Desaparecido (Missing, 1982), de Costa-Gavras

  24 Junio 2020

Rayos de sol en la noche

«Retornarán los libros, las canciones…»missing-0
Pablo Milanés

Existen secuencias cinematográficas que se graban en nuestros corazones, indestructibles al devenir del tiempo. Los años pasan y pasan, en una rauda carrera, pero las imágenes permanecen en la emoción de los latidos.

Así ocurre con un momento estelar de Missing (1982), de Costa-Gavras. Septiembre de 1973. Santiago de Chile. Noche cerrada. La ciudad de las alamedas, de las sonrisas y de la música es ahora una urbe fantasmal donde el miedo y el terror se han apoderado de todos sus rincones. Se escuchan las balas, señales de alarma, y vemos una mujer joven que corre despavorida en la oscura madrugada. Busca un refugio. Atemorizada, presa del pánico, se esconde tras las rejas de un portal.

Está sola, desprotegida. Su defensa, nuestra defensa, es la alegría de vivir, pero los últimos días en Santiago han cegado ese entusiasmo vital. Los tanques están venciendo a las flores. Agotada, Beth (Sissy Spacek) cierra los ojos, y en su incursión onírica contemplamos una extensa avenida a través de la mirada del sueño.

En la avenida, un caballo blanco corriendo, como corrió ella y como corrió aquel muchacho en la noche de Santiago. Huye caballo, huye de la metralla, de la violencia de los hombres, huye níveo corcel. El tanque que te persigue jamás podrá atraparte. Blanco caballo de Pepe el Romano, libertad de los seres, pasión de la vida, escapando con brío de los disparos de Bernarda.

Buscar, conocer, recordar

Costa-Gavras cuenta en Missing la historia de una búsqueda. La búsqueda que emprende un padre de su hijo desaparecido. Búsqueda complejísima en un momento dramático. Edmund (Jack Lemmon) viaja desde Estados Unidos a Chile para intentar encontrar a su único vástago, Charles (John Sea). Jornadas atrás se ha producido un golpe de Estado en Chile, que ha llevado a los militares al poder.

El padre es un científico cristiano, conservador, que cree que las instituciones estadounidenses que se hallan en este país sudamericano le ayudarán a descubrir el paradero de Charles. Uno de los grandes méritos de esta magistral película reside en reflejar la evolución de Edmund, una evolución humana ante todo, pero también ideológica.

Según avance el filme, este hombre veterano va a entender y aceptar la visión progresista de su hijo. Ahí está la base de la tolerancia democrática. Comprende que su hijo pueda ser una persona de izquierdas. Y esa comprensión viene motivada por la inocencia y la bondad de Charles (una metonimia de todos los jóvenes de izquierdas de la época) frente a las injusticias y las crueldades que contemplará en las jornadas que pasa en Chile.

Edmund no logra rescatar a Charles, pero en esa búsqueda infructuosa consigue conocer a su hijo. En esos días que vive en Santiago, si bien fracasa en su cometido, triunfa al saber quién fue realmente la persona que vio nacer y que creció a su lado. En este sentido, resulta fundamental el personaje de Beth, la compañera de Charles, por medio de la cual Ed verá con una mirada limpia, exenta de prejuicios, el fulgor, la autenticidad de Charles. Y al conocer, al adentrarse en su mundo, lo hace eterno en su memoria.

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En la relación dificultosa del padre y la nuera, de Ed y Beth, observamos que la lejanía inicial deja paso al respeto y, finalmente, a la admiración. «Beth, eres la persona más valiente del mundo», le confiesa Ed en una de las últimas escenas.

La universalidad, el alcance del largometraje, también radica en cómo refleja una problemática esencial de nuestro tiempo: la falta de entendimiento entre los jóvenes y las personas mayores. Beth y Ed, pese a la diferencia de edad, idiosincrasia, ideología, se aceptan y se quieren, porque comparten lo esencial: el amor a Charles.

Qué primorosa la secuencia, en el tramo último del largometraje, cuando Ed, en el humilde hogar de Beth y Charles, recoge y guarda los dibujos, los relatos, los guiones del hijo. Son las creaciones de la persona que más quiere en la vida. Son los frutos de alguien bueno y soñador que harán imborrable el recuerdo de su progenitor.

Luego, en el largo pasillo del aeropuerto, en un magnífico plano trasero, Beth y Ed andan solos, pues la instalación está tomada por las fuerzas militares. Las ilustraciones y las narraciones de Charles en el regazo de Ed, tristísimos por la pérdida, pero convencidos de que su búsqueda no fue en vano. Ganaron amor, ganaron conocimiento, ganaron porvenir.

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Los flashbacks de Viña del Mar

La fortaleza de las películas de Costa-Gavras se asienta en una poderosa narratividad. Son filmes donde no suele haber momentos lentos o introspectivos, como sí ocurre en el cine de Bergman o de Erice. Al contrario, su estilo goza de un notable dinamismo que favorece el mantenimiento de la tensión dramática.

En Missing, los flashbacks de Charles y su amiga Terry en Viña del Mar adquieren una importancia decisiva: nos permiten conocer mejor al joven desaparecido y dejan a las claras la cobertura y el apoyo del ejecutivo estadounidense al golpe de Estado de Pinochet.

Desde ciudades tan importantes en Chile como Viña del Mar se organizó el derrocamiento del gobierno legítimo y constitucional de Allende. Charles es una persona inteligente, quiere saber lo que ocurre. De ahí que pida el periódico, que converse con el comandante norteamericano y el funcionario de la marina, que cínicamente le informa de que ha venido a esta urbe chilena «a hacer un trabajito». Charles descubre, y nosotros descubrimos con él, la participación de Estados Unidos en el golpe de Estado que transformará Chile en una dictadura militar.

En su bondad, en una ingenuidad inherente al idealismo de izquierdas, Charles no valora el peligro de poseer una información de enorme relevancia. Quiere dejar constancia de lo que está sucediendo. Por eso toma notas en la habitación de Viña por la noche. Y constata, el 16 de septiembre de 1973, cinco días después del Golpe, que Terry le dice que esos apuntes podrían ser peligrosos.

Regresarán a una Santiago lúgubre, subyugada por el terror, en compañía de Tower, un destacado miembro de la embajada estadounidense en la capital chilena, que, al final del largometraje, malignamente, le comunica a Ed que su hijo «sabía demasiado». ¿Conocía Tower la tortura y el asesinato de Charles antes de que Ed y Beth inicien su búsqueda?

Costa-Gavras maneja con maestría las escenas correlativas en Missing. Así, en Viña del Mar, Charles reaccionará ante la detención (¿cuántas detenciones habría aquel septiembre de 1973 en Chile?) de una pareja en la cafetería del hotel. Le darán un manotazo, tirándolo al suelo. Por su parte, Ed gritará enfadadísimo en la parte de atrás del taxi en Santiago debido a los interminables disparos de un coche del ejército que marcha a su lado. Reacciones humanas de Ed y Charles, padre e hijo, rebeldes ante lo que consideran injusto y cruel.

Desde la terraza de Viña del Mar, Charles verá cómo un helicóptero militar casi roza su cabeza, en un plano impresionante. Seguidamente, el joven contemplará una carretera por la que transitan los tanques, y entre los tanques, una persona indefensa, símbolo de la inocencia del pueblo chileno. Todo Chile tomado por la fuerza bruta. En contraste con esa prodigiosa secuencia de apertura, donde Charles miraba a los niños jugar al fútbol, última señal de la alegría humana antes del establecimiento de la ignominia.

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Juventud y utopía

A pesar de toda la destrucción, de la muerte presente en muchos momentos del filme, afín a la trágica coyuntura histórica chilena, Missing es un canto a la vida, a la belleza efímera de la utopía de un mundo libre, armónico, pacífico.

Beth y Charles, y sus amigos Frank y David, todos ellos jóvenes norteamericanos, deciden viajar a Chile a principios de los 70 para vivir lo que fue la experiencia pionera de unir en una sociedad socialismo y democracia. Hasta entonces, los gobiernos socialistas en todo el planeta se habían implantado tras revoluciones, violentas como todas las revoluciones, derivando en dictaduras, crueles como todas las dictaduras.

Allende defendió siempre el parlamentarismo. La Unidad Popular, coalición de formaciones chilenas de izquierdas, accedió al poder en Chile, en noviembre de 1970, gracias a unas elecciones democráticas donde una buena parte del pueblo chileno le dio su apoyo. Óscar Soto, el médico de Allende, lo recuerda así: «era un hombre formado en las luchas parlamentarias, que buscaba siempre los acuerdos y que hacía de la tolerancia su mayor virtud».

Otro logro artístico y ético de la película estriba en plasmar toda la alegría y la ilusión que supuso para los individuos, especialmente los jóvenes, la vía chilena al socialismo. Aquí no hay una izquierda dogmática, politizada, intolerante, sino que apreciamos los valores de la izquierda en el entusiasmo de Charles, Beth y sus amigos, y en su amor por la cultura en sus diversas manifestaciones, fuente de libertad, esencia de las personas.

Beth y Charles leen El Principito, que puede que sea la utopía literaria más hermosa creada por el espíritu humano. Charles escribe cuentos fantásticos como el de Saint-Exupéry, fantasías que guardan las bases que nos afirman como individuos: el amor, la amistad, la solidaridad, la concordia. Y pinta un pato maravilloso, con los ojos azules, prístinos, de Beth (qué mágico el plano que recoge juntos, unidos, los rostros del patito dibujado y de la joven). Amor por la vida, por la cultura. Beth y Charles sonríen, hacen bromas, viven. Y un niño chileno va a jugar a su casa todos los días con el pato real que generosamente la pareja de enamorados cuida.

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En imágenes de un vídeo casero, prodigio de cotidianeidad, Ed verá una barbacoa de su hijo, su nuera y sus colegas, en un ambiente festivo, dichoso. Las risas surgen espontáneas. Me acuerdo de las palabras de don Quijote: «Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia».

En un momento de la reunión, Charles enuncia entusiasmado los principios del socialismo, en el fondo muy similares a la doctrina cristiana: compartir los bienes entre la colectividad, ayudar a los necesitados. No sabemos cómo los militares asaltan la casa de Charles y detienen al joven (Gavras, a través de los testimonios de los vecinos del barrio, reconstruye tres o cuatro posibles detenciones del anhelado hijo), pero el cineasta griego sí rueda una secuencia con nexos muy evidentes: la detención de David y Frank.

Las armas y la violencia que se imponen a la inteligencia y la cultura. En el momento del arresto, David escribe en su máquina posiblemente un texto para el Fin, el periódico de izquierdas para el que Charles y sus amigos trabajaban. La barbarie que cercena el pensamiento, la expresión libre. Presagio de la dictadura, del terror.

En el último discurso de Salvador Allende en Radio Magallanes, pronunciado el mismo día del golpe, el 11 de septiembre de 1973, el presidente socialista se acuerda de los jóvenes que participaron en la utopía democrática que él encabezó: «Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha». Los receptores de este mensaje eran Charles, Beth, David, Frank, y tantos y tantos como ellos.

Cuando la Universidad Complutense de Madrid nombró Doctor Honoris Causa a Costa-Gavras en enero de 2016 (hasta la fecha, solo han recibido esta distinción tres directores de cine: Berlanga, Saura y Costa-Gavras), el cineasta griego comentó que Missing era «una celebración de Allende».

En relación con esto, y en la vinculación de los jóvenes con el proyecto socialista, destaca en el filme la portentosa fotografía. La intensa claridad que apreciamos en el hogar de Beth y Charles simboliza la dicha por estar viviendo la utopía de un mundo mejor, en contraste con la oscura noche del exterminio que emprenden los militares chilenos, respaldados por el Gobierno estadounidense.

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Odio y violencia

El filme de Costa-Gavras va a mostrar todo el proyecto de exterminio que llevaron a cabo los militares chilenos una vez alcanzaron el poder. La Junta, encabezada por Pinochet, tenía como objetivo acabar con todos los individuos progresistas de Chile. En las calles y avenidas de Santiago aparecen cadáveres, como también advertimos la presencia de un cuerpo sin vida en el local donde interrogan a Terry.

Hay dos planos muy impactantes que revelan hasta dónde llegó el odio, la maldad. Uno corresponde al cadáver que baja flotando en un río de aguas turbias, símbolo asimismo de la crueldad del momento. El otro, es el contrapicado en la sala de muertos no identificados, y en el que podemos ver que los fallecidos también se amontonan en el techo. 

A principios de los 80, cuando Costa-Gavras dirigió Missing, Mario Benedetti escribió una emotiva elegía en memoria de Allende y del pueblo chileno, que incluía estos versos que enlazan con las imágenes trágicas del largometraje: «tuvieron que afiliarse para siempre a la muerte / matar y matar más para seguir matando».

La película refleja con hondura lo que supone la instauración de un sistema dictatorial. No solo el aniquilamiento de las personas con otras ideologías a la dominante, sino la merma de las libertades. Recordemos la secuencia en la que un militar destroza el pantalón vaquero de una joven: en la dictadura de Pinochet, las mujeres no podrían llevar este tipo de vestimenta. Hasta tal punto llegó la intransigencia.

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Uno de los espacios más relevantes de la película es el Estadio Nacional, en Santiago. Se trata de uno de los principales centros de detención y tortura de la dictadura pinochetista. Allí, son encarcelados David y Frank. Por medio de una enunciación retrospectiva, David recuerda la última vez que vio a su compañero en el interior del estadio, llamado por los guardias, el paso previo a la muerte. Con anterioridad, Frank bromea con David. Apuesta con él a que saldrán de allí, y cuando salgan cenarán juntos. Ese vitalismo de los jóvenes de izquierdas está muy bien subrayado en el filme, estableciéndose una antítesis con la violencia que aniquila, la violencia que puebla de sombras el mundo.

En el propio campo de juego de esta enorme instalación deportiva se desarrolla una secuencia magistral, de las cimeras del largometraje de Costa-Gavras. Ed y Beth acceden al centro del terreno con los militares. Observan centenares de personas en las gradas: son los detenidos. Centenares, miles. Tienen la esperanza de ver a Charles. Le llaman por el micrófono. Primero su compañera. Luego el padre, que enuncia un bello parlamento: «Charles, ¿te acuerdas cuando eras un niño y cruzamos el país desde Los Ángeles a Nueva York?». De repente, un joven se levanta del asiento y corre a la valla. Ed piensa que es Charles. La esperanza de encontrar al hijo resulta efímera, pues pronto ven a otro joven.

Al final del largometraje, nos enteraremos de que Charles fue asesinado en el Estadio Nacional, poco días después del Golpe de Estado, tras regresar de Viña del Mar. Odio y muerte. Aniquilar a los seres diferentes, a los que piensan por sí mismos. Los seres libres.

A Charles le matan como mataron a ese grandísimo artista llamado Pier Paolo Pasolini en noviembre de 1975 en Ostia, o como asesinaron a los abogados laboralistas en un despacho de la calle Atocha en enero de 1977. Crímenes fascistas. Al igual que los crímenes comunistas en la URSS, en Praga en 1968, en Camboya en 1975. Las ideologías que nublan, que conducen a las personas al abismo más absoluto.

Además de conmover, una película como Missing nos ilumina. Las ideas hay que defenderlas en los parlamentos, en los organismos representativos de una manera pacífica, democrática, en los medios de comunicación. Jamás ninguna idea, sea cual sea, debe ir aparejada del empleo de la violencia. En Chile, fueron detenidos 75.000 individuos. De ellos, ejecutaron a 15.000. Una tragedia.

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Lemmon: mucho más que un actor cómico

Conocí a Jack Lemmon (1925-2001) en este drama sociopolítico de Costa-Gavras. A menudo, los aficionados al cine descubren a los actores en sus ámbitos fundamentales de trabajo que, en el caso de Lemmon, es la comedia, y, sobre todo, las comedias dirigidas por Billy Wilder. Pero cuando vi Missing yo no sabía quién era Wilder ni había visto ninguna de sus películas. Lemmon nos brinda como Edmund una interpretación imperecedera, en un personaje complejo, muy difícil de encarnar. En su evolución durante el filme estriba una buena parte de la fuerza narrativa de Missing.

Con frecuencia, las personas veteranas enseñan a las jóvenes, debido a su sabiduría y experiencia. Filmes como El prado de las estrellas (2007), de Mario Camus; Dersu Uzala (1975), de Akira Kurosawa; o Un lugar en el mundo (1992), de Adolfo Aristarain, son ejemplos representativos de ello. Sin embargo, en Missing, como ocurriera con Fresas salvajes (1957), de Bergman, son los jóvenes los que impulsan el conocimiento de los mayores.

En el filme de Costa-Gavras, Edmund llega a Santiago de Chile sin conocer prácticamente nada de su hijo. Del desconocimiento surgen los prejuicios, pues en la primera parte del filme Ed no ve ningún sentido al idealismo de Charles y sus colegas, no entiende cómo pueden vivir en una casa humilde, incluso se sorprende de que Charles llegue a trabajar dieciséis horas en un periódico. Piensa que su hijo vive sin rumbo cierto, desnortado, a la deriva.

Además, Lemmon da muy bien el perfil del estadounidense acomodado, tranquilo, con una ideología y unas creencias religiosas fuertemente asentadas. Poco a poco, en la búsqueda de Charles, irá comprobando la bajeza moral de los militares chilenos y de los diplomáticos norteamericanos, que en el fondo esconden su responsabilidad en el asesinato de su hijo y tantos otros jóvenes, a la vez que toma conciencia del esplendor humano de Charles (qué maravilloso momento cuando Beth le revela que a Charles le gusta cantar en la ducha y hacer el amor los domingos por la mañana; ahí ya notamos que hay una confianza y una estima entre la nuera y el suegro) y del carácter bonachón de sus compañeros, jóvenes pacíficos, simpáticos, contentos por aportar su granito de arena a una experiencia de convivencia fraternal como fue el Chile de Allende.

Ya hemos hablado de algunas secuencias magistrales de la película, pero quería hacer mención a una de las últimas, en el despacho del cónsul estadounidense en Santiago, al poco de enterarse Ed de la muerte de Charles. Lemmon, en una actuación contenida, pero que expresa al mismo tiempo todo el dolor de un padre por el fallecimiento de su vástago, encima tiene que escuchar las recriminaciones de Tower: «Su hijo sabía demasiado. Le gustaba saber mucho». Ed, al lado de la puerta de salida. Segundos de silencio. El espectador quizá espere una reacción airada del padre ante la inhumanidad del diplomático. Al contrario de lo esperado, Ed dirige una mirada de tristeza e incredulidad a sus interlocutores y, elegantemente, se marcha. Lección humana y de cine. Al no responder a los comentarios ofensivos de Tower, queda enfatizada la grandeza ética de Ed, siendo más diáfana la miseria humana de los representantes norteamericanos. 

Años después, me sumergiría en la filmografía de Wilder, y vi a un Lemmon inmenso en sus papeles cómicos, un actor único que resplandecía en la gran pantalla. El Lemmon de El apartamento (1960), Irma la dulce (1963) o Primera plana (1974) es especial, mágico. Aunque en interpretaciones como la de Missing o la de Días de vino y rosas (1962), de Blake Edwards, Lemmon dejaría bien patente la magnificencia y versatilidad de su trabajo artístico.

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La inolvidable partitura musical

Otro de los grandes atractivos de Missing lo encontramos en una excelsa banda sonora firmada por Vangelis. Creador griego, como Costa-Gavras, Vangelis se hallaba a principios de los 80 en un período dorado de su trayectoria. Junto con este largometraje, realiza una música inmortal para otros filmes señeros de la época como Carros de fuego (1981), de Hugh Hudson, y Blade Runner (1982), de Ridley Scott.

El tema principal de Missing, una bellísima composición pianística, entronca plenamente con toda la emotividad del largometraje: la melancolía, la esperanza, el dolor y la memoria. Una balada de sonidos hermosos que nos enlazan con unos seres indefensos, inocentes, felices, cuya felicidad se vio truncada por el odio y la ambición, por los oscuros intereses políticos y militares, la traición a la paz de un pueblo, el chileno.

A destacar igualmente los pasajes de ritmos rápidos, elaborados con sintetizadores, que favorecen la tensión dramática de algunas secuencias, como la desesperada carrera de Beth para encontrar un refugio que la proteja en la madrugada de Santiago, cuando los tanques y las metralletas son los dueños de la ciudad.

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El cine como memoria y aliento

Vi Missing por primera vez en mi adolescencia, a finales de los 90, gracias a mi hermano Jorge. Por aquel entonces, apenas había visto cine. De la mano de Jorge, accedí a auténticas maravillas del séptimo arte como este filme de Costa-Gavras, o La historia oficial (1985), de Luis Puenzo, que posee varios puntos en común con el filme que estamos analizando: ambos son largometrajes de memoria que abordan la problemática de los desaparecidos en Sudamérica; o como Casablanca (1942), de Curtiz; o Los santos inocentes (1984), de Mario Camus; o Matar un ruiseñor (1962), de Mulligan; o La lengua de las mariposas (1999), de Cuerda. Son películas queridísimas por mí, que viajan en mi corazón, asociadas a la luz más esplendorosa que conozco: mi hermano. Y puedo decir desde dentro que, en Charles, Azarías, Gregorio, Atticus, Alicia y Rick siento que vive Jorge. Unidos por la bondad y la justicia.

Costa-Gavras rodó Missing en México, aunque se planteó la posibilidad de grabarla en Barcelona. La película está basada en hechos reales y parte de una magnífica investigación periodística de Thomas Hauser: Desaparecido. La auténtica historia de la ejecución de Charles Horman (1978).

Se estrenó en España en noviembre de 1982, solo un año y medio después del fracaso del Golpe de Estado en nuestro país. Tuvo una excelente acogida. Bastantes jóvenes sentirían que ellos, de haber triunfado el 23-F en España, hubieran sido como Beth, Charles, Frank o David. Bastantes mayores pensarían que quizá, de haber accedido al poder los militares, hubieran tenido que buscar a sus hijos desaparecidos en Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, como buscaba Ed a Charles en los rincones de un Santiago tenebroso, con las alamedas cerradas, pero con el sol del recuerdo de una juventud entusiasta.

«y tú caminando, lo iluminas todo…»
Víctor Jara

Escribe Javier Herreros Martínez


Bibliografía consultada

Benedetti, Mario: Inventario I. Poesía 1950-1985, Madrid, Visor, 2008.

Hauser, Thomas: Desaparecido, Barcelona, Ediciones Martínez Roca, 1982. 1ª edición 1978.

Soto Guzmán, Óscar: Allende en el recuerdo, Madrid, Sílex, 2013.

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