El precio del poder (Scarface, 1983), de Brian de Palma

  04 Marzo 2021

Historia previsible y en exceso violenta

scarface-0Esta película es un remake modernizado de la gran obra Scarface, el terror del hampa de Howard Hawks, 1932. Cuenta la historia en Miami de un recién llegado inmigrante cubano llamado Tony Montana (Al Pacino), que, de manera despiadada y sin miramiento alguno, llega a convertirse en el principal gánster de la droga, tras una fulgurante carrera de delitos. Ya desde el principio la cosa huele a crueldad, a ambición y a las malas consecuencias de este estado de cosas.

Se trata de un film dirigido con brillantez por Brian de Palma, aunque con un exceso de efectismo y, sobre todo, con demasiada violencia.

Las interpretaciones son muy cuidadas, como la de Al Pacino (que eclipsa al resto de protagonistas), Steven Bauer o Michelle Pfeiffer, pero también de otros actores y actrices de reparto que están estupendos, como Mary Elizabeth Mastrantonio, Robert Loggia, Miriam Colon, F. Murray Abraham, Paul Shenar, Harris Yulin, Dennis Holahan y Mark Margolis.

Maravillosa banda sonora de Giorgio Moroder. Un guion largo y ordenado de Oliver Stone, libreto que está tan bien estructurado que se va viendo la progresión de Tony desde lo más bajo hasta la cumbre de su carrera delictiva, momento en el que las cosas se le van de las manos, de manera que como digo, en cierto modo se huele que la película está hecha para conducirnos a un desenlace fatal.

Excelente montaje, y es este extremo el que logró que a pesar de la hora tardía y de la previsibilidad de la historia, me quedara para ver el esperado final sangriento en el que se cumplen las ineludibles sospechas ya cantadas desde el comienzo.

Y quiero hacer mención al productor de este y tantos filmes, Martin Bregman, a quien le gustaba decir que este es un film operístico, no realista. Y a propósito, hay que recordar que Bregman ha imaginado y construido varios filmes pensando en Al Pacino: Serpico, 1973, de Sidney Lumet; Tarde de perros, 1975, de Lumet también; Melodía de seducción, 1989, de Harold Becker; Atrapado por su pasado, 1989, de Brian de Palma; y esta que comento, por lo que Al Pacino ya le puede estar agradecido a Bregman, pues se las servía en bandeja.

A veces, los que hacemos comentarios de películas nos olvidamos de sus auténticos padres en esta industria, o sea, los productores. Y, además, quiero decir que esta película no tuvo buena fortuna para el productor pues, entre otras, Lumet abandonó el proyecto: una pena en mi opinión; y además luego no fue bien recibida por el público e incluso la crítica: ¡pobre Bregman!

Scarface es la historia del asalto al poder de un pobre cubano que pasa del ínfimo escalón como preso político, hasta la cumbre del narcotráfico, el dinero y el ejercicio de influencia al más alto nivel. Pero la historia es tan truculenta y salvaje, que al menos a mí me deja un poco anonadado; o sea, que no dudo que esos ambientes sean así, pero es que tras el visionado tuve que llevar el traje a la tintorería de tan ensangrentado como quedó.

Siempre digo que hay que ser un poco comedidos con las escenas de violencia en el cine. Ya un gran experto en conductas disociativas, el conocido psicólogo social norteamericano de nombre Leonard Berkowitz (1926), de la Universidad de Wisconsin en Madison, previno sobre la carga de las imágenes agresivas, porque tienen el efecto de auténticos disparadores de la misma en quienes las ven.

Él llegó a demostrar detalles tan inocentes como que la presencia de armas o imágenes belicosas en objetos de decoración o presentes en un espacio de convivencia, predisponía a los sujetos experimentales con los que trabajó a emitir conductas agresivas, más que los que no presenciaban estos objetos o imágenes. Y alertó de la influencia de los medios de comunicación escritos y filmados a este respecto.

scarface-2

De igual manera, el también conocido psicólogo Albert Bandura (1925) de la Universidad de Stanford, evidenció el poderoso efecto que, como precipitador de conductas violentas en niños y jóvenes, tenía el hecho de que estos fueran sometidos a la exposición real o filmada de modelos violentos; o sea, los sujetos que visionaban escenas agresivas, estaban mucho más dispuestos a actuar de igual manera en situaciones de «frustración», que quienes no eran expuestos a estos modelos o visionaban modelos pacíficos. Estas son demostraciones empíricas sobre la influencia de la violencia escrita, gráfica o filmada en el espectador.

Según estas investigaciones, y muchas más que hay, la pregunta es obvia: ¿qué ocurre en quienes asisten a una sala de proyección y se avienen a visionar este tipo de filmes? Pues que no salen igual que entran, salen más dispuestos a la agresión que antes de entrar a la sala, sobre todo si algo se interpone en su camino, algún desaire o percance, por pequeño que sea.

Porque esta película será una «ópera», como la calificó el productor Martin Bregman, pero es una opereta sangrienta y bárbara. Y la gente no nos quedamos igual tras ver el film… ¡A pensar! A pensar y a tomar medidas, claro. Porque la violencia «gratuita» hay que eliminarla del cine, ese es mi parecer, aunque lo que digo parezca «censura», creo que es más bien «higiene mental». Entonces, la verdad es que no me ha gustado esta película por la violencia extrema y explícita que presenta a raudales.

Aunque tiene un mensajito que podría salvarla éticamente, esto es, la moralina archisabida de que: «la avaricia rompe el saco». Pero para este viaje Stone habría podido ahorrarse una hora de guion de rabia y fuego.

Creo que el cine no precisa de estos espectáculos gratuitos y ficticios de enorme agresividad. De haber sido verdad la mitad de la violencia de esta peli, Miami habría sido peor que la batalla de Stalingrado.

No hablaré muy mal de Brian De Palma, pero Stone en esta obra es un ladrillo de mucho cuidado. En resolución: quien quiera sangre y cocaína, aquí la tiene a raudales.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

scarface-1