Spectre (Spectre, 2015), de Sam Mendes

  07 Octubre 2021

Película absorbente y hasta interesante

spectre-0James Bond va a una misión secreta a México guiado por un mensaje críptico. A continuación, recala en Roma, donde conoce a Lucía Sciarra, la flamante viuda de un criminal aborrecible. En ese ir y venir, Bond logra meterse en una importante reunión secreta, y es la manera en que descubre una siniestra organización conocida como Spectre. En ese ínterin, en Londres, el nuevo Director de la Seguridad Nacional cuestiona las acciones de Bond y pone en duda la importancia del MI6, encabezado por M.

Entonces Bond recluta a Moneypenny, colega de años, y a Q, un joven informático de pro, a fin de que le ayuden a buscar a Madeleine Swann, hija de su antiguo enemigo el Sr. White. White tiene la clave para descubrir el misterio de Spectre, mas acaba suicidándose.

Pero Bond encontrará a Madeleine, de la cual se enamora; y además acabará descubriendo la conmovedora y dramática vinculación suya con el peligroso pérfido enemigo que lo quiere aniquilar, el gran malvado del filme. Estamos ante un Bond duro, pero no indiferente, perseguido además por imprecisos traumas infantiles.

El director Sam Mendes ha realizado y construido, desde mi modo de ver, una excelente película de Bond con esta su segunda entrega con Craig como protagonista de nuevo. Spectre mantiene al espectador atento a la pantalla, con un vertiginoso ritmo, pero que no aturde ni marea; que está bien dosificada en lo que toca a efectos especiales, carreras automovilísticas y otra cacharrería, no hay exabruptos en este sentido.

Creo que se puede felicitar a Mendes por su saber hacer con este 007, una película bien realizada, que ha superado el listón de otras anteriores que yo he visto en los últimos tiempos.

Tiene la película un curioso guion de John Logan, Neal Purvis, Robert Wade y Jez Butterworth, donde los personajes son obviamente tomados de la obra del creador de James Bond, Ian Lancaster Fleming (1908-1964). «Los muertos están vivos», así comienza el filme, un enigmático título que viene a asentar cierto tono dramático al libreto.

Además, la historia tiene su mordiente de crítica hacia este mundo de hípercontrol en que vivimos, que ya supera con creces el 1984 (Nineteen Eighty-Four), esa una novela política de ficción distópica (o apocalíptica) escrita por George Orwell y publicada en 1949. Como dice Sánchez, el filme constituye un «discurso contra el terrorismo de Estado en forma de hipervigilancia orwelliana tan institucionalmente incorrecto».

Además, Mendes introduce subtramas románticas rodadas con gran estilo, amén del trágico descubrimiento de Bond sobre su funesta relación con el gran malvado del film, que no sólo es su acérrimo enemigo, sino… algo más.

Música envolvente y dinámica de Thomas Newman; como dice Llopart: «Estamos ante unos Greatest hits de la serie, por seguir con la analogía musical, reinterpretados con nuevos arreglos. Donde lo viejo cobra sentido (mítico) sin perder su condición de clásico».

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Excelente fotografía de Hoyte van Hoytema, junto a una gran puesta en escena, efectos especiales, vestuario y exteriores, constituidos por una montaña rusa donde se suceden los paisajes naturales y urbanos de México, Roma, las montañas nevadas de los Alpes, el desierto o Londres.

El reparto es de lujo, con un Daniel Craig que ya parece haberse incrustado definitivamente como el Bond del siglo XXI, serio y duro, atávico, pero con cierta picardía, y metido de lleno en su rol. 

Christoph Waltz no está tan redondo como otras veces, pero nadie le va a negar que es un malo muy malo, un auténtico sádico, malévolo y siniestro personaje. Léa Seydoux está muy mona, mejor, encantadora, pero creo que le falta más sintonía con Craig y más sangre en las venas; igualmente le habría venido mejor un poco más de libreto; pero su aportación a la obra es importante.

Ralph Fiennes es con todo mérito un consagrado actor y aquí está correcto meramente, se le habría podido sacar más partido. Monica Bellucci, mujer madura, muy sensual y sabe dejar caer una lágrima en el momento más inesperado: cinco minutos de grandeur.

Y actores y actrices de reparto muy eficientes, como Naomie Harris, bien, al igual que el resto del reparto con artistas como Rory Kinnear, Ben Whishaw, Dave Bautista, Andrew Scott, Jesper Christensen o Stephanie Sigman. Un equipo que funciona muy bien.

La película se inicia con una portentosa escena en México D.F. de siete minutos de duración en el Día de Difuntos, tan celebrado en el país azteca. Este prólogo está cargado de tensión y adrenalina, ya la escena culmina en la demolición de todo un edificio y un helicóptero errático sobrevolando locamente la mexicana gran plaza central atestada de gente. Sin olvidar los títulos de crédito, con la melancólica Writing’s on the walls, a cargo de Sam Smith. Todo esto, genial.

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Le sigue una escena de auténticos villanos al modo de la película de Kubrick Eyes Wide Shut, en la que Bond es descubierto y cuya huida tampoco tiene desperdicio. Peleas de Bond con tipos plan armario ropero y poco menos que invencibles e indestructibles. Diáfana carrera de coches por las calles de Roma, filmada y montada con gran precisión. Persecución de Bond en una avioneta tras unos 4x4 que han raptado a la chica, avión ya sin alas, rotas por las copas de los árboles, pero que no ceja en su empeño hasta dar alcance a la comitiva. Las perversas torturas del malísimo Waltz.

Y así, tantas otras escenas y valores del filme que, en mi caso, por unos momentos, me hicieron olvidar al Sean Connery que creó en mí la impronta del auténtico Bond, como si Bond-Connery fueran en mi imaginario la misma cosa (lo que incluye a aquella Ursula Andress saliendo del mar y brindando pura hermosura erótica sin par en unos tiempos en que no se veían esas cosas).

Pues bien, esta película resignifica en cierto modo mi valoración del personaje, convirtiendo este Bond-Craig-Mendes en una cinta ante la que hay que quitarse el sombrero, que es para ¡chapeau!, vaya, como escribió Boyero: «007 al servicio de su Majestad el Cine». O como apuntara Llopart: «Cuando personalmente ya nada exaltante se espera de una franquicia como James Bond […] llega Spectre […]. Y el propio 007 con licencia para matar (de aburrimiento) cobra de nuevo vida hasta resultar divertido». Y diría yo que algo más sorprendente e incluso mucho más inesperado: resulta interesante.

Asunto diferente es la afición que cada cual tenga por este tipo de cine, afición que no es la mía. Pero la verdad es que Spectre me ha enganchado casi dos horas y media, haciéndome olvidar algunos problemas, penurias y calamidades, lo que incluía en aquel entonces (como ahora) nuestra patética clase política. Ese logro de la cinta ya es mucho.

Sin embargo, no me removió las fibras sensibles, el mundo de las íntimas emociones. Pero para eso hay otro cine, a.D.g.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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