Stromboli, tierra de Dios (Stromboli, 1950), de Roberto Rossellini

  04 Abril 2021

Escapar o resistir

stromboli-0No hace mucho que estuvo de actualidad otra vez más la actividad del volcán Stromboli. Lo cual me trajo a la memoria está cruda y magnífica película de Roberto Rossellini, que cuenta con la presencia grande para el film de una sueca tan genial como Ingrid Bergman, a la sazón su amante en aquellos entonces.

Esta despiadada película es pura dureza, puro erial paisajístico y humano, en la isla de Stromboli, donde el amor no existe y donde el sufrimiento está omnipresente, en los personajes del excelente guion de Rosellni junto a Sergio Amidei y Gian Paolo Callegari, libreto denso y aturdiente, desgarrador y apasionante.

Posee la obra un ritmo muy conseguido, y la protagonista es interpretada por una extraordinaria Ingrid Bergman que sintoniza a la perfección con el espectador que quisiera ayudarla a escapar lejos del encierro que la encadena. Efectivamente, Ingrid Bergman está magnífica, precisamente porque está fuera de lugar, por eso está magnífica, porque de eso se trata precisamente, de no encajar, de ser una especimen que no crece en Stromboli, una especie de flor rara que a lo sumo sólo puede pintarse.

En la historia —guion de Sergio Amidei, Gian Paolo Callegari y el propio Rossellini—, una mujer desesperada, para poder salir de un campo de concentración acepta casarse con el pescador de la pequeña isla de Stromboli: para escapar de una prisión, ha de meterse en otra igual o peor.

Su vida en la isla es un penar y también una condena. Porque esa mujer no amaba a nada ni a nadie, menos a la isla a donde va a parar, un lugar inhóspito y desagradecido; ni tampoco siente afecto por las gentes de alllí conformadas a fuerza de consentir y someterse; ni a su marido, que podía haber sido su salvación y es su cautiverio.

En este film las relaciones humanas son expuestas y diseccionadas cual perfecta cirugía del alma, y arroja sobre el espectador todo el sufrimiento de Karin, una mujer incomprendida, sola, oprimida y hastiada. Da cuenta también de las relaciones del hombre con la poderosa madre naturaleza. Y presidiendo toda esta urdimbre, una angustia desbordante e intensa, como la lava del volcán que se impone en la isla.

Cosechó en su época, por motivos espurios (la influencia del entonces escandaloso romance entre la Bergman y Rossellini), malas críticas y algunos la consideraron una obra banal, falta de articulación y de escaso valor artístico.

Con el tiempo la cinta fue ganando y hoy día se considera un exponente esencial del cine neorrealista y alegórico. No hay que olvidar que se rodó a pocos años del final de la II Gran Guerra, por lo que sus personajes están atravesados de una desesperanza ante la magnitud de su propia tragedia en la contienda, que no excluyó al fascismo de sus vidas.

Es una película ardua, áspera e incluso claustrofóbica. Como dice Palomo: «Desgarrada obra maestra y apasionante retrato de las relaciones del hombre con la naturaleza. Ahonda en el drama de una mujer oprimida por su entorno y su soledad, con una angustia que la colma y amenaza con desbordarse, al igual que la lava del volcán de la isla en la que se ve obligada a vivir. El cineasta reinventa el realismo y lo convierte en metáfora». Es así, una epopeya dramática y desesperada de una mujer que anhela su genuina libertad.

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Se trata de un película seria, cruda, directa, sobre una Italia cerrada sobre sí misma, tal vez rindiéndose ante la magnitud de su propia tragedia.

Hay bellísimas y, al mismo tiempo, desagradables secuencias, como la de la pesca del atún; o la terrible contienda entre un hurón y un conejillo. Hay en todo caso un ritmo perfecto en el metraje. Y algo que se evidencia pronto: la empatía del espectador hacia la protagonista.

No hay que olvidar la estupenda banda sonora de Renzo Rossellini y una fotografía de excelencia, en blanco y negro, de Otello Martelli, que ayuda mucho a entender mejor con sus excelentes encuadres y planos, la realidad social y antropológica terrible de una Italia sur profunda y primitiva.

El tremendo final es un alegato a la idea de supervivencia, de esfuerzo para reconstruir ruinas físicas y morales, la idea de permanecer con pulso firme en la isla y no huir de la pobreza y el desánimo imperantes. No claudicar, luchar.

Sobre todo, si pensamos que, en la historia, Karin, la protagonista, carece de la convicción y el coraje suficientes para salir de las cárceles que la aprisionan: su matrimonio, la cultura tradicionalista de los habitantes y la propia isla.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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