Alondras de libertad

  11 Septiembre 2020

Recuerdo de Jirí Menzel (1938-2020)

«Y por eso todos los inquisidores del mundo quemanalombras-en-el-alambre-0
los libros en vano, porque cuando un libro comunica
algo válido, su ritmo silencioso persiste incluso mientras
lo devoran las llamas»
(Bohumil Hrabal)

En Internet, la televisión, la radio, la prensa ha saltado la noticia: ha fallecido el cineasta checo Jirí Menzel, a los 82 años, uno de los grandes directores europeos del pasado siglo.

Y yo me pregunto, ¿muere el artista?, ¿fenece el arte? Las personas dicen adiós a este mundo, pero ¿no representan las creaciones artísticas una manera de pervivir en él?

Menzel, Jirí Menzel. Yo no conocía nada de este director. En 2014 o 2015, una tarde, descubrí Alondras en el alambre (1969), basada en un conjunto de relatos del también checo Bohumil Hrabal (buena parte de la filmografía de Menzel son adaptaciones cinematográficas de creaciones narrativas de Hrabal). Es de esas películas que van al corazón, como Casablanca, Dersu Uzala, Los santos inocentes o Cinema Paradiso.

Todo el filme de Menzel está impregnado de magia, y cuál es la mayor expresión de la magia vital: el amor. Qué hermosísimas miradas las de Jitka y Pavel. Expresan todo el sentimiento humano. En un entorno carcelario, una fundición de acero en la Checoslovaquia de 1950, surge una bella historia sentimental. El amor puede con todo. El amor por encima de cualquier traba política.

En Alondras en el alambre, además del fuego amoroso, hay mucha amistad y mucho humor. Humor, amistad, amor: la esencia de la vida. En contraste con la falsedad y la crueldad de las ideologías. En el largometraje de Menzel se desarrolla una sutil y lúcida crítica a la dictadura comunista checa, impuesta tras la Segunda Guerra Mundial.

Alondras en el alambre, uno de los frutos artísticos más luminosos de la Primavera de Praga (1968), rodada con el espíritu de un movimiento que quería un socialismo democrático, humano, pacífico. Con muchas similitudes con el proyecto que poco después intentaría Allende en Chile. Fracasó la utopía de Allende como fracasó la utopía de Dubcek. Sin embargo, en pleno siglo XXI, continuamos emocionándonos con Alondras en el alambre y las canciones de Víctor Jara.

Llueve en la fundición de Kladno, llueve y llueve. No para de llover. Los condenados a trabajos forzados y las presas se acercan a una hoguera. Sigue lloviendo, pero ya lucen sus corazones, ya brillan sus ojos, ya irradian sus sonrisas. Y allí, junto al fuego, nace de nuevo el milagro, con las manos entrelazadas, bajo una incesante lluvia, mujeres y hombres se afirman como seres vivos. El fuego de la hoguera es correlativo a la llama del amor que profesan. La vida en su esplendor.

Una película creada desde el amor y la libertad. Un canto a la existencia. Los dirigentes estalinistas la prohibieron durante más de veinte años. Solo en 1990, con el retorno de la democracia, Alondras en el alambre pudo estrenarse.

Y Pavel y Jitka volvieron a verse. Amantes. Sol puro, sol ardiente, sol eterno, cuyos rayos iluminaban los rostros de aquellos dos jóvenes que entendieron que ni las prohibiciones, ni las rejas, ni los tanques podían aniquilar aquel entusiasmo y aquel deseo que brotaba de sus corazones.

Jirí Menzel ha muerto, pero las imágenes de Alondras en el alambre permanecerán indestructibles, siempre vitales, siempre esperanzadoras, volando libres como aves enamoradas.

Escribe Javier Herreros Martínez

 

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