Un largo adiós (The long goodbye, 1973), de Robert Altman

  25 Marzo 2021

Entretenido thriller de Altman

un-largo-adios-0bPhilip Marlowe es un detective que vive solo en un ático, junto a su caprichoso gato, y lleva una vida bohemia, solitaria y un tanto extravagante. Una noche, su amigo Terry Lennox llega a su casa, le cuenta que ha tenido diferencias con su esposa y le pide que lo acompañe hasta la frontera mejicana para cambiar de aires.

El detective Marlowe accede, pero al regresar a su domicilio de nuevo se encuentra con la policía que le interroga sobre este asunto del viaje. Marlowe acaba en la cárcel por un breve lapso de tiempo, acusado de complicidad en el asesinato de la mujer de Terry, que ha aparecido brutalmente apaleada.

Robert Alman en esta película saca el provecho que puede a esta historia del cine negro y policial. Un buen guion de Leigh Brackett sobre el famoso personaje del detective Marlowe. Una música pegadiza de John Wlliams, aceptable fotografía de Vilmos Zsigmond y unas interpretaciones bastante buenas de Elliot Gould, Sterling Hayden, Nina Van Pallandt y Mark Rydell entre otras.

La trama es en cierto modo laberíntica, no es facilona. La novela de Chandler de 1953 lleva a Marlowe a una red de engaños compleja y arbitraria. Porque, según Ebert: «El libro no trata sobre una historia, sino sobre el código de un detective privado en un mundo corrupto. Se trata de humor, estilo personal y lenguaje. En su adaptación, Brackett arroja secuencias de Chandler, agrega algunas propias (envía a Marlowe a México dos veces), reasigna asesinatos y hace que sea casi imposible rastrear una maleta llena con el dinero de un mafioso».

Elliot Gould no es Humphrey Bogart, obvio, lo digo porque la película es una adaptación de una de las célebres novelas de Raymond Chandler (The Long Goodbye), autor del carismático detective Philip Marlowe al que diera vida Bogart en El sueño eterno, 1948, de Hawks.

Sin embargo, creo que Gould borda el papel desmitificando el personaje de la novela, haciendo el rol de un sujeto singular, un tío simpático con su perenne cigarrillo en la boca, con sus principios y un estilo individualista y singular se hace atractivo al espectador. Elliott Gould construye un Marlowe original, y aunque este film no es una obra maestra, sí es una aceptable interpretación libre del famoso detective como tipo cordial, que no son Bogart ni Mitchum, pero que es capaz de sacar de quicio a sus antagonistas en la historia.

Particularmente, agradezco este tipo de personajes que salen del estereotipo de macho alfa, que de esos ya hay sobrados en el cine americano. Sterling Hayden también está muy bien en la película, por cierto.

Y hay un dato en torno a las interpretaciones que quiero destacar. Me refiero a la sorpresa que me produjo la presencia en la película del director Mark Rydell interpretando al hampón Marty Augustine. Aunque el papel no es gran cosa, un mafioso de cuarta, sin embargo, la interpretación de Rydell tiene una gran intensidad, creando un personaje que en principio es muy secundario, en un protagonista con fuerza, colorido y muy vivaz, y eso que sólo aparece en dos escenas. Lamentablemente la carrera de Rydell como actor no fue fecunda.

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Esta cinta de Altman ataca al cine negro con la fantasía, la espontaneidad y la perversidad narrativa. Siempre es el más joven de los directores, y aquí nos da al más joven de Philip Marlowe, el detective privado como un chico Hardy. Escribe Ebert: «Marlowe se esconde entre los arbustos, asoma la nariz contra una ventana, se queja como un niño mimado».

Como contrapeso, la película contiene dos sorprendentes actos de violencia; ambos nos toman por sorpresa, y ninguno está en la novela original de Chandler.

En resolución: una película del año 1973 que se puede ver hoy y pasar un buen rato, más de cuarenta años después. Y esto es todo un mérito ¿no les parece? ¡Ah! Siento que tenga malas críticas de parte de otros colegas.

Sólo diré una cosa más: una peli no tiene por qué ser un fiel reflejo de la novela que la inspira, puede ser también una recreación de la misma. Así pues, Un largo adiós es una original adaptación de Marlowe. Lástima que sea la única adaptación de la que es seguramente su mejor novela. Y además, Lennox se lleva lo que merece y no se le da en la novela, por psicópata capaz de usar al amigo con el que se tomaba los Gimlets.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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