Por quién doblan las campanas (From whom the bell tolls, 1943), de Sam Wood

  17 Noviembre 2020

Se le pueden perdonar las fallas

por-quien-doblan-las-campanas-0Película que es la traslación al cine de la conocida obra de Ernest Hemingway de título homónimo, basada en hechos reales de nuestra contienda civil (1936-1939).

En la historia, un norteamericano, Robert Jordan (Gary Cooper) apodado «el Inglés», lucha en nuestra guerra dentro de la Brigada Lincoln a favor de la República; es un experto en el manejo de explosivos y en acciones especiales. Antes de una gran ofensiva, el mando republicano le encomienda que destruya un puente que es una arteria de comunicación principal de las tropas de Franco. María (Ingrid Bergman), una joven superviviente tras ser apresada por los nacionales, y Pilar (Katina Paxinou), la esposa de Pablo, un hombre rudo y borracho, participarán junto con otros hombres en la operación, manteniendo el espíritu de lucha hasta el final.

El título de la novela y de la película procede de la «Meditación XVII» de Devotions Upon Emergent Occasions, obra perteneciente al poeta metafísico John Donne, que data de 1624: «Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti».

Cuando vi por primera vez esta película, confieso que me aburrí un poco, si bien agradecí los maravillosos planos de una bellísima Ingrid Bergman, así como un Gary Cooper que llena él solo la pantalla.

Sin embargo, me pareció una cinta de excesivo metraje (¡170 minutos!), en la que no se sabe muy bien si estamos en la Guerra Civil española o en un western, con excesivos primerísimos planos de la Bergman, un Cooper demasiado hierático, una fotografía muy oscura y un guión regular, que mezcla secuencias románticas y de guerra (algunas patéticas, por cierto), sin ton ni son. Al final, la historia de amor en el marco romántico de una guerra que atrajo a muchos países no consigue una fuerza total. Esto pensé al poco de verla.

Sin embargo, a los pocos días y repensando el film creí verle sus aspectos meritorios. Veamos.

Algo que valoro es que tal vez en 1943 —en plena Segunda Guerra Mundial— los norteamericanos y el mundo supieron de España y de su trágica historia por este filme. Una historia que podía servir de lección a lo que estaba ocurriendo, para que no sucediera lo mismo de nuevo; algo por lo demás inútil.

Igualmente, la mera presencia de Gary Cooper y una jovencísima y bella Ingrid Bergman ya es suficiente. Y desde luego las interpretaciones de Katina Paxinou, sobre todo, pero también de Akim Tamiroff son muy meritorias, no en vano ganaron el Globo de Oro de aquel lejano 1943 como actriz y actor de reparto, y, además, Katina el Oscar como mejor actriz secundaria.

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Por otro lado, pensé que la película tiene su valor histórico. Por una parte, porque se rodó entre 1942-1943, poco tiempo después de acabada nuestra triste Guerra Civil. En segundo lugar, por estar basada en la famosa novela de Hemingway, que además participó en el guión y para más inri fue informador privilegiado y directo de la contienda española como reportero de guerra en su momento.

Hemingway participó en primera línea de batalla, y sus crónicas de guerra eran muy leídas en el extranjero. Y esto de ser testigo directo no sucedió con muchos realizadores o guionistas de películas que se han rodado sobre nuestra guerra.

Igualmente, Hemingway era un amante de nuestro país, y este film contribuyó a que España sacara un poquito la cabeza triste de postguerra en el extranjero, que eran los que veían la peli, nosotros nada. Y aunque no sea una obra redonda, da indicios de lo que fue nuestra reciente historia.

Todo esto es un valor en su conjunto, se diga lo que se diga. Entonces, no hay que ser tan severos con este film. Por cierto, la Paramount pagó en aquellos entonces la sustanciosa cantidad de 150.000 dólares por los derechos de la novela.

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Por todo esto, agradezco a Sam Wood su esforzada —ya sé que no siempre bien llevada a cabo— labor de director de este film; a Dudley Nichols (con la ayuda de Hemingway) el guion que escribió pensando en nuestros problemas cuando a España no venían ni los turistas.

Agradezco a Cooper y a la Bergman su presencia entre nosotros cuando justamente Franco estaba fuerte y resistente a que ningún extranjero molestara su gloriosa victoria contra las hordas masónicas, etcétera. Agradezco una música que se quedó en nuestras memorias de Victor Young, así como la fotografía que con planos cortos y algunos más largos retrató nuestra Sierra de Guadarrama.

En fin, creo que para los españolitos de aquellos entonces fue un alivio, aunque no lo supieran muy bien aquellos ciudadanos, esta película que tuvo sus premios y su resonancia, y por añadidura nos puso un poquito en la órbita del mundo cuando muchos no conocían nuestra tragedia.

Le perdonamos las grietas que pueda tener el film, este paquetito que endosó en su momento Sam Wood y que curiosamente solo pudimos ver los españoles después de la muerte de Franco, allá por 1975: ¡cosas!

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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