Sierra de Teruel (L’Espoir, 1939), de André Malraux

  20 Agosto 2020

Excelente película sobre nuestra Guerra Civil

sierra-de-teruel-0Una perla de nuestra cinematografía sobre la guerra civil española que me impactó y me dejó pensando cuando la vi. Antes de visionarla, yo mismo había dicho que «la mayoría de películas sobreeste episodio, me habían parecido mediocres o directamente malas de solemnidad». Pero cuando vi esta obra me impresionó.

Sierra de Teruel (título en francés: L’Espoir) es una obra franco-española dirigida por el escritor francés André Malraux entre 1938 y 1939, participando el escritor Max Aub como ayudante de dirección. El guión, escrito por Malraux en colaboración con Max Aub, Denis Marion y Boris Peskine, se basa en la tercera parte de la novela L’Espoir, que Malraux había escrito entre mayo y octubre de 1937, cuando todavía el mundo confiaba en la derrota franquista.

Aunque Malraux dirige la obra, Max Aub figura como traductor del guión y como ayudante de realización; y es probable que su aportación a esta cinta haya sido mucho más relevante de lo que se suele decir. Pero, como afirma Vicente Ponce, director de la revista Archivos de la Filmoteca: «Se trata de una pregunta sin respuesta, abierta a cualquier consideración».

El film relata un episodio de la Guerra Española en la que el escritor organizó un grupo de aviadores venidos de diversas partes del mundo, como ahora explicaremos más extensamente.

La trama de la película comienza con los funerales de un militante republicano caído en combate. Posteriormente, los dirigentes de una unidad aérea del ejército republicano dirimen la conveniencia de bombardear un puente en la zona de Teruel para atajar la llegada de refuerzos de tropas nacionales. Pero esta operación acaba por suspenderse. Varios pueblos de la retaguarda hacen el relevo para conseguir armamento.

En un lugar lejano de donde se desarrolla la historia, un campesino revela la existencia de un aeródromo del ejército nacional. El jefe de aviación republicano decide atacar por sorpresa al amanecer con un bombardero. Por la noche recorren diversos pueblos pidiendo vehículos para iluminar con sus faros y que pueda despegar el avión. El guía en la tal expedición es un campesino, conocedor del terreno.

El ataque sorpresa surte efecto y destruyen el aeródromo y a continuación atacan el puente mencionado al comienzo del film. Los cazas nacionales embisten al bombardero, aunque la aviación republicana le defiende en dicho ataque. Por último, el bombardero se estrella contra una montaña. La última escena de la película muestra el descenso de los heridos y los restos mortales de los milicianos, seguidos de un gran cortejo fúnebre formado por los habitantes de los pueblos aledaños y por voluntarios.

Malraux, además de ser uno de los grandes personajes de la cultura europea del pasado siglo, fue también un intelectual inquieto y activo que, entre otras, participó con las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil española, organizando una escuadrilla de aviadores llegados de todo el mundo para defender el gobierno de la República; una época dorada y peligrosa en la que la fraternidad era algo más que un eufemismo.

En esas circunstancias escribiría su novela La Esperanza, la «esperanza» de que la dictadura no se impusiera al orden establecido. La novela está escrita con una gran narrativa plagada de agudas observaciones, un sentido solidario y una elevada consideración de la dignidad humana.

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Está realizada en plena guerra con el objetivo de promover la ayuda internacional para la II República. Malraux y Aub eligieron actores profesionales, unido a la participación de lugareños. Entre los actores profesionales trabajan con excelente nivel: Andrés Mejuto, Nicolás Rodríguez, José Sempere, Julio Peña, Pedro Codina, José María Lado, Serafín Ferro y Miguel del Castillo.

Cuentan que el rodaje fue muy dificultoso, iniciándose en Barcelona en 1938 (con el título provisional Sang de gauche) y concluida en Francia en 1939.

El rodaje fue llevado a cabo con muy poca financiación y escasísimos recursos a todo nivel: técnicos y humanos. Pero lejos de constituir un inconveniente, esta precariedad e incluso perentoriedad en el rodaje —pues el enemigo avanzaba inexorable—, hace que la cinta transmita la urgencia del relato, lo cual la dota al film de una veracidad y credibilidad impresionantes.

También es una película cargada de emoción. Tiene escenas conmovedoras, como cuando el antes mencionado campesino, que conoce los campos a la perfección, es subido a un avión para que guíe a los soldados y la perspectiva aérea le resulta incomprensible; o la escena más famosa de la película, la procesión por las montañas llevando a los muertos y heridos ante la mirada agradecida de la población civil. El film tiene una carga lírica potente y una fuerza de sentimientos que remueve lo más íntimo del corazón del espectador.

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Dado que la historia de la contienda es vista desde la perspectiva republicana, parece inevitable que los que estén a favor de dicha causa manifiesten una mejor predisposición hacia la película que los simpatizantes del golpe franquista. Hay, pues, ese sesgo ideológico inevitable casi en todos los aspectos de la vida.

Pero tiene esta obra una cualidad importante que la convierte en un excelente film: no es panfletaria, no hace propaganda, no oiremos proclamas, tampoco discursos ni alegatos, y menos aún mensajes denigrantes del bando contrario, tampoco exaltaciones. Se aleja del maniqueísmo fácil, no muestra a las huestes franquistas cometiendo atrocidades o cosas por el estilo.

Por eso, desde mi consideración, es la mejor película que he visto sobre este controvertido tema histórico de la Guerra Civil. Lo que vemos en la pantalla es la cotidianeidad de los combatientes, sus gestos, sus formas de actuación ante la inminente llegada del enemigo, sus caras apesadumbradas. Es como que la cinta se elevara por encima de la coyuntura histórica y sobre cualquier atisbo de parcialidad.

Antes bien, es un film poético que canta a valores universales como la solidaridad, el compañerismo, el sacrificio, el anhelo de paz y justicia. A la vez, tiene también un efecto dramático frente a los acontecimientos, ampliado por la música de Darius Milhaud, una interesante fotografía en blanco y negro de Louis Page con la técnica de gelatinobromuro de plata sobre papel, y un montaje inspirado en los maestros del cine soviético.

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Obra turbadora y emblemática, donde Malraux relata sus propias experiencias en el frente aragonés. La película se desarrolla respetando una unidad de tiempo de 48 horas, y de lugar, todo sucede en la sierra de Teruel, mientras que la novela transcurre entre el 36 y el 37 en diversos lugares.

Víctor Erice, realizador entre otras de El espíritu de la colmenaEl sur, califica de este film de «creación atípica», una obra que sale del circuito comercial pues fue financiada por el gobierno de la República, siendo la «única experiencia en el cine del libro de Malraux, lo que no quita para que sea una película esencialmente española».

Subraya igualmente el gran director vizcaíno que la narración discontinua de la cinta fue debida a que no se pudieron cumplir los planes de rodaje: «Los huecos que en otros serían una frustración decisiva, en Sierra de Teruel reactivan las imágenes. Su estilo busca estimular la inteligencia del espectador». Del mismo modo, Erice alaba una «original» síntesis entre documental y ficción: «Se anticipa a los rasgos del neorrealismo italiano, con actores profesionales y otros que no lo son». Grandes y perspicaces comentarios de un grande de nuestra cinematografía.

La mayor parte del rodaje se hizo en Cataluña, en las localidades de Barcelona, Tarragona y Collbató, entre otras. Sierra de Teruel fue terminada en el momento en que finalizaba la guerra y el equipo de rodaje tuvo que salir huyendo de España, por la frontera de Portbou, conforme concluía su trabajo.

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Cuando Malraux llegó a París con el material filmado, realizó un primer montaje en el mes de julio de 1939, pero en septiembre estalló la Segunda Guerra Mundial. Cuando la película ya estuvo lista, la guerra en España había acabado con la victoria del bando nacional y la «esperanza», según Malraux, había sido derrotada. A la par, estuvo prohibida en Francia durante la ocupación alemana y no se exhibió en el país galo hasta 1945 (no sin mil aventuras, pues se creyó que todas las copias habían sido destruidas por los nazis). En España hubo de esperar hasta 1977 para su estreno.

Tras la proyección de la película, hubo un comunicado de Maurice Schumann, portavoz de la Francia libre, donde se compara la lucha de la República española en el 1936, con la que toda Europa libró contra el nacismo durante la Segunda Guerra Mundial. «Ayer en Teruel, hoy en París, es la misma lucha», proclamó solemnemente Schumann, el portavoz de la Francia recién liberada, aunque su opinión pueda parecer excesiva.

No quiero concluir sin señalar que, a pesar de que me parece este film encomiable, como antes decía, en él se evidencian las vinculaciones políticas de Malraux. Tampoco hay que ser ingenuos. Hay un intento de propaganda en este film. Lo que ocurre es que está bien hecho, sin demasía, sin subrayados cansinos o distinción de buenos y malos. En realidad, aquella guerra fue una desgracia para todos y evidenció el fracaso de una sociedad, la española, en su conjunto.

Sin embargo, hecho el balance de las bondades del filme, lo cual ratifico, se ven detalles a resaltar. Por ejemplo, la película tiene su estrambote en los catorce minutos finales de música compuestos por Milhaud, lo que unido a las imágenes «complementa los sentimientos, ideales e ideología que Malraux deseaba reflejar en esa escena concreta» (López Gómez).

O sea, la cosa no era pura, tenía su tendenciosidad. Pero aconsejo que cada cual la vea y saque sus conclusiones.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

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