Berlanguiano: Luis García Berlanga (1921-2021)

  23 Junio 2021

Un recorrido por la obra de un genio

expo-berlanguiano 0«Todos los días leo el periódico buscando una noticia que me informe del descubrimiento de una droga que prolonga la vida doscientos años. ¿Cómo me gustaría morir? No muriéndome».

(Luis García Berlanga)

Con motivo del centenario del nacimiento de Luis García Berlanga (1921-2021), la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en las inmediaciones de la Puerta del Sol de Madrid, acoge la exposición Berlanguiano. La muestra nos acerca de forma lúcida y emotiva al universo artístico del cineasta valenciano.

Organizada por la Academia de Cine, la exposición se distribuye en tres salas. En la primera, se recogen los inicios del gran creador, a finales de los 40 y en la primera mitad de los 50. Observamos fotografías de un Berlanga muy joven, alumno del IIEC (Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas), donde trabó amistad con un muchacho que también sería clave en el cine español: Juan Antonio Bardem. Vemos los cuadernos de los primeros guiones de Berlanga, firmados en colaboración con Bardem: Cerco de ira (1949) y La huida (1950).

En esta sala inicial, contemplamos instantáneas de las Conversaciones de Salamanca, en mayo de 1955, que fueron para el cine lo que las Conversaciones de Formentor, en 1959, para la literatura. Los diálogos salmantinos los impulsaron Patino y varios jóvenes del Cine Club de Salamanca. En una imagen, sentados, atentos, vemos a Berlanga y Fernán Gómez, que se profesaron una admiración mutua a lo largo de su vida, pero que solo trabajaron juntos en el primer largometraje berlanguiano, Esa pareja feliz (1951), y en uno de los últimos del director de Valencia, Moros y cristianos (1987).

Seguidamente, la sala más extensa contiene un viaje por la filmografía de Berlanga, que recorre toda la segunda mitad del siglo XX. Los textos, breves y muy bien redactados, acompañan a la perfección a las fotografías, las imágenes de las películas, los carteles cinematográficos, los recortes de prensa y otros documentos que hacen de la exposición una delicia para el público, sea berlanguiano o no.

Una de las instantáneas más entrañables pertenece al rodaje de Los jueves, milagro (1957): Isbert tocando el piano, con los ojos cerrados; encima del instrumento, tumbado, López Vázquez, que se da un aire a Groucho Marx; al lado de los actores, declamando un fragmento, Berlanga.

La muestra no obvia los problemas que el cineasta tuvo con la censura franquista. Precisamente, en Los jueves, milagro se eliminaron ocho minutos de filmación y se introdujeron veinticinco cambios en la película. La dictadura también obligó a Berlanga a modificar el título primigenio de Plácido (1961): Siente un pobre a su mesa.

No obstante, gracias a su inmenso talento, a su valentía, a su audacia, Berlanga sacó adelante Plácido (1961) y El verdugo (1963), que pusieron de manifiesto al mundo la sombría realidad española: en España se pasaba hambre, en España se mataba. Franco, demostrando su cerrazón mental e intransigencia, llegó a decir: «Yo sé que Berlanga no es un comunista, es algo peor, es un mal español».

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Con Plácido, Berlanga estuvo nominado al Oscar, que ganaría Bergman con Como en un espejo, y el cineasta mediterráneo viajó a Hollywood y conoció a sus admirados Wilder, Zinnemann, Sternberg o Wyler.

También pudo conocer en Francia a su venerado René Clair, incluso trabajó con él. En la exposición, sobresale, asimismo, un conjunto de doce pantallas pequeñas que reproducen diversas secuencias de las películas berlanguianas. Un verdadero acierto, pues con la mezcla simultánea de películas se refleja el cosmos de un creador único: en blanco y negro o en color, en momentos trágicos o cómicos, en escenas individuales y colectivas, todas y cada una de ellas con el sello propio de un artista que reflejó las esperanzas y las decepciones de los españoles con una mirada humanísima.

La muestra sirve también para desterrar el prejuicio del carácter vago de Berlanga. Al contrario, al fondo de la ironía y el humor se encontraba un trabajador del cine. Prueba de ello son los planes de rodaje de Patrimonio Nacional (1980) o La vaquilla (1985), detallistas, elaboradísimos, documentos que constatan toda la laboriosidad que conllevó la realización de sus películas.

La exposición, que se puede visitar hasta el 5 de septiembre, concluye con una última sala que alberga algunos de los momentos finales de un cineasta irrepetible. Así, la recogida del Goya de 1993 por Todos a la cárcel, donde Berlanga agradece la labor a algunos cómicos que tanto hicieron por el cine español a mediados de siglo como Forqué, Ozores o Sáenz de Heredia, para seguidamente reconocerse como discípulo de Arniches y defender un género cinematográfico genuinamente hispano que él llevó a sus más altas cumbres: la comedia popular.

En este año tan berlanguiano, acudir a esta breve y maravillosa exposición permite acercarnos a la trayectoria fílmica de un genio.

«Alfredo Landa dijo de mí lo que mejor me define: “Berlanga es un hijo de puta con ventanas a la calle, pero si me llama, siempre me tendrá a su lado”».

(Luis García Berlanga)

Escribe Javier Herreros Martínez

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