Exit (serie TV, 2019), de Øystein Karlsen

  10 Abril 2020

La lujosa monotonía

exit-0Estreno en Filmin: 10 de marzo. Para tratarse de una serie noruega, me tomó un tiempo aceptar que uno de los personajes principales era un tipo hábil en lugar de un vikingo rudo. Pero los papeles en esta serie son tan convincentes que te ves arrastrado sin remisión por su desarrollo argumental y muy decepcionado cuando terminaron los ocho episodios. Mejor que cualquier serie de Hollywood. Sirve para detectar el entorno financiero no solo en Noruega sino en todo el mundo.

La sociedad se encuentra en estos momentos sufriendo las consecuencias de una irresponsable y deliberadamente inmadura actuación colectiva. Como forma de evasión a la tormentosa cuarentena, el visionado de películas y series vía streaming se convierte en una obligada oportunidad para aquellos con un interminable listado de recomendaciones pendientes.

Y para los que tienen impulsos casi masoquistas de adentrarse aún más en la agonía de las cuatro paredes, esta serie de origen nórdico funciona como perfecta analogía de nuestra pandemia social: la monotonía, repetir incansablemente lo que por momentos hace autoconvencernos de que somos felices para darnos cuenta que somos seres vacíos, pero con dinero.

O esa, por lo menos, es la reflexión de nuestros cuatro protagonistas, lucrados corredores de bolsa treintañeros en una enriquecida Noruega social-demócrata, los cuales responden perfectamente al estigma cinematográfico de «personas repelentes con demasiado poder adquisitivo». Confundiendo semánticamente los términos vivir, y sobrevivir. La virilidad, con el androcentrismo.

Entre la pulcritud de las mansiones y la inmoralidad de las acciones, el espectador se mueve en un terreno incómodo con los que consigue identificarse a pesar de ese rasgo exageradamente de ficción (dentro del propio carácter de docu-reality) qué impera en el transcurso de 8 capítulos.

En una línea de marcada explicitud sexual y violencia a lo American Psycho donde la locura de sus personajes se acelera con un raya de coca, sus códigos de realización son modernamente reconocibles: un montaje dinámico y no cronológico, una dirección de actores en búsqueda de la sobreactuación más impresionable, y más tratándose en su contexto narrativo de dinero-lujo; un guion que no escatima en mostrar las vicisitudes del vicio y un acompañamiento musical que congenia con el ritmo rockero-frenético de la serie.

Es el propio espectador quien, frente a la pantalla, se convierte para los personajes en la «inconsciente voz de su conciencia» en un camino irremediable de autodestrucción que empieza donde acaba: a las siete de la mañana, levantándose perezosamente para tomar ese café y ponerse en marcha, una hora después, al volante de un Porsche listos para ir a trabajar.

Escribe Miguel Robles | Artículo publicado en Cine Nueva Tribuna

exit-1