Redención (Southpaw, 2015), de Antoine Fuqua

  05 Febrero 2021

Nada nuevo bajo el sol del subgénero boxístico

redencion-0Quiero aclarar tres cosas antes de iniciar mis comentarios sobre esta película. La primera es que fui a verla en su momento porque no había nada mejor en cartelera el día que decidí entrar en una sala de proyección, aun sabiendo a lo que me exponía. Pero deseaba ir al cine y esta película fue lo mejor entre lo malo, las mejores ya las había visto. O sea, que no me tomó de sorpresa la cosa.

La segunda cuestión es aclarar que hay al menos tres películas con el mismo título en España: de 2011 una buena cinta, Redención (Tyrannosaur); otra de 2013, un aceptable film también titulado Redención (Hummingbird Redention); y esta que me dispongo a comentar: Redención (Southpaw) de 2015.

Hago esta salvedad para no confundir al lector y a la vez que sepa que el título está al parecer de moda, al menos en su manera de titular en español estos filmes que originalmente no tienen ese nombre.

De manera particular me detengo en esta película, cuyo título Southpaw significa «zurdo», o más exactamente, se refiere a un término pugilístico que alude a la posición comúnmente adoptada por los boxeadores zurdos.

La tercera cosa que quiero decir es que sobre el tema boxeo ni que decir tiene que hay una buena colección de filmes, desde los muy buenos a los fatídicos, pasando por los de nivel medio, como la película que comentamos ahora.

El boxeo ha sido siempre fuente de inspiración en el cine. Recordamos algunas de las películas de este subgénero: la estupenda, El ídolo de barro (1949); la «sorprendentemente» oscareada Rocky (1976) y toda la saga; genial Toro salvaje (1980); llamativa y pobre, de 1992, El golpe perfecto; dramática, Million Dollar Baby (2004); buena, The Fighter (2010); tremenda y con mixtura boxeo-artes marciales, de 2011, Warrior; social y espléndida, Cinderella man, 2005; e incluso hay una geriátrica, de 2014, La gran revancha.

Teniendo en cuenta este listado y las muchas más que no menciono para no ser prolijo, creo necesario precisar que no resulta sencillo innovar en la estructura del film-pugilístico en que casi inevitablemente la trama suele dar vueltas sobre la posible victoria o no del protagonista, amén de la ambición, la sordidez de este mundo del boxeo o la corrupción rampante dentro del mismo.

Redención  cuenta la vida de Billy Hope (Jake Gyllenhaal), un boxeador que ha tocado el techo de la gloria y que permanece invicto en su triunfal carrera. Es campeón del mundo en la categoría del peso semipesado. Además, Hope tiene una bella, amorosa e inteligente esposa, Maureen (Rachel McAdams), y su bonita y cariñosa hija Leila (Oona Laurence).

Pero toda esta vida de triunfo y placidez da un giro radical tras ser intimidado por el púgil colombiano Miguel Magic Escobar (Miguel Gomez), lo cual precipitará unos acontecimientos que lo hundirán a todo nivel. Pero, aunque Hope ha caído en desgracia, no se rinde.

Es entonces cuando acude a Titus Tick Wills (Forest Whitaker), un hombre retirado del mundo profesional del boxeo que se dedica a entrenar boxeadores amateurs entre la juventud marginada. Billy, con tesón, desde abajo, llegando a realizar trabajos de limpieza en el gimnasio de Tick para ganarse un salario, logrará que éste lo entrene y luchará de nuevo por el cetro mundial para redimirse a sí mismo, enfrentarse a su pasado, recobrar la perdida fe en su persona y recuperar el afecto de su querida hijita.

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El director afroamericano Antoine Fuqua ha labrado su carrera con películas de acción, con éxito de público (más que de crítica), pues conoce los entresijos del género y se mueve en él con soltura. Aquí construye todo un melodrama de superación ante grandes adversidades, con el boxeo de fondo. Todo ello a base de un encadenamiento de tópicos y clichés del subgénero boxístico, más o menos bien rodados.

Pero, a mi entender, es el guionista Kurt Sutter el mejor de los artífices de la obra, en este su primer largometraje como responsable del guión, pues lo que más enjundia le da a la cinta es la historia que se esconde tras el título. O sea, con oficio, Fuqua sigue a Sutter en su libreto de puro drama.

Pero esto no evita que la película resulte mecánica y escrupulosamente fiel al cliché, que esto ha acabado siendo. «El cuadrilátero es el templo donde el héroe americano muerde la lona de su autodestrucción para renacer, fortalecido, como el ave Fénix» (Costa). Y esto es en resumen: triunfo, caída y remontada.

Buenas canciones tipo hip hop o equivalentes, además de la música incidental de James Horner. Y excelente la fotografía de Mauro Fiore. Lo que pasa es que Fuqua toma la cámara y se da a una excesiva cercanía, con planos muy próximos que recuerdan los videojuegos, produciendo un gran efecto pero que aturde a la vez. Por ejemplo, en las peleas, por lo demás sangrientas, nada más falta que el espectador reciba un buen gancho de Billy o del malísimo colombiano Gómez.

El reparto es, ante todo y sobre todo, Jake Gyllenhaal y Forest Whitaker. Ambos repiten sus arquetípicos trabajos con profesionalidad y entrega, lo cual no evita un soberbio aburrimiento, producto quizá de ese fenómeno psicológico tan estudiado, con el nombre francés déjà vu, que viene a significar psiquiátricamente «la ilusión de lo ya visto», solo que aquí le sobra lo de «ilusión», es meramente lo «ya visto», lo que siempre hemos visto en estos actores, incluso Gyllenhaal está excesivo en su tormento. 

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Rachel McAdams es una chica mona que sabe hacer su trabajo. Oona Laurence es para mi modo de ver una niña limitada como petite actriz, a lo cual se une un mal perfil del infantil personaje. Y acompañando actores secundarios que pasan el corte, como Victor Ortiz, Naomie Harris, Curtis 50 Jackson (el mejor de los actores de reparto) o David Whalen.

Concluiría diciendo que es una película que carece de originalidad, bien realizada pero que aporta poco o nada a las pelis de boxeo, «una puesta en escena impersonal pero eficazmente lacrimógena» (Luchini), con esquematización de los personajes. Y me resultó extraño que se estrenara en este 2017, siendo que la película es de 2015.

Claro que tampoco hay que olvidar el fiasco de Antoine Fuqua con su película poco menos que mala, Los siete magníficos (2016), un remake del western homónimo de John Sturges, a su vez remake de Los siete samuráis de Kurosawa. Mucho remake y siempre a peor. Creo que ese fracaso hizo a las distribuidoras poner en remojo este film, Redención, que hasta pasados dos años no llegó a España y quién sabe a cuántos países más.

Pero puede haber aspectos interesantes en esta cinta que, al fin, se deja ver. Estas cualidades pueden ser la habilidad con la que está trenzada la trayectoria profesional y personal del protagonista. Otra, el clima de resignación, incluso de fatalismo, que cubre la historia: todos los personajes se saben frágiles, hasta cuando la suerte se pone de su lado; e igualmente el contraste entre la plástica de los combates, del escenario opulento del ring a lo yanqui versus la lobreguez del gimnasio donde entrena el protagonista, lo que ofrece el contrapunto entre el éxito y el esfuerzo del personaje.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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