Sexo, mentiras y cintas de vídeo (Sex, lies and videotape, 1989), de Steven Soderbergh

  19 Octubre 2020

Película sobre la mentira y la búsqueda

sexo-mentiras-y-cintas-de-video-0Cuenta la película las relaciones personales y sexuales de dos hombres y dos mujeres en torno a los treinta años.

John es un abogado prestigioso, sin escrúpulos, competente, egocéntrico, ambicioso adicto al sexo. Su hermosa mujer Ann, es seria, introvertida, fría, remilgada, angelical, frágil y poco dada al sexo, pero que se siente segura en su matrimonio. Cinthia, su hermana es una mujer casquivana, extrovertida, impulsiva, rebosa sensualidad, erotismo y descaro, y mantiene relaciones con John. Y un antiguo compañero de la Universidad de John, Graham, que alterará la vida de Ann. Graham tiene una personalidad compleja y enigmática, cree que es sexualmente impotente y practica el voyerismo.

Entre todos se teje una urdimbre de engaños, rivalidades, y sobre todo mentiras, muchas mentiras, no en vano la película incluye en su título la palabra «mentiras». ¡Qué feas son las mentiras!, nos decían de pequeños, y lo que parecía una trivialidad inocente se hace realidad descarnada en esta estupenda película.

El film es la ópera prima de Steven Soderbergh, que dirige y escribe el guion todo de forma impecable e incluso brillante: escrito en tan sólo 8 días y para mí constituye un libreto sólido que vertebra una pieza principal del cine independiente.

Acompaña una buena música de Cliff Martinez y una luminosa fotografía de Walt Lloyd. Gran puesta en escena y montaje.

En lo que al reparto toca hay una interpretación genial de James Spader (Palma de Oro Festival de Cannes) con una sutil interpretación, y el acompañamiento brillante de un reparto con Andie McDowell muy bien y bonita; Peter Gallagher estupendo; Laura San Giacomo brillante. Y, en perfecto coro, Steven Brill, Ron Vawter, Alexandra Root, Earl Taylor y David Foil.

Es una película que explora y examina con precisión las miserias humanas, de manera lúcida, delicada y sensual. Está excepcionalmente lograda y es llevada a cabo con grandes dosis de ingenio. A la vez, sugiere algunas moralejas como buscar la felicidad en las cosas pequeñas del día a día e intentar buscar la paz interior prescindiendo de la opinión de esa dudosa comunidad de los biempensantes.

Entre los personajes interactúan los titubeos en los diálogos de un Graham (James Spader) que interpreta desde la naturalidad de lo imperfecto: media sonrisa, mirada interrogativa e inseguridad, y una buena dosis de voyerismo con el personaje de Ann, sobre todo, quien acabará ayudando a superar a Graham su impotencia del mismo modo que él la ayudará a superar su frigidez.

En este ámbito de liberación, el espacio juega un importante papel, dado que, al ser un film sobre el voyerismo, siempre procura la posibilidad del voyeur de salir afuera, de exteriorizarse y abandonar la coraza en la que se esconde.

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Por lo tanto, y a pesar de sus reservas y fobias, las puertas de la casa del extraño Graham permanecen abiertas y su contacto con el mundo se mantiene, lo que permite las distintas intrusiones del trío de protagonistas. Entre ellos se teje una urdimbre interesante y a la vez con muchos matices.

Película de personajes variados, reales, que se van desnudando en todos los sentidos a lo largo de la cinta, a los que vamos conociendo a medida que avanza el metraje de manera profunda, a través de sus temores y anhelos sexuales.

Creo que es una muy interesante película, bella, si no en su imagen, sí en su particularidad y esencia, que retrata un micromundo de forma tierna, con delicadeza y abierto a brindar soluciones en la búsqueda de sus protagonistas.

Lo que no quita para que, a su vez, como señala Palomo, sea «un gélido bisturí explorador de las miserias humanas». Una película inteligente que es un sumatorio de drama, análisis social, cine independiente y película de culto.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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