Return to Homs (2013), de Talal Derki

  14 Noviembre 2020

Documental escalofriante sobre Siria

return-to-homs-0Talal Derki, el director del documental Return to homs, nacido en Damasco, no sólo sabe estar con su cámara en el momento justo y en el lugar oportuno (o inoportuno, según se mire), sino que es todo un valiente y arrojado reportero junto con su equipo, que ha escrito en imágenes una realidad terrible: cómo fue el sitio de Homs en Siria, allá por 2012, de parte de las tropas de Bashar al-Asad.

Quisiera hacer un poco de Historia para quien no conozca el tema. Lo hago porque desde principios de los ochenta, por amistades con árabes iraquíes, sobre todo, pude conocer aspectos de esa zona del mundo.

Para empezar, hay que saber qué fue y qué significó el denominado partido Baaz o Partido del Renacimiento Árabe Socialista (Baath significa renacimiento en árabe). Fue fundado en 1947 como un partido político nacionalista árabe, laico y radical que funcionaba como un proyecto panárabe con diferentes ramas de las que las más fuertes fueron las de Siria e Irak. Pero ahora dejamos Irak y nos centramos en Siria, que es de lo que trata este documental.

En el año 1947, un militar de nombre Hafez al-Asad formado en la URSS, ingresó en el partido Baaz y se opuso luego con gran energía a la unificación de Siria con Egipto. Por entonces, en 1961, su notoriedad en el país era enorme y tres años después fue nombrado Jefe de las Fuerzas Aéreas sirias.

Con Asad en el cargo, Siria sufrió una severa derrota en la conocida Guerra de los Seis días contra Israel. Esto no fue óbice para que creciera su prestigio, y en 1970 dio un golpe de Estado convirtiéndose en presidente del país con la denominada Revolución Correctiva Siria o Movimiento Correctivo Glorioso.

Con el tiempo se aliaría con Egipto (1973), reforzó la capacidad militar de su ejército e incursionó junto a Egipto en la Guerra del Yom Kippur para recuperar los Altos del Golán, sufriendo una nueva derrota. Pero de nuevo y paradójicamente su figura salió reforzada, convirtiéndose en un firme aliado de la URSS.

Durante el largo mandato de Hafez al-Asad, su régimen tejió una urdimbre de control y represión sobre su pueblo, inaudita, con muchos de sus ciudadanos encarcelados, torturados o mandados a ejecutar. Algo parecido a lo que por aquel entonces hacía su colega de partido Baaz pero acérrimo enemigo, Sadam Huseim en Irak.

En 2000 muere repentinamente de un ataque al corazón y ocupa su lugar su hijo menor Bashar al-Asad, tras una burda votación del Consejo Popular de Siria. Bashar entró al poder de rebote, por la muerte en accidente de su hermano Basel, que había sido preparado para gobernar. Bashar era oftalmólogo, con formación clínica y académica en el Reino Unido, y al tomar el poder se esperaba de él que fuera un gobernante reformista.

Pero, curiosamente, Bashar se convirtió pronto en otro sátrapa, invadiendo Líbano y reprimiendo con dureza a la población. Fue justamente durante la recientemente denominada Primavera Árabe, cuando Bashar se empleó a fondo con una violencia inusitada y asedio militar contra los manifestantes. Estos graves y prolongados hechos provocaron una guerra civil en toda regla, en cuyo tablero geopolítico jugaban Rusia por un lado con Asad, y en contra EE.UU., Canadá y la Unión Europea.

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Contextualizada la cosa, este documental sobre la guerra en Siria se rodó a lo largo de tres años en la ciudad de Homs. La cinta narra la trayectoria de un joven de diecinueve años de nombre Basset, que llegó a ser portero en el equipo de fútbol de la selección siria. Pero tras la enorme represión contra los manifestantes, decidió convertirse en adalid de la libertad en su país, iniciando en Homs la lucha por el derrocamiento de Bashar al-Asad. Finalmente, como es sabido, la imponente intervención del ejército con tanques, artillería pesada y aviación, acabaría en la práctica destrucción de la ciudad.

Pero aun moviéndose entre escombros y francotiradores, los valientes seguidores de Basset continuaron la resistencia, siendo en su mayoría aniquilados por los militares oficiales de Asad. A lo largo de los encontronazos, en los pocos momentos de asueto que podían vivir los contendientes, se ve en la cinta cómo Basset canta canciones revolucionarias que llevan la voz del movimiento juvenil de resistencia. La cámara, casi siempre en primer plano, nos lleva directo a la esencia de lo que son las motivaciones y el sentir del grupo. A veces carreras en las que los civiles entran en pánico, seguidas de batallas sombrías en una ciudad desierta.

Esta película deja a las claras que los jóvenes de Homs no querían la guerra; sus reivindicaciones eran inicialmente respetuosas y dialogantes, pero la violencia del ejército lo desbordó todo y, sin más remedio, tuvieron que defenderse y atacar. El resultado es patético y doloroso, y se puede ver cómo los amigos de Basset van cayendo muertos uno a uno sin que en que muchos casos puedan retirar sus cadáveres yertos sobre el asfalto de las calles de Homs. A veces, el director hace un comentario en off: «El mundo está viendo cómo los están matando uno por uno, mientras reina el silencio como en las tumbas».

Este documental fue rodado entre agosto de 2011 y agosto de 2013, y constituye un íntimo retrato de un grupo de jóvenes revolucionarios en Homs, al oeste de Siria; jóvenes que sueñan con un país libre sin Bassar al-Asad. El film nos pone de manifiesto cómo afrontan su casi segura muerte en el frente, su precariedad en armas y sin medios de ningún tipo, y cómo encaran su lucha por la justicia, primero pacíficamente y luego, tras la brutalidad del ejército contra la población, convertidos en insurgentes armados que luchan y subsisten como pueden entre las ruinas.

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Los 90 minutos de rodaje son realmente sobrecogedores, pues no se trata de una ficción. Las imágenes tomadas por Talal Derki, conducidas por un guion que él mismo estableció para dotar de sentido al documento y al montaje del mismo, son reales.

La gente es abatida de verdad y muere de verdad, mientras los fotógrafos Kahtan Hassoun, Ossama Al Homsi (principal camarógrafo, que siempre va con la cara tapada en el film), Talal Derki y Orwa Nyrabia siguen dándole a la rueda de la cinta. Y parece mentira que la comunidad internacional permaneciera impasible ante el éxodo y las masacres acontecidas en Homs.

Yo, como todos, lo veíamos por TV y nos llevábamos las manos a la cabeza. Pero Derki ha dotado de sentido histórico y biográfico, por lo tanto, de sentido humano encarnado en la figura de Basset y sus seguidores, las matanzas de Asad sobre su propio pueblo. Todos ellos, según ha señalado la Fundación Araguaney, son «revolucionarios desde el momento en que sueñan con la libertad e inician la lucha por el derrocamiento de Bashar Al-Asad».

En 2014 este film recibió en el Festival de Sundance el premio al Mejor documental internacional: ¡no me extraña! Más tarde, inauguró la Semana del Cine Euroárabe Amal, en su XXII edición, en Santiago de Compostela.

Talal Derki es un importante recopilador de testimonios sobre la crudeza de la revolución en Siria, sobre esta Guerra Civil sangrienta e inútil. Derki es reportero para numerosas agencias internacionales, siendo este que aquí comento el tercer largometraje en el que aborda esta tragedia social y política de su país. Él siempre empleó un nombre falso para poder rodar sus películas. Finalmente tuvo que abandonar Siria con su familia.

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Return to Homs es un film evidentemente arriesgado en todo sentido: masacre, tragedia, soldados inmisericordes, batallas desesperadas, muchos caídos en el frente, en calles y edificios, y todo con la cámara a cara de perro. Es un documento que pone en evidencia la inexplicable ambición, la maldad y el despotismo humano. La justicia internacional habría tenido que mostrarse más activa con las evidentes pruebas que se exponen en este film en forma de imágenes, imágenes que valen más que mil palabras.

¿Y qué ocurre ahora, en el tiempo actual? Hace unos días leía, en un comunicado de Médicos Sin Fronteras, que ha llamado a todas las partes en conflicto a facilitar la evacuación de los heridos causados por los últimos y virulentos combates en Alepo, ciudad al norte de Siria, que lleva meses atrapada por los enfrentamientos y los ataques aéreos. «Esta crisis humanitaria, ya de por sí grave, empeorará si los equipos médicos no tienen acceso a la zona y si no entran más suministros médicos. Hablamos de decenas de miles de personas aisladas y desasistidas», ha advertido Raquel Ayora, la directora de Operaciones de Médicos Sin Fronteras.

O sea, lo que ahora sucede con el estado Islámico y los grupos terroristas campando por Siria, la oposición al régimen, el ejército a la cabeza, su tirano Asad reforzado y apoyado por las potencias que antes lo rechazaban, de todo ese enjambre de abejas violentas es difícil tener un criterio, salvo el rechazo al salvajismo, por ejemplo la impune y vergonzosa decapitación (lamentablemente y vergonzantemente filmada) de cristianos coptos por parte de IS.

Al final, tras ver este tremendo documento, y salvando el rechazo a la guerra y la violencia, me sale decir algo que deriva de lo relatado por Sócrates: «scio me nihil scire» («solo sé que no sé nada»), en el sentido de que no se puede saber nada con absoluta certeza, incluso en los casos en los que uno cree estar seguro. Amén.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

 

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