Apocalypse now (1979), de Francis Coppola

  24 Febrero 2021

La guerra en una obra medular del cine moderno

apocalypse-now-0La película comienza con una escena de bombardeo con napalm, sonando de fondo el tema de The End, de The Doors.

Se trata de la gran película de Francis Ford Coppola Apocalypse Now, que narra la orden al capitán Willard (Martin Sheen), individuo con sus propios problemas, que inicie un peligroso viaje río arriba al interior de la selva de Camboya. Willard es un oficial de los servicios de inteligencia del ejército de EE.UU. cuyo objetivo en ese viaje es matar a Kurtz (Marlon Brando), un coronel renegado que ya no obedece las órdenes del alto mando y que ha perdido al parecer la razón.

Así, como se verá al final de 153 minutos de metraje, en un tétrico campamento sembrado de cadáveres mutilados y putrefactos, Kurtz, una figura enigmática con una enorme ascendencia en su feudo, reina con total despotismo sobre los miembros de la tribu Montagnard, que le adoran como si fuera un dios.

Quien vea esta película y se interiorice de ella, creo que tendrá pensamientos oscuros y pesadillas durante una temporada. No es un film para cualquiera, a no ser que quien la vea no tenga muchas luces y se quede en la anécdota de la «guerrita», los disparos e incluso la aparente juerga que a veces parecen montar los «valerosos» marines, a poco que un par de neuronas se pongan a funcionar, uno se da cuenta de que está en el centro del horror de la guerra, en el puro «instinto de muerte» o Thanatos según Freud, sin posibilidad de redención.

Kurtz es el diablo, es el loco sanguinario convertido en tal por el olor a sangre, y el olor a sangre lo convierte cada vez más en ese demente maligno, o sea, una situación que se auto recicla a sí misma y se agranda como una diabólica bola de nieve, o mejor, una bola de sangre y pólvora.

La película versa sobre un viaje, el que realiza Willard para liquidar a Kurtz. En ese trayecto cargado de peligros, desolación y muerte, Willard comienza a sentir fascinación por el historial de Kurtz, al tiempo que empieza a conocer los aspectos más crudos de la guerra, lo cual le acercará, por hablar así, a las razones que han llevado a Kurtz al lugar de pérdida de juicio en que se encuentra.

De hecho, a medida que avanza jungla adentro y en su viaje por el río, Willard se ve afectado con gran intensidad por los dominios de la naturaleza, por los enfrentamientos bélicos, por las infecciones y enfermedades, y poco a poco se va convirtiendo en un hombre similar a aquel que tiene que matar.

Y aquí surge la ambivalencia, sentimientos encontrados de Willard hacia Kurtz de encanto/repulsión, afecto/animadversión, atracción/repugnancia. Y esa indefinición del capitán da a la historia de Coppola una ambigüedad tremenda, que se acrecienta con ciertas reflexiones morales y filosóficas que construyen un film infrecuente y singular, e incluso irrepetible.

Tal vez en mi memoria se le aproxima, pero a distancia notable, la película La delgada línea roja (1998), de Terrence Malick, protagonizada por Sean Penn, entre otros, y que narra la batalla de Guadalcanal contra las tropas japonesas.

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Pero Apocalypse Now es algo más, es una lección magistral sobre los espantos y sinsentidos de la guerra, para lo cual Coppola puso todo su dinero, ambición y capacidad, a fin de bajar a los infiernos de Vietnam-Camboya, una de las guerras más controvertidas y sanguinarias de la reciente historia de la humanidad.

De esta guisa, hay que reconocer que la dirección de Coppola es intachable, con un guion genial del propio Coppola junto a John Milius, basado en una adaptación libre de la novela de Conrad, que finalmente se convierte en un importante mensaje antibelicista, con inolvidables secuencias, como esa en que los helicópteros vuelan al son de la música de Wagner, La cabalgata de las valquirias.

Y hablando de música, brilla con luz propia la música de Carmine Coppola, junto a una excepcional fotografía de Vittorio Storaro que le da entidad dramática a la cinta, más si cabe.

No hay que olvidar que esta película obtuvo dos Oscar (fotografía y sonido), amén de ocho nominaciones; fue Palma de Oro en el Festival de Cannes; Mejor Director Extranjero en los Premios Donatello, y tres Globos de Oro (Director, Duvall como actor de reparto y banda sonora), todo ello en 1979; y eso que era una cinta políticamente incorrecta.

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Las interpretaciones son todas buenas, empezando por un joven Martin Sheen, culminando con un tremendo Marlon Brando en plena madurez que no puede dar más credibilidad a la pérdida de juicio y de maldad; escalofriante personaje que impacta y es la encarnación de la crueldad humana.

Pero también hay otros actores secundarios que, por recordar algunos, mencionaré al mítico Dennis Hopper, el muy brillante Robert Duvall, o Laurence Fishburne, Frederic Forrest, Sam Bottoms o Albert Hall que configuran un cuadro de actores excepcional.

La vi hace años, como cabe suponer, pero cuando la he vuelto a visionar me ha seguido pareciendo la grandiosa obra que es, una película como no he visto otra, un film que impresiona a quien tenga el mínimo exigible de sensibilidad, una cinta sobrecogedora.

No creo errar mucho si digo que tal vez sea una las obras más dramáticas, peliagudas, complejas, atrevidas y cardinales en la historia del cine. Como en su momento escribiera el gran Ángel Fernández Santos: «La versión definitiva de Apocalypse Now enriquece y lleva a los límites de lo insuperable a una de las obras medulares del cine moderno.»

Un espectáculo admirable, exuberante y demoledor que muestra el horror de la epopeya bélica.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

  

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