23 paseos (23 walks, 2020), de Paul Morrison

  17 Abril 2021

Amor en la tercera edad

23-paseos-0Dave y Fern son dos personas solitarias de edad más que madura y que ya tienen una larga historia a sus espaldas. Se conocen en un encuentro fortuito mientras pasean a sus perros. No se buscan ni tienen edad para ello. Pero el azar o el destino hacen que converjan y se crucen en un parque extenso y de un pardo verdor, encuentros que se irán produciendo en forma continuada.

Durante un total de veintitrés paseos en ese entorno, florece el amor entre ambos. Pero ni Dave ni Fern han sido del todo francos el uno con el otro. Su futuro se verá complicado por los secretos que se han guardado para sí.

El director británico Paul Morrison dirige y escribe con oficio este film que nos habla de la pasión amorosa, no en el punto álgido del ciclo de la vida, sino en la fase otoñal. Dos personas mayores que aprenden a amarse, pese a los impedimentos que se sucederán. Sobre todo, pese al tiempo que es ya limitado y donde se atisba en muchos detalles el final del camino. Morrison elabora un manifiesto sobre la vida que lo es igualmente sobre la muerte. No le falta ternura e incluso impudor, como buen manifiesto.

Las películas de amores otoñales suelen ir dirigidas a un público de cierta edad, rozando la jubilación o ya en ella, y como corresponde a una obra así, suelen predominar los buenos sentimientos, la carga tonal positiva y la esperanza. Pero esta película apuesta también por la franqueza de los accidentes y variaciones de la vida. Como escribiera nuestro poeta Jaime Gil de Biedma: «Que la vida iba en serio / uno lo empieza a comprender más tarde (…) / ha pasado el tiempo / y la verdad desagradable asoma / envejecer, morir, / es el único argumento de la obra».

Este cuarto trabajo de Morrison como director, pese a no ser una tragedia, sí es una película dura con el claro mensaje de que en las edades posteriores todo resulta más difícil, empezando por el amor. Es así por el largo trayecto ya vivido, o sea, la mochila ya sobrecargada de casi todo, porque se intuye y se sabe que estamos al final del camino, por las influencias externas del tipo que sean, porque la salud es ahora más frágil, también las manías de cada uno y ya muchas cosas no se toleran, o sencillamente por el mismo desgaste de la existencia.

Valores del film

La película transcurre a través de los veintitrés paseos por el parque, como señala el título. Sus protagonistas, junto a sus perros respectivos, construyen una relación como ocurriera en la película de Disney 101 dálmatas, con unos diálogos escritos por Morrison, más en la línea de una conversación sutil, sin grandes conceptos ni palabras rimbombantes ni frases elevadas ni sesudas reflexiones.

Los personajes son gente sencilla, que actúan y hablan como la gente de la calle. Así que venturosamente Morrison no se ha dejado llevar de su intelectualidad ni por la oratoria profusa o confusa. Al contrario, ha sabido escuchar a sus personajes, y cuenta con dos protagonistas entregados a parlamentar. Este sería un primer valor.

La segunda virtud son sus dos intérpretes, artistas distintos y a la vez que diferentes, complementarios y compenetrados. Alison Steadman es una mujer de teatro, de mucha tabla y también de televisión y cine en los años setenta; actriz técnica se compagina con el comediante

Dave Johns, descubierto y encumbrado en la pantalla grande por el film Yo, Daniel Blake (2016), de Ken Loach, hace un trabajo más suelto, espontáneo, directo y cargado de honradez, bondad, amargura, humor y ternura. En realidad, ambos protagonistas hacen su trabajo con naturalidad, como si no interpretaran, como si los estuviera grabando sin ser conscientes una cámara oculta.

Pero hay algo más, esa cordialidad y frescura se ve alegremente acompañada por los dos perros que los acompañan, un pastor alemán y un yorkshire que sin duda ocupan y tienen mucho protagonismo emocional, un plus de «monada animal» cara al respetable.

Y acompañan actores y actrices de reparto de los buenos, como Rakhee Thakrar, Natalie Simpson, Oliver Poell, Vivienne Soan, Bob Goody, Marsha Millar y Graham Cole, todos bien.

23-paseos-1

Sobre la película

Es una obra sencilla que tiene su encanto. Pero como escribe Martínez: «La película se entona y desentona, se hace y deshace, con una rara habilidad para hacer lucir cada uno de sus defectos. Digamos que su irregularidad y, por momentos, falta de foco es a la vez su pecado y, apurando, su mayor virtud».

La cosa es que la cinta va justo de eso, de la complicación de continuar adelante cuando todo es pesado y complejo, cuando las cosas importunan demasiado. Además, transmite un mensaje que no discutiré sobre la evidencia plausible de que a más edad, más bultos y obligaciones cargamos, más temores, más complicada la espontaneidad para el romance, para el mutuo entendimiento, incluso para ser felices. Esta es una amarga lección de esta cinta, una obra sin ser es magnífica, sí es digna y actual.

Tiene además una bonita música Gary Yershon, buena fotografía de David Katznelson y, eso sí, los exteriores no son hermosos, podrían haber buscado otro entorno natural, más atractivo.

En general, la puesta en escena es sosa, incapaz de levantar ninguna secuencia y en ocasiones más simple que sencilla. Así, la puesta en escena deja que desear.

23-paseos-2

Algunas reflexiones sociales

Las ciencias sociales, sobre todo la Gerontología, ha evidenciado la importancia que actualmente cobra la senectud. De un lado, la Psicología afirma justificadamente que los cambios y oportunidades para crecer personalmente y mejorar, son una cualidad a lo largo de toda la vida, no sólo en la infancia o la adolescencia. Existen posibilidades también en la vejez, siempre que haya vida sana y lúcida.

De otro lado, la expectativa de vida ha crecido exponencialmente en las últimas décadas y cualquier jubilado, él o ella, tendrán por delante del orden de 20 ó 30 años por delante para ejercitar aficiones, hacer proyectos o promocionarse a través de cursos o talleres en mil interesantes materias y actividades.

De modo que, aunque sólo sea por precisos motivos humanos y también de mercado, la vejez es una edad que cada vez cobra más importancia social y administrativa. También para los políticos, al menos en nuestras democracias pues son los mayores quienes en gran medida deciden gobiernos y mandatarios.

Según la OMS, el futuro estará cada vez más poblado por personas que ya han cumplido los 65 años. Y en todo caso, cada época ha fabricado el imaginario de sí misma y sus aspiraciones. En los años 50 y 60 del pasado siglo, tras las guerras y el advenimiento de los nuevos tiempos y las modas pujantes y de estreno, se dio paso al desconcierto de la adolescencia, una etapa de la vida socialmente construida para consolar y consumir. El cine se lanzó tras el ideal del rock, el pop o la rebeldía con o sin causa. Se ignoraba lo vetusto, lo viejo e incluso la muerte. El cine, como la música y todo lo demás, corrió para levantar el ideal pop que, antes que refutar nada, ofrecía la posibilidad de ignorar un asunto tan peliagudo como la muerte.

Pero estamos en otro tiempo. Ahora hay un poder gris, una importancia de los que peinan canas, incluso la muerte o la consciencia de ella nos define como proyecto en el tiempo, como enunciación de una nueva generación que no se resigna, que conoce sus posibilidades y sus deseos. Hoy sabemos que hay vida en la nueva y joven madurez que va más allá de los sesenta.

Recuerdo, a modo de canción profética y premonitoria, aquella de The Beatles, escrita por Paul McCartney: When I'm Sixty-Four (Cuando tenga sesenta y cuatro). La canción describe a un hombre joven que le canta a su enamorada sus planes de envejecer juntos. El joven pregunta si ella lo seguirá amando y necesitando, a pesar de que el tiempo pase y él envejezca.

23-paseos-4

El romance y otros

Avanza el romance a lo largo de la película, que es la energía propulsora de la historia, la fragancia del argumento. Pero hay elementos espinosos, aromas menos agradables como el reproche social, el asedio a que se ven sometidas las personas añosas por los hijos, los vecinos e incluso por sus propios recuerdos; están también los prejuicios y estereotipos sociales «anti mayor» que se conocen con el nombre de «prejuicios viejistas» (el viejo como caduco, infantil, torpe o roñoso); y cuentan también las suspicacias, escrúpulos y temores que acompañan a la propia vida con la edad; incluso la pobreza, pues tiene la historia una dosis buena de realismo social británico (recuerda a Loach), amenazado el personaje por una orden de desahucio.

Sería pues estúpido imaginar esta película con el mero sello de la amabilidad y la confortabilidad, que la hay también a raudales. Pero la vida larga tiene sus elementos pesados, como los metales pesados. Lo que tiene de bueno este trabajo de Morrison es que evita el avinagramiento y la mala leche.

Además, aunque hay desencuentros, soledad, recuerdos y acontecimientos pasados punzantes o problemas dinerarios, el director no se recrea en estas desdichas, salvo para de determinar el punto fiel en el que se hallan sus vidas.

No es una gran película, incluso es algo cursi o insípida, pero es una película muy oportuna para estos tiempos en que la vejez tiene el valor del que nunca debió carecer.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

23-paseos-5