Rapsodia en agosto (Hachi-gatsu no kyōshikyoku, 1991), de Akira Kurosawa

  04 Mayo 2021

Recuerdo silente del holocausto en Nagasaki

rapsodia-en-agosto-0Una joya del cine Akira Kurosawa que aborda el histórico y dramático capítulo de nuestra Historia, cuando los EE.UU. lanzaron una de sus bombas atómicas en Nagasaki en 1945.

Se encontraba Kurosawa en el final de sus días cuando tuvo la idea de dirigir la que sería su penúltima película, donde narra la historia de una familia con tres generaciones posteriores al bombardeo nuclear en la ciudad de Nagasaki. La narración es casi silenciosa: sin palabras se pueden entender muchos aspectos de la vida.

En esta inolvidable película, Kane es una abuela superviviente del bombardeo atómico (una hibakusha), donde perdió a su esposo. Kane recibe a sus dos hijos y sus mujeres, criados en el Japón de posguerra, a sus cuatro nietos y también a Nisei Clark (Richard Gere) que se ha educado en América.

Kurosawa coloca ante el espectador ese choque cultural cuando van a visitarla sus hijos y nietos. Algunos de ellos han vivido fuera de Japón con otro estilo de vida, por lo que los nietos no entienden a su abuela.

Esta maravillosa película es ante todo la historia de tres generaciones con la letal bomba de fondo. Los nietos de Kane han venido a visitarla en su casa de campo en Kyushu, durante un verano en el cual sus padres viajan. En una visita a Nagasaki los niños pueden ver el drama que allí acabó con la vida de su abuelo, tomando conciencia de este drama por primera vez en sus vidas.

Esto conduce a un enorme respeto y admiración por su abuela, como superviviente y como auténtica heroína que pudo rehacer su vida después de la desdicha vivida. Todo esto provocará un percance generacional con la familia americana, para lo cual Clark hará de conciliador.

A la dirección del gran Kurosawa, se une un excelente guion del propio Kurosawa junto a Kiyoko Murata, que sabe ahondar y reflexionar sobre el holocausto nuclear, sobre todo con la abuela como protagonista principal. El lenguaje de la anciana es expuesto de manera casi silente, una mujer que frente a una amiga que la visita, arrodillada la una frente a la otra y sin mediar palabra, se dicen todo lo que querían compartir, para gran asombro de sus nietos.

Además, Kurosawa sabe poner en los protagonistas infantiles sus propios sentimientos e ideas sobre la indiferencia social en Japón y el temor sobre el gran despropósito ordenado por Truman.

El silencio proviene básicamente de Kane, la abuela de la familia (Sachiko Murase). Frente a su relato visual es necesario permanecer callados para que ese silencio hable en nuestro interior. Poder entender a esa abuela dentro de su mundo; porque ya ha dejado atrás la era de los ruidos y la vida excitada del presente.

De este silencio magistral surgirán detalles, pues las escenas de la película tienen una representación directa con la explosión de la bomba atómica y las relaciones de Japón con Estados Unidos, como se muestra en los silencios: dos abuelas durante una hora sin hablar, a lo cual la abuela responde que «hay gente que guarda silencio mientras conversa», y dicho de otra forma: «hay cosas que se pueden entender sin recurrir a las palabras» (como escribiera nuestro poeta Hierro, poema que transcribo al final).

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Excelente música de Shinichirô Ikebe y genial fotografía de Takao Saito y Masaharu Ueda. Se une a ello un excelente reparto donde destacan Hisashi Igawa, Sachiko Murase y Richard Gere, que bordan sus respectivos roles.

En fin, cinta teñida de melancolía sonde se trenza la tradición con la modernidad de un país que parece haber tomado un camino hacia la modernidad y que, a la vez, hace una negación sobre el nefasto día en que Nagasaki ardió por todos lados. Todo ello está mediado por la firme memoria de una frágil abuela que sabe transmitir a sus nietos lo que aconteció, como manera de transmisión cultural y de la historia de su familia.

Es sin duda una cinta antibelicista, un canto esperanzado rodado con una fuerte carga de ternura. Una minimalista y brillante obra de un director que ya es Historia en el cine contemporáneo.

Kurosawa da a entender que los referidos silencios no van de relleno en la película, sino que son representados como respeto y reverencia hacia las personas que años después del hecho sufren aún por tan cruel suceso de la bomba atómica, como lo sufre la abuela por la pérdida del abuelo. Cerramos estas líneas con este poema de José Hierro.

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José Hierro (1922-2002): Respuesta

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.
Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible,
la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.

Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.
Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.
Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma,
yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.
Criatura también de alegría quisiera que fueras,
criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.

Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas
y llorar en sus calles oscuras sintiéndose débil,
y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros,
y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...

Si ahora yo te dijera
que es tu vida esa roca en que rompe la ola,
la flor misma que vibra y se llena de azul bajo el claro nordeste,
aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha,
aquel niño que azota la mar con su mano inocente...

Si yo te dijera estas cosas, amigo,
¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente,
qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?
Y ¿cómo saber si me entiendes?
¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?
¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?
¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna,
poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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