Los intocables de Eliot Ness (The untouchables, 1987), de Brian De Palma

  15 Julio 2021

Obra entretenida

los-intocables-0Como sabemos, Los intocables de Eliot Ness es una historia basada en hechos reales, durante los años treinta en Chicago. Es la época en que los puritanos y conservadores llevaron a rango de Ley en el Congreso norteamericano la prohibición de consumir y expender bebidas alcohólicas, la denominada Ley Seca.

En ese encuadre existió un agente federal arrojado y con principios muy sólidos sobre el cumplimiento de la justicia, de nombre Eliot Ness (Kevin Costner). Él y su equipo, que en la realidad fueron once pero que en este filme son sólo cuatro, persiguieron implacablemente el gansterismo que generó el tráfico de alcohol.

Entre estos gánsteres fue una figura principal, y es lo que relata este film, el apresamiento de Al Capone (Robert De Niro), uno de los grandes capos del crimen organizado de la época en la ciudad. Pero la carencia de pruebas impedía detenerlo y juzgarlo de delitos como la extorsión, el crimen o el comercio ilegal güisqui.

En esta historia, son Ness, junto a dos policías de reputación intachable (Andy Garcia y Charles Martin Smith), los que con ayuda de un sagaz agente (Sean Connery), acabarán por encontrar el resquicio para inculpar a Capone y meterlo en la cárcel.

Siempre recordaré entre las primeras series que vi en TV, el Eliot Ness de Los intocables (1959), que dirigieron Abner Biberman y Robert Gis, entre otros, con Robert Stack en el papel de Ness, auténtica pesadilla de maleantes entre 1920 y 1933. No sólo estaba Al Capone, también Dutch Schultz, Lucky Luciano o Ma Barker (a quienes en esta película no se menciona). Era mi serie de infancia favorita, cuando me permitían verla, y el actor Robert Stack me parecía admirable en su rol del mítico Ness.

Pues bien, en esta película tenemos un grande, Brian De Palma, que dirige con oficio, con buen estilo, con ritmo y con esplendente color y gran puesta en escena, esta versión de la vida de Ness. Versión que sigue un guion poco lucido de David Mamet, adaptación de la novela de Ness y Oscar Fraley, y las aportaciones de Paul Robsky, el último de los intocables.

La música es sin paliativos magnífica, como suele ocurrir con Ennio Morricone. Acompaña en su enorme calidad la gran fotografía de Stephen H. Burum. Excelente puesta en escena.

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En lo que toca al reparto, el protagonista Ness lo encarna un Kevin Costner que para mi modo de ver no da la talla; más bien hace un papel de sujeto melindroso y acaramelado, que dista mucho del que tuvo que ser en la realidad un policía firme y resolutivo; por supuesto, queda muy lejos de aquel Robert Stack que interpretó el papel para la TV. 

Sean Connery no defrauda y está excelente, con todo el registro de que es capaz como mero policía de calle que, empero, supera a Costner y prácticamente se convierte, sin serlo, en el protagonista del film. Ganó el Oscar al mejor actor secundario por este papel.

Robert De Niro no está a la altura que acostumbra, pero bueno, interpreta a un Capone artificial que sólo da el pego más o menos, más menos que más. Andy García correcto como intrépido policía valiente y buen tirador, que sabe poner el cuerpo y su presencia con inteligencia. Y está muy bien Charles Martin Smith como el contable del grupo, muy expresivo y convincente.

Acompañan actores y actrices como Billy Drago, Patricia Clarkson, Brad Sullivan, Del Close, Michael Byrne, Richard Bradford o Clem Caserta.

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Mi valoración es la de una película que, siendo entretenida, carece sin embargo de grandeza. No es una película importante para el género de gánsteres o hampones. Más bien es una obra llena de tópicos, diálogos mediocres y una historia archisabida a la que De Palma no aporta nada nuevo ni significativo.

Como dice Canby: «Tiene más finales que la sinfonía de Beethoven, pero también está llena de sorpresas […] Es vulgar, violenta y a ratos asombrosamente hermosa». Mi parecer es que tiene la cuota de calidad suficiente y necesaria para pasar el corte de filme correcto, y poco más.

El resumen está bien explicitado en las palabras de Ebert cuando escribe: «Tiene un gran vestuario, una gran ambientación, coches, armas y localizaciones […] Pero no tiene un gran guion, grandes interpretaciones ni una gran dirección». Efectivamente, da la apariencia de un filme con todo lujo de medios, con mucha estética y una plástica placentera a los sentidos, siendo que en ello hay mucho de envoltorio prescindible y de colorido superficial.

No quito ni pongo a esta película. Quien quiera que la vea. A la mayoría, sobre todo si no conocen la vida de Eliot Ness, les gustará. Pero al aficionado al cine y sobre todo a quienes conocen a Ness, por ejemplo a través de la serie de TV de los sesenta, este filme le parecerá una obra de aprobado por los pelos y poco más.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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