No es un (estúpido) remake, es una (bendita) adaptación (2): dos películas, una novela

  01 Abril 2011

Henry Hathaway y los hermanos Coen 

valor_de_ley-08Cuando Hathaway realiza Valor de ley se encuentra en el último tramo de su carrera. Realizador sobre todo películas de aventuras en diversos ambientes y géneros, especialmente aficionado (sobre todo desde el concepto de la aventura) al thriller —sobre todo de espionaje— y el western, con obras tan interesantes como Yo creo en ti (1948), El abrazo de la muerte (1948),  A 23 pasos de Baker Street (1956), por lo que se refiere al primer apartado, y El jardín del diablo (1954), Del infierno a Texas (1958) o Alaska, tierra de oro (1960), en el segundo caso.

El declive del western en el cine americano (desde un planteamiento clásico) corre parejo a las innovaciones genéricas que llegan de Italia merced, ante todo, a los filmes de Sergio Leone que harán posible, incluso, que los americanos intenten seguir su estructura, en algunos casos con resultados notables desde un cine muy personal, como puede ser el cine de Sam Peckinpah cuyo Grupo salvaje —pero no únicamente— debe bastante al cine de Leone. 

Si en Los cuatro hijos de Katie Elder (1965) Hathaway aún apunta hacia la clasicidad, los dos western que rueda a continuación, Nevada Smith (1966) y El póquer de la muerte (1968), parecen distanciarse cada vez más de ella.

Podría pensarse que en la posterior Valor de ley intenta volver al western clásico. Elementos no faltan para considerarlo así: una venganza, una búsqueda, un itinerario que hay que recorrer, un enfrentamiento final y un actor emblemático como protagonista, John Wayne, que recibiría por ese papel (casi de antihéroe) el Oscar al mejor actor. Un premio injusto (como, con frecuencia, suelen serlo este tipo de galardones) tanto por no sacar todo el partido posible al personaje como a que el premio suena casi a la despedida de Holywood a un actor al que debería haber recompensado antes por otras interpretaciones muy superiores a la del filme de Hathaway. Para comprender que eso es así basta citar su buena interpretación en títulos tales como La legión invencible, Río Rojo, Escrito bajo el sol, Centauros del desierto, El hombre tranquilo, La taberna del irlandés, Río Bravo o El hombre que mató a Liberty Valance.

Hathaway, en realidad, no pertenece a la elite (a la primera fila) de los grandes directores americanos. Estaría en una escala algo inferior. Eso sí, en muchas de sus películas se encuentra esa calidad propia del gran Hollywood que le tocó vivir. Podría decirse que no era un creador absoluto, pero tampoco fue un simple artesano de los muchos que abundaban en la industria del cine clásico americano.

Los hermanos Coen pertenecen a otro momento distinto. El cine, la forma de entenderlo y de hacerlo ha cambiado. Ellos, esa mente bicéfala que tan bien funciona, pertenecen a esa clase privilegiada del cine actual. Se pueden considerar autores absolutos de sus películas en cuanto en tanto suyos son los guiones y el montaje que firman bajo el nombre de Roderick Jaynes, ya que los sindicatos americanos no permiten duplicidad de funciones. Incluso producen sus filmes.

Las adaptaciones que realizan de novelas (1) son en general fieles al original, como ocurre, por citar dos títulos, con No es país para viejos y Valor de ley. Sólo, que recordemos, en una ocasión han realizado lo que se puede considerar un remake. Se trata de la frustrada y frustrante The ladylillers basada en la película del mismo título (El quinteto de la muerte en su traducción española) de Alexander Mackendrick. Alguna de sus películas también ha sido vista por otros realizadores, como ocurre con la reciente San qiang pai an jing qi (2009) de Zhang Yimou, que se basa en el primer filme de los hermanos Coen, Sangre fácil.

Eso no quiere decir que el cine de los Coen no posea influencias. Muchas de ellas son fílmicas. Las hay y muchas en su cine. Ecos de La noche del cazador se encuentran en Valor de ley, pero también de Sergio Leone, tanto en ese filme como en Arizona Baby, Fargo, No es país para viejos, Muerte entre las flores

Su cine ha ido creciendo desde la primera obra que realizaron hasta ahora. Una progresión efectiva que sobre todo se encuentra en un mayor equilibrio entre sus salidas de tono humorísticas o excesivamente grotescas y el desarrollo de unos hechos que se mueven entre la metáfora y la reflexión crítica de los géneros y de la propia sociedad en la que viven. Su cine siempre habla de la crueldad (y locura) de su país. A veces de forma tan personal como en Un tipo serio.

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Las dos películas

Ambas películas parten de la misma novela, Valor de ley de Charles Portis, nacido en 1933 en Arkansas. Su primera novela, escrita en 1966, fue Norwood. En 1968 escribió Valor de ley que inmediatamente fue llevada al cine. Otras novelas escritas por Portis han sido The dog of the South (1979), Masters of Altantis (1985) y Gringos (1991).

Además de Valor de ley se ha llevado al cine su primera novela, Norwood. La dirigió Jack Haley Jr. en 1970. El marshall Rooster Cogburn, personaje de Valor de ley se convirtió en el protagonista de El rifle y la Biblia (1975) de Stuart Millar.

valordeley-02Lógicamente el argumente de las películas que Hathaway y los hermanos Coen filman basándose en Valor de ley es el mismo. Sobre el papel la historia narra una especie de ajuste de cuentas por un asesinato. Se trata de la búsqueda del asesino del padre de la joven de 14 años Mattie Ross, para encontrarle y hacer justicia. Mattie Ross contrata para esa búsqueda a un viejo, cansado, tuerto y borracho Rooster Cogburn, el más sanguinario de los cazadores de forajidos que puede encontrar. A ellos se une LaBoeuf, un Ranger de Texas.  La novela, y las películas, siguen (con variaciones) el camino del trío en busca del oscuro personaje, de distintas personalidades, que a su vez se ha unido a una banda de forajidos.

El filme parecía hecho a medida para Hathaway en cuanto contó con John Wayne para el papel de marshall, en una historia que, desde otras perspectivas, había contado otras veces. Ahí estaba el itinerario, el caminar de un grupo para cumplir una misión. Persecución y captura que podría suponer también un cambio de los personajes. O sea el camino supondría un planteamiento metafórico que señalaría la evolución de los personajes principales.

La película, con todo a favor, es demasiado larga (125 minutos frente a los 110 de la de los Coen), se muestra estática, explicativa, subrayadora, con bastantes momentos vacíos de contenido, como en esos excesivos planos sostenidos, que nada aportan, de los tres protagonistas cabalgando como inicio, continuidad o cierre en varias secuencias. Da la impresión que el filme quiere explicar amplia e innecesariamente todo lo que vemos. Se frena, además, constantemente. Sólo hay acción (ralentizada) sin que exista progresión en los personajes. Excesivamente luminosa (2), ralentizada en planos que no hacen sino repetir el paso una y otra vez de los tres personajes, en el tramo central, por bellos paisajes.

El filme comete otros graves errores, como es comenzar con un prólogo demasiado explicativo y terminar con un final tan tópico como feliz, eliminando el cierre de la novela. Tampoco se entiende demasiado el cambio de la edad de la joven que pasa de tener catorce años a diecisiete y siendo, además, interpretada por una actriz de más de veinte. El cambio de edad hace casi imposible entender que los personajes que la acompañan —o con los que se encuentran— traten de niña al personaje. Esa edad, y más en el oeste, no la convertiría en una cría, por lo que las reacciones a las que se ve abocada resultan bastante falsas.

El eliminar la voz en off de la chica impide que el filme sea visto en primera persona, siendo quién cuenta la historia una especie de híbrido, dominado por la mirada de un narrador, que nunca llega a imponerse sobre un conjunto que cede su protagonismo en gran parte del filme al marshall tosco y fondón que interpreta sin demasiada fuerza, a pesar del Oscar, John Wayne.

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La película de los Coen es más efectiva, con elipsis que propician que el relato no se pare, que adelante eliminando lo evidente. La fotografía no es nada brillante. El paisaje luminoso, los bosques preciosistas del filme de Hathaway son sustituidos por unos tonos apagados, con predominio de escenas nocturnas, árboles desnudos, paisaje invernal con la nieve haciendo presencia en más de un momento: unos lugares casi espectrales.

Al fin y al cabo, es una forma de señalar tanto el trayecto de la joven hacía el conocimiento de un mundo cruel de autodestrucción como, incluso, la diferencia de las regiones de los personajes principales: la joven (sin lugar aún en el mundo), el ranger de Texas (mundo en ascensión) contrapuesto al marshall (mundo en trance de desaparecer)

Si Hathaway desea volver, sin conseguirlo, a las viejas películas del oeste, los Coen (3) quieren realizar, desde un filme de género y planteándolo a través de un viaje (como un proceso de iniciación), un cuento cruel, de ecos góticos, que puede llevar a recordar tanto La noche del cazador como —según los autores— Alicia en el país de las maravillas.

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Identidad y diferencia

La comparación entre parecidos momentos en una y otra película nos pueden llevar a comprender la mayor eficacia de la película Coen.

En el inicio de ambos filmes se dice lo mismo pero de forma muy diferente. Alguien que nos cuente cómo se inician ambos probablemente los enunciará de la misma forma, sin embargo el cómo se cuenta lo escuchado en imágenes es lo que expresa la gran diferencia existente.

En Hathaway, una secuencia innecesaria y prolija (inexistente en la novela original) nos relata la marcha del padre de Mattie a la ciudad. A continuación asistimos a la muerte de aquél por el asalariado que le acompañaba. Este momento tiene lugar a la puerta del típico bar del oeste. Al escuchar los disparos salen personas que se encontraban en el bar lo que obliga a una huida rápida del asesino. De ahí saltamos a una estación para ver cómo llega Mattie con un criado negro para recoger el cadáver de su padre.

Los Coen, fieles a la novela, comienzan con una voz en off, que se corresponde a la de Mattie, que será la narradora de la historia, recordando (comos sabremos al final) todos los hechos que acontecieron veinticinco años antes. La muerte de su padre se muestra como algo imaginado por ella, ante lo que le fue contado.

Hermoso y concluyente inicio dado por una pequeña luz que abre desde negro y que ilumina poco a poco la pantalla. Una luz que no se sabe en principio a qué corresponde. Poco a poco comprobaremos que es la luz que se filtra a través de la puerta de la taberna. Ni caras, ni rostros, tan sólo una penumbra en la que un hombre aparece muerto en el suelo mientras empiezan a caer pequeños copos de nieve. Nadie sale de la taberna para ver lo que ha pasado en la oscura y solitaria calle. El asesino apenas entrevisto, montando un caballo, atraviesa el pequeño espacio centrado en el plano del muerto, como si fuera una especie de fantasma que se aleja en un paisaje irreal dado por los colores y por la nieve que cae. Un camino hacia la propia nada.

Dos planos que se van a contraponer en el final, tanto por la presencia, cerrando el circulo, de otro muerto (otra especia de padre perdido) como de un personaje que se pierde a lo lejos, hacia la nada, engullido por el tiempo que pasa y que todo lo domina.

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Hay otras escenas idénticas en lo que se cuenta pero distintas en la forma de ser contado. Veamos algunas:

  1. El ahorcamiento de unos bandidos (en Hathaway) viene dado por una especie de fiesta en el pueblo al que ha llegado Mattie. Se ahorca a tres hombres sin más. En los Coen ese hecho supone el encuentro de la joven con otro mundo, muy alejado del suyo, pero del que cree saber todo, capaz de dominarlo, enfrentándose sin temor a todo cuanto ocurra. Es una ingenua inocente engreída que ni conoce el mundo ni la culpa. Sin embargo poco a poco va a conocerlo y… a cambiar. La escena del ahorcamiento da pie además al momento en que cada uno de los forajidos entona un (personal) mea culpa exculpatorio: “fueron las malas compañías”; “lo que me ha traído aquí es que maté al hombre equivocado”… Bueno no todos, ya que el tercer ahorcado es un indio al que no le dejan decir una palabra. En cuanto las inicia le colocan el capuchón negro e inmediatamente la soga. No hace falta más para comprender lo que aquellas personas piensan de los indios.  
  2. En la escena del juicio en que Mattie escucha los métodos que emplea Rooster para cazar a los que persigue, se procede de distinta manera en uno y otro filme. En ambas es la segunda vez en la que Mattie se topa con el personaje. En la primera versión se le ha visto llegar con los que luego serán juzgados. Mattie intenta, sin conseguirlo, hablar con él para ofrecerle una recompensa si captura al asesino de su padre. Los Coen plantean este primer encuentro, si se puede llamar así, de una manera harto curiosa. En esa secuencia Mattie intenta hablar con Rooster, al que nunca ha visto, mientras éste se encuentra en ¡la letrina! Momento que desde luego se hubiera negado John Wayne a interpretar (aunque como en este caso sólo le diera su voz) si hubiera sido escrito como forma de presentar a su personaje.
  3. Ya en el juicio en ambas películas se dice lo mismo, aunque la enunciación es distinta. En el filme de Hathaway el juicio comienza con un primer plano de Rooster contestando malamente al abogado, en el filme de los Coen el personaje no adquiere rostro hasta que Mattie puede verlo, enfocarlo directamente. Vemos cómo la joven niña entra en la sala donde está teniendo lugar el juicio, cómo escucha la voz del marshall al que quiere contratar y cómo su cara queda semiborrada por la distancia que los separa. A medida que Mattie adelanta su posición podrá ver de forma nítida el rostro del personaje sobre el que focaliza su mirada. El filme de los Coen en este momento y a lo largo de todo el desarrollo es un gran ejemplo de punto narrativo, que se corresponde con la persona que narra la historia: la joven Mattie Ross.
  4. La secuencia del paso del río, con ligeras variantes, es una de las secuencias prácticamente idénticas en ambos filmes. Ésta y parte del enfrentamiento final de Rooster con los forajidos. Lo que cambian son pequeñas formas narrativas, especialmente de planificación.
  5. Toda la parte de la visita a la cabaña donde van a llegar los forajidos y el enfrentamiento con las dos personas que allí se encuentran posee curiosas variantes. En la película de los Coen, en ese momento, van solos Rooster y Mattie, ya que el ranger, después de una discusión con el marshall, ha decidido ir por su lado, como volverá a hacerlo posteriormente (en la película de Hathaway el trío nunca se separa). Aparte de servir, este instante, para que Mattie ascienda un peldaño más en su adiestramiento o conocimiento del mundo (será ella la que tiene que ayudar a Rooster para que los dos hombres salgan de la cabaña) la secuencia resulta más realista (y cruel) que en la versión de Hathaway. Por muchas ganas que tengan de comer un animal que el trío acaba de cazar, es difícil entender que Rooster (en la versión de Hathaway) entregue a uno de los dos detenidos (esposado) un cuchillo para que desplumen el animal, lo que da pie para que ese personaje se lo clave al compañero. Tal acción en el filme de los Coen (con unas brillantes elipsis) se lleva a cabo porque quién mata (separado del compañero con las esposas y no unidos por las mismas, como en la primera adaptación) tiene un cuchillo en la bota. Aparte de ello la posterior llegada de los forajidos a la cabaña (de noche en la película de los Coen y de día en la de Hathaway) es precedida por la presencia del ranger que debe enfrentarse a los forajidos (propiciando posteriormente un nuevo encuentro con los protagonistas), que llegan a continuación (todo ello es visto por Mattie y Rooster que están escondidos esperando la llegada de éstos) y que concluye con el tiroteo entre todos ellos. El final de la secuencia incluye el detalle cruento o grotesco (muy de los Coen) de la lengua partida del ranger (se la ha mordido) con Rooster queriéndosela arrancar, mientras en la película de Hathaway el ranger sólo se hace una pequeña herida en la mano, que venda Mattie.
  6. En el momento que Mattie recibe de la dueña de la pensión dónde estuvo su padre, los objetos de éste, la película de Hathaway valora, se enternece ante la presencia de una cadena que acaricia la joven. Todo ello dado en un plano cercano edulcorado al máximo. En los Coen el presente que recibe y guarda con esmero y con el que espera hacer justicia, es, lógicamente, el revolver de su padre.
  7. Los epílogos son totalmente distintos en ambos filmes: la escena previa deja las cosas claras en ambas películas. En la primera se habla de un pozo con serpientes. Varias veces se hace alusión a ello. En la película de los Coen sólo se indica que hay que tener cuidado con el pozo y de pasada (4). No se insiste en ello. El mayor error del filme de Hathaway en este momento es que el asesino de Mattie sea eliminado por Rooster cuando éste quiere matarla a ella. Lógicamente y dentro de tal proceso iniciático a tal personaje debe matarlo Mattie. Como así ocurre en el filme de los Coen. Lo que lleva a la joven a caer en el pozo y sufrir posteriormente la amputación de un brazo. Tal cosa no existe en el filme de Hathaway que, sin contemplaciones, hace que muera el ranger (sobre el que Mattie se preguntará, en el epílogo del filme de los Coen, dónde se encuentra ahora), Mattie será picada por una serpiente, pero sin que le pase absolutamente nada gracias a que Rooster consigue llegar a tiempo para salvarla de cualquier mal. Algo que es imposible dada la estructura del filme ya que la joven inocente deja de serlo, al quedar contaminada tanto por el camino realizado como por la muerte que ha producido (5). En Hathaway asistimos a una escena final donde todo termina felizmente. Al estilo de los finales auspiciados por gran parte del cine hollywodense. La taquilla es la taquilla.

Podíamos analizar otros momentos parecidos en ambos filmes pero creo que la muestra es suficiente para darse cuenta de la diferencia existente entre las dos películas.

Escribe Adolfo Bellido López

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NOTAS

(1) Normalmente los argumentos también suelen ser suyos, aunque a veces hagan pequeños trampas, como es el caso de Muerte entre las flores que implícitamente se beneficia de dos novelas de Dashiell Hammet, Cosecha roja y La llave de cristal, y quizá también de Por un puñado de dólares de Sergio Leone o lo que es igual de Yojimbo de Kurosawa.

(2) Cuenta el filme con una fotografía muy preparada de Lucien Ballard y una muy aceptable música de Elmer Bernstein. Y de secundarios de lujo como, entre otros, Dennis Hopper y Robert Duvall.

(3) Los Coen siempre han coqueteado con el western. Estaba en Arizona baby, en ciertos toques de Muerte entre las flores, en el ambiente de Fargo y, por supuesto, en No es país para viejos.

(4) En un descanso en la noche (existen varios en el filme de los Coen y ninguno en el de Hathaway) se hace alusión a la existencia de serpientes en la zona, lo que asusta a Mattie.

(5) Lo más metafórico (y bastante ridículo del filme de Hathaway) es el disparo que, en una escena del comienzo, realiza Rooster contra una rata para demostrar que él sólo mata a ese tipo de gente…

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