El show de Truman (Truman’s show, 1998), de Peter Weir

  11 Septiembre 2021

Película insólita y genial sobre los reality shows televisivos

truman-show-0En esta película se cuenta la historia de un individuo corriente e inocentón llamado Truman Burbank, cuya vida ha transcurrido en una pequeña ciudad donde nunca pasa nada. Ha crecido, se ha casado, cada mañana su amante esposa lo despide en la puerta de casa cuando marcha al trabajo, en fin, lo propio.

Pero hete aquí que de pronto, se da cuenta por ciertos sucesos anómalos que le hacen sospechar que algo está ocurriendo, algo que no es normal, algo quizá alarmante. Todos sus amigos son personas inventadas, o sea, que actúan, que son actores dentro de un gran plató constituido por toda la ciudad, y su vida es un acontecimiento filmado y emitido de forma continuada a modo del más ambicioso reality show (telerrealidad) jamás imaginado.

El director Peter Weir se hace cargo con inusitada capacidad y un gran nivel, de esta película que deviene en una historia a la vez sorprendente e inquietante. De las que he visionado, esta es la mejor película de Weir junto a las conocidas Gallipoli (1981), Último testigo (1985) o Master and Commander (2003).

Cuenta la obra con un gran guion de Andrew Niccol, uno de los libretos más originales de la década de los noventa, que es algo más que un mero guion. Es, según mi modo de ver, una brillante obra que debería leer a modo de texto cualquier estudiante de cine, y analizarlo en profundidad. Creo que es lo mejor que Niccol ha escrito, dentro de que ha construido otras historias muy originales. Pero en este filme, la cosa le sale redonda.

Tiene además una banda sonora de Burkhard Dallwitz genial, que convierte los diez últimos minutos en una enorme obra de arte. Y una muy atractiva, bella y sugerente fotografía de Peter Biziou. Excelente puesta en escena.

En el reparto sobresale un Jim Carrey más contenido de lo habitual en él, que hace una meritoria interpretación del personaje principal de la historia. Se puede decir que vemos al mejor Carrey convertido en un auténtico actorazo. También a un Ed Harris genial que demuestra su experiencia y su saber manejar a un personaje que fácilmente se le habría podido ir de las manos y que resulta creíble y fantástico: el maligno presentador del programa de TV. 

Acompañan con gran solvencia Laura Linney (excelente), Nolah Emmerich (estupendo), Natascha McElhone, Holland Taylor, Paul Giamatti, Adam Tomei, Harry Shearer, Brian Delate, Philip Baker Hall, Peter Krause y O-Lan Jones. Conjunción y brillantez.

Es una película que impacta, lo cual fue aún más evidente en la época de su estreno, cuando estaban en pleno auge los reality shows. Como dice Boyero: «Muy de vez en cuando, se da el milagro de que a un guionista de raza se le ocurra un argumento insólito, cae en manos de un director de altura y los espectadores podemos disfrutar de lo nunca visto y oído».

No se puede decir mejor, una trama inquietante, absorbente, atractiva, original y actual, al servicio de una obra cinematográfica de enorme calado y enorme nivel e interés. Incluso como para filosofar o hacer un poco de reflexión teológica. Como apunta Ebert: «Las ideas que subyacen en el trasfondo de esta obra la convierten en algo más que un entretenimiento. Es una reflexión sobre los nuevos valores que la tecnología trae implícitos para la humanidad».

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Excelente película que intenta dar respuesta a la pregunta del millón: ¿qué pasaría si alguien nos dijera que nuestra vida es una farsa, que no es real, que la realidad es otra cosa? Creo que en principio pensaríamos que esa persona no está en sus cabales. En esta cinta, Jim Carrey descubre por sí mismo que está dentro de la caverna y batallará por salir de ese gran decorado que era su existencia ficticia.

Un bello canto a la libertad por la rebeldía. Una enorme crítica a las vidas artificiales y planificadas al milímetro que la mayoría llevamos en mayor o menor medida, puede que sin saberlo. Alas para volar, ánimo para salir de la rutina, brío para enfrentar los convencionalismos y las mentiras ortopédicas, para derrumbar el itinerario común y tedioso, para dar batalla a la hipocresía.

Es a la vez sarcasmo, comedia de la buena (con carga), fantasía sobre cómo será el futuro de la TV y de cómo estamos en riesgo de quedar atrapados en las redes y la omnipresente tecnología, el simplismo, el engaño de las ondas y una interrogante sobre el devenir de la humanidad.

Es una de esas películas que se quedan grabadas a fuego en la memoria, y de las poquitas con capacidad para cambiar nuestra manera de ver, entender y valorar el mundo en que vivimos.

El cine, al modo de la literatura, como escribiera Cesare Pavese«siempre tiene que mostrar algo rompedor. Algo que apele a la rebeldía interior». En nuestro caso, del espectador (no del lector como refería Pavese), yo sentí esta actitud rebelde de salir del decorado, del artificio, de esa terrible convención que nos preside y nos recorta por igual. Recomendable. Brillante.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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