Capitán Phillips (Captain Phillips, 2013), de Paul Greengrass

  17 Febrero 2021

Thriller de piratas somalíes basado en hechos reales

capitan-phillips-0Al principio de esta obra, el protagonista y su mujer se despiden mientras mantienen un diálogo propio de familia americana o de cualquier familia occidental, sobre los problemas que afectarán a sus hijos en el mundo tremendo y peligroso en el que vivimos. En ese punto parece que la peli va a ser un petardo de envergadura y uno puede tener la tentación de arrepentirse de estar en la sala o TV viendo esa cinta mojigatona-plomaza.

Pero he aquí que el muy agudo Greengrass ya está preparado para crear un tono y un realismo próximo al documental, enfoca el barco, más moderado en agitación y movimientos de cámara que en otras ocasiones… y llega el suspense. La amenaza, el miedo y la fatalidad empiezan a rodar perfectamente pendiente abajo.

Así empieza esta cinta que bien podemos calificar como «docudrama cinético».

Una película en clave documental y dramática que cuenta la historia real sucedida en 2009 en aguas internacionales próximas a Somalia, cuando un carguero de nombre Maersk Alabama, comandado por el capitán de la marina mercante norteamericana Richard Phillips (Tom Hanks), fue abordado por piratas somalíes. Se dice que fue el primer barco norteamericano secuestrado en doscientos años. Una tensa y siniestra aventura en medio del océano.

Es una buena película que mantiene la tensión dramática del abordaje y secuestro del barco con bandera de EE.UU. por un puñado de piratas de Somalia, desesperados por conseguir un pingüe botín para los señores de la guerra de su atrasado país.

Describe dos situaciones muy desgraciadas. La primera, la penuria y la estrechez extrema en que se mueven poblaciones del Tercer Mundo, dispuestas a todo para sobrevivir, unido al sometimiento de estas pobres gentes a terceros grupos de poder muy peligrosos.

La segunda se refiere a la trágica y traumática experiencia para gente de occidente, no acostumbrada a estos despropósitos silvestres de la piratería u otras formas de extorsión que parecen de otros tiempos, como algo ya inexistente o un relato del escritor italiano Emilio Salgari.

El director Paul Greengrass se aplica muy bien con un guión de Billy Ray, basado en el libro de Richard Phillips y Stephan Talty, que reconstruye el caso real vivido por los autores, el del fallido intento de secuestro y la utilización del capitán como rehén que hacen los piratas a bordo de una lancha salvavidas. Greengrass consigue una película que impresiona de forma más que suficiente.

Acompañan muy bien la música de Henry Jackman y la excelente fotografía de Barry Ackroyd.

El capitán del barco es un hombre normal metido en un incidente extraordinario y su conducta es admirable, exponiendo su vida, personaje fielmente interpretado por el actor ideal, un Tom Hanks como hombre corriente, cabal y capaz de preservar al máximo la integridad de su barco y de la tripulación que va a bordo. Conducta exquisita y tal vez derrame un poco de su sangre, aunque será más la que derramen los villanos tercermundistas.

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No puedo por menos que felicitar a Tom Hanks que es quien lleva el peso del film, porque hace veraces las sensaciones que pretende transmitir en un encuadre claustrofóbico y horrible por momentos. Junto a él, unos protagonistas que no sé de dónde los han sacado, llamados Barkhad Abdi, y otros seguramente musulmanes, como Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman o Faysal Ahmed, los piratas, que hacen una interpretación coral de excelencia.

La película cuenta los acontecimientos con inteligencia y gran sentido del ritmo narrativo, y provoca la gran congoja que aqueja a una persona civilizada cuando es presa de la barbarie y el incivismo de unos asesinos dirigidos por mandamases de la guerra, que obligan a los pobres oriundos de la zona a realizar abordajes y secuestros para conseguir grandes cantidades de dinero con las cuales financiar sus conflictos bélicos (probablemente alentados por la industria armamentística).

Justamente, en nuestra realidad española, el 13 de enero de 2012 fue atacado (por un fatal error de los malhechores) el buque de aprovisionamiento para el combate (BAC) Patiño, por un esquife pirata en el océano Índico, a unas 50 millas de la capital somalí, Mogadiscio. El ataque se saldó con la muerte de un pirata y la detención de otros seis, cinco de ellos heridos, mientras que nadie en el buque resultó herido. Se juzgó y condenó a este grupo de estos piratas que, al fin, son unos desgraciados manipulados por sus corruptos líderes. Fueron condenados entre 8 y 12 años de prisión por el asalto.

También se hace evidente la moraleja «con los norteamericanos no te metas», y es que poseen unos medios, una tecnología y una profesionalidad que excede lo meramente militar y se extiende a la atención médica que al final recibe el protagonista, y a otras muchas más, como la defensa de sus ciudadanos.

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Tal vez en otras dimensiones tengamos que ser críticos con los americanos, pero estos son cien por cien eficientes, sobre todo para preservar la vida y la seguridad de sus paisanos. Esto ya se ha evidenciado en otros filmes de guerra, pero en este queda muy clara esa actitud de, ante todo, salvar al protagonista de su nacionalidad sin reparar en los medios que hagan falta.

Pero si vamos un poco más allá, decimos que Paul Greengrass juega a colocar a sus personajes y al propio espectador al filo de sus dudas. Desde el primer fotograma se acaban las certezas: ¿realmente merece la pobre gente de esa zona del cuerno de África el destino de pobreza y pauperidad en que este mundo les deja? ¿No podríamos pensar que esa gente está legitimada a hacer algo frente a la opulencia de los cargueros que pasan rozando su estéril costa? ¿Quién es víctima y quién verdugo? Y así sucesivamente. Y uno se siente tentado a pensar que el mundo que nos ha tocado, como decía al principio el protagonista a su esposa, es quizá virulento y lo que es peor, puede que incurable.

Greengrass, sabio, ácido, lúcido. Decía Philip K. Dick que la realidad «es aquello que, incluso aunque dejes de creer en ello, sigue existiendo. No desaparece». Y cuando llega el The End (el propio Phillips una vez liberado así lo afirma en su relato que sirve de base al film): «es imposible sentir alivio alguno. Al revés. Todo en Somalia seguirá igual. No hay manera de pactar un final feliz. Ni para los explotados ni para la realidad».

Un metraje aconsejable y digno de ver en esta jungla de películas light que nos inunda. Un thriller de enorme tensión («trepidante thriller a lo John Frankenheimer, narrado con solvencia», según Fernández), película ambiciosa en el mejor de los términos y cautivadora desde una inmediatez moral abrumadora y vital.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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