La puerta del cielo (Heaven’s gate, 1980), de Michael Cimino

  03 Agosto 2020

Película injustamente tratada y que hundió a una productora

la-puerta-del-cielo-000Averill e Irvine han terminado sus estudios en la Universidad de Harvard en el verano de 1870. Transcurridos veinte años, ambos viven circunstancias muy diferentes. Mientras Averill se ha convertido en un individuo mayor y circunspecto, y hace las labores de Marshall federal, Irvine es un bebedor empedernido que ha arruinado su vida y su salud con el alcohol, si bien mantiene todavía la cabeza en su sitio; además pertenece a la asociación Stock Growers para agricultores, que está implicada en un serio conflicto.

Esta me gusta verla, sobre todo la parte inicial, aunque hay partes que me agradan menos. Me parece que Michael Cimino no lleva bien las riendas de la dirección ni del guion. Se salvan la música de David Mansfield y la fotografía esplendorosa de Vilmos Zsigmond. Gran dirección artística.

En cuanto a los actores, Kris Kristofferson va sobrado con una espléndida actuación llena de matices, aunque su personaje es bastante hueco; John Hurt es demasiado histérico con sus borracheras permanentes; e Isabelle Huppert, la prostituta a la que todos aman, queda un poco sosa y deslucida.

Jeff Bridges cumple bien; y acompañan con buen oficio Sam Waterston, John Hurt, Mickey Rourke, Brad Dourif, Terry O’Quinn, David Mansfield, Ronnie Hawkins, Joseph Cotten, Paul Koslo y Tom Noonan, todos actores y actrices de primera línea.

El fracaso comercial del film parece que hundió en la ruina a la productora United Artists (UA), que fue comprada al año siguiente por otra major, la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM).

En cuanto a su mensaje, resulta ser políticamente incorrecto, pues define a EE.UU., no como un país acogedor y abierto a oportunidades para todos, sino racista y que no quería inmigrantes en su supuesta tierra de promesas. Tal vez eso también influyó en su fracaso, pues a los norteamericanos no les gusta que les canten las cuarenta de este modo tan silvestre.

Ahora bien, lo que sin duda no es justo es el rosario de malas críticas, ni tampoco el fracaso de público. Tal vez sea un film que no se hizo en el momento oportuno o con el director pertinente, ve a saber, pero no es como para hundir a una productora y menos aún para haber sido nominada a los premios Razzie. Sin embargo, parece que algunos estamos despabilando y viendo este film en su justa medida de obra que tiene su enjundia y su maestría. Aunque yo no dejo de pensar que peca de pretencioso y autocomplaciente.

Creo que, si hacemos un poco de análisis social y cultural del momento, cabe decir que en los ochenta el público no pedía más filmes comprometidos ideológica o políticamente. En mi opinión, en los setenta ya se había cubierto el cupo de este tipo de cine pues hubo una saturación de películas cargadas de ideología. Entonces, la siguiente década pedía más distracción, un producto más banal, algo más digerible, menos profundo, películas que no te sacaran cabizbajo de la sala, películas tipo Stars Wars o similares. Además, tampoco el western crepuscular interesaba ya demasiado por esos entonces. La conclusión es que Cimino no era el hombre para esa época, ni tampoco este era su film. Aunque hoy ya se empieza a revisar con otros ojos La puerta del cielo.

Creo que ha sido una película maltratada y que es mejor de lo que se dijo en su momento por parte de la crítica; película a tener en cuenta, con un gran reparto, gran factura plástica, fuerza visual por una fotografía preciosista de Zsigmond y una excelente puesta en escena.

Pero, para decir todo lo que pienso, la película tal vez adolezca de coherencia, de hilván, es como que en ocasiones la acción salta sin sentido, como que faltaran partes de film quizá por un exceso de tijera, y por eso algunos pasajes resultan incomprensibles. Además, tiene un metraje excesivo, nada menos que 219 minutos: ¡cerca de cuatro horas! Demasiado.

Escribe Enrique Fernández Lópiz 

 

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