El nombre de la rosa (The name of the Rose, 1996), de Jean-Jacques Annaud

  07 Junio 2021

La novela está muy por encima de la película

el-nombre-de-la-rosa-0Leí la novela de título homónimo en su momento y posteriormente vi la película. Desde mi modo de ver, aunque la novela de Umberto Eco está bastantes escalones por encima de su adaptación al cine por diversos guionistas, finalmente la cosa se salva por el oficio de Jean-Jacques Annaud y la presencia de Connery, que consiguen crear una cinta tolerable.

La historia, grosso modo y como es sabido por muchos, aborda una sombría trama de suspense medieval en la cual un avezado monje franciscano (Sean Connery), junto a su pupilo (Christian Slater), arriban a una perdida abadía del norte italiano para resolver unos raros y misteriosos crímenes que no tienen aparente explicación. Además, el filme se rodó en un monasterio real y en escenarios que parecen completamente convincentes. Pero…

Entre tanto crimen y truculencia oscurantista en el monasterio, caminando por aquellos terrenos inciertos de la Edad Media, con su hábito de lana pesada y escasa protección contra los gélidos vientos, aparece el fraile William de Baskerville, interpretado por Sean Connery: un papel de hombre moderno en medio del atraso, un monje erudito que se conoce las lecciones del pasado, pero es capaz de verlas en un contexto más amplio que el del pasado.

Cuando William llega al vasto y empinado monasterio en la cima de una colina empinada, observa a los campesinos hambrientos pugnando por coger algún resto de la comida que arrojan desde las cocinas los monjes (recuerda, paradójicamente, la parábola bíblica rico Epulón y el pobre  Lázaro).

En su pináculo hay una gran torre dispuesta a modo de laberinto; cualquier cosa se puede encontrar allí, excepto… una salida (airosa). Hay asesinatos en el monasterio, y este investigador de enorme nivel, perspicaz y racional, sabe que hay muchos sospechosos. En realidad todos los monjes lo parecen.

Pero teniendo buenos ingredientes, la película deviene confusa, con una fotografía tan oscura, que a veces es difícil saber qué está sucediendo.

Aunque William escucha atentamente e indaga y obsequia a su joven novicio con solemnes pronunciamientos, el guion de Andrew Birkin, Gérard Brach, Howard Franklin y Alain Godard está tan confusamente construido, que se establecen pocas conexiones entre las conclusiones del investigador y lo que va suceder en la trama.

Como señala Ebert: «la película habría necesitado un guion claro, sobrio y lógico». Lo cual que no se da. Y continúa Ebert y yo acuerdo: «Hay tantas cosas buenas en esta película, las representaciones, la reconstrucción del período, el sentimiento general de la época medieval, que si la historia hubiera podido involucrarnos realmente, habría sido una gran película».

Es un film muy premiado (quizá en exceso), con un brillante Sean Connery en el papel principal de monje-investigador, que quiere desvelar acertijos monacales con una carga de intriga llevada de manera decorosa por sus creadores. Está igualmente bien Christian Slater en una de sus mejores interpretaciones en la pantalla grande.

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Colaboran a ello, además de la dirección de Annaud y del reparto, una lúgubre fotografía de Tonino Delli Colli que no acierta a jugar con las sombras y las luces, y una música ad hoc de James Horner, todo lo cual introduce al espectador en la tenebrosa abadía benedictina.

La ambientación es muy buena y el casting supo elegir a personajes con caretos horribles de dientes podridos, miradas torvas, sucios y hasta harapientos. En fin, una colección genuinamente medieval de frailes y otros, a los que no nos gustaría encontrarnos de noche por la calle.

Annaud comete un error desde mi modo de ver, mutilando los elementos teológicos de la novela y compensando esta poda con una excesiva meticulosidad en la historia con minúsculas y con la Historia con mayúsculas.

Una interesante producción europea, con unos ambientes de época muy logrados, que consiguió unos muy buenos números en taquilla, más bien por Eco que otra cosa, pues la novela fue muy vendida y leída en su momento. Acertadas interpretaciones para un filme destacado y destacable.

En resolución, película que no decepciona, con aire veraz, supersticioso y viciado, que al hilo de la novela hace pensar y también pasar un rato entretenido.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

 

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