El viaje de sus vidas (The leissure seeker, 2017), de Paolo Virzi

  26 Abril 2020

Con una dirección mediocre, los actores son el valor principal

el-viaje-de-sus-vidas-0Road movie en la cual un matrimonio de ancianos con escasa salud inicia un viaje con una doble intención. De una parte, huir de la sobreprotección a que se ven sometidos por sus dos hijos y por los médicos; y el segundo objetivo es visitar la casa de Ernest Hemingway, un escritor admirado por el esposo, el escritor que desnudó la prosa hasta encontrar el hueso de la poesía.

Sutherland declaró con relación al director de la cinta, Paolo Virzi, que «nunca lo percibió como un director local, sino una persona universal, con una visión extraordinaria de la verdad»… muy generoso Donald. Sin restar el mérito de Virzi, éste no deja de ser demasiado evidente en su planteamiento, estridente en sus formas y excesivo en sus maneras. 

El guion de Stephen Amidon resulta de la adaptación de la novela del estadounidense Michael Zadoorian, The Leisure Seeker (2009), que fue todo un best-seller en el mercado editorial italiano. Aunque el libreto esté bien trabado, no por ello resulta menos lacrimógeno y previsible. Como apunta Martínez: «el guion, tan rutinario y llorón como predecible y directo, se antoja antes que una herramienta para moldear emociones, un obstáculo que vencer»; y aunque quizá Martínez se exceda un tanto, sí acierta en su afirmación de que es una historia que se ve venir, y ciertamente sensiblera.

Lo que resultan son dos cuestiones importantes. La primera es que Virzi se lanza a su aventura americana alejándose de su parentesco con la tradición de la comedia italiana, y conducido por este libreto, Virzi hace evolucionar la trama en un terreno que no conoce bien, manejándose con unas claves que provienen de un lenguaje mal asimilado.

La segunda cuestión es que Virzi pretende compensar ciertas deficiencias suyas con el enorme carisma que le proporciona su pareja de intérpretes. Esto hace que deje en manos de Mirren-Sutherland pinceladas sobre la América de Trump, que devienen triviales por una dejación de orientación en la realización y en el guion.

La obra tiene como valor principal la presencia de dos actores superlativos: la británica Helen Mirren, de 72 años, y el canadiense Donald Sutherland, de 82. La prestigiosa Helen Mirren hace un trabajo de excelencia, añadiendo su buena química con Sutherland; ella mismo afirmó: «Este personaje es un reflejo de cómo esperaba vivir, espero mantener el placer por la vida hasta el final. Quiero que mi muerte esté llena de risas». Mirren es presencia esencial en esta cinta, pieza sustancial de la misma.

Sin olvidar a un Donald Sutherland que sintoniza perfectamente con ella y aporta su bien conocida virtud como actor resuelto y de larga experiencia; cuando Virzi lo contrató para el papel, él declaró: «Parecía la mejor idea del mundo», y así fue como aceptó y… acertó, ambas cosas a la vez.

Es mi parecer que Paolo Virzi resuelve sin esforzarse demasiado la aventura sentimental de los dos protagonistas longevos, gracias a que Sutherland y Mirren colocan cada idea, cada detalle, cada rosa y cada espina con lo mejor de sus grandes talentos.

Hay en la película drama, humor, intensas emociones, entretenimiento, escenas un poco locas y un tono que roza lo convencional. Sin olvidar que es un film sobre el olvido, el olvido del alzhéimer que padece el protagonista, un viejo profesor de Literatura al que las ideas le van y vienen como las olas y exhibe una presencia de mirada vacía ante el estupor de una esposa que, por más que se esfuerza, sabe que su pareja, su amor y sostén de toda una vida se va por momentos al terreno ignoto del descuido y la indiferencia.

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Su marido, empedernido lector, ya no puede iniciar la lectura de una frase sin perder la orientación y el sentido, antes de llegar al punto final, y ella empieza a ver a su esposo como un extraño, un desconocido que ha reemplazado a quien fue su compañero de vida.

La película pretende ser una aventura emocional que conjugue gravedad y diversión, a vueltas con asuntos como el tiempo, la memoria, la familia, el perdón o el amor. Es decir, prácticamente todo. Y el alzhéimer a modo de hilo conductor para un rosario de metáforas dolorosas.

Quizá algún espectador pueda salir con la idea de que la película destila ternura hacia los mayores, a mí me parece que es un film que pretende ser humanista pero que se le ve el plumero dibujando claramente que la vejez es dolor, amargura y desdicha, vómitos y sábanas mojadas de orina donde «las escenas sirven únicamente para recordarnos de forma machacona que él está perdiendo la cabeza, y que la tos de ella suena fatal» (Nando Salvá).

Road movie, sí, viaje, pero un viaje que lejos de concluir con algo creativo, toma un rumbo que es desatinado y facilón, de forma que su desenlace no conmueve como se propone el director. La conclusión de Paolo Virzi no perturba ni conmueve demasiado, la verdad.

Premios y nominaciones en 2017: Globos de Oro: Nominada a mejor actriz comedia (Helen Mirren). Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes a concurso.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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