Abierto hasta el amanecer (From dusk till dawn, 1996), de Robert Rodriguez

  23 Abril 2021

Entre el esperpento y lo grotesco de la mano de Tarantino

abierto-hasta-el-amanecer-0Dos peligrosísimos criminales, los hermanos Geko, Seth y Richard, pretenden huir a México escapando de la policía. El asunto no es nada sencillo para ellos, pues tanto el FBI como la policía de Texas les siguen implacablemente el rastro y casi sienten el aliento de la policía en sus cogotes.

La oportunidad de pirárselas la encuentran en una familia donde el señor Fuller, viudo, y sus dos hijos, viajan en una autocaravana hacia Méjico justamente. Cuando logran pasar la frontera sorteando el control policial, paran a tomar unos tragos en un extraño y casi infernal establecimiento de nombre La teta enroscada. En este punto la historia tomará un giro inesperado.

El director Robert Rodriguez conduce de manera singular el guion escrito por el mismísimo Quentin Tarantino, basado en una novela del productor, director y escritor Robert Kurtzman. Tarantino estaba de moda y acababa de conseguir con Pulp Fiction (1994) todo tipo de halagos, premios y consideraciones, especialmente del público.

Entonces, esto es una opinión mía, creo que Tarantino en esta película estaba un poco-bastante embriagado y engrandecido, con la pinza un poco ida y escribió este guion que a veces resulta grotesco, otras esperpéntico y por supuesto bizarro, mayormente en la parte final.

Por cierto, esta película está llena de diálogos groseros para el recuerdo, como para hartarse. La música de Graeme Revell está estupenda, buena fotografía de Guillermo Navarro y buena caracterización (vampiros, etc.) y efectos especiales, por lo que la cosa acaba en plan bomba atómica.

El reparto, qué decir… George Clooney no está muy inspirado como hermano mayor y gran malhechor; a Quentin Tarantino, que no desaprovecha oportunidad para lucirse como actor (o al menos intentarlo), le sale la cosa de mal para abajo en el papel de hermano menor y psicópata sexual (nominado a los premios Razzie como peor actor secundario).

Además, Harvey Keitel, ese gran actor, está deslucido en el papel de reverendo Fuller; Juliettte Davis, bien; Salma Hayek, bella y sensual en el baile con la serpiente sobre sus hombros y excitando al psicopatón de Tarantino; y acompañan Fred Williamson, Cheech Marin, Danny Trejo, Tom Savini, Michael Parks, John Saxon, Kelly Preston y John Hawkes, todos razonablemente bien.

Realmente la película me dejó en su momento bastante pasmado. De ser una huida de dos criminales en la cual se llevan por medio a una pobre familia compuesta por un pastor protestante viudo y sus dos hijos, deviene el asunto en una frikada de enorme despropósito, pasota, anárquica, loca y desmedida.

Puede que unos y otros —director, guionista e incluso algún actor-actriz— estuvieran hasta las cejas de narcóticos y todo tipo de sustancias psicodislépticas. Y si no fue así, lo parece.

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Es como que todos se lo pasan bien, principalmente en el local La teta enroscada; o sea: que se han juntado, se han inventado una grande de forajidos, vampiros, sensualidad, güisqui de garrafa, tequila o sangre de algún despistado, golpes, puñaladas, mordiscos, mordiscones, ensalada de tripas y sesos a gogó, vómito de bilis, bilis negra para mayor señas, cadáveres que explotan a golpe de estaca como en los mejores tiempos de las pelis de vampiros, disparos, cabezas que revientan, agua bendita y cruces para exorcizar a los diablos de colmillos largos, los buenos que se convierten en vampiros, como ocurre entre otros con el reverendo y su hijo, y en fin, que al final allí prácticamente muere hasta el apuntador. Sólo se salvan dos. No diré quienes, para no jorobar esta psicotrópica y delirante cinta, a quien la quiera ver.

Al ser un experimento encomiable, pero de dudoso resultado y que no a todo el mundo va a gustar, no seré yo quien la recomiende de forma explícita. Pero no niego su morbo e incluso sus alusiones y matices a lo que se ve en el spaghetti western (Sergio Leone), el cine más gore de los ochenta —cine de terror y explotación donde se subraya lo visceral y la violencia gráfica extrema—; también recuerda las películas clásicas de gánsteres, amén de otras reminiscencias fílmicas difusas.

O sea, no está hecha sobre el vacío, tiene sus fundamentos. Como escribe Kurt: «Tan entretenida en su conjunto como a ratos irritante, una excelente primera parte —con el trepidante e ingenioso toque Tarantino— se trunca en un desfase vampiresco, ahora con el exagerado y visceral toque Tarantino. Lo mejor, algunos diálogos y el hipnótico, sinuoso y sexy baile de Salma Hayek con la serpiente».

Un baile que podemos ver aquí:

  

Rojo atina cuando afirma que se trata de un film: «Entretenido y con un abrumador espectáculo visual», siendo que su director Rodríguez se coloca al borde de una peligrosa decisión cuando se atreve conjugar e incluso a dividir el film entre el estilo road-movie, secuestro incluido, con el género gore vampiresco.

Claro que esto no se explicaría si no es por la alargada sombra de Tarantino, que se asoma tras cada toma; o sea, por la masturbación mental que se marcó cuando escribió el libreto. Es, así, un cóctel Rodríguez-Tarantino, sin que se sepa bien en qué proporción se incluye cada uno. Se podría decir incluso que son dos pelis por una.

En resolución, una película exagerada, sin medida, golfa, un film que se inicia en plan thriller y que, poco a poco y casi sin que nos demos cuenta, acaba a mordisco limpio, en plan vampírico. Y como escribe Palomo: «con ganas de mucha juerga y poca seriedad».

Y nada más, no digo más y ya me he pasado. Tanto para disfrutarla como para odiarla, lo más acertado es no conocer el desarrollo de la trama ni cómo se suceden los acontecimientos.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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