Final Portrait: El arte de la amistad (Final portrait, 2017) de Stanley Tucci

  21 Abril 2020

Arte, amor y amistad

final-portrait-0Me ha gustado esta película bastante. No es una cinta comercial, pero tiene mensajes y contenidos profundos y de enorme interés humano. Mensajes y contenidos que no son habituales en el cine, quizá más en la Literatura.

Entre ellos se me ocurre, en primer lugar, la relación de un joven burgués con un extravagante artista, el cual lo sienta en una silla para posar durante horas y días, entendiendo éste cada vez mejor al amigo pintor en su tarea.

Es nada menos que el gran escultor y dibujante Alberto Giacometti (1901-1966), un personaje estrafalario y de vida casi asilvestrada, sin orden, con una mujer que no es su mujer pues su amante predilecta es una prostituta, y con un hermano paciente que lo respeta al máximo.

El retrato, conforme lo acaba, lo desbarata para comenzar de nuevo. Pero esta situación nos introduce de lleno en el proceso creativo del verdadero artista. Es una película para verla tranquilamente y esperar de ella el arte en estado puro, el amor más zigzagueante imaginado, la fraternidad incondicional y, como dice el título: «el arte de la amistad».

Narra una parte de la vida del pintor y escultor suizo Alberto Giacometti, quien viviendo en Montparnasse fue amigo de Joan Miró, Pablo Picasso y Marx Ernst, además de escritores como Sartre, André Breton o Paul Édouard. Fue considerado uno de los principales escultores surrealistas y el «genio del existencialismo» por sus representaciones de la forma humana, un pintor muy cotizado, así como un dibujante de trazos característicos. Tiene un museo precioso en St. Paul de Vance.

La historia se desarrolla en el año 1964, momento en que Giacometti invitó al crítico de arte y escritor norteamericano James Lord (1922-2009) a su estudio, del cual el propio Lord declaró: «Dicho mal y pronto, un antro». La idea era que posara para él y hacerle un retrato que acabó siendo uno de los más célebres que pintó.

Lo que ocurre es que la vida singular del artista, cierta imposibilidad para concentrarse, sus tempos erráticos, la insatisfacción con su obra y su anarquía, prolongan el posado de James a lo largo de semanas, teniendo Lord que posponer su vuelta a Nueva York en varias ocasiones.

Stanley Tucci empezó su carrera como actor en 1985, de la mano de John Huston en El honor de los Prizzi, pero además de actuar con gran éxito, ha dirigido con la presente cinco películas. Como él dice: «En estos momentos me apetece más dirigir; pero claro, tengo hijos pequeños y mayores, una vida que mantener, unos gastos, y me llaman para actuar. […] Pero como intérprete odio las esperas en los rodajes».

Pero veamos, Tucci, el tipo más cool de New York, como algunos lo califican, lleva a buen término un proyecto ambicioso y consigue plenamente, no ya dibujar el perfil de angustia de un artista enfrentado a sus propios diablos internos, sino también un relato sostenido por la propia realidad de lo que cuenta, que tiene en su médula la amistad entre los dos personajes principales: Giacometti y Lord. Una cinta interesante e incluso una radiografía de la desesperación con la que tiene que cargar cualquier gran artista ante sus producciones, de las que siempre se siente insatisfecho.

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El guión, del propio Stanley Tucci, tiene su origen cuando diez años antes leyó justo un libro del escritor y crítico de arte protagonista, James Lord, a la sazón biógrafo de artistas como Picasso y autor de A Giacometti Portrait, en cuyo texto habla así del artista: «A lo largo de mi vida, he visitado a infinidad de artistas en sus estudios, pero ninguno puede compararse con el carácter pintoresco, humilde y anárquico, y sin embargo hondamente espiritual, del taller de Giacometti». Y cuenta que el artista le dijo: «Eres escritor, de modo que tu destino es escribir. Una situación sin remedio posible, como la mía. Ahí tienes tu artículo: el artista es un charlatán sin remedio. Puedes decir que lo dije yo».

Lord escribe sobre su relación con Alberto Giacometti, todo el asunto de la invitación en 1964 y el retrato que finalmente no acabó nunca. Y Lord, que murió en 2009, sabedor de las intenciones de Tucci de trasladar al cine esta historia, no dudó en ceder los derechos del libro; incluso llegó a leer el primer guion. Y así nace este film.

Como afirma Tucci: «La película no quiere mostrar a un Giacometti santo, sino a un ser humano lleno de contradicciones, al que solo parece soportar su hermano, pero repleto de talento. En realidad, me gusta que Final Portrait reflexione sobre el proceso de creación. Los tiempos de la pintura y los fílmicos son muy distintos. No es sencillo plasmar ese arte en pantalla». Y por primera vez Tucci no actúa. «Quería concentrarme todo lo posible e interpretar te distrae del resto».

Muy bonita la música de Evan Lurie, junto a una eficaz fotografía de Danny Cohen. Magnífica puesta en escena y toda la ambientación del París de los años sesenta.

En el reparto, el australiano Geoffrey Rush consigue con una sabia sobreactuación (incluso divertida) llevar al límite a Giacometti, con una fuerza sensacional. Armie Hammer, contrariamente, con una medida elegancia hace un excelente trabajo en el rol de Lord. Sylvie Testud está muy creíble y bien como la esposa Annett Arm. Muy bien la bonita Clémence Poésy como Caroline, la prostituta que tiene enloquecido a nuestro pintor. Excelente y medido Tony Shalhoub como el hermano Diego Giacometti. Y acompañando James Faulkner, Sylvie Testud, Martyn Mayger, Takatsuna Mukai, Dolly Ballea y Begoña Fernández Martín.

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En su visita, Lord se interiorizó del trabajo del artista, cuya conducta creativa estaba llena de palabrotas y conductas explosivas, sobre todo cuando veía que su obra no salía como él deseaba. La película es esa eterna insatisfacción y angustia ante el lienzo, mientras Lord posa con enorme estoicismo, en un bucle que acaba siempre igual: el artista deshaciendo el retrato para volver a comenzar, sin un clímax final, o sea, el reflejo de la cotidianeidad de Giacometti.

Lo que narra Stanley Tucci no es lo que suelen ser la mayoría de los biopics, y creo poder afirmar que es la razón de que el film resulte atractivo, porque se centra en el infortunio del artista que no puede poner el broche a su obra. Giacometti exclamó en cierta ocasión que su empeño es inútil, que no hay esperanza en realizar jamás algo aceptable y que «más valdría ponerse a barrer las calles». Recuerdo aquí la maravillosa película de Erice, El sol del membrillo (1992), con un Antonio López incapaz de culminar un cuadro en el que trabajaba. En definitiva, la gloria y el tormento de la creación artística que lo inunda todo.

Pero también el apuesto y paciente Lord, junto a las mujeres que rondan en el relato y al lado del desaliñado pintor, conforma un razonado estudio sobre la amistad, una reflexión sobre el tormentoso proceso de la creación artística y una representación de las diferentes formas de amar. Lord, que admiraba profundamente a Giacometti, dijo de él que era un hombre «libre como la brisa».

Premios y nominaciones en 2017: British Independent Film Awards (BIFA): Nominada a mejor diseño de producción.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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