La Filmoteca Valenciana estrena nueva sala

  20 Noviembre 2008

Luis García Berlanga, profeta en casa
Escribe Mister Arkadin

filmoteca-01.jpgEn el mes de mayo, tal como queda reflejado en el artículo correspondiente de esta sección, el IVAC - la Filmoteca inauguró una videoteca, un lugar de encuentro y de investigación para escritores, críticos e historiadores del cine.

Entonces la sala emblemática de la filmoteca situada en su sede central seguía de obras. Por ello, las proyecciones se habían visto obligadas a trasladarse al IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno). Un lugar no demasiado apropiado para acoger los importantes ciclos y sesiones que la entidad organiza. Y no lo es en cuanto carece de las necesarias condiciones de proyección, audición o simplemente de mínima comodidad en la sala. Si a eso se une el lugar donde está situado el IVAM, ligeramente retirado del centro y no demasiado bien comunicado, tendremos el declive de los espectadores asiduos a la filmoteca.

Una pena porque las sesiones organizadas por el IVAC (Instituto Valenciana de Cine) han sido siendo realmente excelentes a lo largo de estos largos meses que han durado las obras de la nueva adecuación de la sala. Ciclos sobre Raoul Walsh, Valero Zurlini, Terence Davies… han seguido demostrando la calidad de una programación coherente.

Pero los espectadores echaban en falta el acomodo del edificio Rialto, situado en el centro de la ciudad, la sala “bombonera” donde cada uno se sentía como en su propia casa. Allí, en la sala Juan Piqueras, habían tenido lugar sonoros y maravillosos ciclos que abarcaron desde Cine español maldito hasta John Ford, de William Wellman a Ozu, de Mike Leigh a Hitch, de Kazan a Dreyer… Ciclos completísimos que elevaban a llenos muchas de las sesiones. Algo que no llegaría a ocurrir en la sala del IVAM. Y es que el espectador, entre otras cosas, se ha hecho cada vez más cómodo.

Durante una larga temporada el edificio Rialto era como una casa en construcción (o deconstrucción, según se mire), con los despachos inundados por el polvo, y el frío colándose en las oficinas improvisadas donde realizaban sus respectivas faenas los diferentes trabajadores de la casa, director incluido. Un caos donde la (casi) inexistente biblioteca servía de refugio, por ejemplo, al equipo de programación. Los que allí trabajaban, y los obreros que hacían la obra, fueron durante meses los únicos habitantes de tal “caserón”.

No sólo hubo que parar las sesiones de cine, también, desde el inicio de las obras se procedió a cerrar el teatro instalado en el edificio. Hechos que motivaron que un festival tan interesante como Cinema Jove, dependiente del IVAC, tuviera que buscar para su celebración alternativas esporádicas y escasamente efectivas. No podía ser de otra manera.

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Berlanga entra en escena

Ahora, a las puertas del invierno, se hace el milagro. El edificio Rialto vuelve a lucir en la Plaza del Ayuntamiento. El teatro y la sala de proyección de la Filmoteca vuelven a abrir sus puertas.

La dedicada a las proyecciones cinematográficas se inauguró oficialmente el 17 de octubre. Cara al público lo hizo unos días después, el 21.

Se trata de una sala cómoda que ha perdido en anchura lo que ha ganado en longitud. Perfectamente estructurada en escala ascendente y con un espacio amplio tanto de butacas como entre filas, permite tanto una gran comodidad como una excelente visibilidad. A esto hay que unir una excelente proyección y una magnifica sonoridad.

Lo peor es que sigue manteniendo el mismo número de butacas que tenía con anterioridad. Y es que de un espacio reducido no se puede sacar un estadio olímpico. El problema no está en las dimensiones de las salas actuales o las anteriores, se encuentra en el primitivo diseño del edificio que fue escogido para albergar la sede central de la Filmoteca, a la que además se añadió una sala (muy “cuca” ella) para teatro, cuando lo lógico es que todas las salas existentes en el edificio sirvieran (como ocurre en el cine donde proyecta la Filmoteca Nacional de Madrid) para albergar distintas salas de proyección cinematográfica.

Pero habrá conformarse con lo que se tiene. Esperar, a lo mejor, que en un futuro más o menos lejano se puedan ampliar las proyecciones a otras salas cercanas que aún están no sólo por construir, sino también por trazar. Si eso no se hizo en otros tiempos más boyantes, ahora con la crisis económica galopando, tal idea sólo puede hacerse realidad en la imaginación.

Al acto de inauguración de las salas asistieron políticos, cineastas, críticos y por supuesto la gente de la casa… Contentos como unas castañuelas viendo que ya no era un sueño aquello de ver terminadas las obras.

Allí, recibiendo y saludando a la gente estaban, cómo no, Dora, Marlis, Macu, Rebeca, José Antonio Hurtado (el incansable programador de tantos y tantos ciclos) y, por supuesto, José Luis Rado, el director del IVAC y de la filmoteca, más contento que unas pascuas a pesar de su cansancio y de algunos interrogantes. Y también Rafa Maluenda, director de Cinema Jove, que veía cómo en 2009 el festival volverá a lucir su verdadera planta.

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Bienvenido, Mr. Marshall

La sala se llama ahora Luis García Berlanga, lo que ha motivado una cierta polémica. No porque el director de El verdugo, valenciano no se mereciese dar su nombre a tal sala, sino porque se despojaba de tal honor al anterior depositario del nombre, Juan Piqueras. Algunos periódicos locales habían lanzado a la calle la polémica, máxime en estos tiempos donde tanto se habla de la Memoria Histórica.

El acto se inició con un breve saludo de José Luis Rado en una noche a la que catalogó de excepcional. Fue un saludo equivalente a un prólogo, como entradilla al cortometraje de turno, Benítez quiere ser torero, una película valenciana realizada en 1910 por Casa Cuesta y dirigida por Ángel García Cardona, restaurada por los servicios técnicos del IVAC. Una película sencilla y simple (como indicó Rado) de cuatro minutos y cincuenta y siete segundos, donde se narra en cinco planos la historia del borrachín Benítez que sale a la calle creyéndose dotado del arte de la lidia y que termina con la coleta cortada en la comisaría (mostrado en un insólito primer plano, sobre todo cuando todo el resto del filme está filmado en el, lógico, plano general). Un ejemplo de restauración impecable el realizado para reconstruir este antiguo título que fue acompañado con música de piano.

A continuación, Rado volvió a dirigirse a los asistentes acompañado de Jorge Berlanga –hijo de Luis García Berlanga– y Trinidad Miró. En primer lugar habló el director de la Filmoteca para destacar dos cosas primordiales en ese acto. La primera, que se inauguraba una sala con unas muy buenas condiciones de proyección y sonido, válida para cualquier tipo de sistema actual y futuro.

La segunda, que con esta sala se saldaba una deuda pendiente con el mejor cineasta, exceptuando a Buñuel, del cine español: Luis García Berlanga, poseedor de una filmografía no muy extensa pero en la que se encuentran cuatro o cinco obras magistrales. Es de justicia, concluyó, dar a esta sala su nombre.

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A continuación, Jorge Berlanga agradeció en nombre de su padre, y de toda la familia, el honor de tal distinción: “Espero –concluyó– que venga mucha gente a esta sala”.

Finalmente, Trinidad Miro recordó los nueve meses que llevaba la filmoteca de obras. Agradeció que las proyecciones fueran acogidas por el IVAM, por lo que dio las gracias a su directora, Consuelo Ciscar, presente en la sala. Subrayó que la sala no podía llamarse de otra manera ya que Luis García Berlanga no sólo era valenciano sino que era uno de los impulsores de la Ciudad de la Luz de Alicante.

Después de los parlamentos se pudo ver Bienvenido Mister Marshall que es la película que, junto al clásico King Kong y Chacum son cinéma, el trío de títulos que se proyecta en las primeras proyecciones públicas.

Entre los próximos ciclos que se llevarán a cabo en la filmoteca destacan la segunda parte del de Cahiers du cinema: de críticos a cineastas, Joyas de la ciencia ficción, Radiografía del cine negro y La utopía yanqui…

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