, no para alcanzar más verosimilitud en la acción, sino mayor veracidad en la película, al convertir la realidad circundante ocasional en escenario. Nuestra película parece grabada más cerca del No-Do que del propio cine. Quizá esto tenga que ver con el hecho señalado por Garci, con cierta sorpresa según reconoce, de que su primer recuerdo fílmico no procede de ninguna película, sino del No-Do con el que se iniciaban todas las sesiones en los cines de aquella época [41].

Así, Volver a empezar es una reliquia para los historiadores de la ciudad, de sus arquitecturas, de su tiempo. La película congela y concentra en 1982 un modo de vivir que venía de lejos, como los viajeros que van llegando a la estación de Gijón desde todas las regiones de España. Desde ella podemos contemplar la España que viniendo de la época de Franco se encamina con paso titubeante hacia un incierto pero esperanzador futuro.

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Y los personajes son como esos corredores de las carreras de relevos, que ya han ido terminando de hacer su recorrido y llevan en su mano el motivo de su existencia. Desearía que ese testigo no se caiga al suelo antes de que los nuevos corredores salgan lanzados hacia el futuro, pero a veces pienso que el empuje fue tan grande, la estampida tan tumultuosa, que ya bien lejos hemos caído en la cuenta de que por el camino perdimos el testigo. Enterramos a nuestros muertos y salimos disparados enamorados de la moda juvenil, y ahora no sabemos, ay, dónde nos encontramos ni qué queremos y podemos hacer ya con nuestra patria. ¿Habremos sido dignos transmisores de ese legado que Albajara vino a dejarnos aquí antes de morir? Garci llevó con dignidad el testigo de su padre, a quien dedica la obra, con esta preciosa y necesaria película, pero ¿y nosotros?

Por ello, Albajara no es solo un viajero que vuelve de EE. UU. a despedirse de sus amigos y de su tierra, ni a recuperar el amor perdido, él es el heraldo que trae a España en 1982 la llama de la libertad perdida tras la Guerra Civil y de la Reconciliación. «Ese hombre es un español de ayer, de hoy y de siempre –dice Garci–. Ese español que necesitamos ahora, ese español que no se asusta y que le gusta lo que le rodea. Es el español que tiene el encanto supremo, que es la fe en la vida» [42].

¿Y por qué a Gijón? ¿Por qué Garci eligió Gijón para recrear el regreso de Albajara? Si él es el heraldo de la libertad, la llama protegida y custodiada en el extranjero por parte de los exiliados españoles, es porque Gijón, esa modesta ciudad del norte, aunque no es el centro geográfico ni es la capital, ha sido, desde la leyenda del troyano rey Astur, el lugar de entrada, el centro histórico y simbólico de España [43].

Volver a empezar es, ahora, recuperar lo perdido, replantear el camino, es decir, establecer nuevos fines. Porque la vida humana, también de las naciones, no es una sucesión lineal, sino un entrelazamiento de fines en conflicto, de planes y programas que se van sucediendo y rectificando de modo recurrente. Volver a empezar indica que nuestras vidas no son una continuidad uniforme sino una sucesión de proyectos entrelazados. Sólo metafísicamente se puede perseverar en la idea de las «sucesiones de difuntos» que evoca con insistencia febril Gabriel Albiac. Por eso sólo se envejece cuando no se ama, porque amar es siempre volver a empezar. Al fin y al cabo, como dice Platón en El banquete, sólo se ama aquello de lo que se carece; amar, pues, es buscar, luchar por algo, perseguir sueños.

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9.

Para decirlo al estilo del profesor Albajara, Volver a empezar recrea un universal muy querido por la literatura de todos los tiempos: el regreso a casa, la Odisea. Una guerra separa a Antonio de Elena, como a Penélope de Ulises. Un viaje largo y sin retorno, hasta que algo, también externo, le da la oportunidad de volver: La isla de los Feacios en Estocolmo, con ocasión del Nobel.

El regreso de Antonio, solo, viejo y cansado, difícil de reconocer, es victorioso, pues ha conquistado la libertad. Partió del Musel en un barco cargado de Guerreros, después de haberse encontrado con los más difíciles obstáculos y los puertos nunca vistos antes. Sólo alguien como Penélope puede saber quién es. También el porquero, el Roxiu, que tiene con él unas palabas donde aclaran todos los asuntos (la cabaña del porquero es aquí la desvencijada y ruinosa casa natal del Premio Nobel Antonio Miguel Albajara). Penélope mantiene su tálamo nupcial, ese «lupanar» que ha reservado para los dos. Conserva su disco, quizá el sudario que luego acompaña a Antonio hasta San Francisco, que a mí me parece que es el morir, propiamente.

El viaje de Albajara a San Francisco después de haber llegado a su Ítaca recuerda también el viaje que Tiresias, en el canto XI de la Odisea, le solicita a Ulises, para cuando haya terminado con los pretendientes. Le dice que coja un remo y lo lleve lejos hasta donde los hombres no sepan qué es. Allí lo tendrá que clavar en el suelo y honrar a los dioses, para aplacar la ira de Poseidón. «Te vendrá más adelante y lejos del mar una muy suave muerte». Y como a Ulises, le vendrá a Albajara la muerte, según el pronóstico de Tiresias, lejos de Gijón, allí donde ya nadie sepa quién es, ni lo que hizo.

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Los juegos deportivos en donde tiene lugar el reconocimiento público del héroe y de su llegada están recogidos en el contexto del Sporting, tanto en el partido, que remitiría a los juegos de los Feacios, como en la cena en Mareo, que es la ordalía del héroe. Porque Antonio Miguel Albajara, el mejor mediocentro de España, lanza el balón al otro lado del campo colocándolo a los pies del delantero como sólo Ulises puede tensar su arco y lanzar sus flechas. Albajara es un héroe como Ulises, con su leyenda, nadie manejó su arco, nadie será nunca mejor mediocentro que él.

Ya no caben más dudas, Gijón es nuestra Ítaca, esa isla pobre y seca, en medio del mar, lugar de añoranza, patria chica, «patria querida» a la que sólo debes llegar, como dice Kavafis, viejo y cansado, habiendo procurado que el viaje haya sido largo, lleno de aventuras y conocimiento: «Ten siempre a Ítaca en tu mente. Llegar allí es tu destino. Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años».

Quizá esto pueda contestar a la pregunta que se hace Antonio, cuando le dice al Roxiu por qué ha vuelto. «Lo que me ha atormentado durante muchos meses, fue la manera en que Ventura recobró en aquellos pocos segundos todo su mundo, su pasado, la canción, aquel río donde se bañaba de niño. ¿Qué ocurrió en su cerebro?» –se preguntaba. ¿Quizá Ventura Soto (como Elpénor) se olvidó de su Ítaca, su patria chilena, el país del que tuvo que huir por el golpe de estado de Pinochet en 1973? Ventura Soto murió, como Aquiles, a los pies de Troya, y toda su muerte lamentará, como su espectro le confesó a Ulises, no haber podido volver a casa, envejecer, desvanecerse en el olvido. Aunque lo halles pobre, gris, un poco triste y funcionalmente feo y descuidado, querido Antonio Albajara, Gijón no te ha engañado.

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10.

Si tuviera que señalar algún plano especialmente, siempre me ha encantado el plano con el que empieza la película, al tiempo que se inicia el Canon de Pachelbel, que sigue al tren entrando en Gijón muy de mañana. Dice Garci que una vez, en un bar de West Hollywood, un agente de publicidad de la Fox, mientras tomaban un dry Martini en cuya copa habían puesto una aceituna enorme, le dijo algo que jamás ha olvidado: «Las películas con trenes traen suerte». A Garci, con este plano y el siguiente, le dieron el Oscar.

Otro plano inolvidable para mí es aquel en el que vemos a Albajara por detrás, en la rampa 2 de San Lorenzo, después de haber confesado con el Roxiu. El mar rompe en el muro y salpica. Es de noche. Otro plano maravilloso es aquel del lupanar, cuando se levanta la bella Elena y comienza a hablar con Antonio mientras se anuda una bata preciosa con esas manos firmes y sabias.

Y otro más, para cerrar: uno que concentra mucho sentido de lo que es la película, cuando están en Covadonga ante la Santina, y Elena se persigna mientras Antonio la coge del brazo para que se vayan, con cierta condescendencia. En esa circunstancia se concentra, creo yo, la complejidad de las dos vidas, la del narrador y su heroína.

Escribe Pablo Huerga Melcón

Este artículo apareció publicado inicialmente en el libro Volver a Begin, editado por Rema y Vive en Gijón, 2022, con motivo del 40 aniversario del estreno de la película.

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Notas:

[1] Director y Productor: José Luis Garci. Guion: J. L. Garci y Ángel Llorente. Fotografía: Manuel Rojas, en Eastmancolor. El director artístico fue el asturiano más oscarizado, Gil Parrondo, el montaje corrió a cargo de Miguel González Sinde, que señaló la dificultad del ajuste del montaje con la música (es célebre la carta de Garci a Fernando Rey con motivo de la muerte del amigo querido González Sinde). El rodaje comenzó el 27 de septiembre y terminó en noviembre de 1981. Se rodó en exteriores de Asturias: Gijón, Covadonga, Cudillero, Cangas de Onís, Deva, Pola de Lena, Lago Enol, San Esteban de Pravia, Roces y Mareo; también en California, San Francisco, Berkeley y Sausalito. Los interiores se rodaron en los estudios Cinearte S. A., de Madrid, a excepción de las escenas del hotel que se rodaron en el propio hotel Asturias. El partido de fútbol entre el Sporting y el Atlético de Madrid se rodó el 18 de octubre de 1981, con un resultado de 3 a 2 a favor del Sporting. La banda sonora se basa en el Canon de Pachelbel y la canción de Cole Porter. Las versiones para piano fueron interpretadas por Jesús Glück. También suena de fondo en la escena del aeropuerto una preciosa versión de jazz del tema tradicional irlandés Greensleeves, ¿quizá la versión de John Coltrane? Todos los actores se doblaron a sí mismos con la excepción de Encarna Paso que lo fue por Lola Cervantes (María Dolores Cervantes Ruescas, 1922-2013).

[2] De hecho, así aparece en el guion depositado en la Biblioteca Nacional: José Luis Garci y Ángel Llorente, Begin the Beguine, Nickel Odeon, S. A., Madrid 1982; pág. 26. Es la copia Depósito Legal en la Biblioteca Nacional, con signatura: VC/14256/2. El guion está fechado entre marzo y julio de 1981.

[3] https://www.dailymotion.com/video/xtrhfo

[4] https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-sevilla-20080411-72.html 

[5] https://elpais.com/diario/1982/03/30/cultura/386287210_850215.html

[6] https://www.youtube.com/watch?v=GS3_WPkQGkI

[7]  Pablo Palomo, Fabada y arroz con leche en Casa Gerardo, así fue la llegada del Oscar de Garci a Asturias, en La Nueva España (4 de abril de 2021): https://www.lne.es/gijon/2021/04/04/fabada-arroz-leche-casa-gerardo-46075252.html

[8] Moisés Martínez, «Volver a empezar. Regreso al hogar», en Luis Alberto de Cuenca ed., E-Motion Pictures. Las películas de Garci, Op. cit., pág. 50.

[9] http://canales.elcomercio.es/volver-a-empezar/pelicula.html

[10] Suele escribirse en los artículos sobre la película «Roxu», pero en el guion original de Garci aparece siempre «Roxiu», y así lo recojo aquí.

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[11] https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19820313-69.html

[12]  https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19820328-73.html?gig_actions=sso.login&gig_enteredFromComponent=fromLoginClick

[13] Luis Alberto de Cuenca, ed., E-motion Pictures. Las películas de J. L. Garci, ed. Notorius, Madrid 2018; pág. 362.

[14] José Luis Garci y Ángel Llorente, Begin the Beguine, Nickel Odeon, S. A., Madrid 1982; pág. 26. Es la copia Depósito Legal en la Biblioteca Nacional, con signatura: VC/14256/2.

[15] Esta circunstancia desencadena una línea de guion entera en la que el viaje por Asturias lo harían con una furgoneta de la floristería donde se leería La Violeta. Se trataría de «un coche furgoneta, de color chillón, sobre el que se han escrito las palabras La Violeta».) En J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 70.

[16] Héctor Blanco, «El Oscar de Elena, Tioda y Piñole. Tres curiosidades relevantes sobre la película Volver a empezar», en La Nueva España, (29 de Marzo de 2022):  https://www.lne.es/gijon/opinion/2022/03/29/oscar-elena-tioda-pinole-64397317.html

[17] J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 19. Creo que este chalet estaría localizado en Muros del Nalón, lo digo por una fotografía que se hacen Gil Parrondo y Garci, recogida en el libro E-motion Pictures, Op. Cit.

[18] https://www.rtve.es/play/videos/protagonistas-del-recuerdo/protagonistas-del-recuerdo-jose-bodalo/857658/

[19] Como curiosidad me gustaría señalar que Garci incluye en esta primera escena del hotel, un tramo de diálogo en el que Losada saluda a un tal señor Benavides: «Buenos días, señor Benavides, ¿ha descansado bien?». Me gustaría saber el porqué de este nombre que aparece también en alguna otra de sus películas. Es el nombre de mi pueblo.

[20] Pablo Palomo, «Cuarenta años de Volver a empezar: Marta Fernández-Muro, la inolvidable telefonista del hotel Asturias», La Nueva España (11 de abril de 2021): https://www.lne.es/gijon/2021/04/11/inolvidable-telefonista-hotel-asturias-46414931.html

[21] El detalle de «les pesetes», y el «ye lo mesmu, don Antonio. Dólares o pesetes», no fue solo ocurrencia del actor, está en el guion. J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 104.

[22] Pablo Palomo, «El botones del hotel Asturias en Volver a empezar: La película era diferente en su época», en La Nueva España (18 de abril de 2021): https://www.lne.es/gijon/2021/04/18/botones-hotel-asturias-volver-empezar-48449959.html

[23] https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19820328-73.html

[24] https://elpais.com/diario/1982/03/30/cultura/386287210_850215.html

[25] Manuel Martín Ferrand, «Volver a empezar. Garci (a)», en Luis Alberto de Cuenca ed., E-Motion Pictures, Op. cit., pág. 64.

[26] Citado por Moisés Rodríguez, «Volver a empezar. Regreso al hogar», en Luis Alberto de Cuenca, ed., E-Motion Pictures. Las películas de Garci, Op. cit.; pág. 54.

[27] Juan Cueto, «Oscaratría», El País (10 de abril de 1983). El artículo está recogido en el libro editado por Luis Alberto de Cuenca, E-Motion Pictures, Op. cit., pág. 63.

[28] Moisés Rodríguez, Op. cit., pág. 54.

[29] https://www.elcomercio.es/culturas/volver-a-empezar-sporting-20220309165535-nt.html

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[30] https://www.abc.es/cultura/abci-jose-luis-garci-creo-nunca-hecho-buena-pelicula-200906030300-921446201471_noticia.html

[31] J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 28.

[32] Aunque podría tratarse de El Rinconín, el merendero situado en la actual rotonda que conecta con el barrio de la Guía, gijoneses «de toda la vida» me indican que se trata en realidad del merendero Los Rosales, que estaba en donde luego se situó la mítica discoteca TIK, ya cerrada. Había, al parecer, una pista de baile y un templete para orquesta.

[33] Conste que en el guion es Antonio Miguel quien propone pasar la noche «cual amantes lujuriosos y pecadores, en un lupanar que he contratado para tal fin, siendo Elena la que contesta: Menos mal, conde Vronsky. Creí que nunca ibais a proponérmelo». J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 78.

[34] J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 79.

[35] J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 85.

[36] En el guion se recoge en este momento un relato que está escribiendo Antonio en medio de la noche. Elena lo lee en voz alta. Allí se cuenta el momento de la separación, con los nombres de los barcos, la tragedia, le entrada de los militares. Iban a huir juntos, pero no les fue posible. Iban a irse en el Montseny de don Abelino, «el pesquero más hermoso de Asturias». Antonio subió al barco para hacer sitio, ella saltaría tras él, pero en ese momento comenzaron los disparos. A Antonio no le dejaron saltar del barco de vuelta. Elena quedó en tierra. (J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 87-90)

[37] Aquí se citan los versos del poeta romántico inglés, William Wordsworth (1770-1850), Oda a la inmortalidad, de 1807, recogidos en una memorable escena de la película de Elia Kazan, Esplendor en la hierba, de 1961. Pero ni a Garci ni a Antonio, tampoco a Elena, les hace falta saber de quién son esos versos. (J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 97.)

[38] En el guion se dice que Albajara es llevado por el Roxiu en su coche al aeropuerto. En la película Roxiu sólo va al hotel para despedirse de él antes de coger el taxi. Y es en esta escena, precisamente, en el coche del Roxiu, mientras van hacia el aeropuerto cuando, al parar en un semáforo en rojo, Antonio mira la fachada del Cine Robledo. (J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit.,, pág. 108.)

[39] Todo el texto que el guion sitúa en esta escena queda recogido en la película en la escena de la habitación del Hotel Asturias de madrugada, después de la conversación trascendental con el Roxiu.

[40] J. L. Garci y Á. Llorente, Begin the Beguine, Op.cit., pág. 120-121.

[41] José Luis Garci, Latir de cine, Nikel Odeon, Madid 1998; págs. 259-273.

[42] https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19820106-54.html

[43] Pablo Huerga Melcón, «Las raíces troyanas de Asturias», en La Nueva España (30 de agosto de 2015):  https://www.lne.es/mas-domingo/2015/08/30/raices-troyanas-asturias-19740598.html; también aquí: https://pablohuerga.wordpress.com/2021/06/22/las-raices-troyanas-de-asturias/

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