La buena esposa (The wife, 2017), de Björn Runge

  15 Abril 2020

Fiabilidad nórdica y una gran Glenn Close

la-buena-esposa-0Joan Castleman (Glenn Close) es la esposa buena, una mujer con una belleza natural que encarna a la «mujer perfecta». Pero Joan lleva cuarenta años en una labor sacrificada y silenciosa para que se mantenga viva la llama de su matrimonio con su marido, Joe Castleman (Jonathan Pryce), un hombre claramente soberbio, entre otras cualidades.

Pero todos esos sacrificios y renuncias parecen llegados a su límite cuando a su esposo le conceden el Premio Nobel de Literatura en reconocimiento a toda su obra. En vísperas de la entrega del premio, los acontecimientos se precipitan y Joan desvela asuntos muy delicados.

El sueco Björn Runge dirige con luces y sombras esta película de corte existencial. Con un estilo clasicista y un nivel de medianía, esta coproducción sueco-británica tiene su atractivo en el plano intelectual, psicológico y emocional. Todo ello alumbra una obra que mantiene el interés del espectador.

Ese abordaje de aspectos diversos del espíritu humano, comienza de manera tranquila para, en un crescendo, abrir la trama a distintas trayectorias. La cinta es, como señala Trashorras, un «sutil drama de ritos privados y dobleces conyugales, lleno de pinceladas de humor turbio, extenuado pragmatismo y madurez empapada de cínico desencanto». Un relato con forma de intriga teatral a la cual su director «aporta buen ojo escénico, aplomo tonal y esa pátina de ‘fiabilidad nórdica’, de distante realce cualitativo, tan discreto como reconocible» (Trashorras).

Me ha gustado el guion de Jane Anderson, adaptación de la novela escrita por la estadounidense Meg Wolitzer, The wife, que aborda la ambición y el sometimiento de un esposo a su cónyuge con absoluta arbitrariedad. En una obra más teatral que narrativa, al principio, los esposos son presentados como una pareja feliz y bien avenida.

Pero unos flashbacks y un personaje —a la sazón escritor que pretende ser el biógrafo del novelista-protagonista— van revelando los fundamentos de la relación que la buena esposa mantiene en un hermético silencio, lo cual dispara todas las alarmas en el espectador que asiste atónito a una realidad extraordinariamente perversa. De manera que la verdad sólo se irá evidenciando con el transcurrir de la obra, de hecho, como escribe Weinrichter, «el placer que proporciona esta pequeña película de cámara está en su revelación gradual». Y creo que este es un gran mérito del guión.

También es, obviamente, una película feminista —un tanto impostada—, que trae a la memoria casos lamentablemente semejantes. Como escribe Wolitzer, la autora de la novela: «Todo el mundo necesita una esposa; incluso las esposas necesitan esposas. Las esposas tienden, se ciernen. Sus orejas son instrumentos gemelos sensibles, satélites que recogen el más mínimo rasguño de insatisfacción. Las esposas traen caldo, traemos clips de papel, nos traemos a nosotras mismas y nuestros cuerpos flexibles y cálidos. Sabemos exactamente qué decirles a los hombres que, por alguna razón, tienen muchos problemas para cuidarse a sí mismos o a cualquier otra persona. ‘Escucha’, decimos. ‘Todo estará bien’. Y luego, como si nuestras vidas dependieran de ello, nos aseguramos de que así sea».

Así es la historia, la de una mujer alienada y en la sombra, capaz de darlo todo por un hombre de manera poco racional, por casi mero sometimiento.

Buena la música Jocelyn Pook y excelente fotografía de Ulf Brantas.

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El reparto es de enorme calidad con una Glenn Close muy capaz y convincente en el papel de esposa con la mirada hacia sí misma, hacia un interior vencido: todo un recital interpretativo. Y un rol muy bien trabajado el de Jonathan Pryce como esposo ególatra, vividor y furibundo. Muy bien Christian Slater, así como resto de actores y actrices de reparto como Max Irons, Harry Lloyd, Elizabeth McGovern, Annie Starke, Alix Wilton Regan, Karin Franz Körlof y Morgane Polanski.

Recuerdo ahora una afirmación sexista muy humillante que dice que «detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer». En esta película podemos visionar con la impudicia del dicho, cómo, ante un infumable y engreído esposo, ella queda en posición marginal, abatida por la presunta superioridad moral masculina.

Joan Castleman queda fuera de campo abatida por la arrogancia de su «gran marido», supuestamente escritor en la cumbre y galardonado con el Nobel. Pero en realidad el buen señor es, entre otras, un vividor, mujeriego y antisocial por demás.

En el film podemos disfrutar de una Glenn Close replegando el cuerpo que adelgaza el gesto sin dejar de resultar tenso, para que el espectador entienda claramente una vida de profundo sometimiento teñido de un amor ilimitado hacia su esposo. Y lo peor, un oculto secreto terrible que pugna por revelarse.

Cierto es que la película carece de ritmo y deja subtramas a medio desarrollar. Pero lo más cierto de todo es que esta obra quiere recordar a todas esas esposas que lo dejaron todo por el esposo y la familia. Sin olvidar el peso dramático que en el film tiene una excelsa Glenn Close, que ofrece un gesto sonriente y a la vez triste, y una mirada perdida: una mujer que reclama desde lo más profundo de su ser, su propia voz y protagonismo.

Premios y nominaciones: 2017: Festival de San Sebastián: Sección oficial (Fuera de concurso). 2018: Globos de Oro: Nominada a mejor actriz - drama (Glenn Close). Critics Choice Awards: Nominada a mejor actriz (Glenn Close). Premios Independent Spirit: Nominada a mejor actriz (Glenn Close). Premios Gotham: Nominada a mejor actriz (Close). Satellite Awards: Nominada a mejor actriz drama (Glenn Close). Sindicato de Actores (SAG): Nominada a mejor actriz (Glenn Close).

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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