Revisión de las residencias geriátricas a partir de «Arrugas»

  29 Mayo 2021

Arrugas (2011), de Ignacio Ferreras

arrugas-0Arrugas es una gran película de animación dirigida con enorme eficiencia y entusiasmo por Ignacio Ferreras, vertebrada por un excelente guión, adaptación del cómic de título homónimo del historietista valenciano Paco Roca, autor adscrito al movimiento de La novela gráfica.

Con este cómic, Arrugas, Roca recibió en 2008 diferentes reconocimientos y galardones en el Salón del Cómic de Barcelona, como el Premio al Mejor Guion y Premio a la Mejor Obra de Autor Español; además, premio en el Festival de Lucca; y dos premios Dolmen, junto al Premio Nacional del Cómic.

Algunas ideas introductorias

Cuando comencé a interesarme por la psicogerontología, allá por 1985, los adultos mayores no interesaban demasiado a la Psicología, salvo para referir casos de enfermedades neurológicas como las demencias tipo alzhéimer u otras, y poco más.

Se consideraba la vejez como una etapa de declive, enfermedad y con poco margen de corrección psíquica y comportamental. Pero descubrí un espacio científico nuevo, proveniente sobre todo del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, una institución compuesta por investigadores de disciplinas diversas, que incluían la psicología, la educación, la sociología o la medicina, entre otras.

Mi familiaridad con esta institución vino de la mano de una tercera generación de directores científicos, como Paul Baltes, que aportó una perspectiva fresca y novedosa denominada del Ciclo Vital, que apunta la idea de que el desarrollo y el cambio en el ser humano es una cualidad presente en todo el arco de la existencia. Baltes señaló además que la vejez era una etapa como otras, donde se producían pérdidas y ganancias, alguna de las cuales, como la sabiduría, apuntaba la opción de un «envejecimiento dichoso».

Influenciado también por la llamada «ecología social de la senectud», me interesé de manera particular por el clima social dentro de las residencias de mayores. Descubrí que estas instituciones son susceptibles de mejora en aspectos asistenciales y de relación en general, con técnicas de grupo, en la convicción de que la mejora del clima asistencial redundaría en el bienestar de los residentes mayores.

Y con el tiempo demostré que era cierta mi hipótesis: las residencias de mayores necesitan un revulsivo para su mejor funcionamiento. Este es el motivo de que haya elegido esta película que habla sobre este tipo de establecimientos.

Gerontología y cine

Me permito, en unas breves líneas, reiterar mi convicción de que el cine es un medio de indagación y análisis de asuntos complejos de la vida, tal la psicología referida a los mayores.

Hay revisiones sobre la vejez muy interesantes en películas como la celebérrima Fresas salvajes (1957), de Ingmar Bergman; o en la filmografía de Alexander Payne: A propósito de Schmidt (2002) y Nebraska (2013).

Pero hay muchas más películas de enorme interés que incursionan en aspectos variados de la vejez, como las relaciones entre los hijos y los padres mayores, como en Dejad paso al mañana (1937), de Leo McCarey; en un sentido similar Cuentos de Tokyo (1953), de Yasujirô Ozu; las reivindicaciones de los mayores en el film El cochecito (1960), de Marco Ferreri; la capacidad de aprender de los mayores en Mis tardes con Margueritte (2010), de Jean Becker... Como es fácil suponer, hay muchas más.

A continuación, una exposición sobre las residencias geriátricas al hilo de este film de animación de Ignacio Ferreras, una cinta loable para comprender mejor la realidad de estas instituciones.

arrugas-2

Las residencias geriátricas en Arrugas

Cuenta la película la historia de dos personas mayores, Emilio y Miguel, que están internados en una residencia de mayores. Allí entablan una amistad que evolucionará dando vuelcos desde la curiosidad, la desconfianza o la ira, hasta la rendición incondicional.

Emilio padece un alzhéimer incipiente y cuenta casi de inmediato con la ayuda de Miguel, su compañero de habitación, y también de otros camaradas del centro. Todos harán lo imposible para que no vaya a la planta de los «desahuciados», lugar donde los clasificados como dementes van a vivir en un ala del centro, en la soledad y el olvido.

Las aventuras y el disparatado plan que traman tiñen de ternura y también de humor la fastidiosa y aburrida existencia que cotidianamente llevan en su rutinario internamiento. Con unos alocados planes y el proyecto de evadirse, empiezan una nueva vida, cuyo desenlace resulta sorprendente.

La película se adentra, describe y analiza la realidad de muchas de las residencias para mayores que existen en nuestro país y en general en Europa o países de nuestra órbita cultural, sean de propiedad pública o privada. Muchas de estas instituciones, como se subraya en el film, son tediosas, carentes de recursos de actividad para los residentes, paternalistas y tratan a los mayores como si fueran «niños» y no como sabios y respetables ciudadanos.

Salvo contadas excepciones, mi opinión es que este tipo de establecimientos no son lo más recomendable para las personas de avanzada edad, pues los individuos, hasta el último suspiro, aspiramos a tener nuestra independencia, a ser autónomos, a ser tratados con dignidad y poder manifestar el grado de actividad y emprendimiento que nuestras competencias permitan.

arrugas-1

Entonces, cuando estas aspiraciones son imposibles porque la institución cae a plomo sobre sus moradores, se da un fenómeno que denomino «asilaridad», o sea, residencias donde sobrevuela el recuerdo de los viejos asilos, lugares donde la frustración, la falta de estimulación, carencias afectivas y dificultad para las descargas de todo tipo, incluidas las solicitudes motoras, unido a la prohibición o impedimento para el emprendimiento y la actividad, producen una auténtica asfixia existencial.

Cuando esto ocurre, se produce en los internos lo que califico como «narcisismo negativo» o «anorexia de vivir», que hace eclosionar trastornos y enfermedades variadas, somáticas y psíquicas, que constituyen, desde el punto de vista existencial, un auténtico «plan de muerte» institucionalmente provocado.

Igualmente, en muchos de estos establecimientos hay privaciones y comportamientos de menosprecio y desatención, que provocan en los mayores auténticas «regresiones», o sea, los residentes evidencian retrocesos en lo que concierne a su afectividad, al funcionamiento intelectual e incluso psicomotriz y psicosomático.

Todo ello cristaliza en depresión e indolencia, e incluso en comportamientos infantiles fruto de la inactividad y el hastío, como la incontinencia urinaria o las estereotipias tipo balanceos continuos. Esto no es sino la consecuencia de una relación fría y distante entre quienes atienden el centro y los usuarios del mismo. A veces se suceden también auténticas faltas de respeto, en ocasiones castigos y en algunos casos maltrato psicológico o incluso físico.

arrugas-4

Este estado de cosas es producto del despotismo, del exceso de normatividad y códigos punitivos existentes en bastantes de estos centros. Residencias que, en vez de promocionar la ilusión, las opciones para la creatividad o las actividades educativas y/o formativas —viajes, participación en el gobierno del centro o la salud integral del morador— lo que concitan es al expreso y dramático convencimiento entre los internos de que no saldrán de allí salvo con los pies por delante.

Esta película, aunque sin acritud, más bien con un afectuoso sentido del humor, trata de todas estas cuestiones, por lo cual que debería ser visionada por los responsables y el personal asistencial que trabaja en estas instituciones.

El personal de residencias es muy heterogéneo, muy diverso, y en su mayoría necesitado de orientación, de formación y de autoconciencia de cuál es el rol social y afectivo que juegan. Hay profesionales cualificados y con formación superior, como médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales o personal de administración. Pero la gran mayoría, sobre todo quienes más contacto tienen con los residentes, lamentablemente no han tenido opción a formarse en Gerontología, capacitación para la asistencia, instrucción psicológica o cursos en habilidades sociales. Me refiero al personal de limpieza, lavandería, comedor, cocina, mantenimiento, servicio de habitaciones o vigilancia.

Este personal suele ser muy voluntarioso y es común observar entre ellos gran calidad humana y entrega, pero carecen de competencias para el trato con los mayores y su cuidado, por lo que pienso que este film les puede venir muy bien.

De otro lado, hay que tener vocación para trabajar con mayores y a ser posible hacer el trabajo con afecto, comprensión y paciencia. Este extremo se puede ver plasmado en el excelente y sorprendente cortometraje que lleva por título Capicúa, dirigido por Roger Villaroya, galardonado con el primer premio de la VIII edición del Jameson Notodofilmfest (el festival del corto en internet) en 2010:

  

El acierto de Arrugas para entender las residencias

Arrugas es una película notable, acertada en todo sentido, placentera de ver y que merecería la mayor difusión, sobre todo para los profesionales que atienden a personas mayores.

Aunque la película aborda un conmovedor tema de salud, la de un adulto mayor con un inicio de alzhéimer, sin embargo, Ferreras consigue con magistral habilidad y tacto que la demencia no degrade la historia, debido al fondo de apoyo y aliento con el cual otros compañeros del centro ennoblecen esa historia.

También ocurre que el sentido del humor, la claridad de los ambientes, la tersura del dibujo, el ritmo del movimiento y el argumento se conciertan con el drama, y la rugosidad y el tedio instalados en ese lugar se van de puntillas por los desagües, en favor de una visión humana y emotiva. Este extremo es crucial y la película sortea la vertiente aciaga y calamitosa en que habría podido derivar, para concluir en una historia entrañable entre compañeros de viaje, nunca mejor dicho.

La película ofrece una visión penetrante y cálida (que no evita cierto erizamiento) al «tercer tiempo» de nuestra vida. O como gusta decir a la actriz norteamericana Jane Fonda, «el tercer acto». En una charla ante un auditorio de mujeres para hablarles de la tercera edad, la actriz apuntaba asuntos muy importantes que vienen al hilo de lo que digo. Como que este «tercer acto», que hoy día viene a durar nada menos que unos 30 años, este tercer tiempo posee su propio significado, el cual debemos vivir en plenitud, exitosamente, según la metáfora de la escalera, que se significa en la ascensión del espíritu humano con la sabiduría y la integridad que acompañan a un buen envejecer, y la autenticidad por delante de todo ello.

No hay que entender la vejez como patología o discapacidad, sino como potencialidad más allá de la tendencia entrópica que conduce al deterioro, porque, como dice Jane Fonda, el espíritu humano puede continuar ascendiendo hasta su plena autorrealización.

Esta alocución de Jane Fonda se puede ver y escuchar en este enlace:

 

 

Esto nos obliga a preguntarnos en qué medida a los mayores internos en residencias se les ofrece esta oportunidad de crecer y autorrealizarse. Porque, además, esto es nada más y nada menos que un derecho de las personas añosas. En el año 1991, la Organización de las Naciones Unidas definió la autorrealización como un principio para la promoción de la calidad de vida, llegando a decir que «las personas de edad deberán poder aprovechar las oportunidades para desarrollar plenamente su potencial y tener acceso a los recursos educativos, culturales, espirituales y recreativos de la sociedad». No puede estar más claro.

En fin, la película de Ferreras es una imagen neorrealista de la cotidianeidad en un asilo-residencia, que deja entrever la sensación de inminente clausura que tienen muchas personas que habitan la vejez en estos lugares.

Además, en el film está la explícita voluntad de soslayar lo trágico gracias a personajes como Emilio y su relación con el astuto Miguel, un anciano que es pura energía, el calmante ante el destierro y una especie de espejo de la utopía. Sin duda, el director del film y el autor del cómic han querido moderar la amargura y la violencia de la realidad que dibujan (nunca mejor dicho), como queriendo evitar un final de tristeza y soledad.

La adaptación del cómic al cine no está exenta de cierta poesía implícita, una lírica nostálgica pero bonita. La hoja de un árbol pegada a un cristal, la saliva que cae de la comisura de los labios de un enfermo de alzhéimer, el raro silencio que se produce después de un accidente de coche, el perturbador ruido cuando se abre la puerta de un ascensor. Como expresó el crítico Sánchez: «Todos ellos son detalles que conforman una visión del mundo que se atreve a mirar a un espacio invisible, y en ese lugar, una residencia de ancianos es capaz de invocar una belleza triste, melancólica».

arrugas-3

Función pedagógica de la película

Para mí resulta ser una película necesaria en esta sociedad senescente en la que vivimos. Y creo que es imprescindible para hacer pedagogía sobre qué es la vejez.

Los individuos jóvenes saben qué es ser niños, o adolescentes, o de mediana edad, pero de la vejez únicamente tienen una visión abstracta y por lo general cargada de prejuicios y estereotipos que los gerontólogos denominan prejuicios «viejistas». Ideas múltiples y negativas sobre la vejez que no son contrastadas, que las hemos «tragado» acríticamente en la infancia por medio de los comentarios y alusiones de nuestros padres y familia cuando al hablar del abuelo han dicho cosas como que el viejo está «enfermo», o que es «agarrado», o que es un «problema», o que «pierde memoria», que siempre cuenta las mismas «batallitas» o que es como un «niño».

Los calificativos negativos y erróneos sobre las personas por el mero hecho de que han cumplido años son incontables e implican un desconocimiento cabal sobre qué es realmente la vejez. Este extremo se agudiza cuando la temática se circunscribe a las residencias geriátricas y el equipo asistencial tiene este enfoque prejuicioso (viejista) sobre los residentes, lo cual que entorpece (psicológicamente y actitudinalmente) su tarea. Y no es que una película vaya a curar a la sociedad de tantas ideas negativas o falta de comprensión hacia los mayores, pero en algo sí puede ayudar.

Ver esta película es ver a nuestros abuelos, a nuestros padres mayores, a vecinos de avanzada edad, y es también la opción para imaginarnos nosotros con esa edad y en esa situación de inquilinos en una institución.

arrugas-5

Para empezar, hay que llegar a mayores, y esto es ya una bendición (no un problema, como muchos quieren ver cuando hablan de la vejez): es una fortuna llegar a viejo porque eso querrá decir que hemos vivido, que no nos hemos quedado por el camino, como tantos que lamentablemente fallecen prematuramente. Hay que llegar y, a ser posible, llegar en buen estado.

Esta película nos puede ayudar a comprender mejor esta edad para atisbar cómo seremos cuando lleguemos nosotros a ella. Quién sabe, quizás algunos de nosotros o de nuestro entorno podremos vernos impelidos en un futuro, por las razones que fueren, a abandonar el hogar e ingresar en una residencia. Será preciso pasar por el duro trance de la «recolocación», es decir, de abandonar la casa para habitar en un nuevo espacio, esta vez con docenas de compañeros no buscados ni deseados, en un sitio nuevo, con nuestros recuerdos que quedan atrás y, en fin, cuantos inconvenientes tiene este tránsito que, a decir verdad, la mayoría de los mayores no elige voluntariamente, sino que se ven empujados por la necesidad, la familia o la indigencia incluso.

Concluyendo, esta película es una adaptación fiel de una obra cumbre del cómic en lengua castellana, y todo un muestrario de inolvidables personajes mayores que con todo ahínco pelean en firme contra el destino asilar, y lo hacen con sarcasmo, a veces de forma feroz y con inventiva como armas principales.

No hay que tener reparos porque sea una película de dibujos animados, porque esta obra es algo más que eso, es toda una enseñanza realizada con cariño para todos nosotros.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Una versión más amplia de este artículo fue publicada en:
Revista de Análisis Transaccional y Psicología Humanista. Nº 77, 2º Semestre 2019, Año XXXVI, pp.: 217-220.

  

arrugas-7