La trilogía de Nacional y ¡Viva Rusia!

  14 Enero 2011

A Berlanga la interesa mucho la corrupción

La escopeta nacional, de Luis García BerlangaLa trilogía de Nacional; es decir, La escopeta nacional, Patrimonio nacional y Nacional III, es una serie de filmes de la época central de la bibliografía de Berlanga rodadas cuando el general Franco ha muerto y la intensidad socio-política de España es trepidante. Son tres películas de alto voltaje, corrosión, interpretación política, degeneración de las clases sociales dominantes ―principalmente el clero y la aristocracia― y un sainete puro y coral.

Pero lo realmente interesante de esta trilogía es su cuarta parte, nunca rodada, por desgracia. Tal y como reconoce el berlanguiólogo (si se me permite el término) por excelencia, Manuel Hidalgo (1), el guión de la cuarta entrega de Nacional está escrito por él mismo con la colaboración de Berlanga. Pero no se pudo rodar por la muerte de Luis Escobar (el Marqués de Leguineche). Tras ese imprevisto, la producción se descuadró y no hubo manera de ponerla en marcha. La película, si es que se rueda algún día, sería todavía más surrealista, con la mansión de los Leguineche convertida en un safari y con la presencia de los descendientes de un zar ruso. Por eso, la cuarta entrega de Nacional se llamará ¡Viva Rusia!

Pero a la espera de su rodaje, es necesaria su revisión continua para contemplarla como parte fundamental del cine español de los años plenos de la Transición. Así, la trilogía de Nacional, nos regala un preciso y fiel repaso por los últimos años del franquismo, la transición, el golpe de estado de 1981 y la llegada de los socialistas. Berlanga se quita la máscara que durante 30 años le ha obligado a evitar la Censura con trucos y “regates” y se desboca especialmente con La escopeta nacional, película en la que habla sin tapujos del Opus Dei, de la prostitución, la corrupción política y el declive de la alta Sociedad venida a menos ya en los últimos años de franquismo.

Como en la gran mayoría de sus películas, Berlanga trabaja con los mejores actores, esa generación que prácticamente ha desaparecido comandada por José Luis López Vázquez, Pepe Isbert o Elvira Quintillá. En esta ocasión son Luis Escobar, el propio López Vázquez y Sazatornil los que despliegan sus dotes interpretativas de manera magistral contribuyendo junto al guión y a la realización, al éxito asegurado.

La Trilogía de Nacional, para el periodista Raúl Carbonell (2), es un vivo reflejo de la decadencia —contada con cierta mala leche— de una familia de nobles desde los últimos tiempos del franquismo hasta la llegada de los Socialistas al gobierno. Para Carbonell, “La escopeta nacional es una de las películas cumbre de Berlanga, porque es de nuevo una película coral, repleta de registros satíricos con la realidad sociopolítica del país como trasfondo para la crítica soterrada entre las frases de los diálogos”.

Berlanga no es feliz con el país en el que le ha tocado vivir tal y como reconoce en su libro casi autobiográfico redactado con la ayuda de su amigo Jess Franco (3). Por eso asegura que “España es un país maldito porque la gente no tiene ningún sentido cívico, de pertenecer a una colectividad, para intentar lo mejor para todos. Lo que prima es la ley del <estás conmigo o estás contra mí>. Y eso es absolutamente nefasto. En las democracias de verdad, el cambio de un ministro o de un director general no implica que se eche a la calle a todo el mundo y que el nuevo personaje que entra en escena vuelva a nombrar a todos los que trabajan con él. No es serio”.

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Comedia política-erótica

García Berlanga no obtiene un reconocimiento importante de su obra hasta los años 70 con esta comedia política-erótica. Es con La escopeta nacional, la película con la que consigue una relevancia nacional y masiva pese a que sus primeras obras —a posteriori— han sido consideradas por la crítica y el público en general como las más interesantes, innovadoras y conmovedoras (Plácido, El verdugo, Bienvenido Mr. Marshall, etc).

La escopeta nacional y Patrimonio nacional fueron los dos filmes que mayor impacto y taquillaje tuvieron en sus estrenos, con más de 200 millones de recaudación. Eso, hasta que llegó La vaquilla a mediados de los 80, su superproducción más cara y más beneficiosa.

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La trilogía de Nacional

Berlanga y su guionista inseparable, Rafael Azcona, apuestan en las tres películas por el esperpento. Pero de manera cómica. Parece que pese al elevado grado de corrosión de los fundamentos de la misma, el público se divierte gracias a los gags que Azcona escribe.

También en la trilogía desaparece la mirada irónica de las películas anteriores de Berlanga y los personajes son contemplados con una óptica comprensiva y tolerante hacia la picaresca que emplean en todo momento.

La escopeta nacional (1978)

En La escopeta nacional, Berlanga nos explica cómo son los últimos coletazos de la aristocracia española próxima al franquismo. De hecho, la trilogía no es otra cosa que la historia de la decadencia de la alta sociedad. Y como tal, como institución que pierde fuelle, ha de recurrir a cualquier iniciativa para recaudar fondos

En la trilogía se despliega una severa y cruel crítica al clasicismo español, a la hipocresía de los estamentos sociales dominantes y en la que se describe de manera ácida el modus operandi en el que negocian y trajinan esas clases privilegiadas. Es una descripción de la España franquista y de la pre-transición y toca de pasada aspectos como el mundo del cine, la llegada de los denominados tecnócratas (profesionales del Opus Dei formalmente apolíticos instaurados en los gobiernos de Franco a partir de 1957) a los nuevos gobiernos de España. El declive de la aristocracia que se arruina lentamente y las perversiones sexuales del director completan el argumentario de este filme.

Para Doménec Font, que realiza un concienzudo estudio sobre La escopeta nacional entendida como punto de inflexión en el cine berlanguiano que pasa a convertirse en cine de sketchs, “los mejores momentos de La escopeta nacional son precisamente aquellos que marcan las apariciones erráticas y absolutamente esperpénticas de los secundarios: de ese marqués que colecciona pelos de pubis rotulados en botellas de cristal, de su hijo voyeur Luis José, masturbador y obseso sexual, de su esposa tuerta o del cura apocalíptico”.

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Patrimonio nacional (1980)

Segunda parte de la trilogía que narra las aventuras y desventuras de la familia Leguineche.

Si en La escopeta nacional se explica con pelos y señales cómo funcionaban las relaciones internas entre empresariado, políticos, Opus Dei y la aristocracia en la era del tardo franquismo, aquí la historia se centra en los meses posteriores a la muerte del General y a los cambios reales que este trascendental suceso político traerá a todos los ámbitos de la vida española, desde social hasta económica y tributariamente.

Nacional III (1982)

Tercera y última entrega de las peripecias de los Leguineche que viven sus últimos coletazos aristócratas. La familia noble pasa por malos momentos. Su fortuna se extingue, máxime con la llegada previsible del socialismo y con el panorama que se le plantea a la sucesión de la misma con personajes como Luis José (José Luis López Vázquez), que no ha cambiado y sigue siendo un vago pillo, pícaro y mujeriego.

Luis José y Segundo, este último miembro del servicio, idean “pelotazos” para recuperar la hegemonía económica sin éxito. La evasión de dinero y joyas a la próspera Francia se convierte en el reto para la familia venida a menos; situación que no completará un poco por la mala suerte del arco berlanguiano (término descrito por Francisco Perales, 1997, página 122, como todo ciclo argumental que sigue la mayoría de películas de Berlanga y que responde al siguiente esquema: se crea una expectativa al inicio del filme que parece que se va a cumplir pero finalmente no se consigue y el personaje queda igual o un poco peor que como partió) y por el cúmulo de sucesos imprevistos que se producen.

Así, por citar una situación que describe el arco berlanguiano, ya en París, los socialistas llegan al poder y los Leguineche deben huir a Miami tras un viaje infernal para no pagar impuestos.

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Interpretación de la Historia

Berlanga es un gran narrador, un gran interpretador de la Historia de su país, de la Historia en la que le toca vivir y en la que debe desarrollar su cine. Así, con un simple repaso a su filmografía estaremos contemplando un repaso exhaustivo de la Historia de España de los últimos 50 años del siglo XX, siempre bajo su mirada a veces perturbada, a veces hiperrealista.

Por eso Berlanga (Cañeque y Grau, 2009, página 132), admite que en La escopeta nacional quiere reflejar un momento concreto de la Historia de España: el de la crisis ministerial y el de la transición de Falange al Opus Dei.

Esta película es, quizás, la que mayor componente político incluye en toda la filmografía berlanguiana. De hecho, Francisco Franco hace tres años que ha muerto y el director tiene demasiadas cosas que contar al respecto después de cuarenta años de metáforas y trucos cinematográficos para explicar lo que sucedía en el país evitando la Censura

patrimonionacional01No será hasta La escopeta nacional con el ministro Álvaro (Antonio Ferrandis) y hasta Moros y cristianos con Rosa María Sardá cuando el papel de los políticos tenga un toque y cariz profesionalizado. Antes, los políticos han sido secundarios, aficionados, rurales y autoritarios. Como el entrañable Pepe Isbert en Bienvenido Mr. Marshall.

Berlanga vive el paso del franquismo a la monarquía. Y ese tránsito centra los debates políticos y aristocráticos, pues no se sabrá cuál es su influencia real hasta que Juan Carlos de Borbón tome el poder de manera fáctica y contundente en el golpe de Estado de 1981. A Berlanga todos estos hechos, todos estos sucesos de la realidad le interesan y preocupan. Y por ello los incluye en sus películas de la era democrática en las que se dedica a criticar y ridiculizar con la ayuda de la comedia, al franquismo y a la aristocracia que trata de sobrevivir o a la transición y el paso al socialismo.

Esta incertidumbre queda reflejada en Patrimonio nacional, cuando Luis José, hijo del marqués, trata de acercarse a los círculos de la Monarquía para optar a reconocimiento social. Lo hace proponiéndose como asesor regio para el Mundial de fútbol de 1982. En Nacional III, se abordará de manera directa el golpe de Estado, suceso que aparece de manera explícita en una de las secuencias.

Tanto en Patrimonio nacional como en Nacional III, se hace mención a la nueva gestión tributaria del Estado que necesita de fondos públicos para dotar al país de infraestructuras y servicios que no existían hasta la fecha. España era un país tercermundista. De hecho, en Patrimonio nacional, los inspectores de Hacienda acuden al palacio de los Leguineche para reclamarle los impuestos que no han pagado en los 40 años de dictadura. Con la llegada de los socialistas en 1982, la tributación pública pasa a un primer plano de la gestión estatal y se crean cientos de miles de puestos de trabajo público.

nacionaliii02También en los primeros años de los 80, se crean las autonomías españolas con sus respectivos estatutos que regulan sus instituciones, sus lenguas vernáculas e incluso sus televisiones regionales. Felipe González elimina a los militares reaccionarios y más veteranos de la primera línea del poder militar y crea la reserva activa para su letargo. La progresión económica del país continúa a muy bien ritmo con la entrada en la Comunidad Económica Europea en 1986, hecho histórico que coloca al país entre los países más avanzados del mundo.

El cambio del socialismo insiste en favorecer las inversiones públicas en infraestructuras y servicios con la inyección de fondos que provienen de la tributación y de los nuevos impuestos como el del Valor Añadido (IVA). La Cultura, el Cine, el Arte y el Deporte comienzan a despuntar y a ofrecer al exterior una imagen renovada de España. El Mundial de España del 82 y las Olimpiadas y la Exposición Universal de 1992 catapultan esa imagen moderna de la nueva España.

Y de esta época, a Berlanga le interesa mucho la corrupción.

En La escopeta nacional, el ministro franquista protagonizado por Antonio Ferrandis se vende al empresario Jaume Canivell (José Sazatornil). A cambio de comercializar sus porteros electrónicos, el catalán le conseguirá el amor de la aspirante a actriz, Veral. Cada uno de los empresarios que han asistido a una cacería aristócrata trata de corromper y de comprar la atención de los políticos.

En 1959, los tecnócratas del Opus Dei (que aparecen gestionando el país en la película de Berlanga La escopeta nacional), diseñan un plan económico de estabilización. Consistía en liberalizar la economía acabando con la autarquía.

Con la democracia presente, sin censuras y sin cortapisas, Berlanga descubre su éxito comercial con la saga de Nacional e incluso llega a dejar abierto el final de la tercera parte por si algún día decide retomar la historia de los Leguineche en Florida. Sus fundamentos pasan a ser comerciales no sin dejar de lado sus pinceladas de autor, sus obsesiones y sus personajes casi perpetuos.

Según Francisco Perales (1997, página 81), Berlanga relaciona la temática de la trilogía de Nacional con los acontecimientos del país, y aprovecha los momentos difíciles que atraviesa la Sociedad española para plantear sus propios conflictos introduciéndose en la trama y haciéndoles partícipes de la historia. Es el maestro en la creación de un universo propio en el que conduce de manera paralela la acción de los personajes con la de la realidad política del periodo comprendido entre 1969 y 1982.

Este Universo compartido coincide en otras obras. Por ejemplo en Bienvenido Mr. Marshall, cinta en la que se alternan las negociaciones político-económicas al más alto nivel mundial con el Plan Marshall tras la Segunda Guerra Mundial, con la pobreza, ilusiones y descripción de la España real de los años 50 que tratan de superar una posguerra terrible.

El verdugo sigue la misma línea según Perales, con la referencia directa a la muerte del comunista Julián Grimau, un hecho real. Alterna esta temática con los miedos y desventuras del español medio que lucha por conseguir una vivienda digna en los años 60.

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Política y curas: patrimonio de los Episodios Nacionales

Perales (1997, página 80) describe la trilogía de Nacional como los Episodios Nacionales de Berlanga. Es una informal crónica histórica sobre el final del franquismo y la transición. Suministra una información sobre la vida cotidiana de los años comprendidos entre 1969 y 1982. Así, en la trilogía se narra el final aristocrático que se resiste a ser aniquilado por los nuevos acontecimientos por los que atraviesa el país.

La escopeta nacional es otra bomba de racimo que estalla en plena transición en el sector conservador español. En ella queda al descubierto el papel del Opus, la corruptela entre los ministros y la hipocresía general que se vive en el país. En esta película se habla de política continuamente. Se habla del divorcio en boca del hijo del marqués que ha recurrido al Tribunal de la Rota para que le den la nulidad, de la manera de negociar con corrupción incluida en la época o del separatismo catalán. Para esto último, Berlanga utiliza al  cura, encarnado por Agustín González, quien hace referencia a los catalanes como peseteros interesados cuando ha acabado la jornada de caza.

Berlanga acaba La escopeta nacional con un mensaje tan claro como la frase sobre impresionada con la que concluye el último fotograma. Al igual que en París-Tombuctú, en la que Berlanga finaliza y completa su obra con la frase “Tengo miedo”, en La escopeta nacional, despliega un lema que reza: “Y ni fueron felices ni comieron perdices… desgracia habitual mientras existan ministros y administrados”. Esta frase simbólica resume a la perfección el sentir de la película, una clara referencia a la crítica a la clase política y al funcionariado español de aquella época, corrompidos y movidos por intereses económicos.

Berlanga acaba su película con el plano de las perdices que obtiene Jaume Canivell, empresario catalán que se entremezcla con la aristocracia y los políticos para vender sus revolucionarios porteros automáticos sin demasiado éxito y que acaba desplumado por los señoritos en vez de enriquecido por las ventas para las que acude. El premio simbólico que recibe de manos de Luis José, el hijo del marqués, después de dos días de infortunio son unas perdices que ya huelen a podrido, como todo lo que ha sucedido en esa finca.

El cura

patrimonionacional02La figura del sacerdote es básica e indispensable en prácticamente todas las películas de Luis García Berlanga. El rechazo a la clase clerical es público y notorio en todas las biografías y entrevistas en profundidad realizadas al director, no tanto por su anticlericalismo y sí por el que considera “abuso de poder” de este estamento sobre la población civil de la mano del sistema franquista.

Desde el cura de Bienvenido Mr. Marshall hasta el de París-Tombuctú hay un largo recorrido. En algunas ocasiones, Berlanga nos sorprende con un cura que cuestiona los milagros o las decisiones del poder político. Es el caso primero el de Los jueves milagro, en el que el cura no cree que se produzca la aparición del santo, y la desconfianza de la venida generosa de los americanos en Bienvenido Mr. Marshall. Ahí, el cura resulta especialmente moderno.

Por el contrario, en películas como la trilogía de Nacional, el cura, encarnado por Agustín González, resulta desagradable y ultraconservador, provocando sin duda el rechazo total en el espectador. En La escopeta nacional es la película en la que Berlanga nos presenta a un cura machista, xenófobo, pesetero, hipócrita y cruel. Porque se aprovecha de los marqueses para comer, cazar y formar parte de la gran cacería sin pagar ni una peseta, porque se enfrenta a un diplomático argentino con especial violencia utilizando como arma las perdices cazadas, o porque critica a los catalanes por hablar en su lengua propia. En Patrimonio y Nacional III, el mismo cura aparece también portando el disfraz de “gorrón” pero con mucha menos fuerza y protagonismo en la trama.

Mismos personajes en cuatro películas

El paralelismo entre Plácido en la película con idéntico título, Jaime Canivell en La escopeta nacional, Bermejo en Todos a la cárcel y posteriormente en una versión actualizada con otra vez Bermejo en París-Tombuctú, es total. Son el mismo personaje insistente que, por encima de cualquier norma ético-moral, lo que desea es vender sanitarios, porteros electrónicos, o en el caso de Plácido, que le paguen para poder satisfacer la letra del banco por su carromato nuevo.

El perfil es común y repetitivo. Un personaje que transmite una fuerte ansiedad y tensión en los guiones y que finalmente, haciendo uso del citado arco berlanguiano, no consigue absolutamente ninguno de sus retos.

Sainete

Nacional III, el cierre de la trilogía de BerlangaLa escopeta nacional vuelve a constituirse como un escenario repleto de una treintena de personajes con treinta diálogos, treinta itinerarios incomunicados que se suceden de manera sincronizada. Es uno de los símbolos de identidad berlanguianos. Cantidad ingente de personajes dialogando al mismo tiempo en un espectacular y magno sainete.

Aquí hallamos varios sainetes que nos recuerdan el carácter coral de Berlanga. Por ejemplo, la negociación posterior a la cena de la cacería, en la que Jaume Canivell ofrece sus porteros automáticos a distintos empresarios para que los comercialicen. Unas negociaciones infructuosas, porque cuando parece que se ha formalizado el acuerdo, Franco destituye al ministro que ha organizado esos contactos empresariales a cambio de “tajada” y poder. Sin el ministro, que es sustituido por un tecnócrata del Opus Dei, esos acuerdos quedan en papel mojado.

Además de esa negociación sainetera a varias bandas, detectamos otros sainetes dentro de La escopeta nacional. Por ejemplo, la cacería inicial con todos los señores y empresarios persiguiendo a las presas (al ministro y el marqués) o el atrincheramiento de Luis José en la caseta del servicio con la aspirante a actriz, Veral (Bárbara Rey) y la posterior discusión a voces con toda la comitiva del marqués que le tratan de convencer de que deje salir a la chica desde el patio de la vivienda.

El plano secuencia de la estación

Berlanga está considerado por la crítica cinematográfica como uno de los maestros más finos en la programación y concreción de planos secuencia. Por su duración y coherencia especialmente, y para ello emplea grúas y actores con similar éxito. Castiel (2009, página 7) así lo destaca y atribuye esta práctica a la influencia del neorrealismo en el cine berlanguiano.

Es en Nacional III donde encontramos uno de los planos secuencia más prolongado de la cinematografía del director, justamente cuando Luis José (hijo del marqués) escayolado para ocultar las joyas de la familia y así evadir impuestos y beneficios hacia Francia ante la llegada del socialismo a España, es acompañado hasta el tren que le llevará al país vecino. Sin cortar plano, Luis José desciende por una escalera mecánica y es conducido hasta el vagón. Más de seis minutos de prolongación de un plano.

Otro plano secuencia destacado se desarrolla en Patrimonio nacional, cuando la condesa ha muerto y el marqués, el hijo de este y el asesor Solchaga y su mujer recorren el pasillo de palacio para honrar el cuerpo de la fallecida. Berlanga experimenta e insiste con los planos secuencia en esta trilogía.

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El antihéroe

Román Gubern (4) define a Berlanga como un pesimista antropológico. Sus personajes nacen para perder. Berlanga ilustra una representación esperpéntica del mundo. Berlanga es uno de los promotores del género cinematográfico que transita desde lo dramático a lo cómico. Y no hay película de su filmografía en la que habite cierta dosis de dramatismo pesimista, ni en la que aparezca un antihéroe dispuesto a perderlo todo o a no conseguir aquello que se ha propuesto en un principio.

Desde Plácido y su obsesión por el pago de las letras de su carromato hasta el pobre Michel que queda atrapado en Calabuch camino del suicidio en París Tombuctú.

En la trilogía de Nacional, es José Luis López Vázquez dando vida a Luis José, el antihéroe más pronunciado. Rechazado por su propio padre que le niega la herencia de un título nobiliario, obseso sexual nunca satisfecho, casado con una tuerta de agrio carácter y fracasado con los negocios emprendedores (desde la campaña de marketing del Mundial de España de 1982 hasta la puesta en marcha de un kit gastronómico turístico también para el citado evento deportivo, que son un verdadero fracaso). Luis José únicamente triunfa en el ranking de la picaresca para vivir del cuento huyendo de la vida laboral.

Escribe Ignacio Lara Jornet
Profesor-Doctor por la Universidad Miguel Hernández de Elche
Investigador de Luis García Berlanga.

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Bibliografía

―Cañeque, Carlos y Grau, Maite. ¡Bienvenido, Mr. Berlanga! Barcelona: Destino, 2009.

―Carbonell Górriz, Raúl. Berlanga, un capítulo imprescindible del cine español. Revista Enfoque. Edita: Empreses audiovisuals valencianes federades. Valencia. Número 20, diciembre de 2008.

―Castiel, Salomón.  Un cineasta universal. Capítulo del libro: ¡Viva Berlanga! Varios autores. Ediciones Cátedra. 2009.

―Font, Doménech. Críticas a la Escopeta Nacional. Sobre un misal franquista y los pelos del pubis. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/57949407090572618976613/p0000001.htm

―Franco, Jess. Bienvenido Mister Cagada. Página 105. 2005.

―Gómez Rufo. Berlanga. Contra el poder y la gloria. Ediciones Temas de Hoy. Barcelona. 1990.

―Gómez Rufo, Antonio. Berlanga. Confidencias de un cineasta. JC, Madrid, 2000.

―Hernández Les, Juan e Hidalgo, Manuel. El último austrohúngaro. Conversaciones con Berlanga. Anagrama, Madrid, 1981.

―Hidalgo, Manuel. ¡Sobre Viva Rusia! Capítulo del libro ¡Viva Berlanga! Valencia. 2009. Editorial Cátedra

―Lara Jornet, Ignacio. Tesis inédita. El contexto cinematográfico de Luis García Berlanga como medio de comunicación social. Una aproximación desde la Antropología Visual. Elche. 2010.

―Perales, Francisco. Luis García Berlanga. Colección Signo e imagen. Cineastas. Ediciones Cátedra. Madrid 1997.

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Anotaciones

(1) Hidalgo, Manuel. ¡Sobre Viva Rusia!  Capítulo del libro ¡Viva Berlanga! Página 58. Valencia. 2009. Editorial Cátedra

(2) Carbonell Górriz, Raúl.  Berlanga, un capítulo imprescindible del cine español. Revista Enfoque. Edita: Empreses audiovisuals valencianes federades. Valencia. Número 20, diciembre de 2008. Página 8.

(3) Franco, Jess. Bienvenido Mister Cagada. Página 105.

(4) De la entrevista a Gubern realizada por Cañeque y Grau. Pág. 245.

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