El hombre de al lado

  17 Julio 2011

Vecinos molestos

elhombredeallado-00Y no precisamente el que llega, el que quiere, pretende, abrir una ventana para tener un poco de sol. Es el que está, el prepotente, el dueño de la casa que construyó Le Corbusier en un sitio bastante privilegiado de la provincia de La Plata, en Argentina. Y además, como se dedica a exquisiteces de ingeniería, como asientos refinados que giran sobre sí mismos, y enseñar a los que llegan a este mundo tan actual, y valorado, del diseño, pues le incomoda que alguien, un patán advenedizo y vulgar, le haga una ventana pared con pared de su casa.

Este es el meollo, la anécdota, de esta singular película argentina, dirigida al alimón por Mariano Cohn y Gastón Duprat, autores también de la excelente fotografía. Dedicados al mundo de la imagen desde 1990, incluyendo obras para televisión, destaca su entendimiento con los actores y la relación que éstos proponen con el entorno. Sucede que en El hombre de al lado eso es fundamental para la comprensión del film, tanto por parte del espectador como del estudioso.

Esos mundos tan distintos que se confrontan, que discuten, se niegan, quisieran ignorarse, deben convivir. Y el conflicto surge de inmediato, propiciado, sobre todo por la esposa de Leonardo, el diseñador —excelente Rafael Spregelburd—, que no quiere que la miren; vamos, como si la estuviesen espiando, a ella, la mujer de un hombre famoso, rico, influyente. Que no, que ella no puede permitir que curioseen su casa, hasta podían espiar, con morbo, a su hija, una preadolescente enganchada a los auriculares mientras que baila a su ritmo.

El otro mundo, ese que deseamos no exista, o al menos que no lo veamos, que no nos moleste, está presente en la figura del vecino Víctor —no menos excelentemente incorporado por Daniel Aráoz—, parlanchín, juguetón, amable; y sí, puede que con un ápice de vulgaridad —que llamarían normalidad la mayoría de los mortales—, de estar al cabo de la calle de todo. Y por querer vivir sin tapujos, alegre, llevándose bien con sus vecinos, charlando, alternando con ellos. La ventana que abre, pared con pared a la casa que habitan Leonardo y los suyos, es el ejemplo de vecindad que desea.

¿Quién es el vecino molesto? A eso íbamos. Porque no es molesto el que intenta vivir sin avasallar a los demás, sobre todo si, como en el caso de Leonardo, la casa, puro diseño al mejor estilo, es tan amplia, con tantas habitaciones, rampas de subida y bajada, azoteas desde donde mirar los horizontes, baños, cuartos de estudio y de trabajo… En fin, ¿qué mal puede hacer una simple ventana, desde la que sólo medio se ve una habitación?

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Víctor no cesa en su empeño, porque de hecho El hombre de al lado comienza con ruidos que el matrimonio oye aún acostados. Y al levantarse comprueban que la pared está rompiéndose. Leonardo manda a los albañiles que se detengan de inmediato, y ellos le dicen que hable con el dueño.

Y ahí empieza el tira y afloja, porque Víctor es incansable, queriéndole invitar a tomar unos mates para convencerle. Termina diciéndole que le deje hablar con su esposa, al decir Leonardo que ella es la más molesta. Nada hace mella en el ingeniero, que le contesta a regañadientes, evitando en todo momento las confianzas que Víctor sí parece dispuesto a tomarse.

La única que parece divertirse es la hija empeñada en bailar, tocar la guitarra, escuchar música. Porque Víctor, en el hueco de la ventana, ha colocado un pequeño teatro de marionetas, y él mismo diseña unos bailes que la chica sigue risueña. Mientras, la esposa sigue diciéndole a Leonardo que debe cerrar aquella ventana. Todo lo que éste consigue es que Víctor reduzca el hueco, hasta casi dejarlo como si fuese un tragaluz horizontal de tamaño medio. Ni aún así está convencida.

La vida cotidiana de los vecinos se desarrolla con normalidad, desde las clases del ingeniero, con atisbos de conquistador, hasta una pequeña fiesta a la que es invitado Víctor, comportándose, podía esperarse, como un ser divertido, bailarín, jocoso… A fin de cuentas, parece manifestar con sus gestos despreocupados, la vida hay que vivirla. Y es así que el matrimonio emprende una excursión, luego de tener muy asegurada la invulnerabilidad de la casa.

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Mientras la hija se divierte, unos jóvenes asaltan la casa, y Víctor acude a socorrerla. Conduciendo para llegar a su destino, les salta la alarma que tenían conectada con la vivienda, y el matrimonio debe volver. Cuando llegan, encuentran que la casa está prácticamente intacta, su hija bien; y Víctor muerto, al intentar defenderla.

El hombre de al lado termina como empezó, pero al revés. El hueco para la ventana, por la que entrase un rayito de sol, está siendo clausurado. Y la pantalla quede oscura, con los golpes del tapiado resonando. Pudiera ser una forma de acabar con los vecinos molestos.

No dudamos que muchos la tomarán como una parábola de los tiempos que vivimos. Parece atestiguarlo los muchos premios recibidos, tanto en el Festival de Mar del Plata, considerada mejor película, como en Sundance, mejor fotografía. Y en el de Toulouse obtuvo el premio del público, recibiendo en el de Lleida el de mejor director y actor.  Eso sin olvidarnos los seis que recibió de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Argentina, que incluyen película, director, actor, guión… En España es candidata a la mejor película hispanoamericana en los premios Goya 2011 (1).

Es posible que, para muchos, funcione como parábola; sin embargo, sí lo hace muy bien como idea original, tanto por su planteamiento, como por su capacidad para crear situaciones insólitas —algunas quedan apuntadas más arriba— y por su cercanía al público, porque la mayoría sí saben lo que es ser vecino —de hecho, todos lo somos—, y que nos corresponda alguno bueno y agradable, discreto, o de las características que sean.

En resumen, este El hombre de al lado es película recomendable.

Escribe Carlos Losada


(1) No estrenada aún comercialmente en España, incluimos este análisis con motivo de la nominación del filme al Goya a la mejor película hispana. Como punto de vista complementario, os invitamos a leer la crítica que publicamos en septiembre del pasado año, con motivo del estreno estreno del filme en Argentina, texto elaborado por nuestra colaboradora Gabriela Mársico: El hombre de al lado en Encadenados.

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