La novia polaca (De Poolse Bruid, 1998), de Karim Traïdia

  01 Julio 2021

Bella película de amor y denuncia

la-novia-polaca-0Al ver una película titulada Bajo el sol (1998), de Colin Nutley, me recordó esta otra película magnífica del mismo año: La novia polaca que vi en el extranjero en su estreno y que me impresionó muy gratamente. Ahora tengo la oportunidad de comentarla, tras haberla visto de nuevo fortuitamente. Un filme sencillo y bello.

Ya desde el principio, la película nos toma de sorpresa, como estupefacto se queda el protagonista, Henk, un solitario campesino, viudo de años, un hombre rudimentario, sufrido, que ha permanecido aislado del mundo, cumpliendo ciegamente la rutina de labrador, y que un día encuentra por casualidad a una mujer desnuda, escondida tras un árbol de su granja.

Ella es Anna, una mujer polaca cansada de la explotación de los proxenetas, que ha podido escapar de sus jefes. Tras reponerse de la impresión, Henk toma la mujer en brazos y la lleva a su casa. Una vez allí la baña, le cura algunas heridas y le ofrece amparo.

Aunque Henk le ofrece la oportunidad de volver a su país, ella le pide quedarse en la granja, y ambos entonces asumen un pacto de ayuda mutua. El granjero es un hombre tosco, sin educación, pero una buena persona que se porta muy bien con ella.

La mujer, por el contrario, es educada y de buenos modales; ella colabora en las tareas domésticas y de la granja donde cuida de los animales, limpia la casa e incluso dedica un tiempo a educar al hombre a la hora de la higiene, la forma como hay que comer, etc. Todo a pesar de las dificultades del idioma.

Cuando transcurren unos días, la presencia de la mujer se hace notar, la casa está cuidada, llena de sutiles y hermosos toques femeninos: un florero en la mesa, un mantel, una comida bien servida. Estos pequeños pero agradables detalles harán que la relación entre ellos evolucione positivamente.

La trama tiene un desenlace violento donde el granjero actúa de salvador de la joven y al final todos son felices y liberados de esa lacra que es la esclavitud que de hecho se produce en Europa a costa de los antiguos países comunistas, entre otros.

La narrativa de la película es escasa en diálogos, ya que las barreras idiomáticas impiden el lenguaje verbal. Así, se comunican a través de gestos y miradas. Pero esta dificultad no es óbice para que Anna y Henk vayan complementándose y compartiendo su vida. Poco a poco, surge entre ellos una hermosa historia de amor.

Es una película con una dirección genial del argelino, formado en París, Karim Traïdia, con un tempo pausado, pero de excelente factura. Un gran guión de Kees van der Hulst que muestra con mucha habilidad narrativa tanto el amor como la tragedia que se van fraguando. Tiene también una bella música de Fons Merkies y una magistral fotografía de Jacques Laureys y Daniel Reeves.

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En cuanto al reparto, estamos ante actores desconocidos prácticamente para el gran público, pero que hacen trabajos más que meritorios, como Jaap Spijkers (estupendo como agricultor rudo, solo y necesitado de amor y compañía), Monic Hendrickx (maravillosa como la novia polaca que ha huido de un prostíbulo donde permanecía presa, trabajando a la fuerza), Rudi Falkenhagen, Roef Ragas, Hakim Traidia y Soraya Traïdia. Todos están magistrales, conformando un cuadro actoral de primer orden.

La dirección, las interpretaciones y fotografía fantásticas dan lugar a una obra de una enorme y singular belleza, una historia de amor en toda regla, aunque los personajes no sean nada melindrosos ni particularmente bonitos.

Además, es un film de denuncia que nos enternece el corazón en el mejor sentido de la palabra, no de forma cursi y ñoña, sino dentro de la pura realidad de una historia contada en toda su veracidad romántica, pero a la vez, en toda la crudeza de una realidad actual y sangrante como la trata de blancas.

La súper recomiendo. No sé si la han exhibido en España, pero por algún lugar ha de andar.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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