Algo salvaje (Something wild, 1986), de Jonathan Demme

  26 Septiembre 2020

Pasar un buen rato con una excelente Griffith

algo-salvaje-0Película interesante, una mezcla de comedia (así inicia), thriller, acción y romance, con humor incluido. La cinta, de 113 minutos de duración, te mantiene pegado al asiento, pues resulta bastante entretenida.

Es un film dirigido con gran profesionalidad por Jonathan Demme, que se dio a conocer con esta película (con el tiempo dirigió entre otras nada menos que El silencio de los corderos en 1991), conducido por un guion con chispa, pero irregular, de E. Max Frye; la fotografía de Tak Fujimoto es bastante buena, así como la música que acompaña muy bien de John Cale y Laurie Anderson, música estupenda que acaba con el regalo del Wild thing cantado en vivo.

En la historia, Charles Driggs (Jeff Daniels) es un hombre de negocios de vida convencional, un ciudadano sencillo, rutinario y tradicional, nada dado a aventuras ni a juergas. Charles conoce en una situación sorprendente a Lulú (Melanie Griffith), una joven de casco alegre, alocada, sexy e incluso bastante peligrosa, que le traerá en jaque a la vez que él se va cada vez más enamorando de ella.

Al poco se tropiezan con Ray, el antiguo marido de Lulú (Ray Liotta), un personaje de cuidado, ex presidiario, sujeto cínico y frío que a toda costa quiere acabar con Charles.

La historia en este punto se tuerce y se precipita a ritmo vertiginoso y cuesta abajo.

El reparto hace un trabajo excelente, con un brillante Jeff Daniels en su papel de hombre convencional, una convincente y alegre Melanie Griffith, y magnífico Ray Liotta, quien en ese año de 1986 fue nominado al mejor actor de reparto por el Círculo Críticos de Nueva York. El resto del cuadro de actores y actrices cierra de manera más que convincente, personajes como John Sayles, John Waters, Jack Gilpin, Tracey Walter o Anna Thomson.

La película tiene un arranque impresionante, una partida que es como punto de fuga libre en el que Melanie es como el cascabel del film, y una mujer que desprende sensualidad y atractivo a raudales, siendo que ya entonces tenía treinta añitos. Además, inicia el film muy talentosamente junto a un magnífico Daniels, cuya ingenuidad le hace caer rendido perdidamente en los brazos de la alocada Lulú que le roba el corazón, lo que viendo a la Griffith no es para menos: bella, cuerpo escultural y un encanto cautivador.

La historia no da respiro, con un guion trepidante, una cámara ágil, situaciones originales, muchas de ellas llenas de comicidad… en fin, que la cosa va que arde sobre todo en los inicios de la cinta.

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Pero como el cine es largo y una peli tiene su duración, pues hay que ser muy bueno para mantener el ritmo todo el tiempo de metraje. De manera que, en un punto, que se sitúa sobre la mitad de la obra, las cosas cambian a mal. La Griffith ya no es tan traviesa e irreflexiva, y cambia el argumento que pasa prácticamente en un visto y no visto de comedia a película de acción, un poco de melodrama, road movie y thriller, lo cual que estropea el pastel tan divertido y jugoso de los inicios.

En este punto, y no es culpa de él pues hace un gran papel, entra en escena Liotta. Es cuando, tras conocer a su madre y asistir a una reunión de antiguos alumnos, Lulú y Charles se topan con Ray Sinclair (Ray Liotta), ex marido de ella que acaba de salir de la cárcel tras varios años de condena. A partir de aquí lo que ocurre es que el guionista mete con calzador a Ray, lo cual lastra de manera evidente la parte final que convierte una historia libre y natural en su comienzo, en una trama con moraleja, o, como decía Nietzsche, con «moralina».

A pesar de este giro inopinado, la película mantiene la atención, pues la historia se desarrolla por los caminos de la picaresca de Lulú, el enamoramiento mutuo de ésta con Charles Driggs, y, por supuesto, el malillo de Liotta que no da tregua ni tolera que su ex mujer se vaya con un «pringado» como Charles.

En resolución, que se puede pasar un buen rato, que está divertida y al final un poco melodramática y romanticona, buenas interpretaciones y que a nadie le amarga un dulce, y menos una estupenda Griffith.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

 

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