Un americano en París (An American in Paris, 1951), de Vincente Minnelli

  15 Enero 2021

Maravilloso musical que lo tiene todo

un-americano-en-paris-0Jerry Mulligan (Gene Kelly) es un pintor norteamericano que decide quedarse en París al finalizar la segunda guerra mundial. Malvive intentando vender sus cuadros en Montparnasse, en el mismo edificio que un estudiante de piano perenne (Oscar Levant) y un tendedero para colgar canciones recicladas de Gershwin (I Got Rhythm, S'Wonderful).

Un día Jerry conoce por azar a una americana millonaria que se interesa por su obra y decide promocionarlo. Al mismo tiempo, conoce a una bella y exótica dependienta en una perfumería y se enamora perdidamente de ella.

Se trata de un musical llevado con el estilo propio de Vincente Minnelli, un estilo preciosista que cuida mucho la coreografía, el vestuario, los decorados, la dirección artística y la música, que en el caso de este estupendo film es nada más y nada menos que del consagrado clásico George Gershwin.

El guion está muy bien escrito por Alan Jay Lerner y tiene una genial fotografía de John Alton y Alfred Gilks. De hecho, esta película consiguió en 1951 seis Oscar, que se dice pronto: mejor película, fotografía, guion, música, dirección artística y vestuario color. Más otros muchos premios.

Vincente Minnelli, como es sabido, alcanzó su fama fundamentalmente por sus musicales. En ellos consiguió un difícil equilibrio entre el tono superficial propio del género y toques más enjundiosos y esenciales, que se elevaban por encima de las notas musicales y trascendían con frecuencia la aparente frivolidad del género.

Y esta es una de las confecciones musicales más imaginativas que ha salido de Hollywood en muchos años, con magníficas canciones de Gershwin y la escena final de ballet, que es una hazaña y una joya.

Como escribiera Ebert: «Las verdaderas razones para ver Un americano en París son las secuencias de baile de Kelly, el ballet de clausura, las canciones de Gershwin, los lugares brillantes y algunos momentos del inefable, siempre curiosamente triste encanto de Oscar Levant».

Es sin duda uno de los grandes musicales del cine norteamericano. Y aquí quiero romper una lanza por dos genios del cine de todos los tiempos. Primero, el gran Gene Kelly que en este film está sembrado, lleno de facultades, de frescura, un derroche de danza y sentimiento con una movilidad fina, menos atlética que en otras películas y más depurado en sus movimientos; en suma, excepcional.

Y a continuación, una Leslie Caron enorme, una actriz y bailarina que bajo la batuta de Minnelli construye, junto a Kelly, toda una historia de amor y danza bajo los compases del gran Gershwin.

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Pues bien, a pesar de no ser muy aficionado a los musicales, ante este me quito el sombrero y lo aplaudo a rabiar porque todo está de diez: actores, música, dirección, decorados —maravillosos—, vestuario, coreografía, ¿qué más se puede pedir? Véanla cuando puedan, por TV, en DVD, en Internet… porque de este género y con esta calidad ya no se hacen; además, los protagonistas son un mito, y esos, esos, ya no volverán.

Por cierto, al año siguiente Kelly estrenaría la más maravillosa todavía Cantando bajo la lluvia (Singin’ in the Rain, 1952), dirigida junto al otro gran maestro del musical, Stanley Donen.

Ver Un americano en París o Cantando bajo la lluvia es una invitación a la alegría con mayúsculas, son películas que transmiten regocijo, ganas de bailar y de vivir, son filmes muy aconsejables para quienes pasen por un momento bajo, son antidepresivos en celuloide, e inyectan contentura al corazón.

Tomando parte de un poema de nuestro inmortal poeta José Hierro: «Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría / no podrá morir nunca». Ver este film ayuda a entender cabalmente el significado de estos versos.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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