El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960), de Richard Brooks

  11 Abril 2021

Religión y drama en una gran película

el-fuego-y-la-palabra-1Elmer Gantry (Burt Lancaster) es un hombre atractivo y sagaz, amén de absolutamente amoral, que un día por casualidad asiste a una reunión religiosa y se da cuenta de lo fácil que es ganar dinero en ese terreno de la predicación y el ámbito de la espiritualidad. Se convierte a la religión Evangélica al lado de la hermana Sharon Falconer (Jean Simmons), y pronuncia algunos sermones muy sentidos y severos sobre el demonio y el infierno, que le introducen en ese mundo «religioso» de fama y fortuna.

Sin embargo, un periodista (Arthur Kennedy) le sigue de cerca a fin de desenmascararlo. Todo cambia cuando en su vida reaparece una antigua amistad (Shirley Jones), que hará que Gantry se tenga que enfrentar a los fantasmas de su pasado, secretos hace tiempo enterrados, que convertirán su nueva vida religiosa en un auténtico averno en la tierra. Por ello, su situación se complica por momentos y el falso predicador habrá de afrontar su pasado turbio y mujeriego.

Gran película dirigida con maestría por Richard Brooks, con guion igualmente bueno del propio Brooks, adaptación de la novela Elmer Gantry del escritor estadounidense y premio Nobel Sinclair Lewis (1885-1951).

Brooks realizó algunos cambios respecto al texto original, pero supo mantener la integridad de los personajes en un guion entre literario y sarcástico, un agresivo alegato contra el fanatismo religioso y el empleo de las creencias espirituales al servicio de los más abyectos y prosaicos fines materiales. El director comentaría con ironía y mordiente sobre el protagonista: «Es la historia de un hombre que quiere lo que todos: dinero, sexo y religión. Un perfecto chico americano».

Elaborada y envolvente música de André Previn y una fotografía espléndida de John Alton.

En lo que corresponde al reparto, el film está maravillosamente interpretado en su papel principal por un Burt Lancaster en sus mejores momentos, y una Jean Simons bellísima y medida en su papel de Sharon Falconer.

Igualmente, Arthur Kennedy está excelente como avezado periodista, y hacen grandes trabajos de interpretación Dean Jagger y Shirley Jones, junto a Rex Ingram, Hugh Marlowe, Edward Page, John McIntire, Joe Maross, Philip Ober o Barry Kelley entre otros.

Es una película de tensión, de drama, de romance con esquinas oscuras, una biografía apasionantemente dibujada por su director y guionista, que obtuvo tres Oscar y dos nominaciones, amén de otros premios.

Desde luego, Richard Brooks ha sido uno de los grandes directores de Hollywood, con películas que hicieron historia como El cuarto poder, 1952; Semilla de maldad, 1955; Los hermanos Karamazov, 1958; La gata sobre el tejado de zinc, 1958; Dulce pájaro de juventud, 1962; o Lord Jim, 1965, por mencionar algunas.

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En este film, Brooks construye una obra de reflexión sobre las relaciones entre lo material y lo espiritual, que haberlas las hay como todo el mundo sabe. De igual modo, toca a fondo la naturaleza humana y traza con maestría el perfil de diferentes personajes involucrados en la religión Evangelista, arribistas como Elmer Gantry y la hermana Sharon Falconer, todos ellos personajes con muchos matices, con sus luces y sus sombras.

Paralelamente, aborda una crítica a la mojigatería y la doble moral de muchos cristianos, a la vez que reclama los principios básicos de la cristiandad como la tolerancia y el amor, el «no juzguéis y no seréis juzgados», el servicio al prójimo, etc. Acompañan en esta empresa grandes personajes, grandes actores y una trama espesa muy bien trabada, seria, penetrante, conmovedora y a ratos irreverente.

Es de destacar que el mensaje del film continúa siendo vigente, a vez que comprometido y polémico, como para debatir y pasar horas discutiendo e intercambiando opiniones. Es innegable que el film proporciona eso, con una crítica, implacable y arrolladora en su época y que sería conveniente revisar a día de hoy: religión y mercantilismo. Suena a la expulsión de los mercaderes del templo, por parte de Jesús.

Como escribió Miguel Ángel Palomo: «Película apasionante que radiografía a un personaje dibujado con trazos de maestro. [...] Una obra maestra indiscutible, cima de la carrera de un cineasta comprometido, agresivo y turbulento».

Si la puedes ver, no te la pierdas, aunque la temática se ciñe a un tipo de iglesias muy a la americana, tenemos que aprender para, quién sabe, no incurrir en los mismos errores.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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