Atrapado por su pasado (Carlito’s Way, 1993), de Brian de Palma

  23 Octubre 2020

Una película virtuosa y psicológica

atrapado-por-su-pasado-0Creo que a veces hay que ver las películas transcurrido el tiempo, como para hacer una crítica con perspectiva y tener una visión en el momento actual del que escribe, con relación a la época de estreno, en este caso en 1993: ¡más de veinte años han pasado desde entonces! Y es que se dice que a los lugares conocidos hay que volver una vez transcurridos muchos años… aunque veinte años no sean nada, como reza el tango.

Pues bien, Atrapado por su pasado (Carlito’s Way) fue una película exitosa y al gusto de la crítica y del público en su momento. Y me parece que hoy sigue teniendo sus valores importantes.

Para empezar, su director Brian de Palma creo que sabe llevar este magnífico thriller muy lúcidamente, siempre con su toque clásico y su hacer brillante (cuando le salía la cosa, pues es un director un tanto irregular), de manera efectiva y expresionista: una tragedia llevada con pulso firme.

El guion de David Koepp, basado en novela de Edwin Torres (antiguo juez portorriqueño de la Corte Suprema de Nueva York y autor de la también conocida novela llevada a la pantalla por Scorsese en 1985: After Hours) es muy bueno y conduce convincentemente la acción por caminos de solidez y valor en los diálogos. Yo diría que es un guion brillante, lo que me lleva a pensar que Brian de Palma hacía buenas pelis cuando tenía buenos guiones, por otro lado, una cualidad casi imprescindible para ello en cualquier director pues sin guion no hay película.

Acompaña a estas cualidades una música de Patrick Doyle que arropa el film de manera óptima (hay que subrayar la música-disco setentera que suena como fondo en todas las escenas que acontecen en el local de Carlito, una música trepidante y bestial en el buen sentido: El Watusi de Ray Barreto, You’re so beautiful de Billy Preston, aunque interpretada por Joe Cocker; o el Lady Marmalade de La Belle.

Magnífico montaje y y una buena fotografía de Stephen H. Burum que tiñe la acción de colores ocres muy matizados.

El reparto es excepcional, con un Al Pacino expresivo al máximo en el papel de Carlito, y un extraño Sean Penn caracterizado con pelo rizado y vestido de etiqueta en su papel de abogado de mafiosos (que le hace casi irreconocible), rol que interpreta a la perfección, no en vano fue nominado en ese año 1993 a los Globos de Oro como mejor actor de reparto, junto a Penelope Ann Miller que está guapa y estupenda igualmente.

El resto de mafiosos y demás ralea —James Rebhorn, John Leguizamo, Luis Guzmán, Viggo Mortensen o Ingrid Rogers, por mencionar algunos— encuadran el resto del conjunto actoral de manera excelente.

En la trama, Carlito Brigante (Al Pacino) es un hispano que nada más comenzar el film es tiroteado a bocajarro: en ese estado crítico, lo que ocurre es que el protagonista hace un repaso de su vida, y esa es la historia que se narra a lo largo de toda la película.

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Una vida de delincuencia, de tráfico de drogas, de crímenes, lo que incluyó una estancia en la cárcel de cinco años. Y según cuenta Carlito, fue esa época la que le hizo tomar la decisión de dejar la vida de latrocinio y tráfico de estupefacientes que llevaba.

Pero su tutor en este proceso no es ningún santo, un abogado cocainómano (Sean Penn) que es más un problema que una ayuda para él. Al fin, Carlito consigue entrar como socio en un club nocturno e intenta retomar su relación con su antigua y sufrida novia (Penelope Ann Miller).

La revisión de vida que Carlito hace está muy bien llevada en la historia, con el hilo de la trama tenso y viendo el espectador con cierta angustia que las buenas intenciones de Carlito tras salir de la cárcel se van yendo al traste, pues es muy difícil el buen camino si se sigue dentro del mundo de la delincuencia y el crimen. Si uno no abandona el «campo», el ámbito vital de los gánsteres y la mafia, en este caso.

En la película, De Palma logra cuidar al máximo sus escenas, generar tensión cuando se ve que puede ocurrir lo peor, con gran fuerza y un empaque visual muy audaz, como ocurre en episodios tan dramáticos y violentos como la partida de billar y no digamos en la estación de trenes. Escenas violentas que no obstante se hacen más bien dramáticas y son de todo punto creíbles. Además, Palma hace un sensible y complejo retrato de los personajes, y confiere al film de un ritmo preciso que envuelve al espectador.

Se me ocurre que en esta peli se ejemplifica un concepto psicoanalítico propuesto por Freud llamado «compulsión de repetición», según el cual se fundamenta el impulso de los seres humanos a repetir actos, pensamientos, sueños, juegos, escenas o situaciones desagradables o incluso dolorosas, así como la repetición de rasgos patológicos de carácter.

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Este concepto fue posteriormente ampliado y enriquecido por Freud, quien expuso sus ideas en la conocida obra Más allá del principio del placer (1920). En ella se define la «repetición» de una manera más completa y en relación tanto con la pulsión de muerte (en la película hay mucho de esto, mucha muerte en estado puro, sobredosis de violencia, drogas, riesgo, disparos, etc.), y con el concepto de «resistencia» (como defensa inconsciente contra el tratamiento) y de sus consecuencias para la cura o para andar por mejores caminos.

Y esto viene muy bien para entender mejor psicológicamente esta película, pues Carlito quiere «sanar», dejar de ser un «antisocial», un asesino, y sin embargo no puede, y se ve impelido de manera más o menos consciente, a repetir su papel de gánster y tropezar dos y veinte veces en la misma piedra. Es tal vez por esto que el film en español se titula Atrapado por su pasado, aunque el título en inglés también casa con esto que digo: Carlito’s Way.

Y es que la historia plantea la oportunidad de corregir errores, retomar otro camino e iniciar una vida honrada y feliz. Pero lo que tiene un atisbo de buen comienzo, con el transcurrir de la trama se va poco a poco torciendo y demuestra que el Carlito que pretendía borrar o evitar su pasado, al final vuelve a las andadas, o sea, a lo mismo, a ser el patológico gánster Carlito de siempre y acabar tiroteado: en cierto modo todos somos Carlito Brigante, ¿quién no repite sus errores?.

Desde luego no se puede decir que esta cinta sea una obra maestra, pero sí logra, sin duda, hacerse un hueco significativo en el historial de las películas de este género. De estilo cáustico y elegante, es un film virtuoso y de los que se quedan grabados en la retina.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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