Esa pareja feliz (1951), de Luis Gª Berlanga y Javier Bardem

  16 Junio 2021

La inspirada pareja Berlanga-Bardem

esa-pareja-feliz-0Juan y Carmen son un matrimonio madrileño en precaria situación económica, que vive muy modestamente. Ella se ocupa de las labores del hogar y él trabaja como electricista en unos estudios cinematográficos. En aquellos entonces de los años cincuenta, era difícil salir de la pobreza. Pero su fortuna parece cambiar cuando ganan un concurso patrocinado por una marca de jabón. En el concurso se elige a la «la pareja feliz». A lo largo de 24 horas, Juan y Carmen recibirán toda clase de invitaciones y obsequios con los que pretenden mejorar sus condiciones de vida. Pero justamente ese mismo día, Juan debe resolver dos serios problemas que Carmen desconoce.

Codirigen esta película los entonces jóvenes y luego grandes directores de nuestra historia filmográfica: Luis García-Berlanga y Juan Antonio Bardem. Mi opinión es que logran una obra tragicómica muy interesante. Pero como la hacen a medias, no se puede decir qué escenas y tomas fueron realizadas por uno y por otro. Aunque según la información que aporta Román Gubern, Bardem se ocupaba de la dirección de actores y Berlanga de la realización, planificada conjuntamente.

A modo de anécdota, ambos cobraron 50.000 pesetas. Pero si dejamos estos detalles al margen, creo poder afirmar que es una excelente cinta en la que ambos aportan su saber hacer.

El guion fue escrito también por García Berlanga y Antonio Bardem, y significó un soplo de aire fresco al trasnochado cine histórico y de cartón piedra de entonces.

Incluso había también en aquella época un cine religioso en el peor sentido del término, así como ese cine folclorista y pacato que tanto daño estaba haciendo a una industria que ya no se correspondía con los intereses de una parte importante de la población, ni con el gusto cinematográfico general de la época, ni con la necesidad existente de salir a pie de calle a ver qué pasaba en aquel contexto misérrimo. Con estrellas ya decadentes y al borde del ocaso como Celia Gámez, Conchita Piquer, Estrellita Castro, Antonio Machín o Jorge Negrete.

De esta guisa, Berlanga-Bardem pueden considerarse pioneros del nuevo cine español. Por eso, este fue un filme arriesgado, pues rompía con la tradición a la que el público español estaba acostumbrado y que acogía con cierto éxito porque no había otra cosa. Pero esta tradición rancia estaba ahogando internacionalmente a nuestra industria cinematográfica.

La música de Jesús García Leoz está bien y muy estimable la fotografía en blanco y negro a cargo del veterano operador alemán Guillermo Goldberger.

El reparto está compuesto por un magnífico Fernando Fernán Gómez y sus irrefutables dotes de actor, acompañado por una excelente Elvira Quintillá, a quienes acompañan José Luís Ozores, Félix Fernández, Matilde Muñoz Sampedro, Rafael Alonso, Fernando Aguirre, Manuel Arbó, Antonio García Quijada, Antonio Garisa, José Franco, Alady, Rafael Bardem, José Orjas, Francisco Bernal, Antonio Ozores, Manuel Aguilera, Pliar Sirvent, Carmen Sánchez, Lola Gaos, Antonio Estévez y Mapy Gómez. Todos muy bien y perfectamente conjuntados.

Video 1: sobre el cine de cartón piedra

  

La pregunta sería ¿es este filme un sainete costumbrista? Me refiero al sainete «como territorio de confrontación entre concepciones progresistas, liberales y eclesiásticos-conservadores», tal como fue definido por el historiador Pérez Perucha.

Pues bien, esta película va más allá del sainete costumbrista o del sociologismo soterrado o de trinchera, pues introduce muchos elementos populares asépticos ideológicamente hablando, que son un reflejo de la vida cotidiana en la España en los cincuenta, algo bastante insólito en nuestro cine, y que tendría continuidad en títulos posteriores como: Bienvenido, Mister Marshall (Berlanga, 1952), Felices Pascuas (Bardem, 1954), Novio a la vista (Berlanga-Neville, 1954), Historias de la radio (Sáenz de Heredia, 1955), Calabuch (Berlanga, 1956), El malvado Carabel, (Fernán-Gómez, 1956), El inquilino, (J. A. Nieves Conde, 1957), Los jueves, milagro (Berlanga, 1957) o La vida por delante (Fernán-Gómez, 1958). Y otras películas alimentadas por la realidad cotidiana, como El pisito (Ferreri-M. Ferry, 1958), El cochecito (Ferreri, 1960) y singularmente cuando el tándem Azcona-Berlanga nos ofrece títulos como Plácido (1961) y El verdugo (1963).

Pero volvamos a nuestro film. Estamos en 1951, en una España que recién salía del marasmo de la guerra, un país atrofiado y empobrecido, fruto en lo social, cultural y en lo económico de la autárquica de posguerra. En ese encuadre aparecen en el panorama cinematográfico los jóvenes Berlanga y Bardem que pertenecen a una generación nueva, más inquieta y preocupada por lo social, lo político y por el raquitismo cultural que se vive.

Además, están influenciados por el neorrealismo italiano. Con esas mimbres prueban nuevos derroteros para expresar la problemática que se vive en las calles y en los hogares españoles. Una sociedad aun en ruinas, en la que los bancos de los parques al amanecer están repletos de mendigos y de personas sin hogar durmiendo a la intemperie. Es así como construyen una comedia humorística-sentimental, para ofrecernos un mosaico sobre la vida española del momento, en la que prevalece el mensaje de cómo es posible soñar con la felicidad a pesar de vivir en la miseria.

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Como en su momento escribiera Basilio Martín Patino: «El cine español vive aislado; aislado, no sólo del mundo, sino de nuestra propia realidad. Cuando el cine de todos los países concentra su interés en los problemas que la realidad plantea cada día, sirviendo así a una esencial misión de testimonio, el cine español continúa cultivando tópicos conocidos… El problema del cine español es que no es ese testigo que nuestro tiempo exige a toda creación humana».

Y en los mismos términos se manifestó el propio Juan Antonio Bardem: “«El cine español actual es políticamente ineficaz, socialmente falso, intelectualmente ínfimo, estéticamente nulo e industrialmente raquítico».

Pues bien, este tándem Berlanga-Bardem debuta con esta película, Esa pareja feliz. En el filme hibridan el espíritu del cine italiano con el sabor de nuestra tradicional literatura de las comedias satíricas y picarescas. Para ello despojan la cinta del exceso melodramático que solía encubrir la realidad social, para lograr un «realismo crítico», más próximo a la calamitosa realidad ciudadana patente en tantos hogares españoles.

Cuando inicia el filme, vemos un placentero testimonio de lo que era en su momento el inocuo, complaciente y adormecedor cine hollywoodiense que la protagonista ve en el cine de su barrio, versus la cruel realidad que esta película muestra: la miseria, el desempleo, el realquilar, la emergencia de una incipiente sociedad de consumo, los rosarios, las novenas, escasez y cartillas de racionamiento, y la desesperanza de unos jóvenes que no aciertan a ver luz para su futuro. En esta película ya se dibuja la acidez, el sarcasmo y la crítica que ejercerán tanto Berlanga como Bardem en sus futuras películas.

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En el final «realmente feliz», se vislumbra ya el estilo más irónico y dulce de Luis García Berlanga, frente al que no tardará en hacerse notar como uno de los realizadores más crudos del panorama contestatario, Juan Antonio Bardem.

Y para concluir, unas palabras justamente sobre el final de la película, que es una muestra de poética tipo Zavattini (padre del neorrealismo) y del simbolismo neorrealista, cuando la pareja premiada con todo tipo de obsequios va repartiendo los regalos entre una doble fila de mendigos simétricos acostados en bancos a lado y lado de un parque madrileño.

A lo lejos de esta perspectiva se puede ver un alto edificio en construcción, que incluye un beso casto que finalmente pasa la censura; y la alegoría con moraleja, cuando la virtuosa Carmen (Elvira Quintillá) se descalza sus lujosos e incómodos zapatos, para caminar más libre junto a su Juan (Fernán Gómez), un hombre pobre, pero bueno y honrado.

Es el paradigma de la pareja feliz que acaba despreciando los reclamos de aquel consumo predesarrollista de los cincuenta; todo un modelo en el que se identifica el matrimonio a la española, o, dicho de otro modo, una crítica al afán consumista que empezaba a repuntar en aquella España en vías de desarrollo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Video 2: final feliz