La maldición del escorpión de jade (Curse of de jade scorpion, 2001), de Woody Allen

  09 Julio 2021

Hipnosis y carcajadas a gogó

la-maldicion-escorpion-jade-0Estamos en los años cuarenta y el prestigioso investigador C. W. Briggs (Woody Allen), junto con otros colegas de una compañía de seguros de Nueva York como la implacable Betty Ann (Helen Hunt) —con la cual se lleva fatal—, asisten a un espectáculo de hipnosis donde C. W. y Betty son hipnotizados por Zoltan, un mago profesional y no muy bien intencionado. A partir de ese entonces se suceden misteriosos robos que pondrán en jaque a la agencia de seguros.

A partir de esta hipnosis, ni el investigador de fraudes, ni su experto en eficiencia, ni los clientes de la compañía están a salvo.

El lado cómico en la orientación de Allen es que el propio investigador, es un perfeccionista obsesivo, y la furtiva bomba sexual Betty Ann Fitzgerald es su enemiga, aunque eso no sea algo que lo desanime a invitarla a salir.

Fitzgerald, en su ingenio, llega a describir a Brigss con una impresionante variedad de insultos como: «pequeño cretino de boca harinosa», «gusano», «pequeña termita», «rata atrapada que se retuerce». O sea, que se odian mutuamente. 

«Me encanta el lugar donde vives», le dice, y vemos un sucio agujero de rata. Resulta extrañamente emocionante estar en una casucha mugrienta con un investigador de seguros miope. Este es el punto en que se aprieta el resorte hipnótico y creen que están enamorados.

A esta vena, Allen agrega otra: tienen palabras clave separadas, de modo que una persona puede estar bajo el hechizo hipnótico mientras que la otra no. Luego están los personajes cómicos de nivel: Dan Aykroyd (Magruder, el jefe de reducción de costos que ha traído a Fitz); Elizabeth Berkley que es Jill (secretaria de buenas formas con la que tiene una aventura). Y Charlize Theron como Laura (niña rica que se siente atraída por C. W., sobre todo cuando lo pilla en un robo, pero está indefensa ante la hipnótica bomba de profundidad). Todos realizan un espléndido trabajo.

O sea, cuando se mencionan las palabras «Madagascar» y «Constantinopla», incluso los espectadores pueden entrar en una especie de trance emocional, embelesados por la maestría de esta obra maravillosa y cuasi mágica.

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Asombroso ritmo narrativo, banda sonora de lujo y diálogos inteligentes y apabullantes. Todo ello da un cierto toque atrevido que Allen imprime como homenaje al género de los años 40, con interesantes movimientos y ángulos de cámara que enfatizan la tónica azabache de la cinta.

No en vano la trama se desarrolla en 1940, hay mujeres fatales con genuino toque alleniano (el personaje de Laura Kessington, interpretado magistralmente por una espléndida Charlize Theron), cierto humor negro apenas visible por la humareda general... y, sobre todo, una enorme película llena de momentos legendarios para todos aquellos amantes del buen cine, del cine con mayúsculas e inmaculado.

David Ogden Stier hace de Zoltan, el hipnotizador, un punto clave de la historia. Todo lo que tiene que hacer es llamar a C. W. Briggs, pronunciar una palabra mágica en el teléfono y ordenarle que haga lo que quiera, en este caso, irrumpir en casas de la empresa de seguridad a prueba de ladrones, para robar diamantes preciosos.

Un montaje, una malévola comedia chiflada, pero a medio gas. Los elementos están, pero la magia flaquea. Con líneas que pretenden ser divertidas, pero sin un cierre al modo Allen, aunque él sigue siendo un maestro de la trama laberíntica (sus personajes se mueven con gran ingenio), por lo que al espectador no le importa mucho cómo resultan las cosas.

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Con una genial dirección de Woody Allen y un magnífico guion de su autoría, este filme es muy divertido y fresco, para mi gusto, de lo más juguetón que ha rodado Allen en su carrera. Y todo apoyado en la magnífica fotografía de Zhao Fei.

Mujeres fatales, humor negro y momentos legendarios para todos aquellos amantes del buen cine de humor.

Es, además, una comedia de amor con toques detectivescos muy perspicaces y tronchantes, y diálogos inteligentes y humorísticos de primera línea, de parte de un Allen sembrado junto a una aguerrida Helen Hunt como pareja.

El largometraje merece la pena por la intensa plática que mantiene el protagonista, por sus ocurrencias al averiguar quién es el sagaz ladrón que asalta las ricas mansiones de los clientes de la empresa aseguradora para la que trabaja.

El aire jocoso y burlón inunda la pantalla y engancha al espectador carcajada tras carcajada. Un Woody Allen maduro y hecho que le pone su estilo y su oficio a una cinta singularmente cómica que consigue que riamos, pasarlo bien y entretener mucho y más.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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