Cine sobre epidemias y pandemias (2): Historias reales

  31 Marzo 2020

Introducción

depertares-0Como dije en la anterior entrega, en esta segunda parte de Cine sobre epidemias y pandemias, hablaré de sendos casos que fueron una pesadilla y que requirieron de esfuerzos científicos, médicos, asistenciales e incluso políticos, para atajar los males y también, para despojarlos de los mitos y leyendas prejuiciosas que a nada conducían.

La primera cinta es Despertares (1990), una interesante obra sobre la encefalitis letárgica, que fue producida por una epidemia en los años veinte del pasado siglo.

Después, Dallas Buyers Club, una película de 2013 que aborda el tema del SIDA o Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (VIH), enfermedad que no sólo asoló a los enfermos contagiados, sino que dio origen a una cultura del rechazo y de la marginalidad, casi como ocurría en la Edad Media, con los apestados.

Despertares (Awakenings, 1990), de Penny Marshal

Esta película se basa en la autobiografía del afamado neurólogo inglés Oliver Sacks (1933-2015), en la cual narró su esfuerzo y entrega para ayudar a los enfermos de encefalitis letárgica o «enfermedad del sueño». Esta enfermedad surgió como consecuencia de una epidemia en la década de los años veinte del pasado siglo. Una rara enfermedad que afectó a un número indeterminado de personas, atacando su sistema motor, lo cual reducía a estos pacientes a la inmovilidad absoluta.

Con la ayuda de la droga L-Dopa, Sacks obtuvo unos resultados inicialmente espectaculares. Ocurría esto en el año 1969, cuando el tal Doctor se vio sorprendido con la espectacular mejora de aquellos pacientes que habían permanecido años, incluso décadas, en un estado catatónico, de somnolencia y languidez creciente. La droga los devolvió a la vida ágil y activa. Parecía un milagro.

Sin embargo, a la larga se observó que los efectos benéficos de la L-Dopa eran temporales y que poco a poco retornaban a su anterior estado. Recuerdo en este punto que Sacks fue un médico que cobró fama internacional, no sólo por su actividad e investigaciones neurológicas, sino por obras de divulgación que fueron superventas como el clásico El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1987), obra que consagró a Sacks como uno de los grandes escritores de divulgación clínica de nuestra época; le seguirían luego otras como Un antropólogo en Marte (1997), El tío Tungsteno: recuerdos de un químico precoz (2003), Musicofilia: relatos de música y el cerebro (2007) o Los ojos de la mente (2011), entre otros.

En la película, el Dr. Sacks se llama Malcolm Sayer y está interpretado por Robin Williams. Era la época en la que el neurólogo británico ejercía su profesión en Nueva York, con los enfermos de encefalitis letárgica. El primer paciente que mostró signos evidentes de mejora con la L-Dopa fue Leonard Lowe (Robert de Niro), quien abandonó su estado vegetativo y de parálisis motora, para emprender una vida hospitalaria activa y animosa, aunque luego, lamentablemente, retornaría a su estado anterior de catatonía.

El resto del film muestra a sus otros pacientes y un episodio romántico del Dr. Sayer con su incondicional enfermera jefe, Eleanor Costello (Julie Kavner), cuando una noche la invita a salir juntos.

depertares-3

Penny Marshall logra conducir la historia de Sacks por unos derroteros entretenidos y con momentos de interés y amenidad, cocinado todo con suma corrección. Pero Marshall toca también el corazón del espectador con algunas cargas sentimentales que buscan la lágrima del respetable, aunque en un tono templado y sin extravagancias, «no es un producto lacrimógeno, sino un inteligente análisis sobre la extraña naturaleza humana» (Ebert).

Tiene un guion escrito con solvencia por Steven Zaillian, basado en la obra de Oliver Sacks, Awakenings, de 1973, sabiendo Zaillian retratar muy bien a los personajes.

Entre los actores destaca un Robin Williams que hace un excelente trabajo como el Dr. Sayer (Sacks en la realidad), como médico comprometido con sus pacientes; un doctor muy vocacional e interesado por los nuevos tratamientos, todo lo cual borda Williams.

La otra pieza principal es Robert de Niro, que hace de paciente inicialmente en estado somnoliento, luego recuperado y jovial, y finalmente, conforme retorna a la enfermedad, teniendo que interpretar una patología caracterizada por los espasmos y los tics, lo cual hace brillantemente, en una actuación dura y física.

depertares-5

 

Julie Kavner estupenda como la abnegada y entregada enfermera Costello. Están muy bien el resto del equipo con actrices y actores como, Ruth Nelson, John Heard o Penelope Ann Miller, entre otros.

Es una película melodramática sobre la disposición médica, sobre cómo se producen los avances científicos, paso a paso pero con tenacidad, y es igualmente un ejemplo del afecto que un médico humanista debe sentir hacia sus pacientes, hombres y mujeres que sufren y que también agradecen y mucho la atenta y compasiva mirada del terapeuta, amén de un adecuado tratamiento. Un «Doctor bueno» —como se le califica en el film—, tal el Dr. Sacks, quiero decir el Dr. Sayer, y quienes hemos leído su obra lo podemos mirar justamente con verdadero cariño.

También resulta curioso observar cómo aquella realidad provocaba en los pacientes, una vez devueltos al mundo consciente, un gran impacto, pues habían permanecido décadas en estado vegetativo; esto les afecta y les choca en diferente medida según cada caso, aunque en general se muestran exultantes de haber vuelto a la vida, de poder caminar, hablar, incluso bailar e ir de excursión, siempre bajo la tutela médica.

Podría decirse que es una película bonita, sentimental y entrañable a la vez, sobre todo cuando pensamos que se trata de algo real, que no es un cuento. Habla también de la lucha y la superación tanto del médico como de sus pacientes por mejorar y poder cambiar su triste sino.

Dallas Buyers Club (2013), de Jean Marc Vallée

dallas-buyers-club-0En 116 minutos se nos cuenta la historia de Ron Woodroof (Matthew McConaughey), un tejano, cowboy de rodeo, drogadicto y mujeriego a quien le diagnostican SIDA en 1986 y le pronostican un mes de vida. A partir de entonces, Ron, que empezó a tomar AZT —único medicamento legal disponible en aquel entonces contra el VIH— se empecina en investigar y en luchar para conservar la vida el mayor tiempo posible.

Tiene el film un buen guion de Melisa Wallack y particularmente de Craig Borten que se trabajó la historia real del personaje, como ahora explicaré; una música pasable, fotografía aceptable de Yves Bélanger y excelente trabajo de maquillaje que le valió otro Oscar a la película.

Sabemos que en todas las épocas ha habido plagas y enfermedades tremendas que se han cobrado millones de vidas humas, así la peste o tantas enfermedades víricas. Y esto ocurría, sobre todo, antes de la invención de la penicilina.

Los malos augurios de Camus se hicieron tremendamente reales en la primera década de los ochenta con la aparición de una pandemia llamada SIDA (Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida) que acabó con millones de vidas humanas en todo el mundo. No faltaron los agoreros que proclamaron que la tal enfermedad era fruto del castigo divino para escarmentar a homosexuales y drogadictos fundamentalmente, que eran los grupos sociales por aquel entonces definidos como población de riesgo.

Reaparecían Noé o Sodoma y Gomorra, o sea, los pecadores en masa y los justicieros de pensamiento y santones de tres al cuarto. La cosa dio un giro radical cuando se comprobó que el SIDA, además de homosexuales y drogadictos, toca igualmente a heterosexuales y a clases sociales acomodadas, o sea, a todo el mundo. Y entonces cundió el pánico y saltaron las alarmas sociales.

Esta película desarrolla varios puntos de enorme interés para conocer nuestra reciente Historia y lo que significó el virus de inmunodeficiencia adquirida conocido como SIDA, tanto en el plano social, como en terreno de lo individual.

Como apuntaba antes, la película está basada en la vida de Ron Woodroof, quien en 1992, poco antes de morir, tras siete años de enfermedad, fue sujeto de un extenso reportaje escrito por el periodista Bill Minutaglio para The Dallas Morning News (Craig Borten lo entrevistó para preparar el guion del film). La historia personal de este individuo es la de un vaquero bebedor, drogadicto, un ciudadano tejano de la América profunda y promiscuo.

En los inicios del SIDA, ésta era una enfermedad atribuida básicamente a homosexuales. Al serle encontrada la enfermedad al personaje, rápidamente, en su ambiente machista es rechazado por los amigos y conocidos, no ya como «apestado», sino como un supuesto homosexual, lo cual era el peor insulto en su ambiente, incluso para él mismo.

dallas-buyers-club-2

A partir de ahí, el relato narra desde esta perspectiva, no sólo en titánico esfuerzo que el protagonista hace para sobrevivir a la enfermedad a través de medicinas alternativas, sino el enorme cambio interior que en él se produce, en muchos aspectos, todos muy interesantes.

Por una parte, debe aceptar su enfermedad; por otra, debe soportar el desprecio y la marginación; y finalmente, pero no menos importante, ha de hacer un cambio personal y comprender y empatizar con la población homosexual que era muy frecuentemente afectada por su mismo mal.

De otro lado, está también la conversión de ser una persona interesada por el dinero, a luchar contra la administración pública y los poderes médicos, y expender medicamentos alternativos a sus colegas de enfermedad por nada, a quienes no tenían nada. Es decir, se convierte en un líder altruista de la causa. Pasa del interés explícito a la filantropía.

En el plano de la Historia, cuando emergió el SIDA, mucha gente murió rápidamente pues no había remedios médicos. Y se ve a las claras en el film, la pugna de las multinacionales del fármaco en su afán de ganar dinero, cómo experimentaban con tratamientos que no eran los más indicados, como ocurre cuando Ron se trata con la conocida AZT, una droga aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos legalmente disponible en los Estados Unidos, la cual lo lleva al borde de la muerte.

Entonces la medicina no preveía otras posibilidades que ya despuntaban en la investigación como eficaces paliativos. Así, el protagonista ha de enfrentarse a la incomprensión y a los intereses médicos y farmacéuticos, y al rechazo de las autoridades, en su enorme esfuerzo por encontrar remedios alternativos.

dallas-buyers-club-3

Para luchar contra todo esto y con la ayuda de la doctora Eve Saks (Jennifer Garner) y la paciente transexual Rayon (Jared Leto), Ron crea el Dallas Buyers Club (Club de Compradores de Dallas), uno de los varios que funda en el país para proveer de nuevos tratamientos paliativos a todos los miembros que puedan costearlos inicialmente, aunque luego se torna más desprendido y filantrópico.

Los clubes, que crecen en cantidad y número de miembros, llaman la atención de la Administración de Alimentos y Medicamentos y de la industria del fármaco, las cuales libran una guerra total contra Ron.

Es, así, una película sobre el drama personal de un afectado de SIDA en un mundo hostil contra la enfermedad y los homosexuales en la segunda mitad de los ochenta; y es, además, un recorrido que tiene un carácter cuasi documental sobre el desarrollo y entendimiento de la enfermedad con el transcurrir del tiempo por parte de la sociedad civil y médica.

Al parecer Jean-Marc Vallée, director de Dallas Buyers Club, batalló duramente hasta que consiguió llevar a buen fin esta película que anduvo dando tumbos por los despachos de Hollywood y fue puesta en escena finalmente por diferentes productoras: Focus Features, Truth Entertainment, Voltage Pictures, R2 Films o Evolution Independent.

dallas-buyers-club-4

Quiero resaltar que el peso fundamental de esta película recae sobre la excelente interpretación de un Matthew McConaughey sembrado, que sabe comunicar y hacer verosímiles sus complejos cambios a lo largo de la historia, que incluso adelgazó hasta quedar en los huesos para hacer más creíble físicamente su papel de enfermo de SIDA, el papel de un hombre aguerrido pero abatido por la inminencia de la muerte y el desaire de su entorno social que lo desprecia. Cómo cambia su visión de las personas (sobre todo de los homosexuales), su arrojo y valentía casi sin límite, y sus argucias y su astucia en una batalla desigual que terminará perdiendo.

Es decir, McConaughey interpreta un papel memorable que no en vano le valió el Osar al mejor intérprete masculino. Y junto a él, hay que subrayar dos papeles igualmente meritorios: por un lado, el de Jared Leto (Oscar al mejor actor de reparto) en el papel de su socio transexual Rayon; y por otro, el de Jennifer Garner en el rol de la doctora Eve Saks.

Dirección, guion, música y fotografía son el sustento técnico, pero yo creo que sin Matthew McConaughey esta película no habría alcanzado la cota de excelencia y popularidad que tiene. McConaughey confesó haber experimentado una nueva forma de hacer cine: sin reflectores, una sola cámara y tomas de quince minutos de duración.

En resolución: es una película recomendable, tanto para quienes vivieron aquellos tiempos en los ochenta y la aparición de la pandemia, como para quienes, siendo más jóvenes, no la vivieron en su fase letal, para que comprendan bien el efecto social que esta tremenda plaga tuvo y aún sigue teniendo, razón por la que no hay que bajar la guardia de la prevención: ¡no lo olvidemos!

Escribe Enrique Fernández Lópiz | Cine sobre epidemias y pandemias (1): Historias de ficción

dallas-buyers-club-1