La bella durmiente (Sleeping beauty, 1959), de Clyde Geronimi

  14 Mayo 2021

Una obra clásica de los cuentos de hadas

la-bella-durmiente-0En mi niñez, la productora Disney lanzó al mercado una versión del cuento La bella durmiente en la versión de Perrault, cuya adaptación llevó al papel el guionista Erdman Penner, libreto dirigido con excelencia por Clyde Geronimi que incluye todo prácticamente: relato perfectamente hilvanado, agradable, con los ingredientes para hacer disfrutar al público, romanticismo, aventura, misterio, confabulación, grata en los momentos brillantes e intensa en los recorridos más tenebrosos; incluso produce miedo.

Esta delicia está envuelta nada menos que con la música de Peter Tchaikovsky y Peter Bruns, así, la cinta es un reto artístico, una propuesta elegante, sinuosa y alargada, inmersa entre las más puras notas musicales, y dibujada con la perfección del trazo Disney de los años 50.

Es conocido que es este un relato emblemático, bello, simbólico y sentimental de los cuentos de hadas de la historia universal. Dos reyes que esperaban con ansia el nacimiento de su hija, por un olvido a la hora de confeccionar la lista con los invitados por el tal nacimiento, se olvidaron de la bruja Maléfica; y en venganza se vieron perjudicados por ésta con un hechizo que le habría de ocurrir a Aurora, que así se llamaba la princesa.

Pero nada hay, como ya dijo Sigmund Freud, que no se cure con amor. O sea, que habrá que esperar en la historia al necesario y apuesto príncipe que vendrá para exorcizar el mal de la noble muchacha.

Recuerdo que me embargó una gran pena cuando la princesita cayó abatida tras pincharse con la rueca maldita; es un sentimiento que mi memoria guarda muy nítidamente, a pesar de mi poca edad, pues no tendría más de 6 ó 7 años cuando la vi en su estreno en Madrid: ¡qué suerte! Sí, para mí son recuerdos inolvidables.

La cosa es que la cinta es una maravilla de color y sonido, con destellos mágicos por doquier de las varitas mágicas de las hadas buenas. Hermosísimo todo el metraje. Algunos la consideran la obra maestra del estilo de postguerra de los estudios Disney (Kehr). En realidad es una cinta que sabe a cine pero huele a esos cuentos que la mamá o la tita contaban antes de comenzar el sueño infantil.

Como escribí en otro lugar: «No se trata de la historia típica disneyana sino la representación de un verdadero cuento de terror y romanticismo gótico».

Contra la pusilanimidad de algunos educadores y pedagogos que encuentran estos relatos nocivos para el espíritu infantil, contrariamente, este terror gótico, estos cuentos de hadas que tienen sus elementos de miedo y sus finales alegres, son muy beneficiosos para los niños.

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Esto es lo que dijo y ahí queda escrito, el famoso psicoanalista Bruno Bettelheim en su conocida obra, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, cuando dijo que el cuento que nos convoca en estas líneas, La bella durmiente: «anima al niño para que no tema los peligros de la pasividad. Por muy antiguo que sea el cuento […] el mensaje que transmite a los niños de hoy en día es, en muchos aspectos, más importante que el de otros cuentos. Actualmente, gran parte de los niños —y sus padres— tienen miedo del crecimiento silencioso, cuando nada puede ocurrir […] pero este cuento nos demuestra que un largo período de reposo, de contemplación y de concentración en sí mismo, puede conducir a grandes logros, como sucede con frecuencia […] que la perversidad de los poderes malvados, no sólo se conseguirán vencer, sino que las fuerzas del mal serán eliminadas y no amenazarán nunca más su bienestar espiritual».

Así es, toda una lección para los niños, por eso la aconsejo, porque la considero una obra aleccionadora y en el cine una de las principales de Disney, pues encierra de todo un poco y mensajes muy diversos.

Recomendable también para los que amamos la animación clásica y la música de excelencia.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

Y como ejemplo de lo dicho, la secuencia musical Eres tú el príncipe azul:

   

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