Bailar en la oscuridad (Dancer in the dark, 2000), de Lars von Trier

  29 Abril 2021

Obra arrolladora de asombroso ingenio

bailar-en-la-oscuridad-0Antes de esta cinta conocía de Lars von Trier Los idiotas (1998); pues bien, si aquella me produjo un enorme interés a la par que extrañamiento y desazón, esta me ha producido ensoñamiento y turbación.

Se trata de una historia muy exclusiva donde una muchacha inmigrante checa y madre soltera, de nombre Selma, trabaja en una fábrica en una pequeña ciudad de EE.UU. La muchacha tiene un hijo escolarizado que es el motivo de su vida.

Selma prácticamente no ve y su hijo tiene su misma enfermedad progresiva, por lo cual ella ahorra cuanto puede para que lo operen y no pierda como ella la visión.

En tanto, su vía de escape es su pasión por la música, se evade del trabajo imaginando que su existencia es parte de un musical cuya banda sonora son los ruidos cotidianos de la industria, de las puertas, cualquier sonido; y como que viviera los números de baile de los musicales clásicos de Hollywood, como Sonrisas y lágrimas.

Ya desde el principio la cinta comienza con Selma ensayando para un papel en la producción local de The Sound of Music. Todo ello interrumpido por varios números de canciones y bailes.

La mayor parte de la película está filmada en un video digital bastante monótono, pero los números musicales tienen su brillantez. Están ambientados en lugares como el piso de la fábrica o un puente de ferrocarril. 

Contra sus notas alegres debe contraponerse la muerte notablemente gráfica que cierra la película.

Pero la tragedia acecha y una serie de circunstancias harán que la protagonista sea juzgada y encarcelada, tras una sucesión de acontecimientos fatales e incluso inevitables.

La dirección de Lars von Trier es de excelente para arriba, con un guion muy bien escrito por el propio Trier, atractiva música Björk (bonita canción nominada al Oscar) y fotografía ad hoc de Robby Müller.

En el reparto destacan la cantante Björk, la protagonista, con un trabajo excelente, medido y muy creíble. Catherine Deneuve está como siempre, genial, aunque no la encajo bien en este filme. Y acompañan estupendamente David Morse, Peter Stormare, Jean-Marc Barr o Joel Grey, entre otros; un plantel muy bueno, si bien desconocido para nosotros los aficionados españoles.

Es un obra que va más allá de los límites conocidos en el cine; reinventa géneros fusionando los dulzones musicales hollywoodienses con el melodrama puro y duro, rociado todo ello con los amargos sabores de la tragedia griega, salpimentado con cine de policías y de juicios.

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Es una cinta estilosa, original, que tiene partes de cuasi documental y a la vez de fantasía, una obra que roza lo sublime con la fantasía y el mundo de lo onírico; y para colmo, Trier acierta a sacar lo mejor de la cantante islandesa Björk en el papel de Selma, la pobre joven invidente.

Hasta números musicales hay que son totalmente insólitos y conmovedores. Y para que de nada falta, el filme tiene uno de esos finales que cuesta olvidar por su crudeza, brutalidad y desolación, de esos con los que luego puedes soñar; un final líricamente agónico que excede cierta capacidad de comprensión, pero que deja un vago mensaje de esperanza.

No es factible ni posible tomarse la trama en serio ni en un nivel literal. Debe abordarse como un ejercicio deliberado de una especie de ficción poderosa, asombrosa y repulsiva a la vez. Puede no gustar, pero creo que el film de Trier es honesto, por lo que deliberadamente su autor decide hacerlo inverosímil, pues la trama, lejos de ser loca o errada es sencillamente una elección.

«Lars Von Trier inventa en un brote de genio un asombroso y arrollador drama musical» (Ángel Fernández Santos). Y como dice la protagonista Selma: «Lo he visto todo y no tengo nada más que ver».

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

  

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