Pure (serie TV, 2019), de Aneil Karia y Alicia MacDonald

  18 Abril 2020

No soy yo, somos todos

pure-0¿Qué nos ofrece la miniserie que estrena Filmin? Lo que en apariencia es una disparatada comedia negra, es en realidad una introspectiva e inteligente óptica sociológica.

Al escribir estas palabras, que en la conjunción métrica de párrafos formarían una de mis tediosas y reflexivas críticas cinematográficas, me encuentro en una situación antinómica como la propia película a comentar, porque no me siento personalmente redactando una crítica como tal.

Es más, adquiero la responsabilidad concienciada de hablar de una sociedad polifacética, de un individualismo colectivo, de una generación perdida tras otra.

Más extrañeza implica la labor de desentrañar los aspectos de una mini serie (demasiado) independiente y desconocida para cualquier genérico no británico alejado del humor inglés punzante tan paradigmático.

Porque, lejos de ser un arrebato de pretenciosidad cómica, como suele referirse estigmáticamente a los ciudadanos neoaristócratas de las islas del Reino Unido, es una obra en la que aflora sinceridad y humildad humana.

Sin embargo, sin señalar que mis frases escritas supongan una caustica contradicción, no deja de ser particular dentro de su ordinariez en la realización.

Una propuesta inmersa en un profundo bizarrismo, aunque homologable a cualquier producto de sitcom americana. Es evidente que una mini serie televisiva que represente gráficamente a una enferma de trastorno obsesivo compulsivo cuyos pensamientos intrusivos tengan que ver con compulsiones pornográficas marca, en su prejuiciable inmadurez y alocada premisa, la diferencia, dentro de una indiferencia en su puesta en cámara y despreocupación añadida a su limitación monetaria en la búsqueda de una magnificencia visual.

Aun así, logra un efecto sorprendentemente intencionado a sus desintenciones (¿o al revés?): amarrarte a un espectáculo bochornoso de diálogo vergonzante de carnalidad maleducada, para que en muchas ocasiones no puedas ni atreverte a visualizar la pantalla de tu dispositivo, marginar a su protagonista en sus rarezas psicológicas  y que en su consecuente incompetencia social no la veas con ojos de cordero, sino como una anomalía de la calle.

Lo que sus primeros 20 minutos eclosiona en una comedia antonómicamente distante, evoluciona en lograr una efectiva carcajada a través de una meditación, tanto empática como dramática, en algunos momentos de la verdadera naturaleza de la sociedad, que sirve principalmente como representación de la deambulante generación millennial.

Ahora mismo, y en unión con este punto, podemos intentar responder a la informulada pregunta retórica ¿Qué es la sociedad?: Un conjunto de personas tan diferentes que en el choque transversal de la sociabilidad parezcamos seres normales.  Una cuantía indefinida de ciudadanos que en continua adaptación a los cambios tecnológicos de la comúnmente asociada modernidad se desentiende de lo que  verdaderamente somos, de nuestra búsqueda incesante.

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En una metrópoli insomnica, como es Londres, viven cerca de 9 millones de aventureros que se despiertan, vagan por las alargadas aceras y se acuestan diariamente con el propósito de encontrarse a ellos mismos, cuando no deja de ser un deseo en vano en plena soledad. La reflexión maravillosa implícita en la serie nos invita a abrazar el sentimiento universal de la amistad comprendido desde una nueva perspectiva; con la aceptación propia de que no somos iguales a partir de encontrarnos en las rarezas de otros. Nadie es como nosotros, pero a la vez nosotros somos como todos.

Nunca vas a encontrarte ni a ti ni a nadie que se te asemeje y con la compañía de los demás podrás descifrar quién realmente eres, en deducción de tus acciones y principios. Es la dichosa sociedad, por tanto, un espejo-reflejo o causa-efecto de nosotros mismos.

No hay que separarse en dicotomías ni establecer pirámides clasificatorias en cuanto a la orientación sexual o por nuestros asquerosos granos de la piel. Porque (ofreciendo justificación conclusiva a mi introducción metacrítica), usted (lector que me aguanta) como yo, somos igualmente diferentes.

Escribe Miguel Robles | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna 

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