Apuntes sobre Paulino Viota

  10 Diciembre 2020

Sobre el cine pequeño de un gran cineasta

paulino-viota-0Cuando terminé el bachillerato no tenía muy claro qué era lo que quería hacer en esta vida. Esa es la razón por la que acabé estudiando Derecho. Básicamente cursé una carrera que han cursado muchos de mis familiares por hacer algo, por ocupar el tiempo. Sin embargo, ese tiempo fue el que me sirvió para meditar y pensar las cosas, gracias a lo cual descubrí mi pasión por el cine.

Es cierto que cada uno tiene su camino, y que la comparación es uno de los peores errores del ser humano. De nada sirve estar constantemente comparando nuestra vida con otras ya que infinitos factores las configuran de manera totalmente distinta. Aun así, no puedo evitar sorprenderme, e incluso sentir algo de envidia, cuando veo personas que tienen claras sus aspiraciones desde muy temprana edad. La causa de ello es la incertidumbre que yo viví, la cual marca mis pensamientos y me condiciona a pesar de mis deseos de luchar contra ello.

En 1966, Paulino Viota tenía 18 años. Fue entonces cuando dirigió su primer cortometraje, Las ferias. Tras él, llegarían otras tres piezas conectadas entre sí y que forman la llamada Trilogía de Santander (José Luis, Tiempo de busca y Fin de un invierno). Esas primeras obras cortas contienen una serie de inquietudes y de intereses, tanto formales como de contenido, que caracterizarán la visión particular que tiene Viota sobre el cine.

A su juventud y su claridad de ideas, o al menos su claridad de intenciones por aquello que quiere investigar o tratar, se le unen una serie de referencias inevitables. Y es que a pesar de lo que he dicho anteriormente de la comparación, tendemos a comparar al resto entre ellos constantemente.

Pues bien, no puedo dejar de citar la especial vinculación que existe entre Viota y la Nouvelle Vague francesa. El propio Viota ha reconocido que cuando acudía a las salas tomaba apuntes sobre los filmes que veía. Fue su particular escuela de cine. Allí descubrió también a Ford, Ozu, Bresson y al dúo Straub-Huillet. Todos ellos marcan de una manera u otra al joven Viota.

Así, en las películas de Viota —con alguna excepción como veremos más adelante— tienen predominancia las cosas pequeñas. Lo cotidiano y lo natural son de vital importancia. No hay necesidad de lo épico, se habla de lo que se conoce, del día a día: la incomprensión y la amargura de José Luis, las ganas de huir y de vivir cambios de Tina, la necesidad de poseer al ser amado de Luis...

Hay una clara apuesta por la interpretación, por el trabajo con los actores, por filmar cosas que estén vivas. De ahí la elección de arriesgarse, de trabajar sobre guiones escuetos, vacíos, que se rellenaban con una fuerte carga de improvisación actoral. Viota apuntó sobre Godard: «en Godard, como en cualquier clase de cine total, lo que importan son los personajes», hay en sus filmes «escenas sin progresión dramática donde solo se ve al personaje vivir», por lo que «toda la película es entonces un amantísimo contemplar los dos personajes y su mundo».

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Todo ello refuerza las primeras obras de Viota, ya que en su cine lo que importa son los personajes que vemos en pantalla. El resto es también relevante, pero accesorio. Hay una prioridad clara y concisa. Por tanto, la calidad de la imagen, aunque estropeada y mala debido a los problemas que conllevaba el Super 8, no resta. O al menos no resta tanto como lo haría en otras películas, en otras historias.

Pero hay algo que sí supone un obstáculo en estas piezas: el sonido. Viota quería grabar el sonido directo, algo lógico sabiendo la importancia que tienen para él los personajes, los actores y su espontaneidad. El directo es esencial para lograr lo natural, lo real. Pero una serie de problemas técnicos complicaron el proceso, dando lugar a un sonido estropeado y malo, como la imagen. Ello no impide que sus obras funcionen, respiren y tengan vida, pero las afecta.

En 1970, Viota dirigió su primer largo, Contactos. En él se repiten los elementos ya presentes en la Trilogía de Santander, pero hay algo que lo diferencia de ellos además de su calidad de largometraje. Se trata de una pieza más críptica, más apagada, menos viva. Existe una intención formal muy poderosa que se contagia a la propia historia. Se trata de una crítica a la represión, a lo dictatorial, a la esclavitud. Se busca crear una atmósfera, una sensación de circulo sin fin, de asfixia, de no-progresión.

Personalmente todo ello me parece atrevido, valiente y con mensaje, pero no envejece bien. Veo en Contactos un experimento interesante y osado, con elementos que llaman mi atención, pero sin arrebatarme, sin entusiasmarme. No soy hijo de la dictadura, veo la obra con otros ojos, unos ojos ajenos que no se enriquecen de lo que ven. Prefiero ver personajes vivos, por antiguos que estos sean. Esos nunca se olvidan.

paulino-viota-dientesLuego llegaría el cortometraje Jaula de todos, donde se recuperan esas bonitas historias rohmerianas, donde se vuelve a los personajes y a sus vivencias. Tras él, su segundo largo: Con uñas y dientes. Aquí el elemento político ya no está oculto, se deja lo críptico de Contactos para llegar a una evidencia descarada y panfletaria. De nuevo hay valentía, pero desaparece la poesía.

La película mantiene la sencillez formal de la que Viota hace gala, pero se llena de elementos que la entorpecen. Un ejemplo de ello son las escenas de sexo. Imagino que rodarlas iría acompañado de las ganas de mostrar lo que hasta entonces había estado censurado, pero no por ello deja de convertirse en algo vacío, algo que está por estar. Hay también algo de doblaje en las voces de los actores, lo cual se nota y entorpece el visionado. Personalmente, la considero el punto más flojo de la filmografía de Viota.

Y por fin llega Cuerpo a cuerpo. A ojos de muchos se trata de una obra menor, pero a mí me ha parecido la consagración de la carrera de Viota. En ella se produce una segunda vuelta a las historias pequeñas, a los personajes naturales, a las interpretaciones espontáneas y a las improvisaciones. Inevitable volver a evocar a Rohmer.

En la película Viota se cita a sí mismo, y lo hace de dos maneras. La primera es a través de su propio cine, cerrando un conjunto de conexiones que tienen varias de sus obras entre sí. Así, el filme muestra varias imágenes de Fin de un invierno, tomando la relación de Tina y Luis como punto de partida y como cierre de la pieza.

Ya desde el inicio, Viota se rodea de un grupo de colaboradores que le van a acompañar durante toda su filmografía. Así, en los créditos de sus películas primerizas aparecen nombres como los de Javier Vega, Luis Porcar o Guadalupe G. Güemes. Más adelante llegarán otros, como Fidel Almansa. Casi todos ellos confluyen en esta obra.

La segunda vez que se cita es a través de las palabras de uno de los personajes. Este responde a la referencia que hace Tina al cine cántabro y, tras decir algunos nombres entre los cuales aparece el de Paulino Viota, afirma que «a esos no los conoce ni su padre».

Tras Cuerpo a cuerpo Viota volvería a intentar rodar, pero la imposibilidad de sacar nuevos proyectos a flote la convierte en su última obra hasta la fecha. Desde entonces Viota se dedica al campo teórico del cine, ejerciendo las tareas de conferenciante, profesor, analista y crítico. Pero ante todo Paulino Viota será recordado como un autor, como un cineasta.

Bibliografía consultada

Yo fui un cineasta, entrevista del cineasta Pierre Léon a Paulino Viota.

Paulino Viota. Vanguardia y retaguardia del cine español, Tesis Doctoral de Rubén García López.

Escribe Pepe Sapena 

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Con uñas y dientes

 

Cuerpo a cuerpo