La noche de la iguana (The night of the iguana, 1964), de John Huston

  16 Abril 2021

El genial tándem Tennesse-Huston

la-noche-de-la-iguana-0bGran película la que tuve oportunidad de ver de nuevo hace unas semanas, La noche de la iguana, un film dirigido magistralmente por John Huston, con un guion igualmente genial del propio Huston junto a Anthony Veiller, basado en la obra teatral, un drama del mismo título, de Tennessee Williams.

Acompaña al film una música de excelencia de Benjamin Frankel; dicha música se basa en una partitura breve de aires dramáticos y misteriosos que consta de 10 temas, de entre los que destacan el Tema principal de los créditos iniciales, Ana y Shanon, Maxine y Shanon, Las lavanderas de Méjico y El largo baño de Shanon. Se añaden dos composiciones de aires mejicanos: Mexicanerías y Cascadas, ambas a cargo de Pepito Villa.

Destacar la fotografía en blanco y negro del mejicano Gabriel Figueroa, que sobresale por el dominio del claroscuro, composiciones de gran belleza plástica que construyen un clima opresivo, con encuadres y primeros planos de enorme calidad.

El reparto es de una disposición insuperable. Richard Burton interpreta magistralmente al protagonista de la obra, un ex pastor anglicano cínico, T. Lawrence Shanon, mujeriego y bebedor. Deborah Kerr es Hannah, una mujer conservadora y estricta que la Kerr borda. Ava Gardner interpreta con absoluta genialidad a una antigua amiga del protagonista, mujer recién enviudada, libidinosa y bebedora también, que regenta un hotel en una zona costera de Méjico. Sue Lyon es una animosa y atrevida jovencita que persigue al reverendo Shanon. Acompañan a este reparto principal intérpretes de la talla de Ciryl Delevanti, Grayson Hall y Mary Boylan. Todos geniales.

La trama es así. Un pastor anglicano retirado y alcohólico, en una ceremonia religiosa sufre una grave crisis emocional con trastornos de comportamiento evidentes; tras este acontecimiento es acusado de seducir y violar a una menor y es apartado del ministerio e internado en un centro psiquiátrico.

De esta guisa, amonestado, relegado y sintiéndose él mismo mal en su papel de pastor religioso, decide viajar a Méjico haciendo de guía turístico de un grupo de docentes norteamericanas, solteras en su mayoría para más señas. A lo largo del viaje, Shanon se ve acosado por una intrépida adolescente menor de edad, que hará lo imposible por seducirlo. Esto provocará un duro enfrentamiento entre él y las damas de la excursión. En este punto, la señora que comanda el grupo despide Shanon como guía.

Al borde de otra crisis y estando en Puerto Vallarta, se refugia en un típico hotel propiedad de una antigua amiga, Maxine; la relación con ella es buena y además Maxine acaba de enviudar de un marido muy mayor, por lo que el guapo pastor le atrae enormemente. Allí, el pastor conoce a Hannah, una mujer rigurosa y anticuada dedicada a hacer retratos rápidos a los turistas. Hannah siempre va acompañada de su anciano abuelo, que se dedica a escribir y recitar poesía. Las relaciones del guía con todas estas mujeres marcarán su vida en el futuro.

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Verdaderamente se nota mucho la genialidad de fondo del magistral dramaturgo estadounidense Tennessee Williams (1911-1983). Es sabido que muchas de sus obras fueron llevadas al cine por directores de talla, desde Joseph L. Mankiewicz hasta John Huston. Entre ellas: Un tranvía llamado deseo por Elia Kazan en 1951; La rosa tatuada en 1955 por Daniel Mann; La gata sobre el tejado de zinc, por Richard Brooks en 1958, y el mismo director en 1962, Dulce pájaro de juventud; De repente el último verano, de Joseph L. Mankiewiczs en 1959, etc.

Y al enorme valor de Williams hay que añadir el talento inconmensurable del director, ya un hito en la historia del cine, John Huston (El halcón maltés, 1941; El tesoro de Sierra Madre y Cayo Largo, 1948; La reina de África, 1951; Moulin Rouge, 1952; Moby Dick, 1956; El juez de la horca, 1972; El honor de los Prizzi, 1985; y tantas otras). Con estos mimbres y el reparto de lujo, la calidad de la obra estaba prácticamente asegurada.

Entre premios y nominaciones de este film en 1964 destacan el Oscar al vestuario y cinco nominaciones a los Globos de Oro. La verdad creo que podría haber sido más premiada.

Es una película cargada de dramatismo y matices psicológicos plagados de conflictos y un tono lóbrego que inquieta al espectador. Y es que en el desarrollo del film no se prevé bien cómo acabará, pues Shanon es un tipo imprevisible y atormentado, que ha de vérselas con varias mujeres a la vez, y como reza el dicho popular: ninguna era buena. Curioso poemilla: «Tres eran tres las hijas de Elena / tres eran tres y ninguna era buena / tres eran tres y ninguna era buena / Julia, Paloma y Elena».

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Pues bien, en esta historia también hay tres peligrosas féminas: la jovencita seductora, la pacata Hannah y la suelta y muy suelta Maxine (justamente el baño nocturno de Ava Gardner con dos jóvenes mexicanos dejó huella en su momento). Así que el guía-pastor ha de vérselas con estas tres mujeres, amén la carga de conflicto interior que ya acarrea en sí mismo, incluida su afición a la bebida. Como dice Martínez: «Desengañado paseo por el sarcasmo en estado de descomposición. Huston juega a enredar con los interiores de la pasión. Un Burton sudoroso y alcohólico vive en fiera batalla con tres mujeres».

Es película, mezcla de drama y thriller, para que la vean psicólogos o psiquiatras, pues el pastor Shanon es un hombre evidentemente trastornado en quien confluye todo un tratado de psiquiatría o psicopatología: alcoholismo, consumo de drogas, inclinación al suicidio, tormentoso mundo interior, rasgos psicóticos o al menos rozando el límite (borderline), espíritu desolado, angustia y depresión, crisis de identidad, temores, confusión, erotomanía, etc.

Y en lo que toca al resto, o sea los otros personajes, pero sobre todo las mujeres: el tema del lesbianismo latente, la ninfomanía, la prostitución masculina, las adicciones, etc. O sea, este film explora con un pulso narrativo in crescendo el complejo mundo del espíritu humano en su más terrible realidad, cuando el desequilibrio psíquico y las tormentas interiores hacen su aparición de forma furibunda y turbulenta.

Película realizada con tiralíneas, donde cada diálogo y cada elemento cumplen su función. No hay sobrante, cada escena, cada personaje, incluidos los secundarios, cada gesto o palabra, nada hay artificial o dejado al azar: el humor, la poesía o la música espléndida. La noche de la iguana es un fiel retrato de la condición humana, del errático comportamiento humano y sus avatares. Muy aconsejable.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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