Los siete magníficos (The magnificent seven, 1960), de John Sturges

  19 Julio 2020

De los siete samuráis a los siete magníficos

los-siete-magnificos-0Esta película es un western estrenado con irregular éxito en 1960. En la historia, un pueblo de pobres campesinos mejicanos está a merced de una banda de facinerosos que de manera recurrente exige el pago de sus cosechas para llenar las arcas de la banda. Como quiera que los humildes mejicanos no saben defenderse, preguntan al anciano del pueblo, y por su consejo, deciden contratar los servicios de siete hombres aguerridos, cada uno especializado en el manejo de algún arma, gente conocida en los contornos por su implacabilidad y su osadía.

Recordamos que en 1954 Akira Kurosawa estrenó una monumental película de sublime belleza y grandioso potencial narrativo, joya del cine de todos los tiempos, dirigida y escrita por el propio Kurosawa bajo el título Los siete samuráis. Y el argumento es en esencia el que inspira la película a la que me voy a referir, trasladada la temática al far west.

Esta historia fue llevada al western por John Sturges. Es uno de los dos films más famosos del director, junto con La gran evasión (1963), clásico entre los clásicos, bombazo de taquilla, y una película que han disfrutado generaciones enteras desde su estreno.

Sin ser maestra, es una cinta que se disfruta una y otra vez en cada nuevo visionado. La idea se le ocurrió a su principal protagonista, Yul Brynner, quien convenció al productor Walter Mirisch de que había que hacer un remake de la obra de Kurosawa. El olfato de Brynner, ya toda una estrella en aquel entonces, acertó de lleno, dado el enorme éxito de la película, sobre todo con el tiempo.

A pesar de que el film de Kurosawa es una obra maestra del séptimo arte, con ésta nos encontramos ante uno de los mejores remakes jamás realizados. El aspecto psicológico de la trama, que envuelve a los personajes con sus propios miedos y deudas con la vida, es más complejo en el film japonés, pero Sturges salva la papeleta con sus guionistas William RobertsWalter Bernstein y Walter Newman, logrando un film menor al original, pero igualmente lleno de emoción y fuerza, características esenciales en una historia de este tipo.

Y se logró sacando el máximo provecho de sus principales armas: un reparto espectacular totalmente entregado, una música épica y un director que sabía lo que hacía.

Sturges dedica poco tiempo al reclutamiento del grupo —algo que por cierto ha creado escuela, imitado en infinidad de films de diversa índole—, parándose lo justo en cada uno para así poder entrever sus personalidades, y también sus motivaciones, las cuales irán cambiando según avanza la acción.

Así pues, Chris contará con el pistolero Vin (Steve McQueen), el lanzador de cuchillos Britt, el rudo Bernardo —Charles Bronson en su mejor época, interpretativamente hablando—, el elegante Lee (Robert Vaughn), el vividor Harry (Brad Dexter), que piensa que tras la buena labor de Chris se encuentra un gran botín, y el impulsivo joven Chico (Horst Buchholz), que tendrá que ganarse el respeto de Chris, quien lo considera demasiado joven para la misión.

Un reparto de relumbrón, un repóker de estrellas consagradas que no puede ser más atractivo. Tiene igualmente una fotografía de Charles Lang Jr. espléndida. Rostros afilados, medias sonrisas, gestos pausados, elegancia sobre el caballo, miradas profundas como la de Yul Brynner, socarronería como la de Steve McQueen, dureza tierna en Bronson, agilidad y rapidez en James Coburn, o el rostro imperturbable de Robert Vaughn, por hablar de algunos. De manera que el coro actoral está genial.

los-siete-magnificos-3

Me atrevería a decir que esta película fue más reconocida y vista de nuevo en reposiciones sucesivas, lo cual que antes era muy común, reponer o proyectar películas de algunos o muchos años atrás en las salas comerciales; y esto ¡ya no se hace!

Como anécdota diré que películas que se me habían quedado en el tintero en su momento, como Doctor Zhivago o Los cañones de Navarone, las vi ocho o doce años después de sus estrenos en el cine, y asistía mucha gente a ver estas reposiciones. E igual me ocurrió con esta cinta. Y me gustó verla, a pesar de que hace unos días, cuando la volví a ver de nuevo ya no me pareció tan encomiable la obra. Me pareció una película de entretenimiento más que de excelencia. Pero el entretenimiento también vale.

La dirección de John Sturges la califico de regular por comparación con lo que habría podido hacer, como cuando rodó La gran evasión, 1963; El último tren de Gun Hill, 1959, El viejo y el mar, 1958, Duelo de titanes, 1957 o Conspiración de silencio, 1955, por mencionar algunas.

En su favor cabe decir que esta película pasó a la posteridad y luego se hicieron otras versiones peores, eso sí, también dentro del western. El libreto, que tiene sus cualidades, está falto de semántica y un poco más de contextualización histórica de los personajes, con memorables frases en sus diálogos como esa que dice: «He trabajado para hombres que me daban mucho… pero jamás he trabajado para alguien que me lo diera todo».

Hay una parte del film sensacional y que es un valor, la popular banda sonora de Elmer Bernstein, que fue nominada al Oscar en aquel año de 1960 y que está considerada entre las 25 mejores de la historia del cine. Seguramente esta música de Bernstein preludió otras músicas, como las de Morricone para los westerns de Leone en Almería.

También la fotografía de Charles Lang Jr. es muy buena por no decir espléndida, y sólo hay que mirar la pantalla para darse cuenta de eso. Y, por supuesto, las interpretaciones, cada cual en su estilo y en su lugar, formando un coro de duros-blandos que se avienen a salvar a los pobres mejicanos maltratados. Hay un apartado que me gustaría analizar mejor.

los-siete-magnificos-5

Al ver de nuevo esta película, algo me llamó la atención: ver tanto pistolero y mercenario dando la vida por veinte dólares y comida. No, eso no me encajaba bien. Desde luego otra cosa son los samuráis de Kurosawa, pero es que los samuráis tienen códigos éticos y de honor, no así los pistoleros del far west que, como sabemos, son por lo común individualistas, pendencieros y van a lo suyo. Por lo tanto, esta tropa de pistoleros humanitarios me resultaba algo rarita.

Hasta que empecé a pensar y recordé otras películas que también reflejan esta realidad buenista en el oeste americano. De hecho, esta película es considerada por algunos como el principio del fin del western clásico, y podríamos atisbar que Los siete magníficos son la antesala de lo que luego fueron cineastas emergentes que vieron la veta en el género de una oportunidad para hacer crítica social y de valores.

Casos singulares fueron Pequeño gran hombre, 1971, de Arthur Penn (como crítica a la sociedad americana y sus prohombres); o Grupo salvaje, 1969, de Sam Peckinpah (como sátira a ciertos clichés de género); filmes dirigidos por Clint Eastwood, como El fuera de la ley, 1976, que daba relevancia al reparto femenino y trataba a los nativos de una manera más comprensiva; algo más tardía El jinete pálido, 1985, con una visión más nostálgica.

Ni que decir tiene de El hombre que mató a Liberty Valance, 1962, la última gran obra de Ford, quintaesencia del western crepuscular. Y, claro, tampoco hay que olvidar los spaghetti-westerns o italo-westerns (por ejemplo la trilogía del dólar de Leone), rodados en tierras almerienses a mayor gloria de Eastwood, Bronson y otros protagonistas.

Finalmente, no quiero dejar en el tintero una película que es ya mítica, obra maestra de Eastwood en la misma línea: Sin Perdón, 1992, que utilizó un tono dramático para criticar el típico uso de la violencia en el western. De manera que vemos que la cosa de las llamadas «películas de tiros» fue evolucionando. Luego vendrían otras, pero creo que con las mencionadas es suficiente.

Y en este punto reflexiono, pues, sobre la circunstancia de que hay que salvar la película en este extremo, por aquello de hacer de la necesidad virtud. Este título promocionó, como ya han dicho otros también, el nuevo western. Y lo que en algún momento me ha pareció algo irreal en la Norteamérica de los violentos vaqueros, tiene también su trasfondo incluso histórico, cuando a finales del XIX se impone el Estado de Derecho y acontecen cambios importantes en el plano social, económico y de ordenación en general.

los-siete-magnificos-1

Es ahí cuando el pistolero pierde caché y reconocimiento, siendo incluso repudiado, y emergen individuos armados que son personas marginadas, desplazadas y desclasadas, personajes angustiados que recuerdan la literatura norteamericana del siglo XIX, una de cuyas principales características fue indagar el significado profundo de las sensaciones que experimenta el hombre frente a las cosas. En este sentido, en el film que tratamos se dibuja gente atribulada y sin futuro, personajes que significaron un salto tal vez en lo que fue la historia real del lejano oeste americano, pero también en el estilo de la nueva filmografía sobre este tema.

Pues bien, los personajes de esta obra son de esta índole: no tienen trabajo ni perspectivas de futuro, pasan penalidades, atraviesan ataques de gran miedo, incluso pánico (como le sucede a uno de los personajes y es un mejicano quien le tiene que decir que «no tenga miedo»), personas que como Bronson hacen trabajos rudimentarios y mal pagados, como cortar leña, a la vez que añoran un hogar y son amantes de los niños.

En otros casos, conocemos historias haciendo de conductores de ganado o trabajando en cualquier tienda de aquellas de antaño en las que se vendía de todo. O, sin ir más lejos, el joven que acaba la película en el pueblo con la linda novia mejicana que se acaba de echar.

Digo esto para mejorar esa idea que antes exponía del pistolero indómito, pues nuestros personajes fueron posteriores a ese salvajismo del oeste americano, y más encuadrados en una época entre dos aguas, con el peso nostálgico del pasado y la realidad de un inminente presente que les impulsa a aceptar un trabajo arriesgado a cambio de la manutención y 20 dólares de salario.

De esta forma, podemos repensar la película desde esta ecuación: es una época de malos tiempos para los pistoleros. De hecho, el jefe de los forajidos, Calvera, parece estar decepcionado por estos cambios de que hablamos al ver que los siete magníficos vuelven a la carga y al salvacionismo suicida al final de la película.

En resumen: más allá de todo lo dicho y dado el carácter en cierto modo pedagógico de esta crítica, si esta película sirve para que algún aficionado al cine se interese por la figura del buen vaquero y de los cambios de visión tradicional del pistolero como alguien egocéntrico y despiadado, está bien la cosa; y si encima esta película le inspira a ver al gran Kurosawa y Los siete samuráis , entonces estos comentarios tendrán su razón de ser.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

 

los-siete-magnificos-4